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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2017

Rusia, Venezuela y Corea del Norte
Los diablos rojos

Armando B. Gins
Rebelin


En plena crisis de la globalizacin neoliberal, mentar a Putin, Maduro o Kim Jong-un sirve a Occidente para evadir responsabilidades polticas y desviar la atencin pblica hacia enemigos externos transformados en peligros irracionales y aviesos contra el rgimen capitalista.

Convertidos en mitos a combatir, los tres pases citados en el titular conforman un inconsciente colectivo amenazado permanentemente en torno a dos variables denostadas histricamente por los mercados del llamado mundo libre, el antiguo comunismo y el cajn de sastre actual del populismo. A ello cabra aadir, como referente transversal para atizar los miedos atvicos del ciudadano tipo de corte occidental, el terrorismo en su versin yihadista y las posiciones denominadas antisistema.

Con tales ingredientes se mantiene en forma un odio o aversin latente contra todo lo que huela a izquierda radical, rebelde o transformadora. Aquellas personas u organizaciones que planteen posturas o alternativas muy confrontadas en el escenario poltico pueden caer con bastante facilidad en ser sealadas como adversarios nocivos no democrticos que abrigan intenciones ocultas contra el statu quo establecido alrededor de la hegemona de los mercados y de las familias principales del poder transnacional.

Rusia, Venezuela y Corea del Norte son la lnea que jams se puede traspasar. Al menos, en la profunda conciencia personal. Aparecen como diques de pensamiento que operan subliminalmente para sesgar el espritu crtico y ahormar las opiniones a una normalidad estandarizada.

Estamos ante un proceso complejo que intenta dotar de ideas infantiles al ambiente social, predisponiendo a las masas hacia actitudes de rechazo visceral contrarias a los pases antes mencionados, configurando en paralelo un estado de opinin proclive a situar como amigos verdaderos a los partidos y dirigentes tradicionales, aun inmersos hasta la mdula en sospechas ms que fundadas de corrupcin o culpables directamente de la crisis desatada en los ltimos aos.

Los tres presidentes malditos, Putin, Maduro y Kim Jong-un, aparecen enmarcados en la jerga meditica al modo de chivos expiatorios donde exuda la impotencia colectiva de las multitudes. Eso s, cada personaje y pas se manifiestan en instancias diferentes, Rusia en el plano simblico, Venezuela en lo real cotidiano y Corea del Norte en lo imaginario o fantstico. Con significados complementarios, juntos albergan una capacidad de conmocin silenciosa que juega a favor de los interese de clase de las multinacionales, las polticas de austeridad, del desmantelamiento de los servicios pblicos y de la guerra sin cuartel contra el Tercer Mundo para seguir saqueando sus recursos y materias primas mediante gobiernos tteres sobornados por las potencias occidentales.

Putin y Rusia nos remiten al antagonismo puro, el comunismo irredento (si bien Mosc no es ni por asomo lo que su predecesora la URSS) enfrentado hasta la muerte con el capitalismo. Es decir, la guerra fra de baja intensidad. Como enemigo fatal y acrrimo, Rusia nos sita psicolgicamente en el bando adecuado, ella es la maldad sin vuelta atrs y Occidente el chico bueno de la pelcula. Tal demarcacin nos da fuerza interna al saber en todo momento qu somos: la verdad autntica versus la mentira de diablo rojo contumaz. El mundo funciona y gira en una pugna hasta las ltimas consecuencias liderada por el universo rico, amable y democrtico contra el relapso demonaco de Putin. Estamos ante un maniquesmo clsico, exento de matices, que nos ofrece un punto de anclaje fijo ante expectativas espurias o desnaturalizadas.

Una vez que conocemos lo que somos, es necesario apropiarnos de la realidad diaria. De alguna manera, llevar al terreno prctico la ideologa anticomunista. Es tiempo para activar el pnico a Venezuela. Nos adentramos ya en un cuerpo a cuerpo con enemigos de carne y hueso: revolucionarios intratables que pretenden un cambio total de la cultura, las creencias y los modos de repartir la riqueza en un territorio concreto. Maduro es el aqu y ahora, la decisin existencialista de tomar partido en directo. Para que la decisin no resulte difcil o costosa en exceso, los mass media distorsionan la realidad a fondo: lo real, expuesto en dos dicotomas inalterables, se funde en una colisin inevitable entre partidarios de los principios democrticos formales y el rgimen opresor y represor del pueblo llano. Las noticias se convierten ipso facto en crnicas de violencia institucionalizada, en editoriales velados que dan credenciales de mrtires a los prceres de las derechas locales y de las opciones ms regresivas del espectro poltico. A los mandatarios chavistas se los prende fuego sin piedad, eludiendo anlisis ms pormenorizados de la cruda realidad con datos que pongan de manifiesto la verdad ponderada y contradictoria de la situacin social y poltica. No hay preguntas a realizar, sino respuestas cerradas: poco importan los datos, solo los hechos desvinculados de su contexto. Nadie en su sano juicio puede declararse neutral o mostrar simpatas por el gobierno venezolano actual. Caso de hacerlo, deber arrostrar juicios sumarsimos ad hominem que pondrn en duda su honorabilidad personal y sus gestos polticos.

Pero no todo acaba en lo simblico y lo real. Tambin es preciso redondear el crculo ideolgico exaltando la libido y el sexo reprimido. Ese tab tiene su relato en la fantasa ertica de Corea del Norte, donde, segn los analistas y tertulianos occidentales, todo est prohibido y todo es hermtico por definicin, esto es, como los impulsos sexuales guardados a cal y canto en las lindes del incesto y los complejos freudianos del psicoanlisis. Kim Jong-un desempea el rol infantil de la pederastia camuflada entre mil telas de araa de sofocos expiados en la sublimacin cotidiana. Juega el papel de lo imaginario: el escape propicio de los sueos que suean la realidad imposible de llevar a efecto. Corea del Norte es el contraparaso extico, una especie de dormitorio parental al que queremos asomarnos subrepticiamente todos y todas para ver que hacen all nuestros progenitores. Nos permite, por tanto, fantasear y liberar nuestra libido en las habitaciones ms recnditas de la conciencia privada, en las sombras donde lo onrico se hace accesible o posible a vivirlo en completa libertad.

Con los tres pases reseados y sus lderes singulares, Occidente alimenta su propia egolatra. Cada yo annimo se siente fuerte sabiendo, odiando y soando a enemigos de perfiles muy definidos. A veces la ficcin supera a la realidad. De eso se trata, de crear trayectos unidireccionales que hagan lo real asumible; de inventar relatos que suplanten la cruda realidad por realidades ms digeribles para la inmensa mayora. No hay dioses buenos o aceptables sin opositores diablicos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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