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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2017

El oficio de sirvienta

Ilka Oliva Corado
Rebelin


ltimamente defensores de derechos humanos nos llaman asistentes domsticas, para aminorar el golpe, pero a las cosas por su nombre: somos sirvientas, nuestro oficio es servir.
Partiendo de ah, podemos desmenuzar la gama de abusos que vivimos quienes trabajamos en el servicio domstico y en mantenimiento. No importa el pas, la realidad de los sirvientes es la misma en todos lados. No nos vamos a dar baos de pureza y a sealar a Estados Unidos como el causante de todos nuestros males. En India, existen las castas, en Latinoamrica las mentes colonizadas, y as vamos por pas y continente, cada uno con sus propios males.

No se trata del color, de la nacionalidad, ni del idioma, se trata de quin tiene el poder y quien tiene el poder abusa y discrimina, con propios y extraos. El oficio de niera y empleada domstica es el mismo, solo vara el nombre: en ambos el trabajo es servir. Y digo servir con todo el peso de la palabra: de da y de noche. Cuando los nios estn en la escuela o en clases particulares, las nieras nos encargamos de limpiar la casa, los cuartos de juego, cocinar, lavar la ropa: el oficio domstico. El de la empleada domstica es igual y ambas son tratadas como muebles viejos. Porque una limpia paales sucios y la otra baos sucios: ambas trabajan entre la mierda.

Las nieras somos las mams emergentes, estamos ah todo el tiempo porque las mams estn en sus clases de yoga, tomando el t con amigas o viajando por el mundo. Algunas, contadas, son las que trabajan. Entonces las nieras sin querer, como consecuencia de nuestro trabajo, damos abrazos, entendemos emociones, cuidamos enfermedades, contamos cuentos y nos desvelamos y damos apoyo moral a nios que aprendemos a querer como propios y, que en el futuro cuando se den cuenta de nuestro papel en su casa y en la sociedad, nos tratarn como los muebles viejos desechables. Porque es el patrn, porque son parte del crculo de la cultura del capital.

Las sirvientas conocemos la intimidad de las familias, hasta de lo que no quieren que nadie se entere, conocemos temperamentos, vicios, miedos, jactancias, vacos y pretensiones. Porque estamos ah todo el tiempo, invisibles, muebles viejos que se mueven de un lugar a otro para que no estorben. Trabajamos en silencio, a manera de pasar desapercibidas porque, qu tiene qu contar una sirvienta? En qu forma puede una sirvienta interactuar con sus empleadores? Mximo cuando ellos tienen cuna de oro, y pergaminos y se codean con la crema y nata de la sociedad. De ninguna, la sirvienta no siente, no piensa, no tiene emociones, est ah para servir, jams es vista como persona, no existe como ser humano.

Las sirvientas no nos cansamos, nunca tenemos derecho a enfermarnos, a estar deprimidas, a anhelar, a extraar, no tenemos derecho tampoco a los beneficios laborales, las vacaciones son para otros no para nosotras. No tenemos derecho a las emergencias porque entonces, quin va a limpiar los cuartos, a lavar los platos, a planchar la camisa del patrn, a hacer el desayuno y a trapear? Quin ir por el correo, por el pan y al supermercado? Quin le cuidar la fiebre a los nios? Quin limpiar el vmito del seor que lleg borracho en la madrugada?

Y si a pesar del abuso todo sobrepasa los extremos inconcebibles, las empleadas domsticas tambin somos abusadas sexualmente por el empleador, hijos de los empleadores, amigos de los empleadores y bajo la tutela de la empleadora que hace que no ve. Porque al fin y al cabo los hombres son as, sedientos de placer todo el tiempo y mejor que se cojan a la sirvienta que a una trabajadora sexual que les puede pegar enfermedades Y en la mayora de los casos esa empleada domstica es una nia que no pasa de los 12 aos.

Las empleadas domsticas no tenemos derecho a los dolores menstruales, porque somos mquinas, y tampoco a angustiarnos cuando nuestros hijos estn enfermos en casa o en la guardera donde los dejamos para ir a trabajar. No tenemos derecho a aorar a nuestros padres y hermanos que dejamos en el pueblo cuando nos fuimos a la capital o emigramos a otro pas. Tenemos la obligacin de estar ntegras para servir a nuestros empleadores, vivimos por ellos y para ellos, nuestras vidas no existen, no tienen derecho a existir. Tampoco los cumpleaos, ni las navidades, ni los das festivos, nosotras estamos de planta todos los das del ao, a todas horas.

Las empleadas domsticas, guardamos secretos ntimos que cualquier amigo de nuestros empleadores dara el brazo derecho por saber. Nunca nos dicen gracias por nuestra tica, qu puede conocer de tica una limpia baos? Qu puede saber de pintura, arte, lectura, de vinos, de quesos finos y comidas gourmet? Una cosa es que las cocinemos y sirvamos y otra interactuar.

Qu puede saber una sirvienta de ropa de marca, lociones caras y telfonos inteligentes? Tal vez nada, pero es la que cuida los ms preciado de los empleadores: sus hijos. A una sirvienta jams le daran sus automviles para ir al supermercado o a la farmacia, pero s les confan a sus hijos todo el da y les dan las llaves de su casa. Un automvil se lo pueden rayar, ensuciar y chocar, pero qu valor tienen sus hijos para que los dejen con una completa extraa que no sabe ni el idioma, ni marcar a un nmero de emergencia y adems indocumentada si se trata de una migrante. Cmo pueden confiar sus hijos a una ignorante carente de conocimientos bsicos para sobrevivir en la sociedad del ego y el oportunismo?

Jams le prestaran su carro de ltimo modelo pero permiten que sea la que cocine y limpie sus habitaciones y lleve los nios a la escuela. Que encuentre los dildos tirados en el suelo o entre las sbanas y los lave y coloque en las gavetas donde se guardan. Intimidades que solo conocemos las empleadas domsticas. Y no tenemos derecho a encariarnos porque los muebles no sienten, esos nios no son nuestros, un da crecern y nos lo recordarn con una patada en el trasero y con un despido sin aviso, de una da a otro. Como si de un da a otro uno pudiera olvidar los recuerdos, cortar de tajo el afecto y asimilar que uno solo fue un mueble viejo al que le lleg el tiempo de terminar en el basurero.

Qu descanso necesitar una paria que trabaja como mula? Ninguno porque para eso naci, generacionalmente para eso naci, para cargar como mula.

Por eso se extraan tanto cuando una empleada domstica rompe el crculo y extiende las alas y vuela. Con sacrificio estudia y se convierte en una profesional, se sumerge al mundo de las artes, se convierte en negociante y empresaria, o regresa a los campos de donde sali, para hacerlos florecer. Pero por cada sirvienta que logra salir del averno, hay miles que se secan y mueren lentamente en el abuso y la exclusin. Y todas tienen un nombre propio, familias, raz, identidad, sueos. Y todas sienten en lo ms profundo de su ser y tienen pasiones y aman y crean, porque son seres humanos.

Alguno de ustedes, queridos lectores, alguna vez ha conversado con una empleada domstica, vindola a los ojos y la ha tratado de igual a igual? Alguna vez se ha puesto en sus zapatos y se ha preguntado qu sera de su vida si le hubiera tocado trabajar en el servicio domstico? Qu cambiara de ser as? Por qu no lo cambia para los otros? Y no hablemos de agallas, hablemos de humanidad y humildad.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com/2017/04/19/el-oficio-de-sirvienta/

Audio: https://cronicasdeunainquilina.files.wordpress.com/2017/04/el-oficio-de-sirvienta.m4a


Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado [email protected]cronicasdeunainquilina.com


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