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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2017

El capitalismo posliberal

​Jorge Majfud
Rebelin


La historia est llena individuos que un da se convierten en sus propios antagnicos: amantes que se odian, ngeles que caen del cielo a los abismos ms oscuros, moderados que se vuelven fanticos y fanticos que se pasan al bando opuesto.

La historia de las civilizaciones registra casos similares pero rara vez alguien puede observar la direccin desde la breve experiencia de la vida propia. Con frecuencia, cuando los vientos soplan hacia el Este, el huracn se dirige hacia el Oeste. Durante gran parte de la Edad Media, la civilizacin islmica fue el centro de la racionalidad sobre la autoridad intelectual mientras la Europa cristiana se entretena en las explicaciones religiosas de los fenmenos naturales y se basaba en el arbitrio de la autoridad para liquidar cualquier discusin. La tolerancia hacia las otras grandes religiones era ms comn en el mundo musulmn que en el mundo cristiano.

Pero en cierto momento de lo que luego se llamara Renacimiento los roles comenzaron a cruzarse hasta alcanzar, en muchos casos, una situacin inversa a la existente en la Edad Media.

Lo mismo ocurri a una escala menor con los partidos polticos: En Estados Unidos, los republicanos eran los liberales y los demcratas los conservadores el sur esclavista hasta que cambiaron de roles y hoy se odian por sus valores supuestamente contrarios. En Amrica latina no son raros casos similares donde la izquierda liberal del siglo XIX pas a representar los intereses y narrativas de la derecha liberal del siglo XX.

En todos los casos vemos un factor comn: una sostenida lucha antagnica desde lo militar hasta lo dialectico, lo que recuerda una observacin de Jorge Luis Borges: hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina parecindose a ellos.

Es probable que en nuestro presente estemos (1) inmersos en un punto de cruce semejante, donde Oriente y Occidente se intercambian roles o (2) como anotamos ms arriba, solo se trate de un ciclo menor (una reaccin) con direccin contraria al sper ciclo.

En casi todo el mundo, las democracias liberales estn teniendo problemas econmicos. No se trata tanto de que estn sumidas en la pobreza sino de que sus crecimientos son inferiores a los registrados por los pases con sistemas menos democrticos y, en casos, el crecimiento de sus economas no es suficiente para sostener sus actuales niveles de vida.

Lo contrario ha estado ocurriendo con pases comunistas como China o Vietnam. Singapur, una sociedad diversa, multi religiosa, con los mayores ndices de desarrollo social y econmico del mundo, no califica para democracia plena. Al menos segn el estndar occidental. Incluso la China liberal, Hong Kong, empieza a perder terreno competitivo con Shenzhen, su vecino comunista. Estos pases comunistas han adoptado un capitalismo de mercado ms globalizado mientras las democracias liberales se mueven en el sentido contrario hacia la antiglobalizacin, los nacionalismos y nuevas propuestas proteccionistas. En el medio, las democracias iliberales de Putin en Rusia, Erdogan en Turqua y Orban en Hungra.

Estados Unidos, Europa y Japn ya perciben el declive de sus hegemonas y reaccionan negando la realidad con sus nacionalismos ms autoritarios, menos liberales, en nombre de la seguridad y la restauracin de un pasado que no puede volver sin causar ms declive aun.

Un aspecto crtico de este cambio de roles, en cuanto a su manifestacin econmica, consiste en el factor predictibilidad. Irnicamente (aunque no es una contradiccin), los capitalistas estn hoy ms seguros con gobiernos comunistas, como el chino, y menos con gobiernos capitalistas. No el resto de la tradicin liberal, si consideramos que quienes no poseen grandes capitales todava consideran que hay ciertos valores, como la libertad de expresin y otras libertades que no se dan en China y su xito econmico no justifica perderlas.

Este grupo suele ser identificado en Estados Unidos y en Europa con las izquierdas (antes acusadas de lo contrario) mientras que las derechas, fortalecidas por el sentimiento de frustracin, se refugian en un nacionalismo dispuesto a cambiar ciertas libertades y ciertos valores (como la diversidad y el cosmopolitismo) por un supuesto renacimiento o una supuesta recuperacin de sus pases. Nada de esto preocupaba tanto cuando las economas iban mejor y, sobre todo, cuando no se perciba el declive, la prdida del poder hegemnico o imperial, cuando los pobres eran los comunistas o los pases del tercer mundo (que tambin eran capitalistas pero dependientes servidores del centro).

La relacin del capitalismo con las democracias siempre fue una relacin de inters, no de amor, pero hoy podemos ver un capitalismo postdemocrtico sin prejuicios. Hay algo que todava tiene en comn con el capitalismo moderno y posmoderno: aunque todava elogia el espritu de riesgo de sus individuos, detesta la imprevisibilidad, eso mismo que las todava democracias liberales han demostrado sufrir en un alto grado. s

De hecho, es un valor que el presidente Trump se ha encargado de destacar en su persona, mucho antes de ser elegido presidente. Es un valor del hombre de negocios que regatea y presiona, pero un arma peligrosa, tal vez suicida, para un presidente. En sus primeros cien das de gobierno, Trump se ha dedicado a revertir todas las polticas y logros del presidente anterior, desde las reformas al sistema de salud hasta los acuerdos comerciales internacionales. Lo mismo puede ocurrir en cualquier pas de Europa.

Dese un punto de vista democrtico no parece mal: las sociedades deben tener la opcin de cambiar aunque, por lo general, sea solo una ilusin necesaria. Sin embargo, para bien o para mal, toda esa imprevisibilidad de hacer y deshacer significa ms de lo mismo: las actuales democracias liberales son tan imprevisibles que no se puede confiar ni en sus propios acuerdos. Los pases que negocian con ellas negocian con hombres y mujeres que estn en el poder cuatro u ocho aos y luego son reemplazados sistemticamente por un antagnico, ya que la insatisfaccin de la poblacin es cada vez ms frecuente.

Segn un estudio reciente de los profesores Stephen Broadberry y John Wallis (Growing, Shrinking and Long Run Economic Performance) el factor que explica el aumento del crecimiento econmico en los ltimos siete siglos no se ha debido a la mayor produccin sino a las menores recesiones y, segn los datos extrados de un estudio posterior, este fenmeno no se explica por factores demogrficos o por las grandes invenciones sino por la capacidad de las cortes de resolver disputas basadas en reglas previamente establecidas. Es decir, predecibles.

Ms all de muchos otros factores (como la justicia de reglas establecidas por los vencedores a escala social e internacional), parece an menos discutible el hecho de que la previsibilidad es lo que atrae a los dueos del dinero, tambin en nuestro mundo posliberal. Es ah donde los pases no democrticos de Asia se benefician de una mayor apertura y liberalizacin econmica mientras que las democracias liberales corren la suerte contraria.

Una posible consecuencia a largo plazo puede ser un corrimiento an mayor de Oriente hacia sociedades ms democrticas y abiertas al tiempo que Occidente decide moverse en sentido opuesto, lo que confirmara lo anunciado en El lento suicidio de Occidente (2003)

La otra posibilidad es nuestra mayor esperanza: que Occidente reaccione y no se deje seducir por lo peor de s mismo. Ejemplos tiene de sobra en su propia historia.

Ambas posibilidades estn ah, vivas, latentes. Tal vez todo dependa de una de las mayores virtudes humanas, que es tambin su mayor peligro: la libertad de tomar sus propias decisiones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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