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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-04-2017

Hoy ms que nunca: Conciencia de clase

Jorge Arreaza Montserrat
Debate Socialista


Nadie duda sobre la existencia de las clases sociales. Marx lo dej claro, son dos: la burguesa, duea de los medios de produccin y acumuladora del capital a partir de la apropiacin de la fuerza de trabajo de los asalariados. Y el proletariado, los asalariados, los que carecen de propiedad privada sobre los medios de produccin. Una clase que domina a la otra, que explota a la otra, que se aprovecha y se enriquece a partir de esa explotacin sobre la mayora. Pero es la clase trabajadora, la que hace el esfuerzo, la que produce y genera la riqueza legtima, que luego le es arrebatada y distribuida entre quienes concentran el poder y los medios de produccin.

Marx tambin disert sobre las caractersticas de la superestructura poltico jurdica, a partir de esas relaciones de produccin, de ese modo de produccin fundamentado en la explotacin. Es decir, los que dominan en la economa, dominarn en la poltica y en la construccin de aquello que dasentido comn a la sociedad en que se desarrolla. La economa capitalista amerita de un ordenamiento jurdico que proteja y naturalice esa relacin arbitraria y desigual de una minora que domina a la gran mayora. A partir de este hecho, la estructura del Estado Burgus servir para mantener y profundizar la desigualdad como elemento fundamental del capitalismo. Es la dictadura de la burguesa, que puede, o no, tener fachada de democracia liberal, puede predicar, o no, los derechos del hombre, pero que a fin de cuentas, no es ms que el sistema de justificacin y proteccin jurdica- institucional-moral de la explotacin econmica y la opresin sobre la clase trabajadora.

En Venezuela la burguesa nacional gobern y domin a sus anchas, hasta 1989. Una extendida pobreza caracteriz a la inmensa mayora de los venezolanos. Mientras que un puado de familias, acumulaban riqueza a partir de la pobreza y el trabajo de esa mayora. Una burguesa adems improductiva, parasitaria, aferrada a la renta petrolera que el Estado, su Estado, le facilitaba para importar y especular, ms que producir. Los gobiernos y gobernantes que se correspondieron con esa etapa de la historia y la economa venezolana, eran fieles representantes de aquel sistema de dominacin y acumulacin del capital. Un enjambre legal que avalaba la desigualdad, la explotacin y la entrega de nuestros recursos energticos y minerales a las grandes corporaciones internacionales, jefes y jefas imperialistas de esa burguesa criolla. Unas Fuerzas Armadas que actuaban como ejrcito de ocupacin, para proteger los privilegios de los pocos y reprimir a las grandes mayoras, que reclamaban su parte de esa riqueza, riqueza que ellos producan, y que tambin reclamaban los derechos sociales que les eran negados permanentemente.

Pero con 1989, vino 1992, con ese pueblo en la calle, vino Hugo Chvez, y as, los que no tenan parte, se hicieron con el poder poltico, utilizando con inteligencia estratgica las herramientas de la propia democracia burguesa. En 1999, no se produce un cambio de administracin, ni de gobierno en Venezuela, comienza un cambio de poca: la transformacin y reversin estructural del sistema de exclusin de las mayoras y dominacin de la minora. Y efectivamente, cuando la minora burguesa entendi que la Revolucin Bolivariana s iba en serio, que pretenda distribuir equitativamente la riqueza nacional y revertir el sistema de dominacin y entrega de los Recursos Naturales, se desat una reaccin voraz de quienes sentan cmo iban perdiendo aceleradamente el poder poltico y econmico que ilegtimamente detentaron durante ms de siglo y medio.

La burguesa, como clase social, se qued sin el poder poltico nacional. Y aunque an conservan amplia hegemona sobre la propiedad de los medios de produccin, han visto disminuidas sus capacidades de dominacin y explotacin a travs de importantes nacionalizaciones, as como de la promulgacin de leyes populares que restringen sus privilegios y mrgenes de maniobra para explotar a la clase trabajadora. Y esa clase mayoritaria de invisibles y asalariados neo esclavizados, como dira el pensador francs Jacques Ranciere, esa parte de los que no tenan parte, se hizo del poder poltico, no slo institucional, sino social y territorial, a partir de la construccin del Poder Popular.

De manera dialctica, la clase social trabajadora comenz a hegemonizar la superestructura jurdico poltica de la sociedad venezolana del siglo XXI, a pesar de que las relaciones econmicas de produccin no se transformaron al mismo ritmo. La burguesa, por su parte, emprendi una fase violenta y permanente de intento ilegal de restauracin en el poder poltico, a partir de la fuerza de su amplia propiedad privada sobre los medios de produccin, los medios de especulacin importadora y sus medios de comunicacin. Mientras el Comandante, Hugo Chvez, afianzaba a las mayoras en el poder poltico, fue generando las condiciones para que esa clase trabajadora se fuera apropiando tambin de medios de produccin y fuesen generando nuevos medios, a partir de su organizacin para el trabajo. La burguesa, sin embargo, tuvo la audacia de permear las instituciones del Estado, en muchos casos vinculadas al poder econmico hegemnico, y sigui apropindose de parte de la renta petrolera, ya no en origen (PDVSA), sino en destino (las divisas para la importacin y produccin). Tambin usaron ese poder para tratar de derrocar al Gobierno Bolivariano.

El Presidente Nicols Maduro cort de cuajo el acceso de la burguesa a las divisas del pueblo. Nuevas instituciones y mtodos surgieron. A pesar de la disminucin del ingreso petrolero, la inversin social se ha ampliado, las Misiones Socialistas avanzan, los derechos sociales se han profundizado en estos ltimos 4 aos. A pesar de las dificultades, y precisamente gracias a su capacidad para superar las dificultades con el Pueblo, la Revolucin Bolivariana se acerca cada da ms a su punto de no retorno. Ante esta realidad, y aprovechando las dificultades econmicas, la burguesa arremete con todas sus fuerzas, nacionales e internacionales, con todo su poder econmico y meditico, con toda su capacidad de generar violencia poltica, para evitar que la Revolucin alcance ese punto definitivo de irreversibilidad.

En esta nueva etapa de acciones violentas e inconstitucionales, la burguesa sigue demostrando su monoltica conciencia de clase. Es decir, quienes componen esa clase social explotadora, defienden su restauracin, luchan por recuperar sus privilegios y, en consecuencia, por negarle los derechos sociales a la mayora. Planifican desde sus centros de poder econmico su estrategia, sus tcticas y atajos inconstitucionales para retomar el poder.

Buena parte de sus nuevas tcticas de guerra se desarrollan hoy en la plataforma 2.0. Las balas no se disparan, sino que se inoculan, desde la idea liberal, bajo el ropaje de la lucha pacfica y no violenta de la sociedad civil. Todo se reduce a una imagen, a una consigna vaca, propio de la idea postmoderna del fin de la historia que profetiz erradamente Fukuyama en los aos noventa. A travs de la voracidad de las redes sociales nos quieren hacer ver que un pas de un milln de kilmetros cuadrados y ms de treinta millones de personas se reduce a los dos kilmetros cuadrados de caos que incendian en el este de Caracas un grupo de dirigentes irresponsables con alma de Nern, acompaadados de un contingente de mercenarios y ciudadanos emborrachados por el odio y el fanatismo. Es un esfuerzo ms para llevar al pueblo a su propia estructura de pensamiento liberal burgus. Pero el pueblo hace rato que dej de abrazar ciegamente el evangelio capitalista.

No hay manera de hacer compatibles los intereses de la burguesa con los de la clase trabajadora. La primera, como explicamos al inicio, siempre se alimenta y sustenta del sufrimiento de la segunda, de la entrega de las mayoras. Los sempiternos dueos de los medios de produccin y sus allegados tienen claridad meridiana de su necesidad de liquidar la Revolucin. Ahora bien. Tiene la clase trabajadora conciencia plena de clase? Hasta qu punto la confusin meditica y la guerra econmica genera la percepcin de desclasamiento de algunas familias trabajadoras? Cul ha sido el impacto de esa guerra psicolgica para distorsionar la realidad y procurar que los oprimidos defiendan los intereses de quienes les oprimen? A qu otra clase, que no sea la trabajadora, puede pertenecer una maestra, un campesino, un mdico, una indgena, un artista, un obrero, una enfermera, un transportista, un minero, un soldado, una funcionaria pblica, un profesional asalariado?A los intereses de cul de las dos clases opuestas pertenecen los sectores medios de la sociedad? Con qu clase de identifican? Con la trabajadora o con la se enriquece a partir de robarles su conocimiento, su vida (tiempo) y fuerza de trabajo?

sta es la hora de la clase trabajadora. Es el momento de desarrollar plena conciencia de nuestra condicin de clase, de nuestra identidad social. Momento de cerrar filas con nuestra Revolucin y demostrarle a la clase burguesa, no solamente que ni ellos, ni sus privilegios volvern en la Venezuela del siglo XXI, sino que adems perdern de manera definitiva su hegemona sobre los medios de produccin, que dejarn de determinar el modo y las relaciones de produccin. Tanto el Comandante Chvez, como el Presidente Maduro, han respetado y han convocado a aquellos dueos de medios de produccin privados que estn dispuestos a liquidar el sistema rentista petrolero, que estn dispuestos a desatar sus fuerzas productivas y que estn dispuestos a acompaar a la clase trabajadora al traspasar la barrera del no retorno. Dueos de medios que han de producir con los trabajadores, que los respetan, no que los explotan. No hay nada ms violento y letal que la explotacin capitalista.

Hoy ms que nunca, debemos analizar la realidad, los hechos histricos, los intereses contrapuestos y excluyentes de los grupos sociales en conflicto: debemos fortalecer nuestra conciencia de clase. Somos mayora, somos alegra, creemos en una sociedad de justicia para que haya una sociedad en paz. No queremos que vuelvan los que nos roban nuestra esperanza, nuestro trabajo, para enriquecerse. Los desafos por venir sern determinantes. Tomemos conciencia de dnde venimos, de dnde estamos, de quines somos y qu queremos. De nosotros depende hoy la existencia misma de la Patria, la construccin de nuevas relaciones de produccin, de nuevas relaciones humanas, de una sociedad edificada sobre los valores de la igualdad, el trabajo y solidaridad. La nuestra es una Revolucin Socialista, de la clase trabajadora, dirigida por un trabajador, que responde nicamente al mandato y los intereses de su clase, del Pueblo, del inters nacional y el bien social.

* Jorge Arreaza Montserrat es Ministro del Poder Popular para el Desarrollo Minero Ecolgico

Fuente: http://blog.jaarreaza.org.ve/2017/04/hoy-mas-que-nunca-conciencia-de-clase/



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