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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2017

El poeta Antonio Orihuela presenta Diario del cuidado de los enjambres en la Llibreria Ramon Llull de Valencia
Poesa de barro y conflicto

Enric Llopis
Rebelin


Lisandro Rodas fue un carpintero afiliado a la Federacin Obrera Local de Bolivia, organizacin anarcosindicalista que alcanz su apogeo a finales de los aos 20 del pasado siglo. Su compromiso sindical le llev a varios exilios y confinamientos. En una de sus huidas de las fuerzas del orden, Lisandro Rodas se escondi en las montaas bolivianas, entre los indios mosetenes. La sociedad que all descubri careca de dios, leyes, monarcas, matrimonio y propiedad privada. Es decir, la perfecta utopa anarquista, por lo que se qued a vivir con los indgenas. El poeta y ensayista Antonio Orihuela (Moguer, Huelva, 1965) incluye este breve relato en Diario del cuidado de los enjambres (Enclave), publicado en abril de 2016 y presentado el dos de mayo en la Llibreria Ramon Llull de Valencia. Es uno de los pequeos relatos o historias que el escritor, profesor y doctor en Historia se ha encontrado en el camino, y que recoge a la manera de Eduardo Galeano.

El autor prefiere para la cabecera del texto la expresin enjambre, pues considera que de esa manera todo permanece abierto y por construir, frente a las implicaciones del trmino colmena, en la que la realidad aparece definitivamente estructurada y jerarquizada. Diario del cuidado de los enjambres es una antologa de textos publicados en otros ensayos y poemarios de Antonio Orihuela (ms de 40), salvo algunos breves relatos en prosa y los poemas visuales. Algunos de estas pequeas historias provienen del mundo real. Hace unos aos en Extremadura, una editorial le invit a participar en una coleccin de poesa. Pero descubri que la empresa editora contaba con financiacin de la central nuclear de Almaraz. El escritor pidi entonces el poemario que haba entregado a la editorial, y propuso la entrega de otro, titulado Cerrar Almaraz. Finalmente Antonio Orihuela public el libro inicial en otra casa editora. Siempre tenemos una responsabilidad sobre dnde escribimos y dnde dejamos que nos encierren, concluye el autor.

En 2016 el poeta onubense public La caja verde de Duchamp y otras estampas cifradas (El Desvelo), M. (Calumnia) y Muerte es la palabra (Amargord). En Diario del cuidado de los enjambres revela alguna de las claves de su potica: La poesa es un incendio,/por eso no da para vivir,/da para arder,/no escribas,/arde en ella. El autor se integra en el movimiento llamado poesa de la conciencia crtica y desde 1999 coordina anualmente los encuentros de poesa Voces del Extremo. En Arder recopil dos dcadas de produccin potica. Adems en su obra destacan ttulos que avanzan el contenido conflictivo de los poemas y ensayos: Cosas que tiramos a la basura, El amor en los tiempos del despido libre, La ciudad de las croquetas congeladas, Lo que piensa la ballena del arponero o La voz comn. Una potica para reocupar la vida. En un artculo publicado en la revista El Viejo Topo Poesa y compromiso en la Espaa actual (septiembre de 2016)- el crtico literario David Becerra Mayor recoge las consideraciones de otro poeta y crtico, Alberto Garca-Teresa, sobre la corriente en la que se inscribe Antonio Orihuela: Estos poetas adoptan una perspectiva de clase social incluso cuando tratan temas de naturaleza ntima, como el amor. El conflicto social atraviesa por entero sus poemarios.

En los versos de Pulcritud, Antonio Orihuela pone el ejemplo de la potica a la que no aspira: Este poema lleva corbata./Este poema fue escrito de rodillas. Un texto lmpido y exento de barro y compromiso: En este poema no hay sitio para la mugre./Ni el sudor, ni los malos olores, ni la basura tienen sitio en este poema./En este poema no se permite la entrada a vagabundos,/heridos, sedados, dopados, indignados,/cobradores del frac o parados. Otras veces ha escrito sobre el Tardocapitalismo como proyecto lingstico: No lo llames competencia porque es monopolio./No lo llames derecho al trabajo porque es permiso de trabajo./No lo llames informacin porque es publicidad. Y tambin No lo llames emprendedor porque es empresario, No lo llames accidente laboral porque es terrorismo empresarial.

El poeta ha explicado en la Llibreria Ramon Llull que en su ltimo libro figuran poemas de la decepcin: Esa nueva poltica que termin siendo una bandeja en el Congreso con dos coca-colas; o tambin varios diputados electos, y una plaza vaca. Dice Antonio Orihuela que como nos negamos a construir nuestra propia vida, la televisin lo hace por nosotros. Para ello se disean parrillas con concursos donde se pregunta por el primer apellido de la mujer del prncipe, o pelculas de accin, contenidos asociados a las drogas, la religin y el terrorismo, de manera que nadie se extrae cuando lleguen las apelaciones a la Ley y el Orden. Al hilo de estas crticas, el filsofo, poeta y matemtico Jorge Riechmann insiste en las dificultades de la poesa para el discurso propositivo, pues pudiera parecer que los versos actan siempre a la contra. No te dejes engaar, slo en la lucha hay dignidad; la cancin de lo real no est en la realidad, afirma el poeta de Moguer, que desgrana su antologa ante el pblico de la librera valenciana.

Dice adems que cuidarse y tocarse, acciones cotidianas en el mundo mediterrneo, permanecen casi prohibidas en el mbito anglosajn. Pero no sabemos hasta cundo, porque Hollywood hace mucho dao. En la obra de Antonio Orihuela figuran ensayos como Poesa, pop y contracultura en Espaa (2013). Tambin ha publicado versos sobre el hocico fro de los perros. Nuestro deber es mantener ese sueo que se hace luz en el desierto, afirma. Con esta idea, escribi junto a Jorge Riechmann el poema Juegos de magia contra el capital, que puede leerse como un programa de vida alternativa: Para que no siga creciendo el pramo, aplazarnos./Para que nazca el asombro de lo sencillo, demorarnos./Para reconocernos igual a cualquier otro en la lumbre de cada cosa, dilatarnos./Para que se extienda el azar verde de todo lo milagroso, retrasarnos./Rezagarnos, llegar tarde, no llegar./Quedarnos, errabundos, por las plazas,/pensativos en el espectculo de las ventanas,/perdidos en las calles como si las mirramos por primera vez.

Otro de los motivos a los que ha dedicado versos es la derrota, vista como la obsesin por incrustarse en esa categora llamada clase media. Ya que nadie quiere a otro poeta, afirma en uno de sus textos, apaga la televisin, deja a todos all abajo y se sube a disfrutar de la siesta, con la mandbula crispada por la lucha de clases. Y se evapora al igual que un da se esfum el proletariado: Ms goles, ms ajustes, ms petrleo y ms sangre. Pobre pobretariado, lamenta Antonio Orihuela. Hablar de ftbol, beber cubatas y decir que ests hasta los cojones de la poltica para terminar votando a la ultraderecha.

Sobre los sueos, no pueden ser los nuestros si los conduce la televisin; porque entonces no nos liberan de nada. De vibrante actualidad son las palabras en torno a la subjetividad del poeta; se queja de que su existencia est presidida por la tristeza, el tedio y el orden: Vivo en una reunin permanente de solitarios, somos el partido de lo virtual. En el mundo de Internet y las redes sociales, escribe Antonio Orihuela, s t mismo en el simulador. Hay opciones para todos: el chat para el que no tenga con quin hablar, Twitter para quien se cree muy listo Y una advertencia final: Cualquiera puede ser un lder, ten cuidado contigo.

Toda la crudeza y el rigor del sistema se pone de manifiesto en el poema Tu vida est en venta, rbala!, que dice as: Presente de migajas./Qu estamos haciendo?/El futuro se escapa para la humanidad./Animales en granjas de exterminio./Peces muertos/flotando en la corriente laboral./Mercancas en manos de un reloj./Tteres del dinero./Animales a domesticar en una enferma sociedad./No te dejes engaar./Tu vida no es tuya./No te dejes engaar. La tristeza de los zoolgicos alcanza tambin a la existencia humana, afirma el poeta: El zoolgico/debera ser elevado a la categora de metfora del capitalismo./Animales encarcelados/trabajando de ocho a tres y de cuatro a nueve,/y si no tienes xito con las visitas/al matadero. Tal vez exhale cierta resignacin y aires de derrota el poema Estadstica: En Espaa, las diez horas de la jornada laboral/se ren del Estatuto de los Trabajadores,/pero/transcurridas,/los obreros salen de los tajos,/suben a sus coches,/entran en los bares,/llegan a casa,/besan a sus hijos,/encienden la televisin,/y se enfran,/ se enfran,/se enfran.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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