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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2017

Uruguay
Aldo Marchesi: La izquierda se fue despojando de lo que traa en su mochila

Marcos Rey
Brecha


Aunque la agenda progresista sea tmida y haya abandonado debates sobre la tierra, el capital o el poder imperial, Aldo Marchesi* no cree que estuvieran dadas las condiciones para cambios ms radicales. Ni en las demandas populares, ni en una generacin de izquierda que se reconcili con el reformismo batllista. Incluso este tercer gobierno puede ser ledo como un freno a las reformas.

Uruguay histricamente se ha recostado en la potencia imperial de turno para equilibrar su debilidad relativa frente a Brasil y Argentina. La apuesta de Tabar Vzquez de acercarse a China, dejando de insistir con Estados Unidos, tambin se puede inscribir en esa tradicin?

No termino de ver si Vzquez se est recostando en China, pero claramente un lineamiento de la poltica exterior de Uruguay, desde Ponsonby en adelante, es acercarse al imperio de turno para contrapesar a los dos gigantes de la regin. No es un accidente que Mujica, aunque fue el presidente ms latinoamericanista, tuvo una excelente relacin con Estados Unidos. Pueden pesar factores de la poltica cotidiana, pero el lugar de Uruguay en la regin y la necesidad de aliarse con una potencia frente a los vecinos son estructurales. Con respecto a China, claramente estamos viviendo una crisis de cierto orden global, pero no est claro hacia dnde se dirige el orden internacional.

Es el fin de la pax americana ante el ascenso imperial de China y su apuesta al grupo Brics?

En relacin con un ciclo corto de la historia que se est acabando, que empez en los noventa con la globalizacin y las economas abiertas, hay claramente un nuevo escenario. Incluso la apuesta a atraer inversores extranjeros ya no parece funcionar tanto, porque las potencias centrales quieren fortalecer sus propias economas. El debate interno en Estados Unidos o en Europa con el Brexit tiene que ver con eso. Ahora, en un ciclo histrico ms largo est la posibilidad de una transicin imperial. En varios aspectos Estados Unidos est viviendo una crisis, y China no para de conquistar mercados en Asia, en casi toda frica, y Amrica Latina es el prximo paso. Por tanto, acercarse a China por parte del gobierno uruguayo, pensando histricamente, no es tan diferente a lo que pas antes con Inglaterra o Estados Unidos.

Pero los riesgos de entablar una relacin neocolonial tampoco parecen tan diferentes. Conviene a un pas tan pequeo acercarse a una potencia como China a travs de un tratado bilateral de libre comercio?

S, es cierto, hay riesgos de atarse de manos con China. De todos modos, Amrica Latina tiene una posibilidad histrica de aprovechar esta transicin. La experiencia del batllismo, vinculada a otro momento de transicin imperial entre Inglaterra y Estados Unidos, muestra cmo Uruguay supo jugar con eso en beneficio propio. Amrica Latina podra operar de esa manera si tuviera lgicas ms autonomistas y no slo se preocupara por el nivel de inversin extranjera que recibe. Los acuerdos de libre comercio no parecen ser un buen camino para eso. Pero no necesariamente tiene que haber acuerdos comerciales malos, porque China puede querer dar una buena imagen en la regin. Eso hoy no est claro. Tampoco sera slo un acercamiento a Uruguay. China ya ha avanzado mucho en Amrica Latina. Tuvo un acercamiento fuerte con Argentina, durante el kirchnerismo, tambin con Brasil, Venezuela y Cuba.

El gobierno uruguayo no conden el ataque unilateral de Estados Unidos a Siria. Hay ms continuidades con la tradicin batllista liberal del panamericanismo que con la tradicin latinoamericanista de la izquierda?

S, pero ms claro que con Vzquez se ve con Mujica, un latinoamericanista que vena de la tradicin blanca revisionista, reformulada desde la revolucin cubana en clave latinoamericanista de izquierda, pero que en ningn momento de su gobierno confront con Estados Unidos. De hecho, en el contexto especial de (Barack) Obama, Mujica trat de reformular la agenda para acercarse a Estados Unidos desde una lgica ms progresista; de ah la relacin con (la ex embajadora estadounidense) Julissa Reynoso. Creo que el panamericanismo es una marca ms de la permanencia del batllismo en el progresismo. Hay una dimensin del panamericanismo, previa a la lgica ms terrible de la Guerra Fra y al papel de Estados Unidos en la dictadura, que tiene que ver con la defensa de la identidad americana frente al viejo mundo colonial y monrquico europeo. El panamericanismo inicial del batllismo, as como el del neobatllismo, tenan como referente el modelo de democracia poltica de Estados Unidos, al que vean como una repblica constitucional pujante de clases medias. Esa referencia modlica entr en crisis en el marco de la Guerra Fra. Zelmar Michelini, por ejemplo, que viene de esa tradicin batllista, pasa de tener en los cincuenta escritos elogiosos sobre la sociedad estadounidense, a realizar fuertes crticas a Estados Unidos en los setenta. Si bien la izquierda vena de una fuerte tradicin antimperialista, durante el progresismo hubo cierto encuentro (con Estados Unidos) que puede remitir a la tradicin del panamericanismo batllista y a esa necesidad estructural del lugar de Uruguay en la regin.

Qu queda entonces de la izquierda regional con identidad latinoamericana que investigaste en tu tesis de doctorado?

Uruguay siempre ha tenido una relacin problemtica con Amrica Latina por esa supuesta identidad ms cercana a Europa, y que claramente expresaba el batllismo. Un momento clave del acercamiento a la tradicin latinoamericanista fue en los sesenta, vinculado al ideal emancipatorio de la revolucin cubana. La crisis de los modelos reformistas en los cincuenta, la polarizacin de los sesenta, las dictaduras de los setenta, las transiciones democrticas de los ochenta fueron todas convergencias polticas. Fue una suerte de agenda comn en el Cono Sur. El ciclo progresista es tambin una convergencia comn, aunque parece quedar poco de la ltima apuesta que hubo a la integracin regional. Creo que la identidad latinoamericana en la izquierda qued ms que nada como un punto de partida para toda una generacin poltica que se form en esos aos y que hoy est en el gobierno.

El debate poltico que propiciaron Vivian Tras o Methol Ferr sobre la integracin de Uruguay en la regin qued supeditado a clculos pragmticos sobre la mera rentabilidad econmica. Eso conclus en un trabajo reciente. Puede atribuirse ese cambio al efecto que caus en las elites la hegemona neoliberal de los noventa?

La idea de que el latinoamericanismo est asociado a la izquierda es una convergencia histrica especfica, porque tambin puede haber una identidad latinoamericanista neoliberal. El Mercosur fue inicialmente un proyecto aperturista de la hegemona neoliberal, sus padres fundadores fueron Lacalle, Menem, Collor de Mello Lo que s erosion el clima de los noventa en las elites, incluso en la izquierda, fue que se relativizara la reflexin sobre el imperio. La izquierda uruguaya era muy antimperialista y crtica con el Fmi, la deuda externa y el lugar de poder de una nacin como Estados Unidos frente a otras naciones. Todo esto se vea como un problema de soberana nacional. Pero desde los noventa, y hasta la actualidad, toda esa dimensin crtica del poder imperial se fue perdiendo hasta llegar al acercamiento de los gobiernos frenteamplistas con Estados Unidos. No slo se quitaron del discurso poltico palabras como imperialismo, sino que se banalizaron a aquellos que las seguan usando. Es cierto que la relacin con el imperio es distinta desde la resistencia social que desde un lugar de gobierno, pero el imperio no dejar de existir porque vos seas gobierno.

Por qu declina el ciclo progresista en Amrica Latina? Demasiados pactos con el establishment y el capital?

Parece claro que algo se termina, el tema es ver qu es lo que se termina. El progresismo en realidad ha perdido slo dos elecciones, como deca alguien en la prensa hace unos das: contra Macri en Argentina (2015) y en las parlamentarias de Venezuela (2016). Lo que pasa es que hay una sensacin ms amplia de derrota por lo que sucedi en Paraguay (2014) y Brasil (2016). Lo que s parece que hay es una primera agenda de reformas de centroizquierda que se ha ido debilitando. Es evidente que el impulso progresista se bas en una coyuntura internacional favorable, pero a diferencia del crecimiento hacia afuera de fines del siglo XIX, que reforz a los estados oligrquicos, el ciclo progresista ayud a la distribucin social. Tambin es cierto que los progresismos fueron demasiado pragmticos y conciliadores, pero esa crtica pierde de vista de dnde se vena. La generacin poltica progresista fue la que en los sesenta denunci las debilidades de los reformismos y la que quera cambios radicales profundos, pero sufri una brutal represin poltica. Esa experiencia histrica autoritaria, sumada al avance del neoliberalismo, hizo que en los noventa esta generacin poltica revolucionaria se reconciliara con el reformismo estatista, y derivara en los progresismos actuales.

No es paradjico que vuelvan al mismo callejn sin salida que le criticaron al reformismo de los cincuenta?

S, pero tambin la apuesta de los sesenta fue un callejn sin salida, y esa generacin vio ese problema. La ambigedad de Mujica, digamos, tiene una explicacin histrica. Cuando la generacin de Mujica y Rousseff llega al gobierno, tiene un miedo enorme de las consecuencias que puede traer la polarizacin, sabe muy bien lo que supone ir hacia un enfrentamiento radical, y cmo hay que estar preparado. Es cierto que la agenda progresista fue tmida e implic acuerdos, pero el asunto es si estaban dadas las condiciones para agendas ms radicales. Al llegar al gobierno, esta generacin no tena fuerza suficiente para aplicar las agendas ms radicales que haba construido en los sesenta, ni tena claro cmo sera el proceso de cambios. Las versiones ms crticas del progresismo, a lo (Maristella) Svampa (sobre el extractivismo), se hacen con el proceso en marcha, pero no se hicieron desde el comienzo.

Est agotado el proyecto frenteamplista? Hay una izquierda cero caloras?

Habra que pensar qu es ser de izquierda en Uruguay y tamizarlo con la experiencia de militantes y gobernantes frenteamplistas. Creo que hay cierto agotamiento, cierta sensacin de incertidumbre, no est muy claro cules son los referentes ideolgicos. La izquierda lleg al gobierno con una acumulacin histrica y con propuestas programticas que us poco. Tom las medidas del Congreso del Pueblo (1965), las del programa del FA de 1971, las del programa de 1984 hay un claro proceso de moderacin. Las reformas estructurales que la izquierda tena como meta, en general, no se concretaron, por ejemplo, respecto a la tierra. La izquierda se fue despojando de cosas que traa en la mochila porque, entre otras cosas, lleg al gobierno tras una crisis de recambio del sistema poltico y no tanto porque hubiera un pueblo demandando grandes cambios radicales. Hubo reformas concretas, el Irpf, el Mides, la salud, la agenda de derechos, el incremento del salario real en todo el perodo algo en lo que no se repara mucho, la organizacin sindical, la relacin distinta entre capital y trabajo pero no se perciben nuevas ideas de cmo configurar la izquierda hacia adelante.

Te parece problemtico para la izquierda que el Frente Amplio se identifique como un tercer batllismo. Por qu?

Porque la experiencia histrica frenteamplista se constituy, precisamente, en oposicin a un batllismo agotado. Uno percibe hoy un agotamiento similar al final del neobatllismo: falta de ideas, peleas personales, desideologizacin, ciertos niveles medios de corrupcin, ausencia de una fuerte preocupacin por repensar ideas-fuerza. No me refiero a la posibilidad de perder o ganar elecciones, sino a cierto agotamiento en la capacidad de transformar la sociedad en un sentido ms justo e igualitario. Aunque no tuvo mucho que ver con Mujica, la agenda de derechos moviliz la idea de que ser de izquierda tambin implicaba pensar el gnero, la raza, la sexualidad, los derechos de los jvenes; pero ahora no se perciben ideas-fuerzas que interpelen o movilicen qu es ser de izquierda.

Percibs ms frenos que impulsos en este perodo? Algunas medidas del gobierno (esencialidad en la educacin, decreto antiprotestas, decreto antitransparencia) parecen cortar los puentes con los movimientos sociales.

S, creo que este gobierno no se ha propuesto un programa de reformas importantes, sino que ha tendido a erosionar cada vez ms sus relaciones con los movimientos sociales. S, puede ser ledo como un momento de freno a las reformas, como que ya se hizo demasiado y la principal preocupacin ahora es la estabilidad. Es cierto que el escenario es ms complejo y que un programa transformador en un contexto econmico adverso implica mayores niveles de conflicto, pero tambin es cierto que hubo mucha ms audacia, como se ha dicho, en el primer batllismo. Incluso gran parte del modelo social del progresismo es una continuidad, reelaboracin o profundizacin del modelo institucional creado entre el batllismo y el neobatllismo, como las asignaciones familiares y los consejos de salarios. Uno percibe un descontento grande, pero no est canalizado hacia constituirse en una apuesta ms radical de izquierda. Falta elaboracin poltica y terica de qu sera ser ms de izquierda, ms all de algunos eslganes. Y tambin cules son los costos polticos de impulsar cambios ms radicales sobre la tierra o el capital. Pero las preguntas de cmo construir una sociedad ms igualitaria van a seguir apareciendo. No s si el Frente Amplio, como partido de gobierno, puede habilitar esos debates.

* Aldo Marchesi es doctor en historia (Universidad de Nueva York), director del Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos (Ceiu) y director de la Maestra en Historia Poltica (Udelar). Ha publicado mltiples investigaciones sobre la historia reciente de la violencia y el autoritarismo, la construccin de consenso en la dictadura y las luchas polticas por la memoria histrica. En los ltimos aos estudi la historia de la izquierda en el Cono Sur (Geografas de la lucha armada 1964-1989, su tesis de doctorado, ser publicada en 2017 como libro), y actualmente investiga la historia poltica e intelectual de la pobreza urbana en la segunda mitad del siglo XX.

http://brecha.com.uy/


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