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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-05-2017

La cosa est peor de lo que dicen, hasta los millonarios podran dar su voto a Podemos

Agustn Velloso
Rebelin


Desde hace muchos aos la fastidiosa pregunta que martiriza a los izquierdistas y regocija a la derecha es: Por qu hay sectores de la clase trabajadora e incluso la media que votan a la derecha?

A medida que el capitalismo se muere de xito, parece que una nueva pregunta viene a sumarse a sta y de alguna manera a cambiar las tornas:

Por qu algunos millonarios podran votar a la izquierda?

El gobierno del PP est erre que erre con la recuperacin, el inters por parte de los inversores extranjeros, el crecimiento del PIB y del empleo

Claro que los economistas que no estn a sueldo del gobierno se cansan de aportar datos y argumentos que desmienten la versin de aqul, pero la mayora de la poblacin tiene ms fcil acceso a las emisiones de la radio y la televisin pblicas que a esos economistas.

Esos cantos de sirena monclovita y el ansia comprensible de las masas de que la economa mejore, hacen que muchos piensen ms con el corazn que con la cabeza.

Casualmente hoy he sido testigo de un hecho que ilumina sobre cul de las dos versiones es la verdadera.

A las 8,10 de la maana, en una administracin de lotera del centro de Madrid, ha entrado un hombre mayor, arrugas en el rostro y pelo cano, con una visible cojera, pero por lo dems sin nada que lo diferencie de otro ciudadano medio de su edad.

Ha mostrado al lotero unos cuantos boletos que no he visto porque, aunque era el segundo de la fila que l encabezaba, no le estaba prestando atencin. Lo he empezado a hacer cuando he notado que se demoraba en la ventanilla. Estoy comprobando un boleto, he escuchado que deca el lotero. Unos segundos despus le hacen pasar a una estancia interior y cierran con llave la puerta parcialmente acristalada. A pesar del cristal blindado que separa al pblico de los empleados, por el hueco de la ventanilla escuch al lotero decir:

Le ha tocado un milln.

Y al hombre preguntar con voz trmula: Qu me ha tocado?

En contraste con la taciturna pregunta, el lotero ha sonredo como una Miss Mundo recin elegida y ha repetido la palabra mgica, un milln, mientras le alargaba la mano para estrechar la suya y aada: enhorabuena.

El hombre le ha dado la mano pero ha sonredo menos que la aspirante a Miss que ha quedado en ltimo lugar en el concurso de belleza.

He escuchado que le iban a dar instrucciones y un documento para que acudiese al banco con el boleto.

Como no soy del PP no estoy acostumbrado a estar con gente que recibe un milln sin esfuerzo y encima ni se inmuta. Sin embargo, eso ha sido mi perdicin ya que me he distrado unos segundos fantaseando con que me podra haber pasado a m y Dios me ha castigado al instante por avaricioso. El lotero, a quien se le supone sangre fra en estos casos como al soldado valor en combate, deba de estar nervioso y me ha dado mal la vuelta y he perdido exactamente la millonsima parte de lo que ha ganado el hombre: un euro, que adems no me he atrevido a pedirle para que no me mandara a paseo. Me he sentido como una Miss descalificada.

Al salir de la administracin veo de nuevo al hombre sentado en un taburete frente a la barra del bar ms antiptico y menos apetecible de todo el barrio, que est situado a continuacin de aqulla, donde adems estafan porque venden pollos asados y a la que te descuidas te los dan sin alitas que luego las revenden en raciones, aunque eso es otra historia ms debida a la picaresca que a la crisis.

Se ha tomado un vaso de caf con leche en vaso estndar y una porra, luego es evidente que no hay tal recuperacin y que Torres, Navarro, Montero y otros economistas tienen razn. Para confirmar los estudios de estos expertos mediante una investigacin de campo, he entrado en el bar y el camarero me ha dicho que un caf y dos porras cuestan dos euros.

No hace falta ser John Kennet Galbraight, profesor en Harvard, para darse cuenta de que el hombre ha ceido escrupulosamente su presupuesto a lo justo para su sostenimiento y evitar que su capital se dilapidara a la primera. Por otro lado, la cara de lstima que ha puesto el camarero cuando le he dicho que haba preguntado solamente para saber y que volvera otro da, me lleva a suponer que piensa como yo, pues al menos el hombre tom caf y una porra aunque mediana- y yo he salido del bar como he entrado.

Animado por la prudencia del hombre, le he seguido para conocer cmo gestionaba a continuacin lo que le quedaba de su capital y he visto de nuevo que ha tomado una decisin igualmente sensata: se ha dirigido a un quiosco de la ONCE que est situado una manzana ms all del bar y se ha puesto a comprar boletos, pero no s cuntos, pues he permanecido a una distancia razonable para no importunarle en sus primeras e importantes decisiones.

Qu dice esta actitud visionaria de un hombre que ya no va a cumplir setenta aos y que desayuna de forma espartana a pesar de su colchn econmico? Que no se fa del futuro de este pas, que no se cree lo que dice el gobierno del crecimiento de la economa, que no quiere gastar lo que le har falta en los prximos aos a medida que sube el IVA, la luz, el gas, los cafs, etc.

Desde el kiosco se ha dirigido hacia una parada de autobs, se ha sentado bajo la marquesina y ha sacado un boleto (no de los recin comprados, sino el premiado) y se ha quedado repasando los nmeros con atencin; se conoce que todava no las tena todas consigo y ha pensado que el pago de una carrera en taxi poda amargarle el da si le pilla un atasco o si el taxista le lleva por la M-30. Por eso se dice que hombre previsor vale por dos.

Yo estaba detrs de la marquesina rabiando por acercarme y preguntarle por sus sentimientos en esos instantes de repaso: Ve usted bien, necesita que le lea algo, est perdido? Pero no he podido porque de repente se me ha acercado un hombre ms viejo an, pequeo y desaliado, con apariencia de pedigeo profesional, quizs una vctima de la subida de las pensiones, puede que una persona con un trastorno en busca de una ayuda que no encuentra en la Seguridad Social, con un billete usado de metro en la mano, que me ha pedido algo de dinero para poder volver a casa porque no tengo para comprar un billete.

Una nueva situacin, si es que haca falta, para confirmar que la recuperacin ni ha llegado ni se la espera. No se lo he dado porque he tenido en cuenta que nada ms salir a la calle ya perd uno y que si le daba lo nico que me quedaba en el bolsillo, una moneda de dos euros de la vuelta del lotero nervioso (mal da tenga!), seramos ya tres hombres mayores en aprietos por metro cuadrado en plena capital de Espaa y eso no hay ministro de economa que lo apae.

Por supuesto que me he apiadado de l, lgicamente, he sealado con el dedo al hombre que an estaba sentado en la parada imagino que pensando que mejor se iba andando por si las moscas- y le he dejado caer que l tena ms medios que yo para ayudarle. Ha ido hacia la parada, aunque para mi sorpresa y disgusto he descubierto que el ingrato no es una persona confiada. Primero se ha dirigido a una joven que estaba de pie absorta con la msica de sus auriculares a todo meter, seguramente soando con la vida de una Miss, y solamente cuando sta le ha mirado despectivamente como si le hubiera pedido matrimonio, se ha vuelto hacia nuestro hombre sentado.

Por dentro estaba reconcomindome: Le dar dinero para un bono-metro de diez viajes o, ms razonablemente, a la vista de la bajada de la bolsa esta misma maana, la cual ha perdido todo lo que gan la semana pasada, le dar para un nico viaje de ida?

No le ha dado nada de eso, ni siquiera los buenos das, apenas media hora despus de haber ganado un milln, pero al menos no le ha dicho que se ponga a trabajar y deje de andar pidiendo por ah. No obstante, con esta decisin ha puesto en prctica la acertada mxima la caridad bien entendida empieza por uno mismo, tan necesaria en tiempos de crisis.

Al poco rato se ha levantado, ha vuelto a cruzar la misma calle y se ha metido en el DIA. Lo s porque yo he ido a comprar tambin una bolsa de naranjas para el desayuno, con tanta fortuna adems, que he dado con una bolsa de dos kilos por 1,99 con lo cual he vuelto con un cntimo a casa y me he puesto morado de zumo antes de que suban el precio a primeros de abril.

No me he entretenido ms que lo necesario para realizar esa compra en el almacn, a pesar de la atractiva perspectiva de husmear en la dieta de un hombre tan especial y discreto, pues tras las observaciones que realic anteriormente en diferentes ambientes de la ciudad, me di cuenta perfectamente de que no tena pinta de comprar caviar ni champn.

All le he dejado y tras desayunar me he puesto a trabajar con el ordenador gracias al wifi gratis del restaurante chino que tengo al lado de casa.

La conclusin sobre el estado econmico del pas es clara: ya ni los millonarios se atreven a vivir a la medida de sus posibilidades, no digamos por encima. Probablemente estamos en las primeras etapas de un cambio poltico obligado por la falta de una supuesta recuperacin que torticeramente celebra el gobierno a sabiendas de que aquellos no gastan como antao porque no se fan del PP; no les falta razn.

Apritense los dems, pues, los cinturones un poco ms y anmense a votar a Podemos, la prxima vez puede que ya seamos todos contra el PP.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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