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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2017

La precariedad tiene rostro de mujer

Nuria Alabao
CTXT

El mbito laboral es el espejo de una sociedad desigual. El porcentaje de trabajadoras pobres en Espaa es el ms alto de la UE, solo superado por Rumana. Por qu las mujeres cobran menos que los hombres y a quin beneficia?


Trabajadoras de una fbrica de fsforos en Londres en 1871. THE GRAPHIC

Las cifras de desigualdad salarial saltan de vez en cuando a las noticias y nos dejan en shock: las mujeres cobran entre un 20 y un 25% menos que los hombres. Pero qu significan realmente estas cifras y por qu sucede esto?

A veces la brecha salarial se mide como la diferencia entre el salario medio de los hombres y el de las mujeres y ya sabemos que las medias pueden esconder situaciones muy diversas. Estas cifras, por tanto, no quieren decir que a igual trabajo cobremos un 25% menos. Aunque si tomamos por ejemplo la media por hora trabajada, sigue siendo alta: casi un 15%, segn el ltimo Eurostat. Un informe reciente de la UGT concluye que las mujeres cobramos menos en la mayora de sectores, en todos los niveles educativos, con cualquier tipo de contrato y de jornada. En teora, los convenios colectivos impiden la discriminacin salarial pura y dura, pero todava se da que a mismo trabajo, diferente sueldo. Primero, porque se reconocen de forma distinta empleos que tienen igual valor, segn estn realizados por hombres o por mujeres, pero tambin porque se premian con complementos salariales unas tareas en detrimento de otras o se pagan de forma distintas las horas extra.

Lo que indican los nmeros, y cualquier dato que haga referencia al gnero en el mbito laboral, es que la desigualdad est instalada en nuestra sociedad y se reproduce muy especialmente en el mundo del trabajo. As, una parte importante de esta diferencia nos indica que la precariedad se ceba ms en las mujeres. O sea, si los empleos estn cada vez ms degradados, con salarios ms bajos y ms inseguridad, podemos estar seguras de que los peores lugares de la jerarqua laboral son femeninos. As, el 72% de las jornadas parciales en Espaa lo ocupan mujeres y la mayora no lo ha elegido, sino que no ha encontrado otra opcin el 58%. Con estos minijobs ya sabemos que no se puede vivir, es decir, tener un trabajo, ya no garantiza salir de la pobreza. El porcentaje pues de trabajadoras pobres en Espaa es el ms alto de la UE, tan solo superado por Rumana.

En la carrera de los indicadores, tambin quedan las ltimas. Por ejemplo, este primer trimestre la tasa de paro femenina se increment hasta el 20,5%, mientras que la masculina se mantuvo en el 17,2%. Y es que la posibilidad de embarazo y los permisos de maternidad todava implican desigualdad a la hora de encontrar trabajo. Otro triste rcord gracias a las ltimas reformas laborales del PP es que somos el pas de Europa con ms trabajos temporales. Otra vez, de mayora femenina y sigue subiendo, casi el 80% de los contratos firmados por mujeres son temporales. Temporalidad, jornadas parciales e inestabilidad en el empleo cctel perfecto para presionar a la baja los salarios. A los empresarios, sobre todo del sector servicios donde ms se concentran las mujeres les beneficia.

De hecho y aunque afecta a todos los sectores muchas de las externalizaciones a empresas multiservicios realizadas por empresas para deshacerse de trabajadoras contratadas y de los convenios colectivos afectan a mujeres. Las Kellys las que limpian los hoteles han tenido xito a la hora de denunciar esta situacin por la que han visto descender sus salarios y aumentar horas de trabajo en peores condiciones. Hemos visto sus bolsos llenos de pastillas para poder seguir el ritmo de un trabajo infernal que sufren en sus cuerpos doloridos.

Los trabajos de las pobres

La mayora de la fuerza laboral femenina se concentra en aquellas ocupaciones que tienen relacin con los roles y estereotipos que tradicionalmente se nos han atribuido como cuidar, limpiar, o aquellos trabajos que implican emociones. Lo ms curioso es que muchas de estas labores se menosprecian precisamente porque las desarrollan mujeres. Cuando un trabajo se feminiza, es decir, pasa a ser realizado mayoritariamente por mujeres, sistemticamente empeoran sus condiciones laborales y de estatus. Es decir, bajan sus salarios tambin.

Ahora mismo, estos se dan en el sector servicios cocineras, camareras, limpiadoras, camareras de pisos, cajeras de supermercado, teleoperadoras o en el de cuidados trabajadoras domsticas, cuidadoras, nieras como comprobamos en la ltima Encuesta de Poblacin Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadstica (INE). La expansin de estas ramas nos indica que la creciente participacin de la mujer en el mundo laboral se debe, al menos en parte, al hecho de que se han trasladado al mundo laboral actividades que antes las mujeres realizaban gratis o como criadas infrapagadas.

Los trabajos que estn ms degradados, adems, son aquellos ms invisibles. El caso ms evidente es el de las trabajadoras domsticas en el que todava hoy se emplea una parte muy importante de la fuerza laboral femenina, muchas veces sin contratos, sin horarios, sin derechos. Muchas de estas trabajadoras domsticas son inmigrantes, porque la ley de extranjera las hace todava ms vulnerables. Si eres mujer y migrante, tienes muchas posibilidades de estar en lo ms bajo de la escala social.

Pues parece que s. Todava hay trabajos de mujeres y de hombres, y estos trabajos feminizados tienen peores condiciones laborales porque debido a condiciones estructurales, ahora y en el pasado, las mujeres tienen menos posibilidades de eleccin y ms presin para desempear trabajos mal retribuidos. Tambin, por supuesto, y esto es importante, porque tienen que combinarlos con el trabajo invisible en el hogar. As, las carreras de las mujeres son ms intermitentes debido a las labores de limpieza y cuidados que tienen que ejercer con nios, ancianos y dependientes.

Algo de historia

Histricamente las mujeres han tenido que hacer ese trnsito continuo entre el trabajo pagado y el no pagado, con todas las dificultades que eso entraa. Mientras que los hombres se han limitado a la esfera del trabajo remunerado. Como explica Nancy Fraser, esta divisin entre trabajo productivo y reproductivo en el hogar se produjo desde la era industrial. Fue entonces cuando la masa laboral masculina fue salarizada, mientras que las actividades reproductivas se retribuyeron con la moneda del amor y la virtud. Pero en el mundo que inaugur la revolucin industrial, en el que el dinero se convirti en el principal medio de poder, quienes se quedan encargadas del trabajo no pagado quedarn estructuralmente subordinadas a aquellos que s tendrn retribuciones monetarias. Este es el origen de la desigualdad.

Las mujeres cobrbamos menos que los hombres porque se supona que nuestro lugar era el hogar y los salarios ms bajos se justificaban porque se consideraban un suplemento al del marido o el del padre, lo que garantizaba la subordinacin. Aunque esta imagen no dejaba de ser un mito que no se corresponda con la realidad vivida por muchas mujeres: tanto solteras como casadas sobre todo de clase obrera que trabajaban en proporcin mucho mayor que la indicada por las estadsticas y a veces eran cabezas de familia.

Esto tendr su correlacin en el mundo laboral, como explica Ulla Wikander en De criada a empleada: Poder, sexo y divisin del trabajo (S.XXI,2016), entre las dcadas de 1960 y 1980, al producirse la gran irrupcin de la mujer en el mundo del trabajo fuera del hogar, el mercado laboral ya haba sido estructurado segn el sexo biolgico mediante un proceso que haba durado siglos. Y si la divisin laboral segn gneros demostr ser muy ventajosa para los patronos, ser la ley la que fijara la base de esta subordinacin al hombre en el mbito del trabajo. Por ejemplo, durante el periodo de entreguerras, la prohibicin del aborto y de las medias preventivas del embarazo fue de la mano de las restricciones del trabajo femenino en el mercado laboral. As como hoy, los hogares han sostenido el recorte de gasto pblico en servicios sociales y de cuidados ley de dependencia, guarderas, residencias, educacin, salud, etc. y estn condenando a las mujeres a asumir todas esas tareas extra. Las que pueden, a su vez, externalizan esos cuidados contratando a otras mujeres, generando uno de esos trabajos feminizados mal pagados.

Pero si algo nos ensea la historia del feminismo es que se pueden conquistar derechos formales al mismo tiempo que perdemos terreno en el mbito laboral. Hoy, el empeoramiento de las condiciones de trabajo de las mujeres durante la crisis as lo indica. Tambin sabemos con certeza que cada una de las conquistas en relacin con la igualdad de gnero ha tenido que ser peleada con fiereza por las mujeres. Por tanto, quizs es tiempo de poner en el centro de la lucha feminista otra vez la cuestin laboral y su relacin con la clase.

@NU_ALABAO

Fuente: http://ctxt.es/es/20170426/Politica/12450/mujeres-trabajo-precariedad-laboral.htm



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