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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2017

Prlogo del libro Figures de la rvolution africaine
Otro futuro

Sad Bouamama
Boltxe

Traducido del francs para Boltxe Kolektiboa por Beatriz Morales Bastos


Jomo Kenyatta, Aim Csaire, Ruben Um Nyob, Frantz Fanon, Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Malcolm X, Mehdi Ben Barka, Amlcar Cabral, Thomas Sankara Desdeados durante mucho tiempo por quienes en el curso de las tres ltimas dcadas decretaron la muerte del tercermundismo y el triunfo del neoliberalismo, estos nombres vuelven a estar hoy a la orden del da. Con la atmsfera de revuelta que se siente ascender en los cuatro rincones del mundo estas figuras fundamentales de la liberacin africana suscitan un inters cada vez mayor en las nuevas generaciones. Al constatar que con demasiada frecuencia son reducidos a icono, Sad Bouamama devuelve su corporeidad a estos prensadores de primera lnea que tambin fueron hombres de accin. En efecto, sus vidas recuerdan que la lucha por la liberacin, la justicia y la igualdad no es solo una cuestin de conceptos y de teoras: tambin es una guerra en la que a veces uno se equivoca y en la que algunas personas se sacrifican. An as, el autor no los convierte en mrtires absolutos y por ello este libro trata de inscribir, de una forma muy pedaggica, estas trayectorias en sus contextos sociales, geogrficos e histricos. En el momento en el que la pregunta es cmo influir sobre el mundo este retrato poltico colectivo recuerda que siempre ha sido posible, tanto ayer como hoy, cambiar el curso de las cosas. He aqu la introduccin de este libro til.

frica, un continente con futuro!, esta es la cantinela que desde hace aos repiten peridicos y revistas. Con la emergencia de las nuevas potencias mundiales, China, India, Brasil y otras, el continente, antao sometido a la esclavitud, a la colonizacin y a todo tipo de humillaciones, estara a punto de obtener, por fin, beneficio del gran juego de la globalizacin. Vean las cifras de crecimiento que se anuncian para las prximas dcadas!, se regocijan los expertos armados con magnficas predicciones econmicas. Este agradable relato tiene sus hroes: esos empresarios africanos que trabajan codo con codo con las empresas multinacionales y las propias grandes empresas que, esgrimiendo asociaciones en los que todos ganan, prometiendo actuar con total transparencia y destacando su propia responsabilidad social y medioambiental, juran no querer nada ms que la felicidad de los africanos. As, en frica se habra puesto en marcha un crculo virtuoso en el que la democracia y el desarrollo seran las consecuencias inevitables del crecimiento y de la inversin.

Sin duda el continente africano conocer importantes transformaciones en los aos y dcadas venideros. Pero la fbula de la globalizacin feliz se ha repetido tantas veces que estamos en guardia. Aplicada a frica se parece mucho a un nuevo biombo que oculta un vieja historia: la larga historia del capitalismo que, en frica ms que en otros lugares, est jalonada de saqueos, de violencias y de incontables injusticias. La mquina de sacar beneficios no da tregua, ni siquiera tras una mscara sonriente.

Sin embargo, hubo un momento, no tan lejano, en el que hombres y mujeres saban que otro futuro era posible y luchaba para que se concretizara. Este periodo es el que va aproximadamente desde la dcada de 1940 a la de 1970 y corresponde a lo que se suele denominar la descolonizacin. Para la generacin que vivi est poca de transicin la libertad y la justicia no eran utopas, parecan al alcance de la mano. Este libro se centra en esta generacin a travs de los retratos cruzados de diez personalidades que participaron activamente en lo que se puede calificar de revolucin africana. No todos estos personajes son necesariamente revolucionarios en s mismos. Como veremos, algunos se equivocaron en ocasiones al pactar con sus adversarios o derivar en comportamientos contrarios a los ideales que proclamaban. Pero todos ellos participaron en este gran movimiento revolucionario que cambi el curso de la historia.

Bajo las cenizas de la contrarrevolucin neoliberal

Hace solo unos aos a algunas personas les extraara que estas figuras de la revolucin africana pudieran interesar a las generaciones actuales. Desde finales de la dcada de 1970 los propagandistas de los dogmas neoliberales se han afanado en enterrar el tercermundismo en general y las ideas africanas de liberacin en particular. La crisis de la deuda que golpe violentamente a los pases del Sur en la dcada de 1980, la cada del bloque comunista a principios de la dcada de 1990, las derivas de algunos regmenes africanos, la miseria y las guerras que empujaron a millones de africanos a tomar el camino del exilio sirvieron de pretexto a las corrientes conservadoras para desacreditar a quienes en el pasado se haba esforzado en pensar frica fuera de los marcos impuestos. Haba que ser realista, afirmaban: abandonar toda quimera socialista, establecer drsticas polticas de austeridad para pagar las deudas, dejar de acusar a las potencias occidentales para afrontar la responsabilidad de los africanos en sus propios males.

En Francia el final de la dcada de 1970 y el principio de la de 1980 marcaron este giro radical. De pronto una parte de la intelectualidad progresista se adhiri a las tesis ms reaccionarias. El nico socialismo africano ser totalitario, afirmaba con aplomo Jacques Julliard en las columnas del Nouvel Observateur en 1978. Este socialismo solo poda ser tirnico y sanguinario, aada el editorialista, antao militante anticolonialista. Cinco aos despus Pascal Bruckner lanzaba un libro con gran xito, Le Sanglot de lhomme blanc [El sollozo del hombre blanco], un virulento ataque contra aquellas personas que le haban hecho vibrar unos aos antes, cuando todava crea en los movimientos maostas y trotskistas. El subttulo de la obra era elocuente: Tercer mundo, culpabilidad, odio a uno mismo.

En este panfleto el nuevo filsofo apelaba a Occidente a recuperar su orgullo e, invirtiendo las causalidades, llegaba incluso a pedir que el antioccidentalismo y el racismo antiblanco fueran considerados crmenes contra la Humanidad. Esta prosa no dejaba de recordar la del cenculo de extrema derecha, el Club de lHorloge [Club del Reloj], que unos meses antes que Bruckner haba publicado un libro titulado Le Socialisme contre le tiers-monde [El socialismo contra el tercer mundo], que el editor presentaba de la siguiente manera:

El Norte es culpable, el Sur es capaz? 1 El norte es culpable, dicen los socialistas del Este y del Oeste, y han convencido a la gran mayora de la opinin pblica, tanto en Occidente como en el tercer mundo. El Sur ha sido y sigue siendo saqueado y a este saqueo es a lo que debemos nuestro nivel de vida. El origen del mal viene de la colonizacin y despus del neocolonialismo. Esa es, en esencia, la ideologa tercermundista. Esta ideologa es peligrosa. Permite a algunos gobiernos cargar a lo exterior de la responsabilidad de su propio fracaso.

Al culpar a las vctimas del sistema econmico internacional en vez de a sus responsables y al eliminar las lgicas de sistema que permiten comprender los mecanismos de la dominacin este pensamiento antitercermundista sell el matrimonio entre el dogma neoliberal y el pensamiento culturalista. No hay nada en nosotros que pueda explicar los desrdenes del mundo, aseguraban los idelogos conservadores, porque la fuente de los problemas est en ellos, en sus culturas, en sus costumbres, en sus tradiciones, en sus vicios ntimos.

Mientras se incriminaba la cultura africana se aplicaban programas de ajuste estructural a los pases del Sur para obligarles a reembolsar unas deudas que el sistema econmico internacional les haba incitado a contraer en las dcadas anteriores. La reduccin del dficit presupuestario, la disminucin de las barreras aduaneras, la desaparicin del control de los precios, el fin de las subvenciones a los productos de primera necesidad y la privatizacin de las empresas nacionales desestabilizaron a los Estados y sumieron a poblaciones enteras en la miseria. Al aadirse a otros mecanismos de extraccin de la renta, el pago de la deuda aceler el saqueo de los pases del tercer mundo. Como indican ric Toussaint y Arnaud Zacharie, desde 1982 las poblaciones de la periferia enviaron a los acreedores del centro (las elites y las mafias locales que de paso sacaron su comisin) el equivalente a varios planes Marshall.

Pero lejos de interesarse por las lgicas de sistema, los medios de comunicacin de los pases del Norte se concentraron en los aspectos morales y espectaculares de la pobreza. As, la dcada de 1980 fue la edad de oro de lo humanitario que permita, y sigue permitiendo, a los telespectadores de los pases ricos verter una lgrima ante las imgenes de nios famlicos antes de consolarse ante las de los heroicos French doctors french doctors) que, como Bernard Kouchner, tras ejercer en Biafra a finales de la dcada de 1960 de la mano de la Cruz Roja Internacional decidieron crear Mdecins sans frontires y la poltica del intervencionismo humanitario." data-hasqtip="1">2

Por consiguiente, las dcadas de 1980 y 1990 fueron en Francia las dcadas en las que los intelectuales mediticos rechazaron en bloque la tradicin de pensamiento anticolonialista, como explica el historiador Achille Mbembe, en la que Frantz Fanon fue prcticamente condenado al ostracismo, se amput a Aim Csaire del Discours sur le colonialisme [Discurso sobre el colobnialismo] [], de La Tragdie du roi Christophe [La tragedia del rey Christophe] (1963) o de Une saison au Congo [Una estacin en el Congo] (1966) y fue reducido a la imagen de un hombre que [] eligi convertir su isla en un departamento de Francia. Esta concepcin selectiva del pasado reaparecer en 2007 en el discurso de Dakar de Nicolas Sarkozy en el que afirmar que el origen del drama de frica est en su alergia congnita a la modernidad. Lo cierto es que quienes desde hace treinta aos no dejan de estigmatizar las desfasadas ideas tercermundistas sin duda no haban previsto que seran ellos y sus obsesiones individualistas e identitarias la que, a su vez, pareceran un da caducas.

Y es que los tiempos han cambiado desde la dcada de 1980. Gangrenado por su cncer financiero, el capitalismo conoce hoy su crisis ms grave desde la dcada de 1930. Los trminos trabajador, explotacin e incluso lucha de clases reaparecen en el vocabulario de los movimientos sociales de la vieja Europa e incluso bajo la pluma de algunos periodistas, analistas o responsables polticos que durante dcadas se haban afanado por enterrarlos. Cuando en el permetro del Mediterrneo se habla de revolucin, emergen movimientos de revuelta por todo el mundo. En Amrica Latina unos experimentos polticos inditos tratan de conciliar socialismo y respeto de las culturas locales, soberana nacional y proyecto regional, nacionalismo e internacionalismo. De la ciudad de Tnez a Atenas, de El Cairo a Nueva York, de Ankara a La Paz o a So Paulo se inventan nuevas alternativas, se crean nuevas solidaridades y se preparan nuevos combates. Capitalismo, revolucin, solidaridad: de pronto vuelve a ser actual un vocabulario demasiado tiempo eclipsado.

Pensadores combatientes

En este contexto resulta interesante volver a estudiar esas figuras que animaron la revolucin africana. En primer lugar, porque en toda frica est a punto de estallar la revuelta: en el norte del continente, como se vio estallar desde 2011, pero tambin en el sur del Shara, aunque estas revueltas atraigan menos a las cmaras: en Senegal, en Togo, en Mozambique, en Sudfrica Despus, y sobre todo, porque el periodo de la descolonizacin es rico en enseanzas para aquellas personas que reclaman un futuro diferente del que prepararon los vetustos apstoles del antitercermundismo.

Hay que sealar que es en Francia, esta Francia que muchos consideraban unos de los polos ms activos del tercermundismo, donde estos apstoles conocieron sus victorias ms notables. En otros lugares, y especialmente en el mundo anglosajn, los personajes que vamos a evocar nunca fueron olvidados totalmente. Desde hace un cuarto de siglo incluso han inspirado a nuevas generaciones de investigadores y estudiantes que al interesarse por las cuestiones postcoloniales (postcolonial studies) acudieron a los escritos de Aim Csaire, Kwame Nkrumah, Frantz Fanon, Amlcar Cabral y otras personas para abrir nuevos campos de investigacin intelectual.

En Francia, en cambio, existe un fuerte rechazo. Ha sido necesario esperar a que militantes y asociaciones surgidas de la migracin descubrieran y reivindicaran a Frantz Fanon o a Malcolm X, a la explosin de los barrios populares en noviembre de 2005 y a las polmicas suscitadas por el nacimiento de los Indignes de la Rpublique para que surja lentamente un brote de inters por algunos de estos pensadores militantes. As, los investigadores Jim Cohen y Maria-Benedita Basto no datan hasta 2005 la visibilidad de los estudios postcoloniales en Francia.

Sin embargo, hay que constatar que este renovado inters por el dominio (post)colonial y en particular por su dimensin africana con frecuencia sigue reducido a un registro excesivamente terico. El bigrafo britnico de Frantz Fanon, David Macey, lamentaba as que los estudios postcoloniales anglosajones hayan construido un Fanon situado fuera del tiempo y del espacio, que vive en una dimensin puramente textual:

En muchos aspectos el Fanon postcolonial es una imagen invertida del Fanon revolucionario de la dcada de 1960. Las lecturas tercermundistas ignoraron ampliamente al Fanon dePiel negra, mscaras blancas; las lecturas postcoloniales se interesan casi exclusivamente por este texto y evitan cuidadosamente la cuestin de la violencia. El Fanon tercermundista era una criatura apocalptica; el Fanon postcolonial se preocupa de poltica de identidad y con frecuencia de su identidad sexual, pero ya no est enfadado.

Con estas observaciones en mente hemos construido esta obra, que ambiciona elaborar un retrato colectivo de los pensadores y actores de la liberacin africana del periodo de descolonizacin. Nos ha parecido necesario interesarnos en primer lugar por estos personajes cuyos nombres conocen muchas personas y a veces los celebran, pero cuya historia, pensamiento y accin se ignoran con demasiada frecuencia, incluso en el caso de los militantes, incluidos los africanos. A continuacin nos ha parecido interesante elegir entre estas figuras a unos personajes histricos cuyo destino mezcla ntimamente pensamiento y accin. Ninguno de aquellos de los que van a tratar las pginas que siguen se content con pensar y escribir, como al abrigo del mundo. Todos ellos se comprometieron con la accin poltica, a menudo fsicamente, y algunos dejaron la vida en ello. Todos fueron, en el sentido pleno del trmino, pensadores-combatientes.

Estas elecciones (porque se trata, en efecto, de elecciones, necesariamente delicadas y discutibles) tienen varias consecuencias. La primera es que ha sido necesario dejar de lado por razones de espacio y de coherencia a algunas figuras importantes de la historia de las ideas africanas de liberacin como, por ejemplo, Nelson Mandela, Steve Biko, Julius Nyerere o Gamal Abdel Nasser. Por consiguiente, este retrato colectivo no pretende en absoluto ser un catlogo exhaustivo del inmenso esfuerzo que acompa la lucha para acabar con el colonialismo y sus derivas. Su primera ambicin es contribuir a redescubrir un pensamiento-accin cuyo conocimiento nos parece indispensable cuando emergen en el mundo, y en particular en frica, nuevos rostros de la dominacin y nuevos ciclos de lucha.

La segunda consecuencia de estas elecciones, en particular la de interesarse por personalidades clebres o, cuando menos, celebradas, es la ausencia de grandes figuras femeninas. Esta lamentable constatacin, que habramos podido evitar fijndonos algunas heronas menos conocidas, no significa que haya que subestimar el papel determinante que desempearon las mujeres en la lucha anticolonial, sino que, como bien sealaron despus varios investigadores, da testimonio de un hecho importante que no deja de ser paradjico: a lo largo de esta larga lucha por la emancipacin de los pueblos se mantuvo de forma generalizada a las mujeres en papeles subalternos y con demasiada frecuencia sirvieron de contrapunto o de simples iconos en unos conflictos que al ser casi siempre armados valoraban claramente la masculinidad. En otras palabras, no se trata de idealizar las luchas de este periodo sino de entenderlas como lo que fueron: unas etapas situadas histricamente y, por lo tanto limitadas, en una lucha por la igualdad que tuvo dificultades en comprender y articular las diferentes dimensiones de esta.

La eleccin de sacar a la luz unos pensamientos en accin y de no limitarse a la dimensin puramente textual de estos personajes remite precisamente a esta necesidad de situar histricamente el destino de estos pensadores-combatientes. Por consiguiente, se ha concedido un amplio espacio a los contextos en los que evolucionaron estos hombres. Tras haber inscrito las luchas de liberacin en una historia amplia nos centraremos en tres periodos.

El primero (1945−1954) es aquel en el que las posibilidades que se le abren a los pueblos de frica parecen las mayores. En el momento en que el colonialismo atraviesa una profunda crisis al salir de la Segunda Guerra Mundial es posible plantear nuevas alternativas en frica y pensar la emancipacin de manera radical, aunque en un marco no violento, basndose sobre todo en el derecho internacional.

El segundo periodo (1955−1962) es el del endurecimiento. El fracaso de la no violencia frente a unas potencias coloniales dispuestas a todo para conservar sus privilegios impone elaborar nuevas estrategias que permitan controlar la violencia colonial y desactivar las trampas puestas en el camino de la independencia real, empezando por el neocolonialismo y la balcanizacin del continente.

El ltimo periodo, que iniciamos en 1962, cuando la mayora de los pases africanos han accedido a la independencia poltica, es el periodo en el que la corriente revolucionaria africana debe pensar simultneamente en la resistencia frente a unas fuerzas que tratan de perpetuar la explotacin econmica del continente y que no hacen ascos a ningn crimen para eliminar a sus adversarios, y en el ejercicio del poder, en un periodo en el que son inmensas las aspiraciones populares, reprimidas durante tanto tiempo.

Estado, nacin, clase, cultura

Hoy resulta difcil imaginar la complejidad a la que se enfrentaron los lderes y pensadores de la liberacin de frica. Una de las claves para comprender la dificultad de su tarea radica en el hecho de que los lderes africanos deban al mismo tiempo comprender y actuar, contestar e inventar, resistir y ofrecer alternativas, y ello en una situacin cambiante en la que el orden internacional posterior a 1945 estaba en plena recomposicin, en la que las relaciones de fuerza polticas evolucionaban constantemente y en la que las configuraciones sociales en el seno de las sociedades africanas mutaban rpidamente.

La cuestin fundamental de la independencia de las colonias ilustra bien el carcter particularmente incierto del periodo. La nocin de independencia, reclamada con ardor por los pueblos dominados bajo la mirada en un primer momento condescendiente de las dos nuevas superpotencias estadounidense y sovitica, pero rechazada por las potencias coloniales europeas decididas a mantener su dominacin, cambi progresivamente de sentido cuando la Guerra Fra llev a Washington a acercarse a sus aliados europeos para luchar mejor contra el enemigo sovitico.

En este nuevo contexto las potencias coloniales tomaron conciencia de que podan volver en su propio beneficio estas independencias tan temidas. Para ello les bastaba con vaciar la nocin de independencia de su esencia confiando la gestin de los pases recin liberados a pequeas elites autctonas a sus rdenes y utilizar el marco estatal nacional de los pases independientes como armadura de una nueva forma de dominacin. As se invent el neocolonialismo, situacin en la que la independencia nacional quedaba reducida al rango de ficcin y en la que una pequea clase dirigente empez a trabajar de acuerdo con las potencias extranjeras dominantes en detrimento de los intereses populares.

Frente a esta configuracin los actores de la liberacin africana tenan que demostrar una gran agilidad intelectual para analizar con justicia la situaciones concretas a las que se enfrentaba cada uno de ellos al tiempo que permanecan inflexibles para evitar dejarse engaar o abatir por unos enemigos tan astutos como feroces.

Esta doble exigencia de agilidad e inflexibilidad explica por qu los personajes presentados en este libro no son hroes puros. En diferentes grados todos cometieron errores o hicieron malos clculos pecando a veces de ingenuidad por dogmatismo o por autoritarismo. Pero esta crtica, retrospectiva y a menudo abstracta siempre olvida plantear la siguiente pregunta: quin lo habra hecho mejor en las circunstancias de la poca? Marx lo destacaba ya en 1852: Los hombres hacen su propia historia, pero no lo hacen por propia voluntad en unas circunstancias elegidas libremente.

Al contrario de este tipo de crtica, no hemos querido elegir entre la glorificacin idealista, que niega las contradicciones e incoherencias, y la crtica de saln, que juzga con tanta ms altanera cuanto que lo hace a posteriori.

Tanto las circunstancias de la poca como la doble exigencia de agilidad e inflexibilidad tambin explican por qu la tradicin marxista desempe un papel fundamental en las ideas africanas de liberacin. En efecto, la tradicin marxista, una teora prctica de la liberacin, ofreca a los intelectuales africanos unas herramientas conceptuales que les permitan pensar tanto en el marco colonial como en la situacin neocolonial los mecanismos de la dominacin capitalista y la reconfiguracin de los antagonismos de clase. As pues, el lector no se deber sorprender de que las nociones de imperialismo, capitalismo o lucha de clases aparezcan frecuentemente en los retratos que componen esta obra. Aunque estos conceptos hayan sido ampliamente erradicados en novalengua neoliberal hoy hegemnica y en cierta medida en la literatura acadmica postcolonial, ese es el vocabulario que utilizaba la mayora de los personajes que abordamos aqu. Un vocabulario que para un autor que, como nosotros, se sita en la tradicin marxista parece lejos de estar tan anticuado como se dice.

A pesar de que las ideas marxistas desempearon un papel fundamental en las ideas de la liberacin africana, los pensadores-combatientes africanos adoptaron posturas diferentes respecto a los partidos o regmenes que afirmaban ser socialistas o comunistas. Algunos se separaron rpidamente de este comunismo oficial. Otros, que buscaban apoyos concretos en su lucha contra el imperialismo, establecieron una firme alianza con los partidos comunistas europeos y las instancias comunistas internacionales. Pero a lo largo de las dcadas de 1950 y 1960 el propio comunismo no dej de fracturarse, con lo que surgieron divergencias cada vez mayores entre sus principales animadores, empezando por la URSSS, China y a partir de 1959, Cuba.

Adems de su carcter a veces interesado (financiacin, formacin, entrega de armas, etc.), estas tomas de postura internacionales tambin reflejaban a unas divergencias tericas e ideolgicas ms profundas. En efecto, los responsables progresistas africanos deban tener en cuenta los contextos culturales especficos en los que trataba de inscribir sus proyectos revolucionarios, contextos bastante alejados de aquellos en los que los proyectos socialistas y comunistas haban emergido y se haban consolidado inicialmente: la Europa industrial del siglo XIX y la Rusia de principios del siglo XX.

Por consiguiente, el marxismo de los pensadores y combatientes de la liberacin de frica adopt coloraciones diferentes en funcin de los contextos, con lo que algunos lderes se mostraron particularmente dogmticos, otros elaboraron proyectos que de socialistas solo tenan el nombre y otros (y estos son los que nos interesan prioritariamente) trataron de hibridar el marxismo movilizando otras tradiciones intelectuales, europeas o extraeuropeas, o tratando de aculturar el marxismo para convertirlo en un proyecto verdaderamente universal. En esta perspectiva es donde se puede plantear el inters que tena el pensamiento revolucionario africano por la cultura.

Desde Jomo Kenyatta, para quien la defensa de las tradiciones era un arma contra el colonizador, a Thomas Sankara, que se sublevaba contra el mimetismo cultural, pasando por Frantz Fanon, que insista en la relacin entre la entrada concreta en la accin y las transformaciones culturales, y Amlcar Cabral, que consideraba la revolucin un hecho cultural pero tambin una accin de transformacin cultural, la reflexin sobre la cultura est presente en todos estos esfuerzos tericos africanos por pensar la liberacin.

Este lugar particular de la cultura da testimonio de la magnitud y la especificidad de la dominacin padecida por los pueblos africanos. Desde la esclavitud a la colonizacin no se ha tratado solo de explotacin econmica. Para que esta fuera posible a una escala tan grande fue necesario negar totalmente las identidades africanas: la historia, las creencias, las tradiciones, los saber-hacer del continente fueron atacados, infravalorados, burlados, instrumentalizados, borrados. As pues, para los pensadores y actores de la liberacin sobre lo que haba que construir nuevas identidades nacionales y tejer nuevas relaciones sociales era sobre unas identidades heridas. Tambin esto era una tarea extremadamente compleja teniendo en cuenta la diversidad cultural del continente, la instrumentalizacin de la que han sido objeto las identidades africanas por parte de las fuerzas (neo)coloniales y la tendencia, bastante lgica en los pueblos dominados, a "absolutizar" las tradiciones culturales para convertirlas en armas de resistencia.

Qu es frica?

El xito del marxismo en el frica de las dcadas de 19501960 y la voluntad por parte de los pensadores africanos de adaptarlo a las realidades del continente se explican por otra de sus caractersticas: ofrece un marco intelectual que permite pensar simultneamente a escala local y mundial. Esta especificidad, destaca sagazmente el historiador Robert C. Young, lo haca particularmente atractivo para unos intelectuales-combatientes que deban pensar a este lado y ms all del Estado nacin:

Salvo algunas excepciones, el marxismo ha proporcionado histricamente a la resistencia anticolonial del siglo XX tanto su inspiracin histrica como la base de su prctica poltica. La gran fuerza de su discurso poltico era ser un instrumento que permita traducir la lucha anticolonial de un contexto especfico a otro. Mucho ms que el nacionalismo, por definicin autocentrado y en dilogo exclusivo con su propia comunidad, el marxismo ofreca una poltica y un lenguaje traducibles, un medium universal a travs del cual militantes de todos los horizontes podan comunicarse entre s al tiempo que debatan las especificidades de cada situacin, con el anticolonialismo por terreno comn.

Esta traducibilidad explica por qu el lenguaje marxista se impuso progresivamente en los foros internacionales, desde la conferencia de Bandung en 1955 hasta la conferencia Tricontinental en 1966, pasando por las conferencias de los Estados independientes y de los congresos panafricanos organizados a lo largo de los aos por todo el continente. En efecto, a la necesidad de inscribir el proyecto revolucionario en las diferentes culturas africanas se aada la urgencia de pensar el concepto de Estado nacin fuera de las fronteras heredadas de la colonizacin y de coordinar las luchas en frica en un marco supranacional e internacional. Esta triple exigencia explica la importancia de las ideas panafricanas, internacionalistas y tricontinentales en las ideas africanas de liberacin.

Esta especificidad de la corriente revolucionaria africana nos ha convencido de no limitar la definicin de frica a su simple dimensin geogrfica y menos an a su acepcin estrictamente subsahariana y de incluir, junto a Jomo Kenyatta, Ruben Um Nyob, Kwame Nkrumah, Patrice Lumumba, Amlcar Cabral y Thomas Sankara unas figuras originarias no solo del Norte de frica, como el marroqu Mehdi Ben Barka, sino tambin surgidas de la dispora africana ms antigua, en particular aquellas que, al ser descendientes de los esclavos negros deportados a travs del Atlntico, han seguido pensando frica desde las Amricas y el Caribe, como Aim Csaire o Malcolm X. En este orden de ideas Frantz Fanon aparece como una figura central de la revolucin africana a la que, adems, rinde homenaje el ttulo de una de sus obras, publicada pstumamente. Caribeo, mestizo y descendiente de esclavos, eligi la Argelia en lucha por su independencia como pas de adopcin y como punto de anclaje de una revolucin global.

Como se ha dicho, resulta difcil ser revolucionario solo; la revolucin se piensa ante todo de manera colectiva. La misma observacin se aplica a frica: nadie puede pretender poseer un saber exhaustivo sobre frica y, menos an, encarnar l solo el continente. Por consiguiente, hay que tener en mente el carcter eminentemente colectivo del esfuerzo revolucionario africano. Los personajes que acabamos de citar se inspiraron unos en otros, algunos se conocieron fsicamente y todos trataron de aprender de los fracasos y de los xitos de sus predecesores. Jomo Kenyatta y Kwame Nkrumah se encontraron en los congresos panafricanos iniciados por los pensadores estadounidenses Aim Csaire irrig durante mucho tiempo el pensamiento de Frantz Fanon, el cual inspir a Amlcar Cabral; el Ghana de Kwame Nkrumah se transform en eje de la revolucin africana tras la independencia del pas en 1957; Patrice Lumumba se convirti en un smbolo para la mayora de quienes lucharon por la liberacin de frica tras 1961; Mehdi Ben Barka y Amlcar Cabral trabajaron juntos para establecer la Tricontinental La lista de las interacciones entre estos personajes es larga. La historia de la revolucin africana es la de un enriquecimiento mutuo.

En el momento en el que la mayora de nuestros responsables polticos han renunciado a actuar y se contentan con acompaar a las potencias financieras en el establecimiento de polticas destructivas, este retrato colectivo quiere ser, ms all de las figuras que lo componen, un elogio de la poltica en su sentido verdadero y generoso, es decir, esa difcil mezcla de reflexin y accin que tiende en conjunto a la justicia y el bien comn. Afirmar que no se hace poltica es reconocer que no se tiene deseo de vivir, le gustaba recordar a Ruben Um Nyob. Esta sed de poltica, que no es sino un deseo de vivir, puede que sea la primera leccin que nos han legado estos pensadores-combatientes de la revolucin africana, que tambin fueron actores de primera lnea de una liberacin universal.

Notas al pie:

(1) En francs hay una gran similitud fontica entre ambos trminos, coupable, culpable, y capable, capaz.

(2) Se refiere a aquellos mdicos franceses (french doctors) que, como Bernard Kouchner, tras ejercer en Biafra a finales de la dcada de 1960 de la mano de la Cruz Roja Internacional decidieron crear Mdecins sans frontires y la poltica del intervencionismo humanitario.


Figures de la rvolution africaine, 320 pginas, 12,50 euros, publicado por Editions La Dcouverte. Reproducimos este extracto con la amable autorizacin del autor y los editores. Las referencias de los textos citados figuran en el libro.

Fuente: http://lmsi.net/Un-autre-avenir



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