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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-04-2017

Corea del Norte y el cerco militar estadounidense

Ricardo Orozco
Rebelin


Aunque quiz resulte banal reiterarlo, comparar el nmero de agresiones cometidas por Corea del Norte (cero), en contra de cualquier comunidad alrededor del planeta, con la cantidad y la intensidad con la que Estados Unidos ha destruido poblaciones enteras a travs del recurso de la guerra, depuesto gobiernos mediante la retrica liberal en defensa de la democracia formal, la libertad, la seguridad y los derechos humanos, financiado y armado a grupos terroristas u organizaciones del crimen organizado trasnacional e implantado dictaduras militares para asegurar la vida del neoliberalismo en cada latitud del globo; es un buen primer paso para observar en qu lado de la balanza se pesa la amenaza en contra de la humanidad.

En efecto, por avasallantes que el discurso gubernamental estadounidense y la propaganda meditica, propia y de sus aliados occidentales, se presenten: mostrando lassimilitudes que existen entre el comportamiento militar Norcoreano y el de los regmenes totalitarios de la Alemania nacionalsocialista, de la Italia fascista, la Espaa franquista o la Rusia estalinista; elaborando perfiles psicolgicos y de personalidad, medidos en grados de psicopata, o bombardeando a los imaginarios colectivos con la interminable tautologa de imgenes saturadas de lanzamientos balsticos y desfiles militares; lo cierto es que la experiencia histrica muestra a un Estado norcoreano aislado del mundo y a un Estados Unidos con presencia comercial, financiera y militar en cada rincn de la Tierra.

De aqu que la amenaza totalitaria, comunista y nuclear de Corea del Norte se presente dentro de las audiencias occidentales como un verdadero peligro para la humanidad entera. Porque lo que se (re)produce en las sociedades atlanticistas y similares o derivados es la permanente reafirmacin de una tica particular, caracterstica de la moral hipcrita de Occidente, que sistematiza, hace circular y encierra la distancia cultural vigente entre los modos de vida asiticos y los modos de los herederos del Western y del American way of life como un rasgo inherentemente destructivo, psicpata y totalitario.

Y lo cierto es que si bien la construccin de este sentido comn occidental respecto de los gobiernos del Sudeste asitico, en particular, y de todo aquello que no forme parte del bloque de sociedades que se autoafirman como hijos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, en general; se da al margen de cualquier intento de rememoracin histrica: mediante una operacin de permanente negacin, vaciamiento y reconstruccin de sta, tambin lo es que se inscribe dentro de la potencia con la que ciertos conceptos como libertad, democracia, igualdad, paz, estabilidad, etctera; fundan el horizonte identitario, el excepcionalismo y la magnanimidad con los que Occidente se presenta a s mismo, frente al resto del mundo, como el fin de la historia: como ese destino inevitable al que cualquier sociedad debe aspirar si se quiere asumir civilizada.

La cuestin aqu es, por lo tanto, que cuando los gobiernos de Europa y el Norte de Amrica o sus cajas de resonancia en sus respectivas periferias afirman el peligro que presenta el rgimen Norcoreano para la continuacin de la vida en el planeta lo hacen invisivilizando, de manera deliberada, las ruinas con las que esos mismos gobiernos han saturado el sendero de la historia: desde el proceso de colonizacin hasta las guerras veladas en pos de la democracia. Pero adems, lo hacen sacando de foco que la cuestin con Corea del Norte esconde objetivos estratgicos particulares que van ms all de la propia Corea; es ms, Pyonyang es, en todo sentido, el menor de los problemas cuando de la pennsula se trata.

Enmarcado en el contexto de la Guerra Fra, la pennsula coreana siempre se present como un nodo geopoltico de vital importancia para que Occidente lograse el cometido de contener al comunismo sovitico antes de que este llegase a los mares del Sudeste asitico. Tanta fue la importancia concedida a esta pequea porcin territorial por los estrategas estadounidenses y europeos que, inclusive, a mediados de la dcada de los aos cincuenta del siglo pasado produjeron una guerra con la pretensin de unificar lo que el terror comunista haba dividido. El modelo se replic en la pennsula de Indochina.

Tras la cada de la Unin Sovitica, la suposicin ms sencilla sera argumentar que, una vez vencida la amenaza, Corea del Norte no tendra que representar peligr alguno ms all de los que su propio programa armamentista implicase. Despus de todo, por un lado, Japn, Corea del Sur y una docena ms de pases en el Sudeste de Asia ya se afirmaban como extensiones voluntarias de los intereses comerciales y militares estadounidenses en la regin; y por el otro, de las varias repblicas que se fundaron tras el suicidio de la Unin Sovitica, las cinco del Asia Central de inmediato se fundaron como satlites Occidentales.

Es decir, en la lgica anterior, con tanto Estado satlite conteniendo a Rusia y en menor medida, a China directamente en sus fronteras controlar el territorio Norcoreanocuando Corea del Sur, por su posicin geopoltica, cubre todos los requerimientos que podra cubrir la porcin nortea de la pennsula ya sera ms un capricho que una verdadera exigencia estratgica para el mantenimiento de la hegemona estadounidense en el planeta. Y en cierto sentido, hay algo de razn en lo anterior: alcanzar el territorio chino, desde la masa continental estadounidense, llevara a Estados Unidos diecisis horas; desde la isla de Guam, cinco; desde Okinawa, dos horas; y desde cualquiera de las Coreas, un par de minutos.

Y es que la velocidad de reaccin ante una verdadera agresin en los mrgenes del Sudeste asitico no es factor menor; no, por lo menos, desde la experiencia de diecinueve aos de guerra en Vietnam. De ello dan cuenta tanto el Sistema de Defensa de rea de Alta Altitud Terminal (THAAD, por sus siglas en ingls) que en breve comenzar a instalarse en territorio Sudcoreano y que, adems, ya fue declarado por Rusia y China como una abierta amenaza a su seguridad nacional, como los treinta mil soldados estadounidenses emplazados en Corea del Sur y los treinta y cinco mil destacados en Japn (ms los efectivos propios de ambos pases y los resultantes de las diversas alianzas militares y de defensa mutua). Y el agravante aqu es que en Asia se encuentran tres de los centros financieros ms importantes e influyentes del globo: las bolsas de Corea del Sur, de Japn y de Taiwan.

As pues, si bien la Unin Sovitica ya no existe, Rusia y China an cuentan con las capacidades suficientes para enfrentar al bloque atlanticista en la regin. Y es que, por un lado, aunque China es hoy la economa que mueve los flujos comerciales, productivos y consuntivos del mundo, sus principales carencias se encuentran en el terreno tecnolgico en especial en lo concerniente a sus aplicaciones militares. Y por el otro, aunque a Rusia le faltan los flujos de capitales que le sobran a los chinos, sus ventajas sobran en el desarrollo armamentista. La cuestin es, en consecuencia, que aunque separados no podran hacer mucho, los capitales chinos y el desarrollo blico ruso, juntos, son un factor de gran potencia.

No es azaroso, por lo anterior, que en el ltimo lustro China y Rusia hayan profundizado sus acuerdos comerciales y de cooperacin y transferencia tcnico-cientfica en materia militar. Por lo pronto, y ante la respuesta de Donald Trump a los ejercicios militares norcoreanos, Putin visitar China en mayo y Xi Jinping har lo propio con Rusia en julio. La convergencia de intereses antes inexistentes por el peligro que el Maosmo observaba en el imperialismo sovitico en el Asia continental no cabe duda, es profunda: China enfrenta a Estados Unidos desde el Mar de Japn hasta el Mar de la China Meridional; mientras que Rusia lo contiene en su avance a travs y en conjunto con la OTAN desde el Mar Bltico hasta el Mar Negro.

As, la seguridad de uno se convierte en parte integrante de la seguridad del otro. Y ms an, cuando de proyectos tan ambiciosos como la Nueva Ruta de la Seda china o los Gsoductos rusos Nord Stream & South Stream aseguran la concentracin de capital para chinos y rusos. En ltima instancia, lo cierto es que la derrota de uno implicara una avanzada ms intensa, ms avasalladora del cerco occidental sobre el territorio del otro. Y si bien ni Rusia ni China se comprometern a un despliegue blico en defensa del otro a la primera provocacin, s es previsible que sus maquinarias financieras y de guerra se engranen con el objetivo de no permitir una mayor presencia de sus antagnicos.

Corea del Norte podr ser un territorio muy pequeo como para que cualquiera de los dos hemisferios se atreva a desatar una guerra frontal en la pennsula. No obstante, su valor geopoltico no se encuentra en la posibilidad de ser un territorio que Occidente, en general; y Estados Unidos, en articular sea capaz de ocupar: a la manera en que Israel funciona en Medio Oriente. Ms bien, lo que se pone en juego aqu es que la existencia misma de Corea y no su destruccin representa un increble potencial de rentabilidad poltica: mientras exista y Occidente lo considere un peligro para la paz global Estados Unidos y sus aliados podrn justificar su presencia militar en la zona: desde el desarrollo de cada vez ms potentes armamentos hasta el emplazamiento de ms y ms efectivos y sistemas de defensa que cierren el cerco en torno de los dos gigantes: Rusia y China.

​Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/04/corea-del-norte-y-el-cerco-militar.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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