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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2017

Egunkaria, la muerte de un peridico que era inocente

Gorka Castillo
La Marea


Han pasado casi cuatro aos y la vida ya discurre por otro camino. A Egunkaria le sustituy Berria. Entrevistamos a su director, Martxelo Otamendi, dentro de nuestro monogrfico sobre la libertad de expresin.

Absueltos. Es decir, inocentes. En octubre de 2013, un tribunal de la Audiencia Nacional presidido por Javier Gmez Bermdez dictamin que su director, Martxelo Otamendi (Tolosa, 1957), y otros cuatro responsables el diario en euskera Egunkaria nunca formaron parte de ETA. Cuatro meses de pruebas e indagaciones para resolver que ni cooperaron ni financiaron a la banda. Las acusaciones no han probado que los procesados tengan la ms mnima relacin con ETA, conclua la sentencia. Aunque cruda y rotunda, la gran paradoja de este fallo, al menos la que aade un trasfondo dramtico al cierre de un peridico en la democracia espaola el otro fue Egin, es que reconoce que las decisiones adoptadas por el juez Juan del Olmo durante los siete aos que dur la instruccin, y que terminaron por hundir al diario, ni siquiera estaban justificadas. El cierre fue una injerencia en la libertad de prensa, dice el veredicto final. Caso cerrado.

Han pasado casi cuatro aos y la vida ya discurre por otro camino. A Egunkaria le sustituy Berria. El despacho actual de Martxelo Otamendi es muy similar al que tena antes. Est en un edificio que pasa completamente inadvertido dentro del polgono industrial Martn Ugalde, en Andoain, Gipuzkoa. La redaccin ocupa una planta acristalada con vistas a un pinar brumoso bajo la lluvia invernal que en Euskadi cae con estolas de fro.

Es un lugar impregnado de un espritu periodstico. Tiene una estantera abrumada de libros y un cuadro de la organizacin estadounidense National Press Club con las portadas sobre el 11 de septiembre de 2001 que publicaron 25 peridicos de todo el mundo. La nica seleccionada del Estado espaol fue la de Egunkaria. Todo un contrapunto a lo que sucedi casi dos aos despus. Fui detenido el 20 de febrero de 2003 en mi casa, dentro de un operativo simultneo en el que participaron 200 guardias civiles para arrestar a 10 personas. Permanec cinco das incomunicado en comisara donde me interrogaron y torturaron. Luego me dejaron en libertad con cargos de pertenecer a ETA, recuerda con nitidez. Un operativo que, segn rememora, pareca ms una operacin de guerra.

La espectacular repercusin que tuvo el cierre del diario en Euskadi, un peridico financiado por suscriptores vascoparlantes de todas las ideologas, con publicidad privada y tambin con subvenciones oficiales por su trabajo en la difusin lingstica, llen horas en las televisiones de todo el pas. Fue una barbaridad y un atropello contra la nica publicacin periodstica en euskera, pero tambin un aviso, en unos momentos especialmente duros de la lucha antiterrorista, de hasta dnde estaba dispuesto a llegar el Estado, asegura Otamendi. El miedo se nutre de sospechas que la imaginacin convierte en sombras gigantescas. Si adems hay flashes en la oscuridad y campaas oficiales que levantan famas turbias, el campo queda abonado para que el dolor no desaparezca. De los 10 detenidos, seis denunciaron torturas. En los aos posteriores, el director y dos ms padecieron un cncer. Inma Gomila, apoderada del peridico, muri en 2011. Yo he tenido suerte pero ha sido un ao difcil. Por fortuna estoy bien, los anlisis son negativos y he vuelto a trabajar, aade con la mirada puesta en un cielo nublado.

Despus de hablar con pasin de la libertad de expresin, tantas veces golpeada en Euskadi, la clausura de Egunkaria pasa a otro plano y Martxelo Otamendi se sumerge en el uso indiscriminado y fingido de las redes sociales. Se estn escribiendo cosas que no se difundiran en un peridico porque acarreara responsabilidades penales. Nos estamos moviendo en un margen cada vez ms estrecho en el que suele primar la libertad de expresin de una de las partes. Quiero decir con esto que una cosa es considerar una barbaridad impresentable lo que alguien escribe en las redes sobre Carrero o Irene Villa, y otra distinta es que se pida tres aos de prisin por esos comentarios dolorosos. Antes, cuando existan dudas, el veredicto siempre caa del lado de la libertad de expresin. Ahora la lnea es ms fina y, adems, es selectiva. Mira la cantidad de agravios que se difunden contra los catalanes y nadie ha sido procesado por ello. O el diferente baremo que se aplica cuando se organiza un homenaje a Franco o a Otegi. Hablan de no equiparar vctimas pero acaso Carrero Blanco tena ms catadura moral que el presidente del consejo de administracin de Egunkaria, Joan Mari Torrealdai, que fue detenido y torturado?.

Principios sagrados del periodismo

Otamendi no se arredra ante la quemazn de los cargos que le imputaron ni ante las presiones que recibe una persona con su cargo. Entristecido por el estado en que se encuentra su respetada profesin, presume de haber publicado y seguir publicando todas las noticias que merecen ser publicadas y, por supuesto, de haber pertenecido a un diario que sufri el escrutinio implacable de la Justicia en todos sus textos y editoriales. Critiqu enrgicamente cuando ETA coloc una bomba en el diario El Correo. Lo mismo hice cuando destrozaron la sede de la televisin vasca. Sin embargo, reconozco que no estuve a la altura de las circunstancias cuando asesinaron a Jos Luis Lpez de la Calle y a Santiago Oleaga, de El Diario Vasco, al no expresar mi repulsa, apostilla el periodista.

Era una poca oscura en una sociedad descompuesta como la vasca, donde a la libertad de expresin le costaba abrir camino ante los peligros inherentes que entonces supona contar la verdad. A un lado y al otro del gran ro. No fueron pocos los que acusaron a Otamendi y al desaparecido Egunkaria de proetarras en los momentos lgidos de los aos del plomo. Un mantra que, para el sealado, mereci ms de una querella. l opt por continuar adelante con los principios sagrados de la profesin que ama ante acusaciones que el propio periodista tacha de ridculas. Su desconcierto y el de buena parte de una conmocionada sociedad era por conocer de dnde vena la segunda tormenta desatada desde la Audiencia Nacional contra la prensa vasca la primera fue Egin, cinco aos antes, cuando Egunkaria no era culpable de ninguna de las acusaciones que le imputaban. Dos das despus del cierre cautelar, miles de personas de todas las tendencias polticas coparon las calles de San Sebastin para exigir la reapertura inmediata del diario y la puesta en libertad de los 10 detenidos. En ese momento, en una comisara de Madrid, Otamendi estaba siendo torturado a golpes, segn relata, para que supuestamente confesara detalles de las tres entrevistas que firm con miembros de ETA en los aos duros del terrorismo. Ante la pregunta de si es legtimo publicar este tipo de informaciones cuando el interlocutor pertenece a una organizacin que asesina y extorsiona a una parte destacada de la sociedad civil, la respuesta para Otamendi es muy sencilla: S.

El proceso tuvo dos fases. La primera fue contra cinco directivos, entre ellos Martxelo Otamendi, acusados del delito de integracin en banda armada y para quienes se pidieron penas de entre 12 y 14 aos de crcel. La segunda parte del juicio era la econmica, la que dej al diario en muerte cerebral, por supuestos delitos de fraude a la hacienda pblica e irregularidades en la obtencin de subvenciones. La acusacin popular pidi entre 13 y 20 aos de prisin y 235 millones de euros en multas para ocho miembros del consejo de administracin.

El 12 de abril de 2010 se hizo pblica la sentencia absolutoria contra los cinco directivos. La resolucin de la causa econmica, por el contrario, tuvo que esperar cuatro aos ms hasta morir en los archivos de un juzgado de San Sebastin. Hubo gritos de jbilo al conocer un veredicto que no sirvi para cauterizar el dao causado. El juez Del Olmo, que llevaba diez aos tratando de hilar las conexiones entre el diario y ETA, cosech un inapelable fracaso. Las pruebas presentadas quedaron en agua de borrajas y la Audiencia Nacional consider que los vasos comunicantes no estaban all. Aquel fallo fue el ms duro, el ms autocrtico, dictado nunca por un magistrado de sala de la Audiencia Nacional contra un juez de instruccin y contra las acusaciones particulares que ejercieron la AVT y Dignidad y Justicia, explica Otamendi. Fue tan severo el correctivo emitido por el juez Gmez Bermdez que esta vez no hubo espacio para la confusin en torno a lo que es o no es libertad de expresin. Solo el ministro de Interior de entonces, ngel Acebes, declar que aquel proceso no haba sido un ataque al euskera, como insina la sentencia, sino un acto de defensa del euskera. El abismo entre las ilusiones y la realidad, entre la imagen que a uno le gustaba proyectar y lo que en realidad sucedi.

Fuente: http://www.lamarea.com/2017/04/20/egunkaria-la-muerte-periodico-inocente-2/



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