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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2017

Feminismos & Clases sociales
Hay distintas clases sociales entre las mujeres. Y por lo tanto diferentes feminismos

Vicen Navarro
http://www.attac.es

Este artculo se refiere a las diferencias por clase social que existen entre las mujeres y sus implicaciones en el desarrollo de polticas pblicas relevantes para las mujeres (y para los hombres).


Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente cmo se expresa tal machismo. No es, pues, de extraar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo).

La bienvenida concienciacin de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, tambin viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ah la pluralidad de movimientos feministas. Qued ello claro hace varios das en un hecho que adquira gran visibilidad meditica en EEUU, y que ocurri en la Harvard University, el centro acadmico con ms recursos, ms rico y ms poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en endowment (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos).

Las matrculas de los estudiantes son una parte muy minscula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversin ms importantes del pas. El hecho que sea un centro educativo es una actividad ms que le da nombre, pero la mayora de sus fondos se obtienen a travs de las inversiones de su endowment. La riqueza de recursos es, pues, su caracterstica principal. Dicha universidad es tambin donde parte de la lite de EE.UU. se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EE.UU., es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (liberal en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra liberal en EE.UU. quiere decir socialdemcrata o socialista, de los cuales hay muy pocos en Harvard.

Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de informacin espaoles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilizacin del trmino liberal, crea una confusin enorme en la audiencia de tales rotativos). El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres.

Ahora bien, en 1977 tomaron la decisin de intentar parecer ms modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de lite, como fue el caso del estudiante Obama, que lleg a ser presidente del pas), ms tarde a latinos y, ltimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista. Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurri recientemente cuando el que haba sido ministro de Hacienda de la Administracin Clinton, el seor Larry Summers fue nombrado, por el Executive Board de tal universidad, presidente de la Universidad.

En una entrevista, dicho seor Summers dijo que el hecho de que no hubiera ms mujeres que fueran catedrticas en disciplinas cientficas como fsica o qumica, se deba segn l- a razones biolgicas, es decir, que las mujeres no eran hbiles para tales ciencias.

El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta

El escndalo que tales declaraciones crearon fue maysculo, de manera que el Executive Board de la Universidad rpidamente indic que nombrara a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurri. Se nombr como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, adems de ser mujer, una conocida feminista entre la comunidad cientfica que haba animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo as con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado prcticamente por la mayora de las asociaciones feministas de EE.UU.

El feminismo popular

Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compaa Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los ms exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo acadmico de tal ciudad). Tal hotel el ao pasado consigui uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayora de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor nmero de habitaciones a limpiar por da y mayor nmero de accidentes. Durante ms de tres aos tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podran defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo.

Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos aos. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EE.UU., figuras del establishment poltico-meditico del pas, ignoraron estas peticiones. En un interesante artculo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment poltico-acadmico-meditico estadounidense, no representaban los intereses de la mayora de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas.

El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareci tambin en la definicin de sus intereses. La realidad es que la integracin de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares. Y ello apareci tambin claramente en las ltimas elecciones a la Presidencia de aquel pas. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Demcrata intentara movilizar a las mujeres presentndose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayora de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialista, apel al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptacin y atractivo para las clases populares. Clase social, despus de todo, contina siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino tambin en el mundo de la mujer.

Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular


Y esto ocurre tambin en Espaa. La evidencia cientfica existente muestra claramente que, en Espaa, aquellos servicios del Estado del bienestar que estn menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia mal llamadas guarderas en nuestro pas- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El dficit en el desarrollo de tales servicios en este pas es enorme. Y en Espaa cuando decimos familia queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los pases del sur de Europa (donde las derechas han sido histricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido histricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el nmero de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22.

En Espaa, la proporcin es de 42 versus 8. Ah radica el escassimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer espaola tiene tres veces ms de enfermedades debidas al estrs que el hombre. Y la mujer ms afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ah que la mayora de encuestas muestren que, adems de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas ms comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios.

Es urgente que los partidos polticos que estn enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalizacin de tales servicios en Espaa. Espaa (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciacin de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. As de claro.

Fuente:http://www.attac.es/2017/04/16/hay-distintas-clases-sociales-entre-las-mujeres-y-por-lo-tanto-diferentes-feminismos/



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