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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2017

Las mujeres arregladas de Cristina Cifuentes

Armando B. Gins
Rebelin


Las llamativas declaraciones (reaccionarias y machistas?) de la presidenta de la Comunidad de Madrid podran ser suscritas pelo a pelo por los miembros de su propio partido, el PP, incluso ms all de la militancia conservadora, en los confines de los ultras catlicos y fascistas de la derecha espaola y en la gran mayora cultural presa de las ms rancias tradiciones vernculas.

Esa mayora silenciosa que solo quiere vivir en paz, votando estabilidad a la defensiva casi siempre, de empleo basura, hipoteca abusiva o alquiler por las nubes, sueo libidinoso de coche en propiedad, vacaciones en lejanas exticas bajo prstamo, ftbol a mansalva y consumismo como acontecimiento supremo de la cotidianeidad, suele comprar con facilidad esta sociologa barata incrustada en el inconsciente colectivo a base de prototipos y prejuicios que hacen de la normalidad un hogar seguro, confortable y sin ruidos excesivos de complejidad intelectual y compromiso poltico.

En tal inconsciente pululan ideas tradicionales y retrgradas que construyen un nosotros muy definido expresado a travs de sumisin y silencios inducidos por la propaganda meditica a dosis regulares: las mujeres deben mostrarse como objetos de deseo que han de sexualizar cualquier gesto nimio para adecuar su conducta a lo que se espera de ellas y los hombres, por su parte, son cazadores genticos empedernidos e inmodificables prisioneros de su genuina biologa de asalto permanente a las piezas o trofeos femeninos. Cualquier desviacin de esta normalidad asumida como natural son anomalas ms o menos tolerables.

Por supuesto que la mezcla de estos valores preeminentes dan como resultado una variedad de singularidades muy extensa y significativa, pero los moldes autnticos subsisten y sirven como referencia para designar a todas aquellas personas que se salen de los lindes clsicos. Decir que la mujer ha avanzado mucho desde la caverna prehistrica es una obviedad (luchando contra viento y marea, eso se oculta a conciencia). Sin embargo, tanto en las sociedades ricas como en las pobres el uso de la mujer como elemento secundario o complementario del poder patriarcal sigue siendo un hecho irrefutable.

La mujer trabaja ms que el hombre, gana menos o no se retribuyen sus servicios, se ejerce una violencia sistemtica sobre su condicin y persiste la visin de ser mero objeto sexual o guinda bella de la vida diaria. Da lo mismo que sus credenciales profesionales y su quehacer laboral y domstico digan otra cosa: la mujer solo es imprescindible como icono esttico para calmar los impulsos erticos del hombre y otorgar realce a su estatus de podero flico.

Lo que Cifuentes ha manifestado de mayor relieve, y que menos ha sido comentado por los analistas crticos, carroeros segn la dirigente del PP, ha sido que su equipo habitual de colaboradoras son mujeres feministas que se arreglan convenientemente. Arreglar o arreglarse nos lleva, en este caso, a que la mujer parte de un origen roto o defectuoso, de ah que est obligada a recomponer su fsico, que en ella coincide totalmente con su naturaleza o ser intrnseco, para mostrarse en pblico sin tacha ni raspadura en su piel.

Estos arreglos han de posibilitar una imagen preciosa de la mujer, acicalamientos intensivos, rasurados a la moda, perfiles y cortes adecuados, toques pintorescos, ademanes suaves, amaneramientos edulcorados y vestimenta que resalten sus perfiles de mujer como dios manda, esto es, inscrita en esa normalidad moral y sibilina que dicta el canon de lo femenino frente a una masculinidad pujante, preeminente y hegemnica. De este marco prescriptivo nacen las que se hacen rubias para intentar domear las pasiones irrefrenables del macho en ejercicio de su capacidad natural de inseminar todo lo que se mueva y lleve faldas.

Ambos estereotipos se buscan, se fortalecen y se necesitan mutuamente. La relacin, no obstante, resulta desigual: la mujer normalizada, una vez utilizada por el macho alfa, es tirada a la cuneta hasta la prxima ocasin. Y, a veces, la fatalidad hace que no haya una nueva posibilidad. Calmar la violencia privada, ideolgica, cultural y social contra la mujer con los paos calientes de estrategias mundanas de mujer lista y fatal estn condenadas al fracaso absoluto: son xitos pasajeros, victoria prricas, situaciones que mantienen a la mujer en una posicin subalterna frente al imperio del hombre y la sociedad patriarcales.

Cristina Cifuentes y sus amigas arregladas trasladan una doctrina subliminal muy peligrosa y nociva: la mujer es en sustancia un ente al que algo le falta, por esa causa debe reparar con artificios sus lacras o taras de cuna. Una mujer que no se arregla siguiendo las directrices tradicionales es anormal, fea, antinatural, contrahecha o feminista de izquierdas (existe el feminismo de derechas?).

La presidenta madrilea pretende venderse como una mujer posverdad, posfeminista, posmoderna y poshistrica. Todo a la vez. Y, en este sentido, su apuesta publicitaria cala bastante bien con la normalidad institucionalizada. Las crticas que recibe aumentan su capacidad de seduccin porque asla y polariza las crticas en predios feministas de aroma radicales. Su figura se agiganta en coalicin instrumental con el machismo irreverente y los moderados de turno. Ella sabe que el inconsciente colectivo est de su parte: aquellos y aquellas que no gritan pero votan por la espalda. Los resultados favorables de la derecha corrupta y de sus aclitos de la izquierda til le dan la razn. La mujer arreglada es la mujer perfecta, la mujer-mujer por antonomasia de su idlico universo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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