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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-04-2017

Una tica para la Madre Tierra

Leonardo Boff
Ecoportal


Hoy es un hecho cientficamente reconocido que los cambios climticos, cuya expresin mayor es el calentamiento global, son de naturaleza antropognica, con un grado de seguridad del 95%. Es decir, tienen su gnesis en un tipo de comportamiento humano violento con la naturaleza.

Este comportamiento no est en sintona con los ciclos y ritmos de la naturaleza. El ser humano no se adapta a la naturaleza sino que la obliga a adaptarse a l y a sus intereses. El mayor inters, dominante desde hace siglos, se concentra en la acumulacin de riqueza y de beneficios para la vida humana a partir de la explotacin sistemtica de los bienes y servicios naturales, y de muchos pueblos, especialmente, de los indgenas.

Los pases que hegemonizan este proceso no han dado la debida importancia a los lmites del sistema-Tierra. Continan sometiendo a la naturaleza y la Tierra a una verdadera guerra, a pesar de que saben que sern vencidos.

La forma como la Madre Tierra demuestra la presin sobre sus lmites intraspasables es mediante los eventos extremos (prolongadas sequas por un lado y crecidas devastadoras por otro; nevadas sin precedentes por una parte y oleadas de calor insoportables por otra).

Ante tales eventos, la Tierra ha pasado a ser el claro objeto de la preocupacin humana. Las numerosas COPs (Conferencia de las Partes), organizadas por la ONU nunca llegaban a una convergencia. Solamente en la COP21 de Pars, realizada del 30 de noviembre al 13 de diciembre de 2015 se lleg por primera vez a un consenso mnimo, asumido por todos: evitar que el calentamiento supere los 2 grados Celsius. Lamentablemente esta decisin no es vinculante. Quien quiera puede seguirla, pero no existe obligatoriedad, como lo mostr el Congreso norteamericano que vet las medidas ecolgicas del presidente Obama. Ahora el presidente Donald Trump las niega rotundamente como algo sin sentido y engaoso.

Va quedando cada vez ms claro que la cuestin es antes tica que cientfica. Es decir, la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza y con nuestra Casa Comn no eran ni son adecuadas, ms bien son destructivas.

Citando al Papa Francisco en su inspiradora encclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Comn (2015): Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa comn como en los ltimos dos siglos estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo (n. 53).

Necesitamos, urgentemente, una tica regeneradora de la Tierra, que le devuelva la vitalidad vulnerada a fin de que pueda continuar regalndonos todo lo que siempre nos ha regalado. Ser una tica del cuidado, de respeto a sus ritmos y de responsabilidad colectiva.

Pero no basta una tica de la Tierra. Es necesario acompaarla de una espiritualidad. sta hunde sus races en la razn cordial y sensible. De ah nos viene la pasin por el cuidado y un compromiso serio de amor, de responsabilidad y de compasin con la Casa Comn, como por otra parte viene expresado al final de la encclica del obispo de Roma, Francisco.

El conocido y siempre apreciado Antoine de Saint-Exupry, en un texto pstumo escrito en 1943, Carta al General X afirma con gran nfasis: No hay sino un problema, slo uno: redescubrir que hay una vida del espritu que es todava ms alta que la vida de la inteligencia, la nica que puede satisfacer al ser humano (Macondo Libri 2015, p. 31).

En otro texto, escrito en 1936 cuando era corresponsal de Paris Soir durante la guerra de Espaa, que lleva como ttulo Es preciso dar un sentido a la vida, retoma la vida del espritu. En l afirma: el ser humano no se realiza sino junto con otros seres humanos en el amor y en la amistad. Sin embargo los seres humanos no se unen slo aproximndose unos a otros, sino fundindose en la misma divinidad. En un mundo hecho desierto, tenemos sed de encontrar compaeros con los cuales con-dividir el pan (Macondo Libri p.20). Al final de la Carta al General X concluye: Cmo tenemos necesidad de un Dios! (op. cit. p. 36).

Efectivamente, slo la vida del espritu da plenitud al ser humano. Es un bello sinnimo de espiritualidad, frecuentemente identificada o confundida con religiosidad. La vida del espritu es ms, es un dato originario y antropolgico como la inteligencia y la voluntad, algo que pertenece a nuestra profundidad esencial.

Sabemos cuidar la vida del cuerpo, hoy una verdadera cultura con tantas academias de gimnasia. Los psicoanalistas de varias tendencias nos ayudan a cuidar de la vida de la psique, para llevar una vida con relativo equilibrio, sin neurosis ni depresiones.

Pero en nuestra cultura olvidamos prcticamente cultivar la vida del espritu que es nuestra dimensin radical, donde se albergan las grandes preguntas, anidan los sueos ms osados y se elaboran las utopas ms generosas. La vida del espritu se alimenta de bienes no tangibles como el amor, la amistad, la convivencia amigable con los otros, la compasin, el cuidado y la apertura al infinito. Sin la vida del espritu divagamos por ah sin un sentido que nos oriente y que haga la vida apetecible y agradecida.

Una tica de la Tierra no se sustenta ella sola por mucho tiempo sin ese supplment dame que es la vida del espritu. Ella hace que nos sintamos parte de la Madre Tierra a quien debemos amar y cuidar.

Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Desarrollo-Sustentable/Una-etica-para-la-Madre-Tierra



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