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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2017

Memorias en (des)encuentro

Ramn Zallo
Rebelin


El punto tres de la Declaracin de Aiete (2011) instaba a avanzar en la reconciliacin y es ah donde hay que situar los temas de memoria. Por el momento, los pasos prcticos en esos puntos solo vienen de un lado (alto el fuego y desarme) ante el exasperante inmovilismo del gobierno Rajoy que ha optado por hacer caso omiso de reivindicaciones sobre cuestiones elementales (acercamiento de presos, por ejemplo) y muy mayoritarias en el Pas Vasco.

A corto plazo el Estado debera hacer los deberes de la pacificacin para que se canalice la cuestin de las consecuencias del conflicto (Aiete punto dos) pero no hay visos de que vaya a ocurrir as. No quiere asumir que su problema no es con una "banda" (error de percepcin) sino con una sociedad que la demanda y que, caso de no abordarse, incluso se puede entrar en un nuevo ciclo de confrontacin (minusvaloracin del problema).

A diferencia de otros pases que han tenido conflictos violentos y que han gestionado campos distintos como causas, secuelas y procedimientos, aqu toca gestionarlos de forma separada, comenzando por las secuelas, siguiendo por los procedimientos y terminando con las causas que solo tienen solucin democrtica. Aunque relacionados y vividos coetneamente debern ir por carriles distintos para evitar bloqueos.

Escenario de confrontacin

El cuadro mental y estratgico que genera un escenario imposible para un encuentro es el de vencedores y vencidos porque lleva implcita la continuidad de un esquema blico, de confrontacin irremisible hasta la destruccin del contendiente, lo ms ajeno que se pueda imaginar a una lgica de reconciliacin que es el que interesa a la sociedad; hasta el punto de que su sociedad civil, especialmente en Iparralde, ha tenido que asumir un arriesgado protagonismo facilitador e intermediario en el caso del desarme ante la parlisis que aquejaba a los estados rehenes de sus mensajes inmovilistas- y para salir de ese esquema de victoria o derrota. La sociedad civil entendi que hacer posible una paz que tambin pacifique los espritus significa generosidad, apostar por la integracin social y tener la iniciativa.

Ese esquema militarizado, confrontado con el inspirado en los derechos humanos o con el que encara la integracin social, va a estar presente en todos los rdenes de la gestin de la etapa post-ETA. As en la cuestin de la ubicacin de los presos o en el tratamiento de los enfermos graves esos esquemas dan lugar a comportamientos opuestos (fieros o humanitarios) .

Lo mismo en el sentido de Justicia. Una excepcionalidad normativa, judicial, policial y penitenciaria, ajena al Estado de Derecho y concebida solo para la lucha antiterrorista en un tiempo de excepcin y que signific penas excepcionales, por fuerza obliga a revisar los casos en que se aplic e incluso a revisar esas legislaciones. La vara de la Justicia entonces se movi por los vericuetos de la Justicia Ejemplar, tildando de terrorismo lo que obviamente no lo era o con penas que no contemplaban la reinsercin. El cambio de paradigma ahora solo habra de traducirse en una Justicia Retributiva (quien la hace la paga con proporcionalidad formal) o debera ser una Justicia Restauradora con la importancia, ms que de la pena misma, de la relacin entre vctimas, victimarios y sociedad, a la bsqueda de sanar el dao social?

Yendo ms all, habida cuenta de que el problema de la violencia en Euskal Herria no ha sido de delincuencias polticas personales sino de confrontacin violenta de una parte social con el Estado y que victimiz tambin a otra parte social no habra de entrar, pasado un tiempo prudencial, tambin por la va de la Justicia Transicional?. Recordemos que es una Justicia apropiada para asentar una transicin poltica entre pocas distintas, que busca equilibrar exigencias jurdicas (verdad, justicia, reparacin y garanta de no repeticin) y reconciliacin p oltica y construccin de una paz duradera, reinterpretando el mbito penal desde la idea de sanar el cuerpo social y contando para ello con el respeto a todas las vctimas. Los terceros grados, los cumplimientos excarcelados de condenas y los indultos individuales seran la va. La justicia no puede ser amnsica, pero su interpretacin y la accin poltica no deben ir contra la normalizacin socio-politica. La sociedad quiere pasar pgina, con la factura de la justicia reinterpretada, pero con la generosidad de cerrar una historia.

Pero lo transicional no solo afectara a una parte sino a todas, reflejando una Verdad y Justicia tambin sobre los comportamientos de los poderes de Estado e implicando su regeneracin para que nunca en el futuro vulneraciones justifiquen otras vulneraciones. Por ejemplo, se tratara de hacer imposibles las torturas por la instauracin de protocolos garantistas.

Claro que el hecho de que la pax vasca sea unilateral y parcial va a dificultar enormemente que se instale esa Justicia Transicional que se implant en Irlanda, Sudfrica, Centroamrica o ahora en Colombia por la via de la negociacin. Va a tener que ser fruto de la presin social; convenciendo primero a las elites y despus a las instituciones vascas y luego a las estatales. De todos modos est el precedente de la "generosidad" amnsica de la Transicin respecto a una derecha que ejerci una violencia extrema durante 40 aos.

Con todo, tiene una oportunidad para implantarse a medio plazo, habida cuenta que el cese el fuego fue menos el producto de una imposibilidad tcnica de continuar (siempre hay nuevos jvenes dispuestos a dar el paso y haba armas) o por derrota poltico-judicial (no desarticulada aunque si muy tocada) que el resultado de un desistimiento de ETA, forzado por la sociedad vasca (el unnime en mi nombre NO y con riesgo de descalabrar a la izquierda abertzale acosada adems judicialmente en la dcada pasada). La retirada de apoyo o comprensin a ETA por parte de la izquierda abertzale social y poltica lo canaliz pero tambin sentenci el fracaso estratgico de la va emprendida en 1977. Falta que lo explique. Pero eso no equivale a una derrota de la corriente. De hecho el electorado de la CAE convirti a Bildu en 2 fuerza en 2012 con un 25%. Para ser una derrota fue muy dulce y el cuerpo social entiende que debe existir una izquierda abertzale importante, incluso como opcin de gobierno para el futuro y como animador de cambios.

Necesidad de memorias

Como parte del proceso poltico a otra poca se van a necesitar unos aos de recuperacin de memorias, a fuego casi lento, sobre lo ocurrido en Euskal Herria en los ltimos tiempos. Pero como esas recuperaciones pueden ser interesadamente aquejadas de amnesias, conviene apuntar algunos criterios que dificulten actitudes de oportunidad y nos acerquen ms a memorias con autocrtica que a memorias como relatos de parte.

De hecho estas memorias, que se querran sinceras y desnudas, combinando ciencia (Historia), poltica (fortalecimiento democrtico y ajustadas a las demandas ciudadanas) y tica (de los derechos humanos) ayudaran a recomponer los destrozos que han dejado en el tejido social dcadas de violencia y resetearan, sanando, a las fuerzas polticas en pugna que ejercieron segn los momentos unas veces de vctimas y otras de victimarios. Reconocer esta alternancia entre los agentes -con todos los importantes puntualizaciones que se requieran porque lo peor siempre fue la muerte- es sustancial. Matar estuvo fatal, conculcar derechos humanos estuvo muy mal, negar derechos polticos estuvo mal y, al mismo tiempo, desde el punto de vista de la secuencia poltica que ceb un conflicto que degener, el orden fue el contrario: la falta de salidas al conflicto poltico de fondo sirvi de argumento para una lucha armada que, al alimn con el Estado, degener en vulneraciones de derechos humanos, empezando por el de la vida o la integridad fsica.

Criterios para las memorias

En primer lugar, una memoria lo ms verdica e integral posible, que se fije como un recuerdo colectivo selectivo de un pasado vivido, necesita reconstruir la historia ocurrida desde la Historia, entendida como interpretacin plausible y metdica de todos los hechos y situaciones, incluidas las injusticias sufridas. Pero puede haber tambin Historias, y todas ellas cientficas. Desde luego, hay que distinguir entre Historia y Memoria, pero existe el riesgo de que se imponga un relato dominante de Memoria que haga poca justicia a la historia y sea una mera proyeccin de una Historia selectiva y descontextualizada.

En segundo lugar parece conveniente, por coherencia, remitirse no solo al periodo democrtico sino a los ltimos ochenta aos, es decir a guerra civil, franquismo, transicin y democracia, con su hilo causal y sus notables puntos de inflexin. Tampoco cabe hacer solo una Historia de las violencias o de unas violencias, porque el foco se nos empequeecer hasta la obsesin (terrorismo/poltica antiterrorista) mientras se escapan otros campos decisivos desde la matriz de los derechos humanos y polticos tanto individuales como colectivos: interacciones polticas, sociales y econmicas; anlisis de poder y lites; proyectos y reivindicaciones

Por ms que tenga prioridad, nos impacte con ms fuerza o nos golpee de forma ms viva el dolor de los ltimos aos, elegir solo una poca cuando todas estn encadenadas o referirse solo a un tipo de violencia, no ayudar mucho a entender -sin por ello justificar- los por qus de situaciones y las lgicas de los agentes. Distinguir entre el conflicto (poltico) vasco y el conflicto de la violencia es sustancial. Aunque estn relacionados, no son lo mismo pero, al mismo tiempo, comprender lo ocurrido pasa por una mirada permanente en las dos direcciones e interiorizando que no hay conflicto de comunidades o de identidades culturales (sera irresponsable hurgar en ello) sino de referencias nacionales y de proyectos poltico-sociales.

De ninguna manera se tratara de hacer un ttum revoltum sino una secuencia y decantacin rigurosa puesto que, segn las pocas, memoria, reparacin y justicia tienen distintos grados de desarrollo. As, se diga lo que se diga mintiendo, el conocimiento va periodstica, policial y judicial- es bastante amplio desde 1977 en relacin a algunos de los actores (ETA, izquierda Abertzale, euskalgintza..) puesto que polica y jueces se han dedicado a ello intensivamente todo ese tiempo, mientras que no sabemos casi nada de cloacas, GAL y muchas decisiones polticas opacas desde 1977 hasta hoy. En cambio la Historia desde la guerra civil hasta las primera elecciones democrticas ha sido exhaustiva pero, sin embargo, silenciada como Memoria con consecuencias (fosas, responsabilidades, callejeros, exaltaciones, ..) ni reparaciones y ya no digamos de justicia por crmenes de lesa humanidad.

En tercer lugar, esas memorias no pueden ser al gusto o dictadas por los distintos tipos de vctimas porque su objetividad se resentir. Algunas de sus asociaciones no distinguen la justicia de la venganza, chantajean emocionalmente a la sociedad y son funcionales a estrategias polticas. Son un problema para las propias vctimas. Y, sin embargo, las memorias no son de y para las vctimas, aunque sean protagonistas muy relevantes de la historia y la memoria. Reducir la Historia solo a un relato sobre vctimas y victimarios de un tipo o de otro sera un flaco favor a la explicacin de la historia y a la memoria a construir colectivamente.

Tampoco pueden ser relatos para las respectivas parroquias. La destinataria es la sociedad vasca (y a escala estatal en buena medida) como un todo a la que se le debera devolver ordenada cada versin de lo acontecido y siempre con una consideracin central a las vctimas.

En cuarto lugar, el pas lo conforman y construyen (en conflicto) todas las sensibilidades. No hay sectores o ideologas que representen las esencias colectivas, ya se vistan con los ropajes de la herencia, del sacrificio o del Estado de Derecho. Tradicionalmente la sociedad civil ha sido la que mejor ha sabido gestionar el respeto interno a los diversos sentimientos nacionales y a la cultura, a la comunidad y a la sociedad comunes, incluso en la accin poltica en un marco de gran conflicto. Nunca ha sido la sociedad vasca una sociedad anmica, enferma o sumida en una espiral de silencio, sino politizada e implicada al contrario de lo que sostienen, casualidad! quienes sobre todo se oponen a que pueda decidir por su cuenta y por la va solo democrtica el futuro.

Habr memorias y relatos en plural durante bastante tiempo, desde la subjetividad de las identidades nacionales y polticas y habremos de conformarnos con tener solo algunos puntos comunes acreditados. Por ejemplo, no sera poco el de la primaca de los derechos humanos empezando por el ms sagrado, el de la vida, y que aqu se cercen, especialmente por parte de ETA en los ltimos aos, aunque no en exclusiva. Junto al de la vida se trata de rastrear tambin una memoria de la tortura y la conculcacin de no pocos derechos polticos. Como base para una mnima puesta en comn, las memorias de cada cual han de responder a todos los interrogantes en lugar de refugiarse en el y t ms.

Est en sus manos que se trate de memorias complementarias hacia una verdad ms completa o de memorias irremisiblemente alternativas con lgicas contrapuestas e inmiscibles como verdades de consumo para cada parroquia, pero no verdades para la sociedad como un todo. Lamentablemente nos acercamos a esta segunda versin si la Ponencia de Memoria y Convivencia no lo evita.

Claro que para una Historia que vaya ms all de una visin de derechos humanos elementales obliga a asumir un punto de vista poltico -no compartido por todos pero en cambio profundamente democrtico- y es que la legitimacin de un Estado de Derecho pasa por el reconocimiento de los derechos nacionales de las comunidades con mayoras continuadas al respecto y que negarlos desde las mayoras de Estado es usar la ley contra la democracia.

En quinto lugar, cada agente tiene su particularidad.

La izquierda abertzale oficial tendr que analizar sus relaciones con ETA desde los parmetros de utilidad, justicia y legitimidad. Preguntarse sobre la utilidad que le ha deparado al pas y a la propia izquierda abertzale civil, un ejercicio continuado de la violencia por parte de ETA, no slo contra el Estado, sino contra conciudadanos, y si no caba una lucha slo por otros medios; y qu balance poltico estratgico debe hacer sobre la cobertura poltica a la estrategia armada de ETA. Constatar la injusticia que ha supuesto el dao sufrido por tanta gente, incluida la propia. Interrogarse sobre la legitimidad de una violencia mortal con fines polticos en un contexto no totalitario. Sus ltimos pasos han sido ms fruto de la necesidad que de la virtud, necesita reinventarse porque algunos de sus referentes han caducado.

Por su parte, el PP y PSE-EE debern atender a las pocas de su responsabilidad. Completar los relatos es contar tambin lo otro que pas.

El PP, como heredero de las derechas que trajeron el franquismo y lo disfrutaron a costa de la colectividad, va a tener que revisar la memoria de la larga dictadura, sin recurrir al yo no he sido porque sus antecesores s lo fueron, los muertos an se mueven en las tumbas annimas y las decenas de miles de represaliados exigen luz, autocrtica por la parte que les toca y reparacin, e incluso alguna justicia. Los recientes honores al General Sanjurjo son la respuesta.

El PSOE, aun no tiene arrestos para confesar su paternidad, dando nombres y apellidos, en el GAL como terrorismo de Estado mientras, con su peculiar vara de medir, exige esclarecer 300 atentados de ETA sin imputar aunque seguramente y visto que no quedan apenas miembros de ETA en la clandestinidad- sus ejecutores ya habrn pagado con aos de crcel por otros hechos.

Parece poco serio que ambos pidan el harakiri ajeno negndose a releer la hemeroteca de su propio pasado. Sus averas tambin van en el paquete de la memoria, no para que se compensen y anulen mutuamente, sino para que la memoria colectiva recuerde todos los horrores sumados.

El PNV tiene una responsabilidad distinta pero tambin a analizar. Tendr que valorar si estuvo a la altura de las circunstancias -desde el poder que tena- ante lacras como la tortura o las vulneraciones de derechos humanos por parte del Estado, o ante algunos oscuros comportamientos de la Ertzaintza incluidas denuncias de tortura y malos tratos- o ante las vctimas mismas. En las etapas de Ardanza como lehendakari y sus gobiernos de coalicin con el PSE-EE (1987-1998) -y con la bendicin pblica de Arzalluz- apoy la poltica de dispersin carcelaria inaugurada por Antoni Asuncin (PSOE) en 1987.

As el suelo tico del que hoy se habla est lleno de aceite resbaladizo. El suelo tico debera ser principalmente el espejo en el que cada cual mire sus propias miserias y las verbalice en lugar de ver, hipcritamente y por inters, solo la paja y la viga ajena. Ni ventilador ni varas de medir distintas. Facilitaran las cosas unos ignacianos ejercicios espirituales de todos y cada uno.

Sin el reconocimiento de hechos (verdad) y de responsabilidades no sern posibles ni conciliacin ni reencuentros sociales. Esto no tiene nada que ver con los arrepentimientos y perdones individuales que forman parte de una esfera subjetiva no exigible en poltica laica sino con responsabilidades polticas de los colectivos revisando sus polticas pretritas.

En sexto lugar, no debe haber vctimas de primera y de segunda en funcin de quin fue el victimario, sino en funcin de la gravedad e injusticia sufrida. Si la muerte nos iguala a los humanos, el grado del dao tambin. Todas las vctimas merecen respeto, reconocimiento, reparacin y justicia. Jerarquizar a las vctimas por el quin, o segn afinidades, slo puede entenderse por los rditos polticos que se pretenden extraer y no por un criterio de justicia. Tambin conviene distinguir entre las autnticas vctimas (fallecidas, heridas, extorsionadas, perseguidas, torturadas..) y familiares sufrientes de esas vctimas ya que la utilizacin de estas ltimas con fines partidarios ha sido escandalosa. El discurso moral virado en una sola direccin, apropiado en exclusiva y arrojado contra los otros, puede convertirse en el gusano que llevando implcito un proyecto poltico arruine la manzana de la conciliacin.

En sptimo lugar quin tiene ms capacidad de imponer su relato si este no se escribe en interaccin de todos los agentes, autocrticas incluidas?

Por el momento hay menos riesgo de que lo haga la izquierda abertzale que el resto de fuerzas con recursos econmicos y peso institucional para orientar una Historia y acordar un relato selectivo. El imaginario socialista, por ejemplo, lo hace desde la Fundacin Valentn de Foronda que desde un encargo recibido del Gobierno Vasco (Informe Foronda) estigmatiza de forma genrica al conjunto de la sociedad vasca (palabras del Secretario de Paz y Convivencia Jonan Fernndez Eldiario.es 223-15) aunque tambin es verdad que, vista la riqueza de la sociedad civil, es ms probable que sean sus dinmicas las que lleguen a posar una versin dominante sobre lo ocurrido en convivencia con otras versiones.

Por su parte podra haber un empeo de PP y PSOE de escribir un relato a la medida de una intencin previa: el imaginario de la derrota de ETA con la consiguiente estigmatizacin del enemigo (el nacionalismo como causante ltimo). Para ello podran reducir, por ejemplo, la historia de ETA a una criminalidad comn de desalmados con la poltica como excusa (versin PP) o de pura pulsin terrorista (versin PSOE). En los dos casos tendra varias derivas: minimizara las responsabilidades de la Dictadura y de un Estado nacido cojo en la Transicin y de una Justicia devenida tuerta, que ha ido ganando en autoritarismo respecto a la disidencia; escondera su resistencia a abordar en un tiempo de paz las secuelas de todas las distintas violencias pretendiendo prolongar su gestin y el sufrimiento que trae; y aplazara sine die cualquier tema relativo al cambio de estatus poltico desmintiendo rotundamente aquello de que sin violencia todo proyecto poltico es posible aunque ahora rozando el rizo antidemocrtico, se viene a decir que el proyecto independentista esta deslegitimado porque es el proyecto poltico de ETA. Vaya!

Previsiones

No ya sobre el fondo poltico sino sobre la pacificacin misma los gestos han tenido que ser unilaterales por parte de ETA, sin negociacin ni dilogos de ningn tipo, ni contrapartidas directas sobre las consecuencias del conflicto armado entre ella y el Estado, ni intercambios ceremoniales gestuales y mudos (accin y respuesta esperada). Un proceso unilateral de paz a cambio de nada mientras es la sociedad civil quien, por el momento, asume el rol de casar en nombre de la sociedad las piezas del puzzle de una paz slida y democrtica.

Que la sociedad civil haya tenido que asumir una funcin vicaria y avalista en el desarme frente a la lgica de la rendicin total que el Estado ha pretendido, es meritorio pero no augura el mejor de los escenarios para canalizar las secuelas de estos aos aunque seguro que fuerzan respuestas obligadas de los gobiernos (el Estado francs obligado a consentir el desarme, presos graves, futuros acercamientos). El silencio estatal espaol, tampoco facilita unas estrategias autocrticas hacia la verdad sino ms bien anuncia su inclusin en la lgica de vencedores y vencidos que pretenden Estado, PP y PSOE.

El Estado y los partidos de Estado no han comprendido lo que est en juego, y contrariamente a la idea meditica de que es un tema amortizado, tiene todo el aspecto de que a travs de casos (el desarme, Oier Gmez ) puede ser un factor movilizador de primera importancia que adems cebara la radicalizacin y extensin de la reivindicacin nacional. Incluso la hintelijenzia de Estado recomienda gestionar el tema en lugar de ignorarlo.

La izquierda abertzale tiene mucho que ganar si monopoliza la bsqueda sincera de una verdad ms integral y se equivocar si condiciona su reflexin autocrtica a la de las otras fuerzas. Puede reconstruirse en ese proceso de empata con la sociedad civil.

Tampoco hay perspectivas de que el fin de la violencia y el desarme de ETA activen salidas polticas democrticas al conflicto poltico que le dio origen y que permanece. Es ms, cunde la conviccin de que ETA era la excusa para no abordar un problema poltico estructural que sigue a la orden del da.

Incluso en un cuadro a cinco fuerzas en la CAE en el que ninguna puede bloquear en donde las mayoras sociales piensan en una direccin resolutiva, los aparatos pueden mirar solo por su inters, calculando precios de distintas alianzas postelectorales. Ese vuelo bajo puede sacrificar oportunidades para avanzar en la paz consolidada y en un cambio de marco. En Navarra en cambio los pasos han sido ms firmes por parte de la fuerzas que apoyan al gobierno Barcos.

Necesitamos entender lo que pas no para condicionar los Derechos Humanos a intereses polticos sino para construir nuestras memorias colectivas y nuestra convivencia desde parmetros slidos y con pasarelas. Es mejor hacerlo de motu proprio a que lo tenga que aventar, de repente y sacando los colores a algunas fuerzas, una Comisin de la Verdad que ya resulta necesaria y que habra de ser independiente, plural y con respaldos institucionales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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