Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2017

Geopoltica de la comunicacin en Amrica Latina

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


El anterior presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pasa a la memoria colectiva en gran medida como un presidente bueno. De una parte por su imagen pblica, de otra, al establecerse la irremediable comparacin con las primeras decisiones del actual. Sin embargo, la realidad es otra. Solo dos hechos: de una parte, mantuvo a su pas en todas y cada una de las guerra abiertas que tena al llegar a la presidencia, pese a haber prometido su salida de la mayora, y no cerr la ilegal crcel de Guantnamo manteniendo all a decenas de personas, nunca juzgadas en ningn tribunal y, por lo tanto, detenidas durante aos en la ms absoluta ilegalidad. Esto dice poco de su concepcin y respeto a los derechos humanos y de los diferentes pueblos a decidir su presente y futuro sin intromisin de terceros. Pero adems, en el plano interno, durante su mandato son inocultables los continuos episodios de racismo y discriminacin contra la poblacin negra a lo largo de todo el pas y en especial los protagonizados por las fuerzas policiales, dando lugar a levantamientos y protestas como haca aos no se producan. Y esto durante la presidencia del primer mandatario negro de la historia estadounidense. Pues bien, a pesar de ello y tal y como se seala al principio Barack Obama se ha ido de la Casa Blanca con una cierta y popular buena imagen. Sin duda, entre otros actores, pero de forma determinante, han contribuido a ello los grandes medios de comunicacin, los lobbys de la imagen y la informacin.

Otro dato, que ahora nos permite poner la mirada en Amrica Latina, es el hecho de que EE. UU., durante esta presidencia, junto con las fuerzas neoliberales locales, ha tratado en todo momento de recuperar su tradicional poltica de dominio sobre esta parte del continente y para ello tambin ha hecho uso (y abuso) de los medios de comunicacin masivos. Despus del viraje hacia la izquierda de gran parte de Amrica durante la primera dcada del siglo, se ha pretendido ganar lo que consideraron como su espacio perdido, el famoso patio trasero, y avanzar en la restauracin neoliberal en estos pases o, en el afianzamiento de aquellos gobiernos que se mantuvieron como aliados fieles en esta etapa. Y es con ese objetivo que se irn recuperando tambin gran parte de los instrumentos y mtodos de las dcadas pasadas, tales como el estrangulamiento econmico, el soborno y extensin de la corrupcin, el silenciamiento de defensores y defensoras de los derechos humanos, el bloqueo de financiamiento exterior, el sabotaje y, por supuesto tambin el sobredimensionamiento de los propios errores cometidos por estos procesos de transformacin que empezaban a caminar en estos aos. En suma, todas las viejas estrategias, excepto la reinstauracin de regmenes dictatoriales en manos de militares como en las ltimas dcadas del siglo anterior. Ahora, la implantacin de democracias representativas controladas por los tradicionales poderes polticos y econmicos se considerar suficiente para la restauracin antes aludida. Aunque esto no supondr la eliminacin de los llamados golpes de estado blandos cuando lo consideren necesario.

Pero, adems de los mtodos anteriores sealados, hay otros que han jugado, y juegan, un papel determinante y que interesa sealar de forma especial. Son aquellos que aluden al uso continuo de la propaganda, a la manipulacin informativa, a la tergiversacin de las noticias o a la difamacin de lderes y lideresas, de gobernantes elegidos democrticamente. El insulto y la criminalizacin de stos ltimos o de lderes y organizaciones sociales tambin es un elemento constante. Todo ello con el objetivo de contribuir al desgaste de los procesos de cambio y transformacin y mucho ms all del anlisis informativo y poltico necesario al servicio de la poblacin. Pues bien, para la puesta en marcha de estos mtodos, adems de los famosos think tanks de la derecha que definen estrategias y sealan caminos de accin, estarn los medios de comunicacin masivos, en estrecha relacin con las oligarquas locales y con las directrices que llegarn del norte del continente y de Europa, en especial del estado espaol.

As, O Globo en Brasil, Televisa y Tele Azteca en Mxico, Grupo Clarn en Argentina, Grupo Cisneros en Venezuela, Caracol en Colombia y otros grandes grupos mediticos se convertirn en herramientas determinantes, controladas por las lites econmicas para la nueva etapa que se desarrolla en estos ltimos aos. La fase del nuevo asalto al poder para la restauracin (o sostenimiento) del sistema neoliberal antes derrotado por los procesos de transformacin y la indignacin de las mayoras sociales ante el continuo empobrecimiento y violacin de derechos bsicos. Estos son los grandes medios que hoy constituyen la geopoltica de la comunicacin masiva en Amrica Latina y que trabajan en alianza estrecha con diferentes grupos mediticos de Europa y Estados Unidos (Fox, Prisa). Determinan, definen y extienden ideologa, pensamiento nico, que nuevamente pretende ser dominante. Ellos definen los horizontes posibles del bienestar que la poblacin debe anhelar; ellos construyen las verdades para la legitimacin del sistema y su restauracin.

Un repaso somero de estos aos nos coloca ante la innegable beligerancia de estos medios en su combate contra los procesos de transformacin. Sus lneas editoriales han definido, en muchos casos, las estrategias a seguir para acabar con ellos o para justificar las actuaciones de aquellos otros que siempre fueron aliados de las lites econmicas. Incluso, en determinados golpes de estado blandos o institucionales exitosos (Honduras, Paraguay, Brasil) y en otros fracasados (Ecuador, Venezuela, Bolivia) jugaron papeles determinantes. Por ejemplo en Bolivia, septiembre de 2008, cuando desde estos medios se daban indicaciones para las actuaciones de los grupos de choque en el intento de golpe de estado y algunos de estos medios llegaban a los lugares de enfrentamiento, incluso antes de que stos se dieran. Y esta no es una excepcin en el continente sino una constante. O en otro orden, la campaa de difamacin continua contra el kichnerismo en Argentina cuando el gobierno de Cristina Fernndez trat de limitar el monopolio de Clarn. En el mismo sentido el peridico britnico The Guardian denuncio en su momento la campaa desarrollado por Televisa a favor del candidato Pea Nieto para que alcanzara la presidencia de Mxico; este medio lleg a poner en marcha una unidad especial secreta para impulsar ese triunfo mientras, en paralelo, articulaba campaas de difamacin contra su principal rival en la izquierda, Andrs Manuel Lpez Obrador. En Venezuela, en el ao 2002 cuando se dio el golpe de estado contra el presidente constitucional Hugo Chvez, el magnate de los medios de comunicacin Gustavo Cisneros fue uno de los instigadores principales, hasta el punto de ser calificado por algunos como el verdadero jefe supremo de la intentona. Pero es que adems, y tal y como se escribi en la prensa espaola de entonces (El Mundo; 24/11/04) p oderosos medios de comunicacin, en Venezuela y en el exterior apoyaron directa e indirectamente el golpe. Cuatro de los cinco canales de TV son propiedad de compaas privadas y exhortaron incesantemente a la huelga y a las manifestaciones orientadas a derrocar al presidente. Lo mismo sucede con nueve de los diez diarios ms importantes. Despus silenciaron cualquier informacin sobre la reaccin popular y militar que restableci la legalidad constitucional.

En este contexto, salvo honrosas excepciones, tres seran los objetivos de la mayora de los grupos mediticos en la disputa en Amrica Latina hoy: legitimar el sistema cuando ste todava est en manos de las lites; combatir los procesos de transformacin y cambio protagonizados por las mayoras sociales; y avanzar en la restauracin neoliberal. As su ubicacin, ms all de la labor periodstica, les sita al servicio de los poderes econmicos y polticos ms tradicionales. Por lo que sus campaas de difamaciones y manipulaciones constantes, sus construcciones de realidades al servicio de esos poderes citados, sus ataques antidemocrticos a gobiernos democrticamente elegidos, imponen, aunque esos medios nieguen su necesidad, la ruptura de los monopolios comunicativos que encarnan y afrontar profundos y urgentes procesos de democratizacin de estos medios.

   

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter