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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2017

Apuntes sobre el ethos y lo comunitario
De Atenas a Salamina, de Hornachos a Sal

Nando Zamorano
Rebelin


De Atenas a Salamina

Explicaba Herdoto, el primero de los grandes historiadores de la antigedad,refirindose a la batalla de Salamina[1]que en la Segunda Guerra Mdica enfrent al imperio persa al mando de Jerjes con las polis griegas, que ante el avance imparable de los ejrcitos persas y el peligro que significaba la invasin del tica, Temstocles propuso que toda la poblacin abandonara su ciudad y se desplazara hasta la isla de Salamina, diciendo estar dispuesto a fundar Atenas en otro sitio. Los atenienses haban sido abandonados por sus aliados que se haban retirado hasta la pennsula del Peloponeso con el pretexto de preparar as mejor su defensa. El peligro de la invasin persa y la constatacin de que se encontraban solos frente a un enemigo muy superior en nmero provocaron que la indignacin y el desnimo se apoderaran de la mayor parte de la poblacin de la polis. Temstocles lleg a convencer al demos ateniense, pero tuvo que enfrentarse a Eurbiades, el general espartano que mandaba la flota de la coalicin griega, que pretenda levar anclas y poner rumbo al Istmo. En la discusin que mantienen ambos, Temstocles le dice: Entrate, miserable, nosotros hemos abandonado nuestras casas y murallas, porque creemos que no vale la pena ser esclavos por unos enseres sin vida; pero lo que es la ciudad, tenemos la ms importante de las griegas, los doscientos trirremes que ahora estn con vosotros, para ayudaros si queris salvaros con ellos; y si os marchis y nos hacis traicin, todos los griegos sabrn inmediatamente que los atenienses han ganado una ciudad libre no inferior a la que perdieron.[2]

Poco despus, las tropas persas arrasaron e incendiaron la ciudad llevndose todos sus tesoros, pero no lograron acabar con la polis. Atenas, es decir el cuerpo de sus ciudadanos, continuaba viva y a salvo en la isla de Salamina, organizndose para la batalla. Aunque para laspoleisgriegas, especialmente para Atenas, el territorio sagrado, sin embargo, para salvaguardar la supervivencia de la polis,los atenienses estn dispuestos a refundar Atenas en otra parte.

Este pequeo pasaje de la historia puede resultar difcil de entender en nuestros das, ya quelapolisno eraun Estado en el sentido moderno del trmino. Ni siquiera existe en el idioma griego antiguo la palabra que haga referencia al "Estado" tal y como lo conocemos en la actualidad. Cuando sehallaron ante la necesidad de encontrar una frmula para nombrarlo, utilizaron el trmino kratos, que en griego antiguo significa "fuerza bruta". No ha de resultar extrao, ya que como sostuviera Cornelius Castoriadis, la idea de un "Estado" como institucin distinta y separada del cuerpo de los ciudadanos habra sido algo incomprensible para un griego de la poca[3]. Tampoco era la polis la ciudad fsica, con sus edificios, sus calles, sus plazas y sus monumentos. Al centro urbano fsico, alo que hoy llamamos ciudad, se la denominaba asty.

Otro historiador griego Tucdides vuelve a insistir aos ms tarde en el mismo sentido en su Historia de la Guerra del Peloponeso. Cuando el estratega Nicias se dirige a los soldados durante la expedicin a Sicilia: pues son los hombres quienes hacen una ciudad, y no las murallas y las naves vacas de tropas. Por tanto, puede llegar a abandonar el territorio que ocupan si es necesario, sin que la polis desaparezca. Atenas estaba donde estaban sus ciudadanos, independientemente de donde estuvieran estos,si en Atenas o en Salamina.

As pues,la polis no era un territorio, ni tampoco una institucin poltica, qu era entonces? La polis era la organizacin de sus ciudadanos. Eran los ciudadanos organizados en comunidad, que al menos en las ciudades democrticas, hacan sus leyes, juzgaban y gobernaban. Tres funciones fundamentales representadas a su vez por tres palabras para definir a una ciudad independiente: autnomos, es decir que se dan sus leyes ellos mismos ningn tipo de mediacin externa al colectivo; autdikos, que se juzga a s misma, y por tanto tiene su propios tribunales y autotels, en la medida en que se autogobierna[4].

Esta vieja tradicin republicana y democrtica, que se inicia con la democracia de la Grecia clsica, no considera posible que pueda existir una sociedad sin Estado. Sin embargo, su concepcin del Estado dista muchsimo de la que conocemos en nuestros das. El Estado, la sociedad, estaba formado por cualquier comunidadde ciudadanosautnoma, es decir,que se auto organiza y se articula colectivamente para gobernarse. El orden social se recoga en todo un conjunto de normas, usos, costumbres y saberes, al que se denomina ethos y que los antroplogos acostumbran a denominar cultura material[5]. Todo ese conjunto de leyes no escritas organizan la actividad de la sociedad segn unos principios o valores determinados, que se han ido estableciendo y que se modifican en el tiempo.Sirven para ordenar lo que la sociedad considera justo o injusto, bueno o malo, variando de una sociedad a otra. El otro elemento fundamental que junto al ethos constituye la polis, la ley escrita, se denomina nomos.

Para entender la importancia que los antiguos griegos daban al trmino cabe recordar que Aristteles lleg a dedicar tres obras alethos; la ms conocida tica Nicomquea, pero tambin sutica Eudemia y la Magna tica.El ethos forma parte de la poltica, aunque aparentemente puedan parecer dos conceptos independientes y alejados entre s, ya que al igual que esta su fin est en buscar la vida buena de los ciudadanos.Los ciudadanos participaban de manera activa en todos los asuntos pblicos y en la toma de decisiones polticas de la polis. No se trataba de una participacin activa ficticia, sobre el papel que diramos ahora, sino que estaba alentada tanto por el ethos de la polis como por toda una serie de normas formales. Segn el derecho ateniense, el ciudadano que se negaba a tomar partido en cualquiera de los conflictos civiles que pudieran agitar la ciudad o el oportunista que esperaba hasta ver de qu lado soplaba el viento corra el riesgo de convertirse en timos[6], que conllevaba el deshonor y la perdida de sus derechos polticos. Podemos encontrar un ejemplo de lo que significa la participacin de los ciudadanos en los asuntos de la polisen la "Oracin Fnebre"de Pericles,recogida en la Historia de la Guerra del Peloponeso, donde al hablar sobre las cualidades del demos ateniense este sostiene que: Somos los nicos en pensar que un hombre que no interviene en la poltica merece pasar, no por unciudadano apacible, sino por un ciudadano intil y sin provecho [7].

La ecclesa, la asamblea del pueblo y cuerpo soberano activo, era el principal rgano de participacin de los ciudadanos en la toma de decisiones. Participan en ella todos los ciudadanos, teniendo adems el mismo derecho a tomar la palabra, defender su posicin y hacer las propuestas que consideren oportunas (isegora). Tienen adems la obligacin moral de hablar con absoluta franqueza ( parrhesia ) frente a la asamblea y si se hubiera de votar, todos los votos poseen el mismo peso . Finalmente las decisiones eran tomadas por todo el colectivo, despus de haber odo a los distintos oradores. Exista adems el boul o consejoque estaba formado por 500 personas y era elegido por sorteo entre todos los ciudadanos de la polis. Al hacer referencia a los ciudadanos que forman parte de esta vieja tradicin democrtica y republicana no se aade el calificativo "libres", pues sera una redundancia. Para poder ser considerado ciudadano, era condicin sine qua non ser libre y no estar atado a nada ni a nadie para. Se aseguraba de esta forma que la toma de decisiones fuera totalmente autnoma.

Un aspecto fundamental de este modelo es la importancia que da a la comunidad y la prioridad de los intereses colectivos frente a los particulares. Podemos encontrar su fundamento en Aristteles, tanto en su tica nocomquea, como en su Poltica: el hombre es por naturaleza un ser social, pues la polis es anterior a la casa y al individuo, ya que el todo es necesariamente anterior a la parte. No se puede concebir al individuo al margen o aislado de la comunidad, este comportamiento slo es comprensible entre los dioses o entre las bestias.La poltica, es decir, todas las cuestiones referentes a la comunidad, a la polis,constituye el bien del hombre. Pues aunque sea igual el bien del individuo que el de la polis, es mucho mejor y ms perfecto alcanzar y salvaguardar el bien de la ciudad, ya que el bien del individuo es deseable, pero es ms hermoso conseguirlo para todo el pueblo[8].

La prioridad de los intereses colectivos frente a los de los individuos era tal que cuando la ecclesia haba de deliberar sobre asuntos que pudieran derivar en un posible conflicto blico con alguna polis vecina, los ciudadanos que viven en los lmites de las fronteras no tienen derecho a tomar parte en la votacin. De hacerlo, sus intereses personales podran condicionar la decisin, relegando a un segundo plano los intereses del colectivo. Pero tambin al revs, se evita colocar al ciudadano ante la obligacin que supondra votar sobre una decisin que pueda ir en contra de sus propios intereses. Como se habr podido comprobar, se trata de una concepcin de la poltica diametralmente opuesta a la actual. Tambin en su concepcin respecto de la libertad.

Frente a este modelo democrtico ycomunitarista del mundo antiguo, el liberalismo propone otro radicalmente opuesto que supone a un individuo dotado de derechos inalienables, independientemente y al margen de la comunidad, con la que establece una serie de relaciones contractuales. El individuo, dueo de s mismo, pasa a ser el centro del discurso del liberalismo individualista. El papel de la comunidad y del Estado se reduce hasta convertirse en un mero instrumento que permita proteger ciertos derechos individuales, los de una burguesa en ascenso que, al menos desde el siglo XVI, lucha con la aristocracia por el control de la sociedad. Tambin la libertad quedara supeditada a sus necesidades, frente a las restricciones que hasta entonces le impona el feudalismo. La libertad pasar a ser libertaddecomercio y de inversin, de comprar y de vender tanto productos como fuerza de trabajo. El liberalismo desarrollar su propio ethos sobre la base de la desigualdad y la explotacin de personas formalmente libres.

No es casual que BenjaminConstant, uno de los grandes idelogos del liberalismo, afirmara en 1819, en su conferencia De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos que la meta de los antiguos era el reparto del poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria. Era eso lo que llamaban libertad. La meta de los modernos es la seguridad en los disfrutes privados; y dan el nombre de libertad a las garantas acordadas por las instituciones a esos disfrutes[9]. Libertades pblicas, en forma de reparto del poder social y la participacin poltica frente a la libertad como garanta que permite los disfrutes privados de unos pocos. En 1864, Foustel de Coulanges, otro de losms importantes idelogosdel liberalismo del siglo XIX, afirmaba que los antiguos griegos no conocieron la libertad individual frente a la omnipresencia del estado, ya que: el Estado no permita que un hombre fuese indiferente a sus intereses; el filsofo, el hombre de estudio, no tena el derecho de vivir aparte. Era una obligacin que votase en la asamblea y que fuese magistrado cuando le correspondiese. [10]

De Hornachos a Sal

Un ejemplo de ethos, mucho menos conocido que el de Atenas, pero no por ello menos interesante, es el de la antigua comunidad morisca de Hornachos.

Hornachos es un pequeo pueblo situado a los pies de la Sierra Grande, en el centro de la provincia de Badajoz. En el siglo XVI era el principal enclave morisco de Castilla. Su poblacin estaba compuesta, casi en su totalidad, por musulmanes. Era un pueblo prspero que contaba con unos recursos hdricos provenientes de la Sierra que la laboriosidad y saber de los campesinos mudjares haba sabido explotar en forma de huertas, se explotaban algunas minas y seda. Adems muchos hornacheros eran arrieros, dedicndose al traslado de mercancas de unos lugares a otros.

En 1234, Hornachos haba sido conquistado por las tropas de la Orden de Santiago y el rey Fernando III don todo su trmino a esta orden militar. Las autoridades musulmanas entregaron el castillo sin resistencia y se les permiti conservar sus costumbres a cambio del pago de impuestos.Despus de la conquista de Granada se reconocern una serie de derechos a los musulmanes que viven en la pennsula, como el de continuar usando su lengua y transmitrsela a sus hijos. Pero los problemas para estas comunidades se darn a principios del siglo XVI, con la obligacin de convertirse al cristianismo y con los consiguientes intentos de aculturacin de las comunidades moriscas.En 1502 se publica un decreto que obliga a la conversin a cristianismo a todos los musulmanes del reino de Castilla. Deben elegir entre el bautizo o la expulsin, que significaba el abandono de sus bienes y sus tierras. La mayor parte de los moriscos opta por convertirse al cristianismo, aunque esta fuese slo aparente, pues siguen practicando su religin en secreto.

En el siglo XVI Hornachos contaba con una poblacin de unas 5.000 personas, siendo musulmana la mayor parte de esta. Muchos de sus pobladores se resistieron a acatar la conversin forzosa y siguieron practicando en secreto sus tradiciones. Las autoridades cristianas intentaron su conversin, en 1502 se comienza a construir la primera iglesia y poco despus se trasladana la poblacin algunas familias de cristianos viejos para ayudar a la catequizacin de los moriscos. En el intento de cristianizar a la poblacin, en 1530 se funda el convento de San Francisco a propuesta del inquisidor general Alonso Manrique. Tras fracasar en su intento por aculturar y convertir a los vecinos, los monjes franciscanos pasan a convertirse en los principales colaboradores de la Inquisicin por medio de la delacin de los vecinos que pudieran ser sospechosos.

Uno tras otro fracasarn todos los intentospor alterar de forma significativa la cultura material de la comunidad que llevarn a cabo las autoridades, tanto civiles como religiosas. A pesar de las prohibiciones, la mayor parte de la poblacincontinu con su forma de vida, practicandolas mismas costumbres, aunque de espaldas a la ley. Forzados a abandonar tanto la lengua como su vestimenta, que no pueden ser escondidas, sern obligados a llevar una doble vida.Una vida pblica "oficial", que sigue los dictados, las normas del reino y las costumbres cristianas y otra alternativa, pero tambin pblica aunque de espaldas a las autoridades, que mantiene tanto las formas de hacer de la comunidad como su organizacin poltica y social. Los hornacherostienen un ethos propio distinto del de las otras poblaciones vecinas, son por lo tanto un Estado dentro de otro Estado. Forman una comunidad auto-instituida dentro, pero sin embargo al margen, de una sociedad con la que mantiene una difcil relacin.

Durante este tiempo la comunidad estaba muy bien organizada. El concejo formado por un alcalde mayor y doce regidores estaba totalmente controlado por las familias moriscas. Este control poltico de facto fue de gran ayuda en la resistencia de la poblacin frente a los diferentes intentos de aculturacin llevados a cabo por las autoridades. La comunidad institua una sociedad y con ella, un ethos y una justicia paralela a la oficial. Se toman represalias contra quienes delatan ante la Inquisicin y cuando la comunidad se siente amenazada, llega incluso a asesinar a algunos frailes y cristianos viejos.

En 1568 estalla la rebelin morisca de las Alpujarras como protesta contra la Pragmtica Sancin, edicto de 1567 que les obligaba a dejar su modo de vida y sus costumbres, reduciendo todava ms sus ya por entonces pocas libertades. Al acabar la guerra y una vez vencidos los moriscos, las autoridades ordenarn la dispersin de unos 80.000 moriscos del reino de Granada por todo el territorio. La convivencia entre cristianos y moriscos empeorara partir de la guerra, lo que se traducir en una mayor presin de las autoridades civiles y militares hacia las comunidades moriscas.

Finalmente, el 9 de diciembre de 1609 Felipe III decreta la expulsin de los moriscos de los reinos de Castilla y el 26 de enero de 1610, unos 3.000 moriscos de Hornachos inician un largo camino que los llevar al exilio. El puerto de Sevilla ser su primera parada tras una semana de marcha en la que se habrn de soportar la ira de los cristianos viejos de las poblaciones por dnde pasaban. Tras 165 kilmetros de trashumancia obligadahasta el puente de Triana, se les hace saber que los moriscos que zarpen hacia un pas no catlico estn obligados a dejar a sus hijos menores de siete aos al cuidado de la Corona espaola.

La Inquisicin inform el 4 de febrero de 1610 de que tres compaas de moriscos de Hornachos haban zarpado en seis navos con destino a Tnger. Los 3.000 de Hornachos, consus pocos brtulos y cuestas, vean por primera vez el agua del mar y se embarcaban haca la costa africana.

Como un siglo antes hicieran muchos de los sefardes que zarparan haca Salnica, los hornacheros decidieron poner rumbo a un mismo lugar: la Berbera, el norte africano, cuyo pasaje costaba 50 reales. Como si Caronte, el barquero de Hades de la mitologa griega, sellara tickets a la entrada de la ltima barca, los moriscos se vieron obligados a pagar el coste de su billete a ninguna parte. Tras varias semanas de cabotaje en marzo de 1610 llegaron a Sal, en la margen derecha del ro Bou Regreg, donde fueron acogidos por las autoridades musulmanas de la ciudad. Los oficios de los nuevos moradores generaron una inmediata riqueza, pero no haba forma de diluir a esos moriscos en la culturamorabita de los musulmanes ortodoxos que habitaban el norte del Magreb. Los moriscos expulsados de Espaa vestan a la europea, sus mujeres iban descubiertas, los hombres gustaban de beber vino y la lengua en que se expresaban habitualmente era la castellana. Incluso haba algunos que se proclamaban cristianos.

La peculiar forma de vida que haban llevado durante tres siglos les haba permitido desarrollar una cultura material,unethospropio, que les hace muy diferentes de los musulmanes que encuentran en el norte de frica. Se enfrentan de nuevo a la misma cantinela, al doble exilio; extraos en los pases de acogida y sospechosos en su lugar de origen. Sern nuevamente expulsados, aunque este segundo exilio fueramucho ms cercano. Cruzaron el ro y se instalaron en una fortaleza abandonada, o ribat, que da nombre a la actual Rabat, y que entonces se llam Sal la nueva. Con los aos, la ciudad prosper, consiguiendo los favores del sultn de Marrakech como defensores de la Casbah que controlaba la desembocadura del ro y obteniendo as sus primeros navos.

En 1617, diez aos despus de su expulsinde la pennsula ibrica, aquellos hornacheros antes hortelanos y arrieros, la mayora de los cuales nunca antes haban visto el mar, se lanzan a la piratera llegando a convertirse en el terror del Mediterrneo. La creatividad de la comunidad le permiti reinventarse y salir adelante. Es la misma creatividad que hizo que cuando los atenienses regresaran a su ciudad despus de Salamina, y encontrando todos los templos de la Acrpolis incendiados y destruidos por los persas, no trataran de restaurarlos, sino que utilizaron sus restos para construir una nueva Acrpolis, ms bella si cabe que la anterior, y una nueva ciudad[11].

En un inicio cuentan tan slo con cuatro embarcaciones, pero les bastan para comenzarsu nueva empresa; dar caza a los barcos espaoles y europeos que cargados de riquezas navegan porel Atlntico y el Mediterrneo. Pasan a ser parte de los temidos piratas berberiscos, saquearn cientos de navos y llegan hasta las costas de la actual Islandia.En 1627, con una fortuna bien amasada y una nutrida flota compuesta por unos 50 barcos veloces y repletos de artillera, los hornacheros deciden liberarse de todos los yugos que les atan al sultny fundan la Repblica independiente de Sal, que llegara a tener 25.000 habitantes. La fama de este pequeo Estado de un puado de kilmetros, atraera tanto a corsarios europeos, que se emplearon como mercenarios, como a otros moriscos andaluces.

Unos aos despus intentarn negociar con Felipe IV la posible vuelta a su tierra de origen. A travs del duque de Medina Sidonia le hacen llegar una propuesta de tratado en el que le proponen la entrega de la ciudad y la ciudadela de Sal, sus navos de corso y una gran cantidad de oro a cambio de volver a Hornachos, que se les devuelvan los hijos de los que les haban apartado a raz de su expulsin y que les dejen vivir segn las costumbres que haba llevado la comunidad. Pero la propuesta no madura. Algunos estudiosos han visto en este intento infructuoso de vuelta a su localidad de origen cierta aura patritica[12]. Resulta difcil de entender que aquellos que fueron arrancados de su tierra y apartados de sus hijos tuvieran ningn amor a la patria que les haba desterrado unos aos antes. Su patria era Hornachos, la localidad donde se haban constituido como comunidad y que con el paso de los aos se haba instalado en su imaginario colectivo del grupo, como recuerdo de un pasado feliz.

El individualismo liberal frente al ethos comunitario

Durante muchos aos Sal continuara siendo un importante emplazamiento dedicado a la piratera. Su nombre aparece en Las aventuras de Robinson Crusoe[13], la novela que en 1719 publicase Daniel Defoe. El barco de su protagonista es atacado por piratas berberiscos cerca de las Islas Canarias y hecho prisionero, es conducido a la ciudad de Sal, que segua siendo un conocido enclave pirata.

Resulta paradjico que sea precisamente Sal, la repblica creada por el esfuerzo colectivo de aquella comunidad,la que aparezca en una obra que durante muchos aos hiciera bandera del individualismo antropolgico. En la obra, el nufrago Robinson Crusoe es abandonado a su suerte en una isla deshabitada, sin ms compaa que la del "salvaje" Viernes. Se trata de una metfora sobre el valor del individuo,que desamparado es capaz de enfrentarse a la naturaleza, que pretendeexpresar el modelofilosfico de una burguesaen alza.Marx supo captar perfectamente las intenciones morales e ideolgicas que sostiene el Robinson de Defoe y lo utiliza en varios de sus escritos. En una cita de su Contribucin a la crtica de la economa poltica de 1858 afirmaba que Las robinsonadas no expresan en ningn modo, como se lo figuran los historiadores de la civilizacin, una simple reaccin contra un excesivo refinamiento y el retorno a una vida primitiva mal comprendida. stas anticipan ms bien la sociedad burguesa que se preparaba en el siglo XVI y que en el siglo XVIII marchaba a pasos agigantados hacia su madurez. En esta sociedad de libre competencia, el individuo aparece como desprendido de los lazos de la naturaleza, que en pocas anteriores de la historia hacen de l una parte integrante de un conglomerado humano determinado, delimitado.

Sin embargo, el individualismo fue ganando terreno hasta convertirse en el fundamento de la sociedad de nuestros das y ms all; en sentido comn.El sueo del liberalismo fue mucho ms lejos de lo que nunca hubieran imaginado los padres fundadores de esta doctrina. Si Adam Smith, Alexis de Tocqueville oBenjaminConstant pudieran contemplar nuestras sociedades, posiblemente quedaran horrorizados al comprobar hasta donde nos ha podido llevar el individualismo. La sociedad deja de ser una comunidad para convertirse en un mero agregado de individuos atomizados, que priorizan la obtencin de sus propios deseos e intereses y donde "el otro" pasa a ser un mero competidor. Un individualismo narcisista y hedonista, donde la cultura gira alrededor del consumo y sus valores. A pesar de que las nuevas tecnologas multiplican las posibilidades de comunicacin, vivimos un extrao modo de autismo social, donde todo el mundo est conectado y se multiplican las comunicaciones a travs de la red pero casi nadie habla con su vecino. Los vagones de cualquier transporte pblico de nuestras grandes ciudades a primera hora de la maana presentan un pattico paisaje donde la mayor parte de los individuos estn conectados a travs del mvil, pero ajenos a los seres humanos que les rodean.

Sin embargo, es la comunidad la que crea todo aquello que sabemos hacer, toda la cultura material que hace posible la vida de cada ser humano. El individuo se forma, se auto construye y se educa gracias al saber hacer de la comunidad, siendo el ser humano el animal ms dependiente de los miembros de su propia especie. Desde su nacimiento necesita de la comunidad y de sus conocimientos, de su ethos, para humanizarse. No es posible por tanto la humanidad sin comunidad.

Frente al autismo individualista que nos atomiza, se hace necesario tomar partido por lo colectivo. Y ms all, tratar de instituir comunidades radicalmente democrticas y que adems puedan ser autnomas, es decir, que se autogobiernen en los hechos, ayudando as a la construccin de unethos nuevo, deliberado y decidido portodos los individuos que la componen.Queda demostrado el valor y la importancia del colectivo tanto para los atenienses como para los hornacheros. La polis, la comunidad de ciudadanos organizados, no se ha de buscar en un determinado territorio o espacio fsico. La polis, est all donde estn sus ciudadanos.

 

Notas:

 1.- Herdoto, Historia, VIII, 61

2.- Plutarco, Vidas paralelas II. Soln-Publcola, Temstocles-Camilo, Pericles-Fabio Mximo. Biblioteca clsica Gredos, pg. 268.

3.- Cornelius Castoriadis. La polis griega y la creacin de la democracia. Puede consultarse el texto en http://www.espai-marx.net/es?id=6793

4.- Cornelius Castoriadis. La ciudad y las leyes. Lo que hace a Grecia 2. Seminario del 13 de abril de 1983, pg. 89-90; aunque se pueden encontrar referencias a esta misma cuestin en otros seminarios recogidos en el libro. Publicado en Fondo de Cultura Econmica (2012).

5.- Referente al ethos, pero tambin a otras muchas cuestiones de inters, se puede encontrar una magnfica explicacin y desarrollo del concepto en el libro de Joaqun Miras Praxis poltica y estado republicano. Crtica del republicanismo liberal. Editorial El Viejo Topo (2016)

6.- Aristteles, La constitucin de los atenienses, VIII, 5.

7.- Tucdides,Historia de la Guerra del Peloponeso,Libro II. VII.

8.- Aristteles, tica nicomquea, Libro I, 2 (1094b) . Editorial Gredos.

9.- BenjaminConstant, Escritos polticos . Editorial Centro de Estudios Polticos y Constitucionales, Madrid (1989)

10.- Foustel de Coulanges, La ciudad antigua, captulo XVIII. Editorial Porra (2003)

11.- Cornelius Castoriadis. Transformacin social y creacin cultural, La exigencia revolucionaria, Acuarela Libros, Madrid, 2000, p. 220. Se puede encontrar una edicin digital del texto en: http://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/transformacion-social-y-creacion-cultural.pdf

12.- Esto parece indicar el ttulo de un excelente documental sobre los moriscos de Hornachos realizado en 2012 por Producciones Mrrimer: El Amor de la Patria. Los Moriscos de Hornachos y la Repblica de Sal .

13.- Daniel Defoe, Las aventuras de Robinson Crusoe. pg. 40. RBA Libros (2013)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 



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