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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2017

La batalla de Francia: el odio a la Repblica

Manolo Monereo y Hctor Illueca
Cuarto Poder


La candidata por el Frente Nacional, Marine Le Pen (izda.) y su rival, el socioliberal Emmanuel Macron (dcha.), poco antes de iniciar el debate televisado por el canal pblico nacional este 3 de mayo. / Eric Feferberg (Efe)

Nunca he credo que amar a la patria impidiera amar a sus hijos;
tampoco comprendo que el internacionalismo del espritu o de
las clases sea irreconciliable con el culto de la patria. O, ms
bien, cuando interrogo mi conciencia, me doy perfecta cuenta de
que esta antinomia no existe. Pobre corazn el que se prohbe
albergar ms de una ternura!
Marc Bloch (La extraa derrota)

Se trata de esto, de odio, de un odio viejo y antiguo que se acenta con los aos y que hoy parece hacerse irreversible. El odio es a la anomala francesa, a la singularidad francesa, a su especfica relacin entre Estado y sociedad y, sobre todo, al republicanismo, a unos valores basados en la igualdad, la libertad y los derechos de ciudadana. Por qu? Las lites francesas y las lites dominantes en la Unin Europea llevan aos intentando liquidar un especfico modo de ser, de estar y de organizarse del pueblo francs. Molesta, especficamente, el tamao y dimensin del Estado, los mecanismos de regulacin del mercado y los derechos laborales conquistados. Molesta la rebelda subyacente, la capacidad de resistencia que se le supone a un pueblo al que se teme y al que se desprecia. Molesta la Francia surgida de la Resistencia, la Francia de los das gloriosos y de las conquistas del Estado del bienestar. Molesta la Repblica.

No se trata de idealizar el pasado. Todo lo anterior, lo sabemos sobradamente, ha sido erosionado, disminuido, limitado, pero sigue vivo y basta movilizarlo con honestidad para que se organice y se convierta en una opcin poltica real. Jean-Luc Mlenchon es el mejor ejemplo de lo que acabamos de decir y, si se nos permite, Marine Le Pen es tambin un reflejo de esto. No hay que confundir las causas con los efectos. Las lites dominantes llevan aos intentando imponer un nuevo rgimen poltico contra la Francia republicana. Llevan aos criticando la burocratizacin, el conservadurismo de la sociedad, los excesos de la democracia, la baja competitividad y, sobre todo, la dotacin de derechos y libertades conseguidos por las clases trabajadoras.

El combate ha sido y es dursimo. Tanto la derecha como la izquierda socialdemcrata lo han intentado una y otra vez y no han podido lograrlo, fracasaron en su empeo de hacer irreversible el neoliberalismo. Ya no es posible ocultar que la clase poltica francesa es contraria su pueblo, a los deseos mayoritarios, a las aspiraciones de las personas comunes y corrientes que reclaman ms Repblica, ms Estado, ms seguridad social, ms derechos laborales y sindicales, defensa de la soberana popular y de la independencia nacional. Nada nuevo, por lo dems. Son las bases de un contrato social que funda y organiza una repblica. A estos derechos conquistados se les califica hoy de frenos al progreso, de incapacidad para adaptarse a la modernidad, a la globalizacin, a una Unin Europea hegemonizada por Alemania. Es lo que los medios, con sugerente unanimidad, llaman la Francia conservadora, la Francia atrasada. Una Francia profunda convertida en una anomala de la Europa neoliberal abierta al mundo y dominada con mano de hierro por la gran Alemania.

Definitivamente, el gobierno de Hollande se ha superado a s mismo: ha destrozado al Partido Socialista y ha engendrado a un poltico como Macron, que viene a poner fin al rgimen republicano tal como lo hemos conocido hasta el presente. No hay que olvidarlo, aunque desgraciadamente se olvida. El de Hollande ha sido el gobierno de la autoderrota de la izquierda y el inicio de lo que podramos llamar la tendencia irreversible a la norteamericanizacin de la vida pblica europea. El actual presidente francs, no solo ha incumplido sus promesas electorales, sino que ha cambiado varias veces de proyecto y de posicin durante su mandato. No es casualidad que en el giro derechista que supuso el gobierno de Valls estuviera ya incrustado Macron.

Nunca salen las cosas como se piensan, pero es evidente que el joven financiero formado en la casa Rothschild entendi a la perfeccin el sentido de la jugada poltica y se vio con capacidad para protagonizarla l solo, sin dependencias de aparatos partidarios, creando su propio movimiento y dirigindose al pueblo directamente y sin intermediarios. Operacin populista de manual; el mejor, el ms sabio, siempre acaba haciendo populismo mientras acusa a los dems de practicarlo. La otra cara se oculta, pero tampoco conviene olvidarla: el apoyo unnime de la gran patronal y sus poderosos medios de comunicacin; el apoyo del presidente socialista y de una parte sustancial del Partido Socialista; el apoyo claro, ntido, de las instituciones europeas y, sobre todo, de la jefa del gobierno alemn, Merkel. Macron no est solo ante el peligro, viene acompaado de una enorme fuerza que supone una amenaza inminente para la Francia republicana.

A alguien le puede sorprender que, con esta clase poltica, con este presidente, con este Partido Socialista, una parte significativa del pueblo francs acabe apoyando a Marine Le Pen? En esto tampoco cabe engaarse: lo que hay que hacer es comprenderlo para encontrar remedios que neutralicen el fenmeno y permitan construir una alternativa al nivel de las demandas democrticas del pueblo francs. Este es el gran mrito de Mlenchon. Reconocer la crisis de la V Repblica y proponer su superacin desde la conciencia y el imaginario popular, es decir, desde el republicanismo poltico y social. Saber que en la Francia de hoy, gobernando Hollande, la divisin entre izquierda y derecha nada dice y oculta ms que aclara. Intuir que las viejas lgicas del voto republicano son cosas del pasado y que la crisis de la forma-partido, de la actual forma-partido, es irreversible. Mlenchon, l s, no tuvo problemas para quedarse solo ante el peligro de los poderes dominantes que lo ignoraban y lo despreciaban, slo frente a su propio partido y dems aliados de la izquierda francesa.

Lo que viene ahora es una batalla muy dura que recin empieza. Que nadie se equivoque. La eleccin real es entre una derecha populista que ha moderado su discurso y que busca desesperadamente araar votos en todo el espectro poltico y una derecha neoliberal pura y dura que pretende realizar lo que Margaret Thatcher hizo en Gran Bretaa en los aos setenta. Ms an, Macron aspira a ser, junto a una parte sustancial del Partido Socialista, una especie Toni Blair, fundador de una repblica basada en el capital, en el predominio de la gran empresa y en la devastacin social y laboral.

Llama la atencin ese antifascismo light que une al PP con el PSOE y Ciudadanos. Se podra decir, parafraseando un viejo eslogan, que los neoliberales de todos los partidos se hacen partidarios de Macron y defensores de una democracia demediada y sin contenido social. Lo que acecha, conviene tenerlo en cuenta, es la consecuencia natural de esta Europa neoliberal en crisis: la norteamericanizacin de la vida pblica europea. La UE es, cada vez ms, la anti-Europa, una Europa no europea sino norteamericana y bajo hegemona alemana: sistemas polticos gobernables donde los que mandan y no se presentan a las elecciones controlan frreamente a una clase poltica sin proyecto ni ideologa y obligan a los electores a elegir entre la derecha y la mano izquierda de la derecha. Elegir siempre entre variantes de un mismo tipo de capitalismo y poner fin a la historia. Qu historia? La del movimiento obrero organizado y la de los derechos sindicales y laborales; la de los grandes partidos de masas, la del control del mercado y del capital financiero, la del Estado social, es decir, la especificidad de una Europa permeabilizada por 150 aos de lucha de clases, por dursimos conflictos sociales y nacionales, por dos Guerras Mundiales, por la esperanza de construir una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales comprometidos con la emancipacin.

El sndrome de Vichy retorna, cmo no. La unanimidad de las grandes organizaciones econmicas y de las instituciones europeas a favor de Macron apunta algo que tambin est en juego en estas elecciones: el futuro de la UE. La Francia republicana es, seguramente, el mayor obstculo que tiene hoy la UE dirigida por el Estado alemn. Las lites francesas necesitan el apoyo extranjero para derrotar a su propio pueblo. Es la gran coincidencia entre Merkel y Macron, el sueo de una Francia no republicana, fiel aliada de Alemania, comprometida con su proyecto europeo y subalterna a la Alianza Atlntica. Lo dicho: la batalla de Francia recin comienza y no se debera menospreciar al pueblo francs. Los que mandan no lo hacen.

Manolo Monereo es politlogo, autor del blog Carta al Amauta en cuartopoder.es y diputado de Unidos Podemos. Hctor Illueca es doctor en Derecho y profesor de la Universidad de Valencia.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2017/05/04/la-batalla-francia-odio-la-republica/10142

 



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