Portada :: Cuba :: Hasta siempre Comandante!
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2017

Sin / Con Fidel

Vctor Fowler Calzada
Cuba Posible


Lo que sigue se plantea como un ensayo en la noche en el desconocimiento de lo que queda por venir, una simple tentativa, pues, de analizar con alguna consecuencia un exordio como el siguiente: Quisiera aprender a vivir. Por fin.

Jacques Derrida, Espectros de Marx


Bueno, pues, finalmente, no est ms Fidel. Alguna vez le que meda 1,86 metros. Segn la postura poltica de cada quien, lo mismo poda parecer un hombre alto que un gigante descomunal; en todo caso, la cuestin de la estatura debe ser entendida como metfora de algo ms esencial, radical, profundo. Tal y como propuso Derrida a propsito de Marx, la muerte de Fidel nos libera de Fidel, de modo que, al fin, podemos leerlo.

Desde los momentos posteriores a la noticia, la propaganda oficial cubana invadi los medios con imgenes y textos del lder o sobre l: decenas de documentos audiovisuales en la televisin, no pocos de ellos escasamente conocidos; fragmentos de intervenciones pblicas; testimonios de compaeros cercanos, de otros que compartieron con l apenas una vez, ms las opiniones de muchos que slo alcanzaron a escucharlo en alguno de aquellos largos discursos que pronunci. Una operacin semitica que enlaz persona, ideario, nacin, Tercer Mundo, continuidad y eternidad en un enorme collage de sentimientos.

El lamento por la muerte qued distribuido en tres grandes bloques: tres das de homenaje popular ante las cenizas en la Plaza de la Revolucin, seguidos de un acto poltico masivo en el lugar, en horario nocturno; el viaje, a todo lo largo del pas, de una caravana militar con las cenizas del lder (ocasin para repetir el homenaje en decenas de pueblos y ciudades); y, finalmente, el recibimiento y entierro de las cenizas en la ciudad de Santiago de Cuba.

El escepticismo crtico nos ensea que un sentimiento (esto lo entiende a perfeccin la ideologa) es susceptible de, y casi que desea que as ocurra, ser retumbado, multiplicado, amplificado, y la pantalla televisiva nos regal de esas imgenes en sobre-abundancia. En el extremo opuesto, la experiencia personal de la mayor parte de mis conocidos permite hablar de dolor, recogimiento, respeto, reverencia e incluso amor por el fallecido. Alguien me dijo: Es increble hasta muri en el momento justo!. El caso es que, en un momento sin demasiadas ilusiones, se repiti el milagro de entendimiento con el lder en el cual centenares de miles de personas, de una a otra punta del pas, transmitieron una imagen de unidad y fidelidad.

Mientras esto iba ocurriendo en Cuba, en una suerte de reverso especular, en Miami hubo alegra y celebraciones. Nada de esto fue transmitido por la televisin de la Isla, que continu alimentando su propio relato, pero la Cuba de ahora mismo es otra: se multiplican los accesos a Internet, las conexiones internacionales mediante celular y la piratera de seales televisivas en la cual son blanco favorito los canales en espaol de la Florida; dicho de otro modo, todos sabamos que los comportamientos marcaban diferencias. Al llegar a la casa de mi madre, al da siguiente del acto poltico en la Plaza de la Revolucin, supe que un pariente haba llamado de all para decirnos que no creyramos en las imgenes de la televisin, que esos reportajes eran falsos (ella haba seguido la transmisin de CNN), que haba llorado mucho al ver a su pueblo tan delgado. Mi hermana, que haba permanecido en el acto poltico hasta bien entrada la noche, respondi que era verdad que todas esas personas haban estado en la Plaza y que s se notaba un aire de tristeza en las personas reunidas all y hasta en su trabajo y en el barrio. La pariente, segn creo, no ha llamado ms. Una vecina de mi suegra, de larga trayectoria en la disidencia poltica, fue entrevistada por alguna agencia de prensa extranjera para que hablase acerca de lo que estaba sucediendo en Cuba y respondi que, aunque no comparta las ideas de Fidel, respetaba el dolor popular y prefera no emitir juicios en ese momento. En esos mismos das escuch de numerosos casos de personas que, disgustadas con la forma e intensidad del odio anti-castrista expresado en las cuentas personales de Facebook, haban roto relaciones con familiares o amigos. Al mismo tiempo, otros muchos manifestaban en privado su rechazo o vergenza frente a esa alegra en la que hubo momentos de vulgaridad.

Facebook es un espacio de emocin personal, ntima. Nac en 1960 y cuando algn familiar, amigo de infancia o vecino abandonaba el pas la mayora de las veces hacia Estados Unidos era como si hubiesen muerto; en no pocos casos pasaban largos aos hasta que llegaba cualquier aislada noticia sobre aquellos a quienes recordbamos, o tambin tal y como ocurri en muchsimos casos, ni siquiera haba cartas. Esta manifestacin a sotto voce de la tragedia regresa como espectculo en la dialctica entre la celebracin miamense (el afuera) y el duelo en Cuba (el adentro). El Facebook de la amistad y de la recuperacin de antiguos vnculos, ahora separa. La vieja aseveracin de Jess en Mateo 10, 34 (no he venido a traer paz, sino espada), parece haber renacido.

Hace unos meses un amigo, profesor de una universidad estadounidense, estuvo en La Habana, junto con un grupo de estudiantes, para desarrollar un proyecto que le obsesiona: la investigacin de lo que l llama los legados de la Revolucin. En su opinin el legado es algo (una configuracin equivalente a un modelo de mundo) que luego de definir su forma segn vaya siendo radical y duradero el tipo de cambio que una transformacin socio-poltica, econmica y cultural nos propone se deja y se recibe. Se explica esto porque, sin importar el tipo de variacin que nos proponga, todo proceso social que implique toma de poder y cambio instituido (mediante decisiones formales y regularizadas del poder poltico) genera conjuntos de leyes, cambios en las prcticas y conductas, en el saber y su transmisin, los lmites de lo que puede ser expresado, las memorias de xito o fracaso, etc.

Desde el punto de vista anterior, el legado parece emanar con mayor fuerza de las estructuras cerradas, que tocaron ya su trmino, como algo que slo puede ser ledo en una clara posterioridad a su causa. Parte de lo impresionante que rodea la muerte de Fidel es que tanto sus enemigos como sus seguidores han extrado del suceso impulsos para alrededor del hecho del fin reafirmar sus propias posturas irreconciliables. Segn unos ocurre algo que deseaban y soaron, preludio a una reparacin de la realidad en el sentido de la extincin del rgimen socialista en Cuba; para los otros, la desaparicin del lder es percibida como un desafo orientado hacia la continuidad del ideario que desarroll. Eso a lo que mi amigo llama el legado, adems de manifestar condicin de vida, es un campo de batalla donde se dirimen los sentidos del pasado, el presente y el futuro cubano.

Cmo aprender a vivir? Por fin. Prestemos atencin al hecho de que, a la pregunta fundamental, radical, el filsofo agrega (y esto, quizs, sea lo bsico) la valoracin sobre el tiempo: por fin. Como si despus de una larga cadena de pruebas y errores fuese posible arribar a un instante, el instante, en el que lo irreversible cristaliza. As recuerdo que, en la gigantesca batalla de smbolos, el Comandante tena reservada una sorpresa: la expresin de ltima voluntad en la cual pidi adems de la incineracin, ser enterrado en una tumba sin destaque alguno, as como que su nombre no sea empleado para dar nombre a escuelas, fbricas, calles u otro lugar pblico, ni sus fotografas colocadas en estos, ni construidas estatuas ni otro tipo de monumento para homenajearlo. Cmo dijera Jos Mart, el gran hroe cubano, s desaparecer o a la manera de una salida borgeana, desaparecer detrs de la obra. Pero si as el lder elige esconder su presencias detrs o debajo de sus ideas y su obra, la decisin de la directiva de la Revolucin cubana de grabar en una pirmide de piedra justo a un lado de la tumba de Fidel, las oraciones del concepto Revolucin segn este lo definiera en el ao 2002, no deja de ser una reverencia al monumento, con todos los peligros de actitud formal que lo acompaa.

Disipacin, desvanecimiento, evaporacin, son palabras con las que describir el proceso durante el cual una forma a la que estbamos habituados se esfuma ante nuestros ojos. La ltima voluntad de Castro, acaso el ms esperanzado de todos sus gestos (en el sentido cristiano de la virtud de esperanza), es este de entregar el cuerpo perecedero para que resplandezca la idea. En este punto, Derrida nos responde: Y ese ser-con los espectros sera tambin, no solamente pero s tambin, una poltica de la memoria, de la herencia y de las generaciones.

Tan desmesurada es la figura de Fidel Castro que ahora no queda sino preguntar si acaso lleg el momento (por fin) de aprender a vivir para la memoria, la herencia y las generaciones. O, para expresarlo de otro modo, en una interminable cadena de interrogaciones: quin fue; qu hizo; qu circunstancias permitieron al lder y pueblo de una pequea Isla enfrentar al poder militar, econmico y cultural ms grande que la humanidad haya conocido; cmo pudo ocurrir esto a lo largo de casi seis dcadas? Hay manera de atravesar la telaraa y el estorbo de las retricas ideolgicas, llegar a algn sitio y desde all preguntar? Qu preguntar? Vivir?

Mientras veamos (todava hoy mismo) decenas de testimonios de personas que aseguran deber a la Revolucin lo que pudieron hacer con sus vidas qu hay de verdad en eso? Qu es y qu alcances tiene una Revolucin socialista en un pequeo pas subdesarrollado, a slo 90 millas de Estados Unidos? Qu es Estados Unidos y cul es su relacin con Cuba? Por qu, para hablar de futuros cubanos, necesito hablar de otro pas? Es sensato, loco, manipulador, revelador? Qu transformaciones tienen lugar en las mentalidades de un pas subdesarrollado y socialista, qu se acepta y qu se rechaza, a qu se aspira y qu se desprecia, qu memorias pasan entre las generaciones y alimentan o llevan al colapso la idea de Revolucin? Qu es un fracaso y qu un logro, adems de para quines? Cul es el mundo sin Fidel ya que, por mucho que la maquinaria de propaganda oficial cubana utilice toda la energa del mundo, el caso es que el gran lder al menos como presencia fsica no est ms? Cules van a ser ahora las preguntas? Podemos, al fin, sentirnos libres de Fidel y leerlo? Cmo entender el dueto Castro-Cuba sin el tipo de desmesura que provoca el efecto Castro? Puedo hablar de Castro-Cuba sin mencionar el subdesarrollo? Acaso no es manipulador olvidar o disminuir la angustia del subdesarrollo al hablar de Cuba? Y la cuestin de la soberana e independencia nacional, es importante, cmo se manifiesta, hay alguna amenaza, por parte de quin, cmo y con qu consecuencias?

Democracia, Soberana, Desarrollo y Justicia son mis peores preguntas, mis pesadillas, metas, desafos, impulsos, el aire y la sangre. Ahora, cuando Fidel ya no est, caigo en la cuenta de que son los temas que me he pasado la vida (tengo casi el mismo tiempo exacto que la Revolucin cubana) discutiendo con l, a su favor o en su contra, intentando entender el por qu de las decisiones que no entend, balanceando su opinin con la de sus enemigos, hacindome mi propio juicio.

Y claro que quiero un pas mejor, no soy un estpido.

Y es as como aparece, para seguir la discusin, ese mismo Fidel Castro al que acaban de enterrar.

Qu obstinacin, qu eternidad, qu desmesura!

Bibliografa

1. Jacques Derrida. Specters of Marx. The State of the Debt, the Work of Mourning and the New International. Routledge: New York/London, 1994.

El presente texto fue publicado originalmente en idioma ingls en el Reino Unido. Cuba Posible lo publica en castellano con la autorizacin de su autor.

Fuente: http://cubaposible.com/sin-con-fidel/



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