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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2017

Capitalismo y patriarcado
Comunidad feminista

VictoriaSiloff
Rebelin


El femicidio de Micaela Garca ha venido a provocar en el pas una conmocin particular que tuvo sus bases sobre todo en el rol del Juez Rossi en la causa. Como es sabido el Juez desoy los dictmenes periciales que establecan que no era aconsejable liberar a Wagner, y si bien los jueces pueden apartarse de dichos dictmenes, de hacerlo slo pueden decidirlo de manera fundada, es decir, dando las razones de dicha decisin. La resolucin de Rossi nos lleva a pensar que si Wagner hubiese estado en prisin hoy Micaela estara viva, es esa posibilidad la que ha encendido la mecha para que se avive el punitivismo no slo en los medios (que siempre aportan lo suyo en ste sentido) sino en la calle, en la verdulera, en el supermercado, en las escuelas, en la universidad y ya hay proyectos legales en ste sentido impulsados por el oficialismo nacional. Pero lo ms grave es que este discurso tambin se ha visto avivado en sectores feministas. Y califico a esto como "grave" porque en ciertos rincones oscuros como stos es donde sin darnos cuenta, (o ms grave an si existe en realidad conocimiento) venimos a aportar al "sentido comn" que legitima la mano dura, que torna ms inexistentes de lo que ya son, las garantas constitucionales referidas a un debido proceso (art 18 C.N), todo lo cual tiene consecuencias concretas y horrorosas ya sabemos sobre qu sector social.

Es sumamente necesario empezar a pensar, desarrollar y profundizar un feminismo que no est arraigado solamente a las instituciones estatales, donde conquistar ms derechos es sinnimo de mayor igualdad, donde lograr mayores y ms duros castigos penales para femicidas u hombres que ejercen violencia de gnero parece ser la solucin, mas en los hechos no es eso sinnimo de mayor libertad de existencia. Como mujeres estamos padeciendo en cada acto de libertad un riesgo de vida. En esa urgencia en la cual nos encontramos, donde una mujer es asesinada cada 28 horas, y desde una perspectiva institucionalista no se est solucionando nada, por el contrario parece aumentar el nivel de violencia alimentando as a un sistema en s mismo violento.

En ese sentido siempre consider que para poder abordar un problema, es indispensable tomar conocimiento de las causas del mismo, para ello es necesario investigar, estudiar ese fenmeno y desde all partir para encontrar la solucin, no desde sus efectos o consecuencias donde quien llegue siempre llegar tarde. Los femicidios son un fenmeno social, y responden o vienen a ser un sntoma de una disfuncin social. Hay algo que los provoca, pero tambin algo que los sostiene, y algo que no los est frenando: no atacar sus causas es algo que hace que inexorablemente el fenmeno se siga manifestando. Podemos resumir todo esto en una palabra: patriarcado. Pero entonces vamos a necesitar adentrarnos ms en la cuestin, porque si hablamos de un problema social, que se origina en un vivir patriarcal no vamos a encontrar respuestas individuales o particulares sino, justamente sociales. El patriarcado actual se asienta en redes constituidas desde relaciones de poder ya existentes, y condicionadas por el capital. Y ah es donde pareciera que deberamos husmear ms.

Hace unos das Reynaldo Sietecase entrevist a la investigadora y antroploga argentina Rita Segato quien tiene aos dedicados al trabajo de investigacin con violadores en Brasilia. En dicha entrevista Segato explica que frente a la cantidad de casos de femicidios, y violaciones seguidas de femicidios en nuestro continente, los motivos son varios: "Creo que hay varias razones. La primera es que la violencia contra las mujeres, de la forma letal en la que la estamos presenciando en la Argentina, es un sntoma de un momento del mundo y, sobre todo, de nuestras sociedades. Al referirme a esta poca suelo utilizar el concepto de dueiedad. Este concepto excede al de desigualdad, porque marca la existencia de figuras que son dueas de la vida y de la muerte. Esto, evidentemente, irrumpe en la realidad, en el inconsciente colectivo, en la manera en que los hombres que obedecen a un mandato de masculinidad (que es un mandato de potencia), y en la forma en la que realizan y prueban su potencia mediante el cuerpo de las mujeres. El sistema, por tanto, no se explica solamente en la relacin entre hombres y mujeres sino en esta situacin tan particular. En Amrica Latina, el contexto es particularmente hostil para las mujeres que viven, como deca, un momento de especial inseguridad. Es evidente que en el mundo entero existen problemas de gnero, pero en nuestro continente -cada vez ms controlado por formas paraestatales de control social no regidas exactamente por la ley- la vulnerabilidad de las mujeres es mayor."

Ni la tierra ni las mujeres somos territorios de conquista

Estamos ante una poca donde la mujer en muchos lugares del mundo est siendo reconocida como nunca antes en el campo de los derechos, pero an as la vida de la mujer se ve en peligro, en un peligro alarmante. Pareciera que la sociedad latinoamericana no est desvistindose de patriarcado al mismo tiempo que viene el feminismo conquistando derechos. O mejor dicho, la sociedad latinoamericana no viene desnudndose de violencia, al mismo tiempo que viene vistindose de derechos, y/ o conquistas sociales. Entonces conviven relaciones de poder patriarcales con libertades conquistadas, hay un destiempo, hay desorden, es una suerte de caos moral. Ah es donde se activan los dispositivos de control social paraestatales: como si vinieran a restablecer el "orden" que se ve alterado en esas relaciones de poder que estn queriendo ser, y siendo modificadas desde sus mismas instituciones que lo venan a garantizar: desde el Estado. Por ende esa "correccin" se hace desde fuera: "paraestatalmente". Desde el Estado se destruye la comunidad, para organizar institucionalmente a las personas, con jerarquas, con burocracias, con autoritarismos, con violencias. Y desde fuera de l se crean dispositivos que ayudan a sostenerlo cuando este parece correrse de ese lugar, pero tambin podran crearse (de hecho ya existen, como las comunidades zapatistas) comunidades que aun institucionalizadas, no lo son desde las lgicas del poder, ni la violencia sobre el otrx , sino desde la confianza, desde el sentido de la comunidad. Cabe preguntarnos de todas maneras, qu concebimos por comunidad, y en ese punto siguiendo a Zibechi encuentro que la comunidad es contraria a la institucionalizacin. La institucionalizacin para l es estancamiento, y la comunidad es movimiento constante, es dispersin, y por eso mismo no se identifica con formas cerradas o fijas por el contrario, con formas transversales y abiertas que permitan la cooperacin. Y en ese punto es indispensable la autonoma, no como modo de generar comunidades enfrascadas, porque de serlo la autonoma fracasara rpidamente, sino justamente abiertas, basadas en la pluralidad y diversidad que desde all deciden hacer posibles, concretas y reales sus potencialidades sin adoptar la frialdad, dureza, y violencias que ofrecen el capital y el Estado. Quizs comenzar a generar comunidades autnomas y autogobernables pero institucionalizadas todava, sea un paso en el camino hacia la verdadera comunidad de la que habla el uruguayo.

"Algunas feministas dicen que el gnero masculino reacciona al avance de las mujeres en el campo del trabajo y la autoridad poltica. Pero en el caso de Bolivia esta tesis no se sustenta porque las mujeres siempre tuvieron una posicin dominante en el mercado y respecto al dinero, y tuvieron autoridad poltica desde su parcialidad, el espacio domstico, que en las sociedades comunitarias, a diferencia de las sociedades modernas, es pleno de politicidad . Por eso, el problema es el espacio que ocupan hoy en el campo del Estado y del avance del Estado sobre la comunidad, destruyendo los vnculos comunitarios y colectivistas, aun, muchas veces, en nombre de los buenos propsitos del discurso modernizador. Ah se generan tensiones en la medida en que el frente estatal no es solamente estatal, sino estatal-empresarial y meditico, es decir, indisociable de los intereses empresariales-corporativos. Este pacto estatal-empresarial va rasgando el tejido comunitario. En esta situacin de avance del frente estatal, siempre colonial, empresarial y meditico, el hombre de esa comunidad, el hombre indgena, se transforma en el colonizador dentro de casa, y el hombre de la masa urbana se convierte en el patrn dentro de casa. En otras palabras, el hombre del hogar indgena-campesino se convierte en el representante de la presin colonizadora y despojadora puertas adentro, y el hombre de las masas trabajadoras y de los empleos precarios se convierte en el agente de la presin productivista, competitiva y operadora del descarte puertas adentro." Afirma Segato .

Generalmente vemos que el rol del Estado se agota en otorgar mayores "derechos", poniendo a la mujer a la par del hombre en algunas cuestiones, no en otras. En tanto y en cuanto la mujer, su cuerpo, y su capacidad le sirvan al sistema de explotacin capitalista, ella podr ir accediendo a esos lugares en y desde el Estado. La mujer hoy ocupa muchos espacios antes designados slo para hombres, pero los hombres son quienes aun no vienen a intercambiar esos roles -en la misma proporcionalidad-, "masculinos" por aquellos que se entienden "femeninos". Ni hablar, si la persona es travesti, transexual, lesbiana, homosexual, el sistema patriarcal se resiste aun ms ante ellos.

El Estado ms all de eso no llega, y la mayora de las veces su instancia, su "respuesta" se hace presente slo desde el Poder Judicial que viene a intentar brindarle "justicia" a la mujer violentada, o a la familia de la mujer asesinada, y en definitiva a la sociedad afectada por un femicidio, llegando tarde, cuando llega. Una de las respuestas que surgi desde el Estado, en 2012 luego de marchas bajo la consigna "Ni Una Menos" se dio concretamente en el sistema penal, fue la modificacin del Cdigo Penal de la Nacin que vino a hacer lo hace: profundizar el punitivismo . Se modific el art 80, el que establece que "s e impondr reclusin perpetua o prisin perpetua, al que matare: 1. A su ascendiente, descendiente, cnyuge, ex cnyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relacin de pareja, mediare o no convivencia. 4. Por placer, codicia, odio racial, religioso, de gnero o a la orientacin sexual, identidad de gnero o su expresin."

A pesar de esta modificacin donde la pena se endurece, y a pesar de condenas existentes en este sentido los femicidios no han disminuido, por el contrario han ido en aumento y es de destacar que los ltimos femicidios seguidos de violaciones y abusos aberrantes culminan siempre desechando el cuerpo de la mujer como basura. Pero no slo aquellos femicidios, donde la muerte es dada por una pareja o ex pareja estn en aumento, sino que tambin lo estn los crmenes contra todo lo que exprese femineidad, o lesione al patriarcado: travestis, lesbianas, transexuales, homosexuales.

A su vez, es de destacar que en Argentina tenemos un poder judicial integrado por una clase media alta, y alta, conservadora, elitista, sumamente patriarcal. Que con esas caractersticas y formateada en el derecho (con todas las instituciones patriarcales y capitalistas) se ve no slo incapacitada para abordar este fenmeno social de manera integral y completa, sino, adems inclinada hacia al punitivismo.

El derecho es el "deber ser", no el "ser". El derecho viene a decirnos cul es la conducta recta que debemos adoptar para vivir "armoniosamente" en sociedad. Y de no cumplirse con esa conducta que el derecho considera "recta", se castiga a esa persona que viola la ley. No le interesan las causas, ni busca revertir lo sucedido, porque no puede. Establece conductas deseadas, deseables. La sancin no es un elemento apenas del derecho penal, sino del derecho como dispositivo de control social, que viene a intentar "corregir" esas conductas no rectas. Y en este sentido, abogadas, abogados, personas que trabajan en el Poder Judicial, es decir quienes abordan estos fenmenos al menos desde la dimensin punitiva no estn comprendiendo en su totalidad a los femicidios, ni a los "crmenes sexuales". Porque justamente se los aborda de esa forma, y no como crmenes del poder. Segato e n este sentido nos dice: "La mujer, y esto es fctico, no es un ciudadano igual que el hombre. En tal sentido, la ley no puede ser aplicada de la misma forma. Tiene que haber una adaptacin de la aplicacin de la ley a un campo distinto que es el campo del poder. Debe entenderse que es un error hablar de crmenes sexuales: son crmenes del poder, de la dominacin, de la punicin. El violador es el sujeto ms moral de todos. En el acto de la violacin l est moralizando a la vctima. Yo he trabajado aos entrevistando violadores. Los abogados, los jueces, no estn formados, no tienen educacin suficiente como para entender qu es un crimen sexual."

A una mujer entonces se la asesina por ser mujer en ste sistema de relaciones, por ser mujer y por no estar cumpliendo ese rol de mujer en ese sistema de relaciones. A los cuerpos libres de esas estructuras, se los humilla, se los castiga, se los profana, se los viola, se los mata, porque ser mujer - ser cuerpo que exprese femineidad o libertad- en la estructura de nuestra sociedad no es igual a ser un hombre. Segn el patriarcado y las normas morales que lo configuran as es como debe ser, con lo cual si empiezan las mujeres a querer ser ms libres, ese poder "masculino" se ve afectado, se ve disminuido, la relacin de poder se esfumara, y el hombre ya no se siente tal, ya no "es" hombre, pierde masculinidad, su existencia como tal se ve ultrajada. " Su situacin es de una indigencia existencial absoluta. Si a esto le sumamos el tema de la mirada rapiadora sobre el planeta y sus criaturas (y no olvidemos la raz comn de las palabras rapia y rape, violacin en ingls), tendremos el cuadro completo de la transformacin de la vida en cosa, la transformacin de las personas en mercanca, en primer lugar el pasaje de las mujeres a esa condicin de objeto, a su disponibilidad y desechabilidad , ya que la mmesis de los hombres con la posicin de poder de sus pares y opresores encuentra en ellas las vctimas a mano para dar paso a la cadena de mandos y expropiaciones". Nos explica la antroploga.

Entonces hay que partir desde esa realidad: no estamos siendo iguales, porque el sistema est estructurando las relaciones de esa manera. Para que la igualdad se alcance, para que la libertad de existir realmente sea conquistada por las mujeres, - y por todxs los sujetxs que se ven oprimidxs en el sistema patriarcal- no es menester slo ennumerar ms derechos, o endurecer penas a quien las mata. El problema parece ser lo que viene a estructurar esas relaciones de poder; que claramente est antes que el derecho.

El Estado no deja de ser un instrumento ms para lograr conquistas feministas, pero a su vez no deja de servirle y de responder a un sistema patriarcal y capitalista; no deja de llegar tarde, no deja de ser responsable. No deja de ser violento, no logra proteger a las personas, porque es parte de esta guerra que estamos transitando.

La tica de la comunidad

Si estamos inmiscuidxs en un sistema que nos educa en el individualismo, que nos estimula desde el terror, que naturaliza la violencia y hace un show del dolor provocando falta de empata, un desencuentro con el otrx , y una falta de fe en la humanidad, es muy fcil entonces que desde fuera del Estado se hagan efectivos dispositivos de control social, y a su vez que stos se justifiquen socialmente tanto o ms que la violencia estatal. Es decir, la violencia se legitimiza , se hace necesaria, se llega a gozar de ella, el dolor del otrx me cierra por ms que la causa sea una banalidad como: violar una ley patriarcal (usar una pollera, o un short). Se busca corregir mediante el castigo; eso hace el Estado, y eso hacen los medios de control social paraestatales tambin, los cuales estn vindose profundizados. El violador, postula Segato viene as a ser un "sujeto moralizador", viene a reprender, a castigar, desde el poder que puede ejercer, porque se ve habilitado a hacerlo, la libido est en ese poder, no en el hecho sexual en s mismo. El violador usa el cuerpo de la mujer como mensaje a la sociedad frente a ese desorden, o caos moral del que hable ms arriba: a travs de la vctima se viola a toda la sociedad.

Por ms empoderadas que estemos las mujeres, por ms consientes de nuestros derechos, y aunque logremos reducir el nmero de femicidios gracias a las polticas pblicas en este sentido, no dejarn de existir femicidas , golpeadores, violadores. Porque es un problema social. Nos incluye a todxs y nos incluye en ste sistema que es capitalista y patriarcal; violento. La solucin a la violencia, a esa relacin de poder, no se dar jams desde las lgicas del poder. Es necesario crear y profundizar otras lgicas , otras clases de relaciones. Segato en entrevistas realizadas por Mariana Carabajal y Vernica Gago para Pgina 12 explica que se debe apostar a los vnculos comunitarios, al colectivismo, a la amistad . Entrar en la relacin cara a cara y cuerpo a cuerpo. Conocernos. "Esa atmsfera comunitaria, localizada, arraigada, es lo nico capaz de proteger a las personas" asegura.

Rita Segato insiste en que no se debe abandonar la lucha feminista del campo estatal, por leyes, polticas e instituciones propias. Pero nos insta a llevar adelante otras luchas: "con estrategias autogestionadas de autoproteccin. Necesitamos vnculos ms fuertes entre mujeres, vnculos que blinden los espacios de nuestras vidas, independientemente de las leyes y las instituciones, y que rompan el modelo de la familia nuclear. Es necesario que las estrategias de autodefensa proliferen pero no como prcticas vanguardistas, sino como prcticas de las rutinas, de las calles, de las casas, en la vida cotidiana de la gente tal como es".

En definitiva, la lucha feminista no debera enfocarse solo en la dimensin punitivista, sino en lograr de manera "paraestatal" -sin abandonar las luchas en el Estado- generar comunidad feminista, en todas sus dimensiones, en todos sus rincones, y con/ en todas las personas que la habitan. Un feminismo que no slo problematice las relaciones entre hombres y mujeres, sino que cuestione el sistema econmico, poltico, "cultural", que asuma el rol en esta guerra, que cuestione el racismo, las violaciones cotidianas sobre los cuerpos, y tambin en consecuencia cuestione el punitivismo como mtodo de "aprendizaje", que cuestione el dolor como instrumento de castigo, es decir: la violencia, porque as han controlado nuestras cuerpas, as han ido sometindonos, as nos han pisoteado y lastimado a nosotras y a nuestras pasadas, as y por eso es que nos siguen matando. Es necesario un feminismo que se propague en las calles, en las familias, en los trabajos, en las redes cotidianas de encuentro, donde no solo incluya a mujeres sino que incluya a su vez a todxs lxs vctimxs del patriarcado, y del capitalismo. Es entiendo yo, indispensable replantearnos el valor que le estamos dando a la vida, el valor que le estamos dando al mundo, a las cosas, a la tierra, a las libertades.

Y en este punto encuentro fundamental el planteo que nos hace el filsofo argentino Daro Zsztajnszrajber, y a quien ya he citado en esta reflexin que l hace. Anteriormente lo cit en un escrito sobre "gatillo fcil"y lo cito hoy nuevamente, porque en el marco de la guerra que transitamos guerra que se est ejerciendo en diferentes cuerpos y en diferentes formas lo que l viene a decirnos es igualmente interesante. Porque es el sistema violento que nos enreda, la tica egosta, los medios masivos de desinformacin, y el mismo Estado el que nos hace naturalizar stos actos horrorosos, propios de una guerra, cuando no intentar explicarlos, querer en fin que el mal de alguna manera nos cierre. Y all reside la responsabilidad que tenemos como sociedad. As Zsztajnszrajber c itando a Levinas nos dice: tenemos que resistir todo intento de justificar lo injustificable, y por eso frente al mal injustificable solo cabe una cosa: resistir con un bien injustificable: el otro siempre es ms importante que yo. Es necesario, nos dice el filsofo argentino, fundar otra tica, despus de las masacres y atrocidades de los ltimos tiempos se debe crear, una tica que se funde en la responsabilidad infinita que tengo frente al sufrimiento del otro. Y en esto de construir una nueva tica Segato tambin nos habla de generar condiciones que no existen, que nacern de la f en el otrx , la fe de que nosotrxs los seres humanos podemos cambiar: "porque la vida es cambio y el cambio es tiempo tanto en la historia individual como en la historia colectiva".

Vemos entonces que la tarea nos compete a todxs , es colectiva. Y la solidaridad, la empata, la conciencia social, rescatar la vida con dignidad, salirse de la lgica cosificadora e individualista son todas inexorablemente claves para poder desterrar de la sociedad la necesidad de justificar el mal, de hacer que ste nos cierre, que nos tranquilice alguna explicacin. El mal, el sufrimiento del otrx, como sujetx en el cual yo me constituyo, y en donde yo a la vez me diferencio, no debe tranquilizarnos. En definitiva la lucha feminista no slo debe proponerse terminar la violencia contra la mujer, sino luchar para que el capitalismo y el patriarcado caigan juntos.

Victoria Siloff, abogada militante del Encuentro de Organizaciones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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