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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2017

Feminismos & Debate sobre Prostitucin
Feminismo y putofobia

Julie Bindel
TribunaFeminista

Sobre las posiciones actuales en el debate sobre la prostitucin entre: el Feminismo radical & el Feminismo liberal/Neoliberal




La primera vez que o la insultante expresin putofobia -que viene a ser estigmatizacin y odio a las mujeres prostituidas- fue en 2005, en una conferencia a la que acud para hablar sobre las violencias infligidas a las mujeres en la industria del sexo. En el transcurso del turno de palabra, una joven feminista me dijo que mi putofobia era un grave problema. Las feministas de la segunda ola odiis a las trabajadoras sexuales, me dijo. Vuestra poltica ya est superada. La acusacin de putofobia se utiliza cada vez ms con fines disuasorios y para acallar cualquier crtica a la industria del sexo.

Es un punto de vista sobre la prostitucin que est avalado por las normas que rigen los espacios seguros universitarios, en las que el alumnado trata a menudo de clasificar la prostitucin como identidad sexual en lugar de algo que se hace a las mujeres ms pobres y privadas de derechos del planeta, con la excepcin de unas pocas, del tipo prostituta feliz, muy conocidas y mediticas. La prostitucin no es sexualidad. Hay una clara diferencia entre orientacin, identidad sexual y prostitucin (una forma de violencia ejercida por los hombres). Las feministas radicales reconocemos esa diferencia, pero para las de la tercera ola todo forma parte de un gran crisol, a menudo llamado queer.

Pensar que yo o cualquier otra feminista que critique la industria del sexo sufrimos una aprensin irracional hacia las mujeres prostituidas es algo que me deja atnita. Esa utilizacin retorcida -como si fuera una condecoracin- de la palabra puta para designar a una mujer prostituida, no es ni ms ni menos que grotesca. Son los hombres quienes determinan quin es puta y las mujeres no podemos reivindicar una palabra que desde su origen nunca fue nuestra. Las sobrevivientes de la prostitucin me la han descrito una y otra vez como una violacin de pago. Los hombres que pagan por sexo compran subordinacin sexual. Si el consentimiento tiene que ser comprado, no es consentimiento.


Conoc centenares de mujeres sobrevivientes y ninguna de ellas se libr de graves formas de violencia, de abusos y de trato degradante en su paso por la prostitucin. Tambin llevo entrevistados a montones de puteros y todos muestran actitudes de desprecio hacia las mujeres. Y por qu no? Para tratar a una mujer como una mercanca, primero hay que deshumanizarla.

Cundo empezaron las feministas a apoyar esas estructuras y esas prcticas que son indisolublemente causa y consecuencia de la opresin de las mujeres? Las ms jvenes, las feministas de la tercera ola, se muestran hoy en da ms propensas a sentirse ofendidas por las abolicionistas que luchamos por acabar con la industria del sexo que con el proxenetismo y la compra de sexo. Montones de intelectuales que se autodefiniran progresistas insisten en que el trabajo sexual es empoderante y pura y simple eleccin personal. Mientras que las feministas radicales entendemos que las mujeres somos una clase y nos empeamos en desmantelar la opresin estructural ejercida por la supremaca masculina, las feministas de la tercera ola o liberales ven a las mujeres como entidades sin conexin con elecciones puramente individuales.

Las liberales tienden tambin a centrarse en las opciones disponibles que tenemos las mujeres en lugar de hacerlo en las que nos son negadas. Es un sofisticado argumento poltico carente de sofisticacin y poltica. Sin embargo -qu curioso-, lo acepten o no, los hombres s que estn capacitados para hacer causa comn: pocas cosas unen tanto a los hombres como la violencia que ejercen contra las mujeres. Tampoco es de extraar que las feministas que se forman polticamente en la universidad se empapen de esa cultura poltica neoliberal de la eleccin. Existe una hostilidad declarada entre universitarias pro-prostitucin y quienes se desvan de la lnea pro-prostitucin.

Esas personas con titulacin universitaria que defienden el comercio sexual no son seres inofensivos que viven en sus torres de marfil y publican cosas que nadie lee. Son, al contrario, activistas influyentes que utilizan su posicin y sus credenciales acadmicas para influir en las polticas sociales en materia de prostitucin desde su calidad de integrantes de organismos de investigacin nacionales e internacionales. Es muy preocupante que las investigaciones sobre la industria sexual centradas en la ideologa -y no en pruebas empricas acadmicamente slidas- acaben por influenciar el discurso con consecuencias perniciosas para las mujeres y las nias pero favorables, en cambio, para quienes se benefician de ese sistema de violencia.

He dedicado estos dos ltimos aos a investigar la industria del sexo a nivel mundial para mi prximo libro y he viajado alrededor del mundo, entrevistando a casi 250 personas, entre las que se cuentan sobrevivientes de la prostitucin, activistas pro derechos de los trabajadores y las trabajadoras sexuales, proxenetas, compradores de sexo y mujeres y hombres que lo venden.

El movimiento abolicionista liderado por sobrevivientes va en aumento y ya son varios los pases que recogen legislativamente sus reivindicaciones, penalizando a quienes crean la demanda de prostitucin en lugar de penalizar a las que se encuentran atrapadas en ella.



Traduccin:Berta O.G. / @Omnia_Somnia


Ttulo original: Whorephobia isnt a threat to feminism but ignoring the abuse of women is. If consent has to be bought, it is not consent Publicado en: http://www.independent.co.uk/voices/whorephobia-queer-feminism-fourth-wave-sex-work-prostitution-a7631706.html

Fuente en castellano :http://www.tribunafeminista.org/2017/04/feminismo-y-putofobia/

 


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