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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2017

La presidencia camalenica
La luna de miel de los generales

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


O por qu las guerras de Trump deberan parecernos tan familiares

MOAB parece ms el nombre de un reino bblico, incestuoso y desgarrado por la guerra, que el de la bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast, apodada la madre de todas las bombas. Aun as, concedmosle crdito a Donald Trump. Solo los bombas real, realmente grandes, ya sean los artefactos nucleares de Corea del Norte o la MOAB de casi 9.800 kilos, son las que le llaman la atencin. l ni siquiera estuvo involucrado en la decisin de disparar la mayor bomba no nuclear del arsenal estadounidense en su primera accin blica, pero sus queridos generales tenemos los mejores militares de la Tierra ya conocen al hombre para el que trabajan, y para l lo mejor es lo ms grande, lo ms llamativo, lo ms explosivo y lo ms decisivo.

Desde luego fue impresionante la imagen en blanco y negro del primer lanzamiento de una MOAB mostrada en Fox News, ms que en Afganistn, la que atrajo al presidente. Cuando l estaba visiblemente encantado por todos esos atrayentes misiles de crucero Tomahawk el equivalente de tres bombas MOAB zumbando al partir desde la cubierta de los destructores estadounidenses en el Mediterrneo oriental para como magnficos fuegos de artificio alcanzar un aerdromo sirio, o en realidad era uno iraqu? Acabamos de disparar 59 misiles, dijo el presidente; todos ellos dieron en el blanco. Algo prodigioso; ya sabis, despus de volar cientos de kilmetros, todos dieron en el blanco, asombroso... Es tan increble, tan brillante. Genial! Nuestra tecnologa, nuestros equipos, son cinco veces mejores que los de cualquiera.

Digamos que fue emocionante. Que fue toda una explosin. Que fue una escalada. O solo digamos que esto es la era Trump. Si uno mira lo que pas en las ltimas ocho semanas y lo compara de verdad con lo que pas en los ltimos ocho aos, ver una tremenda diferencia, una tremenda diferencia, coment l adems sobre la bomba MOAB. Es otra forma de hacer las cosas; una misin muy exitosa.

De cualquier manera, aqu estamos y, como sealaron muchos de sus crticos, todos los medios y polticos habituales han aplaudido a un presidente con unas grandes... bueno... manos para hacer admirablemente la guerra. En nuestro mundo, esto es lo que ahora se considera presidencial. Consideremos esos aplausos como la versin meditica de muchos misiles Tomhawk sealndonos el significado que tendr para la presidencia Trump la intensificacin de las interminables guerras de Estados Unidos.

En estos das, de Siria a Afganistn, de las dos Coreas a Somalia, de Yemen a Iraq, es bastante fcil ver al Comandante en Jefe Dolnald Trump como algo nuevo bajo el sol (cundo l dice Disparados los misiles! suena diferente). Ese ataque misilstico en Siria ha sido el primero (Obama no se atrevi); la bomba MOAB en Afganistn ha sido un gran avance; los ataque con drones en Yemen inmediatamente despus de asumir el cargo han sido un rcord absoluto. En cuanto a esas tropas del ejrcito regular en marcha hacia Somalia, eso no haba pasado en 24 aos! Las bajas civiles en la regin aumentando extraordinariamente!

Podramos decir que se trata de una repugnante exhibicin de esteroides. En ltima instancia, parece la muestra del hombre que, siendo candidato a la presidencia, jur que bombardeara al Daesh hasta hacerlo mierda y que permitira que las fuerzas armadas volviesen a ganar haciendo justamente eso (como dijo, tambin en campaa, dando puetazos en el aire: Los sacudiremos bien! Bum! Bum! Bum!).

Trump ha nombrado a generales en puestos clave de su administracin, levantado las restricciones que tenan sus comandantes para actuar en combate (de ah las cifras cada vez mayores de bajas civiles) y les ha permitido que manden cada vez ms personal militar a Irak, Siria y toda la regin; ha quitado las limitaciones que tena la CIA para realizar asesinatos selectivos con drones y despachado un portaviones a aguas coreanas (acompaado de una fuerza de ataque de tweets y amenazas).

Obviamente, habr ms: seguramente, ms tropas incluso todo un ejrcito para actuar en Siria; un posible moderado aumento de tropas en Afganistn (el ataque con la bomba MOAB puede ser visto como una artera seal del comando estadounidense para mostrar las muchas amenazas que representara Afganistn a un presidente que no le prestara la debida atencin); una intensificacin de la campaa area en Somalia; esto no es ms que el comienzo de lo que sin duda ser una lista ms larga en una presidencia en la que sea o no alguna vez reconstruida con xito la infraestructura civil de Estados Unidos continuar expandindose la bases del complejo militar-industrial.

Institucionalizacin de la guerra y sus generales

Sobre todo, el presidente Trump hizo algo con decisin: concedi poderes a un conjunto de generales en servicio activo o retirados James Perro loco Mattis como secretario de Defensa; H.R. McMaster, como asesor en seguridad nacional; y John Kelly, como secretario de la Seguridad Interior, hombres que ya estaban muy implicados en las fracasadas guerras en todo el Gran Oriente Medio. No siendo Trump un tipo a quien le importe los detalles, los dej para que hagan lo imposible. Lo que hago es autorizar a mis militares, les dijo hace poco a unos periodistas. Les hemos dado autorizacin total; eso es lo que estn haciendo. Francamente, es por eso que han tenido tanto xito ltimamente.

Mientras se acercan los 100 das* de su presidencia, an no se ha realizado una evaluacin seria de las interminables guerras de Estados Unidos ni de cmo librarlas (ni de cmo terminarlas). En lugar de eso, se ha renovado el compromiso de hacer ms de lo ya conocido, ms de lo que no ha funcionado en la ltima dcada y media. Nadie debera sorprenderse por esto si se tiene en cuenta el elenco de personajes que han ocupado puestos de comando en estas fracasadas guerras y han sido claramente incapaces de pensar en ellas en otros trminos que los que han sido indeleblemente grabados en el cerebro de los integrantes del comando superior de las fuerzas armadas inmediatamente despus del 11-S.

Esta nueva realidad vigente en nuestro mundo estadounidense debera, a su vez, darnos una vislumbre de la naturaleza de la presidencia de Donald Trump. Debera ser un recordatorio de que por extraos... est bien, extravagantes... que pueden haber sido sus declaraciones, sus tweets y sus acciones; por catico y familiar [con su esposa, hijos/jas, yernos y nueras entrando y saliendo continuamente de la Casa Blanca] que pueda ser el entorno de su administracin; con lo poco que l puede parecerse a quienquiera que hayamos visto antes en la Casa Blanca; Donald Trump es cualquier cosa menos una anomala de la historia. Todo lo contrario. Al igual que esos generales, Trump es el final de un desastroso proceso, ya se hable del crecimiento de la desigualdad en Estados Unidos como de la emergencia de la plutocracia sin la cual un presidente milmillonario y su gabinete de multimillonarios habran sido algo inconcebible o de la modalidad que la forma estadounidense de hacer la guerra est adquiriendo bajo su mandato.

En lo concerniente con la guerra y las fuerzas armadas de Estados Unidos, nada de lo que pas habra sido posible sin las dos presidencias anteriores. Nada de eso habra sido posible sin la buena disposicin del Congreso para volcar montaas de dinero en el Pentgono y el complejo militar-industrial en los aos que siguieron al 11-S; sin el fortalecimiento del estado de la seguridad nacional y sus 17 (s, nada menos que 17!) entidades de espionaje ms importantes hasta hacer de ellas el cuarto poder extraoficial del Estado; sin la institucionalizacin de la guerra como un rasgo permanente (aunque extraamente distante) de la vida estadounidense, esas guerras en todo el Gran Oriente Medio y regiones de frica que evidentemente no se pueden ganar ni perder, solo prolongarlas hasta la eternidad. Nada de esto habra sido posible sin la progresiva militarizacin de este pas, con unas fuerzas policiales cada vez ms equipadas con armamento importado de los lejanos campos de batalla de Estados Unidos y llenas de veteranos de esas mismas guerras; sin los medios poblados de generales retirados y otros ex comandantes que relatan y comentan las acciones de sus sucesores y protegidos; y sin una clase poltica en Washington de expertos y polticos especializados en la veneracin de las fuerzas armadas.

En otras palabras, sea cual sea el aspecto que pueda tener el Donad Trump original, es la curiosa culminacin de vejas noticias y un pas cambiante. Con todas sus bravatas y jactancias nos es fcil olvidar la extremada militarizacin que le precedi.

Despus de todo, no fue Donald Trump quien tuvo el desmedido orgullo de en la estela del 11-S declarar la Guerra Global Contra el Terror contra 60 pases (el lodazal que deba desecarse en ese entonces). No fue Donald Trump quien fabric falsa informacin de inteligencia sobre las armas de destruccin masiva que supuestamente posea o produca el Iraq de Saddam Hussein o la falsedad de las conexiones del dictador con al-Qaeda, ni quien utiliz ambas mentiras para embarcar a Estados Unidos en una guerra y una ocupacin de ese pas. No fue Donald Trump quien invadi Iraq (da lo mismo si en ese momento l estaba a favor o en contra de la invasin). No fue Donald Trump quien se puso una cazadora de vuelo y se plant sobre la cubierta de un portaviones frente a la costa de San Diego para declarar personalmente que las hostilidades en Iraq haban acabado del mismo modo como haban empezado, todo eso debajo de una estpida pancarta (preparada por la Casa Blanca) que pona Misin cumplida.

No fue Donald Trump quien orden a la CIA que secuestrara a los sospechosos de terrorismo (entre ellos, algunas personas totalmente inocentes) en ciudades y zonas casi despoblabas de todo el mundo y las trasladara a prisiones en el extranjero o a sus clandestinos sitios negros donde pudiera torturarlos. No fue Donald Trump quien hizo que un sospechoso de terrorismo tuviera que sufrir 83 veces en un mes la sensacin de ahogarse (aunque es cierto que se inspir en los informes de esas torturas para proclamar que cuando fuese presidente volvera a utilizar esos mtodos).

No fue Donald Trump quien presidi durante ocho aos los Martes del terror en el Despacho Oval, es decir, los encuentros en los que se discuta la lista de asesinatos de la semana y en los que el propio presidente ayudaba a elegir las personas que la CIA matara con drones, empleando lo que en esencia era la fuerza area privada del presidente, mientras su jefe era elogiado (o criticado) por su prudencia.

No fue Donald Trump quien orden la creacin de una fuerza secreta de 70.000 hombres de elite muy protegidos en el interior de las fuerzas armadas, un personal dedicado a las operaciones especiales que, en los ltimos aos, ha sido enviado en misiones realizadas en la gran mayora de los pases del mundo sin el conocimiento, mucho menos el consentimiento, del pueblo de Estados Unidos. Tampoco fue Donald Trump quien se las arregl para hacer crecer el presupuesto del Pentgono en 600.000 millones de dlares y el presupuesto total de la seguridad nacional en algo as como un billn de dlares o ms mientras la infraestructura civil de este pas envejeca y se deterioraba.

No fue Donald Trump quien perdi aproximadamente 60.000 millos de dlares en el fraude y despilfarro de la reconstruccin estadounidense de Iraq y Afganistn, ni quien decidi construir carreteras que iban a ninguna parte y una gasolinera en medio del desierto afgano. No fue Donald Trump quien mand a la corporacin guerrera para que dilapidara en ese pas ms de lo que se gast en el Plan Marshall acabada la Segunda Guerra Mundial para volver a poner en pie a toda la Europa Occidental. Tampoco orden a las fuerzas armadas de Estados Unidos que volcaran por lo menos 25.000 millones de dlares en la reconstruccin, la reconversin y el rearme del ejrcito iraqu que se vendra abajo en 2014 frente a un nmero relativamente menor de combatientes del Daesh, o por lo menos 65.000 millones de dlares en el ejrcito afgano, cuyas filas volveran a llenarse de soldados fantasmas.

Histricamente, Estados Unidos se ha involucrado en una gran variedad de guerras y conflictos. No obstante, en los ltimos 15 aos, las guerras eternas han sido institucionalizadas y han pasado a ser algo normal en la cotidianidad de Washington que, a su vez, ha sido transformada en la capital de la guerra permanente. En cierto sentido, cuando Donald Trump gan las elecciones presidenciales y hered esas guerras y la capital, lo nico que quedaba del notable universo de la quiebra poltica de Washington eran los generales mencionados ms arriba.

Como el camalen que es, rpidamente Trump tomo el color del mundo militarizado al que haba accedido y nombr a sus tres generales en puestos claves de la seguridad. Aparte de la norma histrica, semejante decisin podra haber parecido una anomala y ajena a la tradicin de Estados Unidos. Sin embargo, eso ha sido as solo porque, al contrario que Donald Trump, la mayor parte de nosotros no nos hemos puesto al da acerca de adnde nos ha llevado en realidad esa tradicin.

Los dos presidentes anteriores han representado puntualmente el papel del guerrero, vistiendo el atuendo militar en sus aos de presidente, George W. Bush pareca el mueco del soldado Joe y saludando a las tropas, mientras los pona por las nubes, como el pueblo estadounidense estaba tambin entrenado para hacerlo. Sin embargo, en la era Trump, son los guerreros quienes hacen de presidente.

No es una novedad que Donald Trump es un hombre enamorado de lo que funciona. De ah que Steve Bannon, su soado estratega durante la campaa electoral, se dice que ahora esta contra las cuerdas como consejero en la Casa Blanca porque, aparte de promocionarse, nada de lo que ha hecho en los primeros 100 das de la nueva presidencia ha funcionado.

Si pensamos en Trump como un camalen entre presidentes, buena parte de esto cobra sentido. Un republicano que ha sido demcrata en importantes periodos de su vida, es pensable que, de haberse barajado el naipe poltico de una manera un poco distinta, podra haber competido por la presidencia en la lista de candidatos demcratas como una versin ms indigenista de Bernie Sanders. Trump es un hombre que ha cambiado una y otra vez para encajar con las circunstancias; en el Despacho Oval est haciendo lo mismo una vez ms.

En el mundo de los medios es de estilo escandalizarse si el candidato que bas su campaa en un conjunto de temas, al asumir la presidencia aun abogando por ellos empieza a apoyar otros bastante diferentes de la relacin con China a los impuestos, de la OTAN al Export-Import Bank. Pero esto no es nada extrao. Donald Trump no es un poltico ni alguien que inicie una tendencia. Si es algo, l es un detector de tendencias (del mismo modo, l no cre los shows en vivo de la TV, ni siquiera participo en su nacimiento. Sencillamente, l perfeccion un formato que ya estaba en boga.

Si el lector solo desea saber dnde estamos en un Estados Unidos que ha estado transitando hacia modelos distintos de sociedad y de forma de gobierno desde hace mucho tiempo, debe observar a Trump. l no es el creador de algo nuevo, en absoluto; l le dice todo lo que usted necesita saber. En la guerra, tambin, l debe ser visto como un camalen. Ahora mismo, en el mbito nacional, la guerra est trabajando a favor de l; sea lo que sea lo que la guerra pueda estar haciendo en el mundo real, por eso l ama la guerra. De momento, esos generales son ciertamente suyos, y sus guerras las que l abraza.

La luna de miel de los generales

Cuando entran en el Despacho Oval, lo normal es que los presidentes gocen de un periodo al que los medios llaman luna de miel. Las cosas van bien. Los elogios se suceden. Los ndices de aprobacin son reconfortantes.

Nada esto consigui Donald Trump. Sus ndices de aprobacin bajaron rpidamente al stano o quizs al refugio atmico; los medios y l estn en guerra, y un intento tras otro de dar cumplimiento a sus promesas de las rdenes ejecutivas sobre deportacin a la revocacin del Obamacare y la construccin del muro ha fracasado completamente. Su administracin parece estar en un interminable caos, el elenco de personajes cambiando semana a semana o tweet a tweet y son pocos los cargos claves de segunda lnea que han sido cubiertos.

Si acaso, en apenas solo un rea Donald Trump vivi la prometida luna de miel. Se podra hablar de ella como la luna de miel de los generales. l les otorg autorizacin total, y los misiles abandonaron los barcos, los drones despegaron y cay la bomba gigante. Incluso cuando los resultados fueron desalentadores, si no desastrosos (como en un ataque en Yemen en el que muri un operador especial, varios nios fueron asesinados y no pudo recuperarse nada de valor), aun as l encontr la manera de vivir un muy elogiado momento presidencial.

Dicho de otro modo, hasta ahora los generales son los nicos que le aseguran jugar en la liga mayor. Por consiguiente, les ha concedido an ms autoridad para hacer lo que quieran, y al mismo tiempo se arrima todava ms a ellos.

Sin embargo, este es el problema: en todo esto hay un aspecto previsible, un aspecto que no juega en favor de Donald Trump. Las interminables guerras de Estados Unidos que hasta hoy han sido libradas por esos generales y otros por el estilo durante ms de 15 aos en una vasta franja del planeta de Pakistn a Libia (e incluso ms profundamente en frica) han dado como resultado el caos: pases fracasados, conflictos cada vez mayores y proliferacin de organizaciones terroristas. No existe una razn para creer que ms actos blicos producirn una dcada y media ms tarde otros tantos resultados positivos.

Entonces, qu sucede? Qu pasa cuando se acaba la luna de miel de la guerra y los generales persisten en su forma de combatir? Los dos ltimos presidentes aguantaron sus interminables y fracasadas guerras, haciendo lo mejor que pudieron. Es improbable que Donald Trump haga lo mismo. Cuando los elogios empiecen a faltar y a aumentar las crticas, y se comience a hacer preguntas, cuidado!

Entonces qu? En un mundo de plutcratas y generales, cul ser el prximo color que adopte Trump? Aparte de Jared e Ivanka, quin quedar?

* El original en ingls de esta nota fue publicado el 23 de abril de 2017. (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176270/tomgram%3A_engelhardt%2C_the_chameleon_presidency/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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