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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2017

Abolicionismo y gestacin subrogada

Pablo Prez Navarro
Rebelin


Hace ya unos aos que se celebra anualmente, en Madrid, una feria de agencias de gestacin subrogada. Este ao, la recin creada Red Estatal contra el Alquiler de Vientres (sic) ha convocado una manifestacin contra la transaccin de bebs en el mercado de mujeres ante las puertas del evento. Basta pensar en que el pblico habitual lo componen quienes se plantean recurrir a esta tcnica de reproduccin asistida, junto a madres y padres que ya lo han hecho y acuden en compaa de sus hijas e hijos, para que la escena resultante recuerde, inevitablemente, a las manifestaciones ante las clnicas en que se practican abortos.

No est de ms preguntarse, dada la violencia tica y esttica implcitas en la convocatoria, bajo qu banderas se renen tantos colectivos por esta causa, qu discursos los aglutinan entre s, quines los producen y, en fin, cules son sus referencias comunes en la arena nacional o internacional.

La tarea parece sencilla, ya que la nueva red cuenta con una pgina web en cuya posicin central se nos ofrecen no ya uno, sino hasta dos manifiestos. Uno de ellos es el del colectivo No Somos Vasijas, que preside adems la lista de los ms de cincuenta que suscriben la convocatoria. El otro, la versin en castellano del de la red internacional StopSurrogacyNow.

En el primero se equipara, con el tono casual de quien apela al sentido comn, el control sexual de los cuerpos de las mujeres que implicara la gestacin subrogada con la regulacin de la prostitucin. Detalle que basta para inscribir este manifiesto, pese a que sus promotoras les guste manifestarse en nombre de el feminismo (como si este fuera uno, grande y libre), en una tradicin muy especfica: el abolicionismo de la prostitucin.

El segundo manifiesto despliega, a su vez, una retrica calcada de la del abolicionismo de la prostitucin. Ms que su argumentario, sin embargo, llama la atencin su perturbadora lista de colectivos signatarios organizadores, a la que merece la pena dedicar una atencin pormenorizada.

Los cinco primeros puestos incluyen al The Swedish Womens Lobby y a cuatro colectivos pertenecientes al mismo. Basta un vistazo a su agenda poltica para comprobar que se centra en el modelo sueco del abolicionismo de la prostitucin. Aderezado en este caso con campaas que, como la elocuente #pornfree , reclaman la intervencin estatal contra la difusin de la pornografa. Por lo que se ve, con su abolicionismo simultneo de la pornografa, la prostitucin y la gestacin subrogada, el lobby hunde sus races en esa moralista deriva del feminismo radical que fue el feminismo cultural, asociado a nombres como los de Andrea Dworkin y Catherine Mackinon. Entre cuyos mritos se cuentan, por ejemplo, el de reunir a miles de mujeres en una marcha contra la pornografa en Nueva York, all por el ao 1979.

A continuacin, figura el European Womens Lobby, del que las suecas forman parte. Entre cuyos objetivos se encuentra, cmo no, la lucha por una Europa libre de prostitucin. Las siguen las francesas de LeCorp, que tambin reclama para s ambos abolicionismos; al igual que el Cercle dEtude de Rformes Fministes (CERF) y la coordinadora feminista CADAC, quien celebr la criminalizacin de los clientes de la prostitucin contra la que tanto han luchado los colectivos de trabajadoras del sexo en Francia. Como dato curioso, LeCorp lucha, adems, por el mantenimiento de la distincin entre maternidad y paternidad. No en balde, entre sus miembros ms visibles y notables se encuentra Sylviane Agacinski, histrica crtica de la adopcin gay y lesbiana.

Mencin aparte merece Against Child Trafficking (ACT), de Holanda. De un modo que recuerda al modo en que el abolicionismo recusa la distincin entre la trata con fines de explotacin sexual y el trabajo sexual voluntario, para ACT toda forma de adopcin internacional representa una forma legalizada de trfico de nios. Su leitmotiv : la abolicin de la adopcin internacional en un plazo de cinco aos. Tarea en que lo acompaa de cerca, al parecer, Sakhee Pune, signatario radicado en la India cuya actividad en redes sociales se centra en la difusin de los contenidos producidos por ACT.

Al estadounidense Center for Bioethics and Culture, antes incluso que la prostitucin, le preocupan cosas como abolir la eutanasia, hacer campaa contra la investigacin con clulas madre o alertar de los riesgos psicolgicos que supone nacer como fruto de una donacin de esperma; entre otras cuestiones que alinean sus preocupaciones bioticas con las de El Vaticano. Ideolgicamente prximo se encuentra FINRRAGE, una red de difusin de trabajos acadmicos crticos con los avances de las tecnologas reproductivas. Los ms recientes datan de mediados de los noventa. La tecnofobia de este grupo traspasa con comodidad el terreno de lo conspiranoico, como resulta evidente cuando advierten del peligro de que energa nuclear, guerra biolgica y tecnologas reproductivas se combinen en malas manos.

Les sigue la Women's Bioethics Alliance, cuyas inquietudes bioticas se concentran, en este caso, en dos temticas: prostitucin y gestacin subrogada. Restriccin que parece afectar, igualmente, a los Scandinavian Human Rights Lawyers. Slo que, en su caso, donde dice derechos humanos debemos leer: abolicionismo, promocin de los valores cristianos y de la ley natural (sic).

Como representacin italiana encontramos, en primer lugar, a la faccin romana del movimiento Se Non Ora Quando. Difunde campaas abolicionistas y parece muy prxima, por las temticas que la ocupan y las autoras que difunde, en la rbita de la Librera de Mujeres de Miln. Vista la importancia del orden simblico de la madre para el feminismo de la diferencia italiano, apenas si sorprende que una tcnica de reproduccin asistida que posibilita no ya a una crianza, sino hasta un nacimiento sin figuras maternas, les suscite al menos ciertos recelos. Las acompaa, en segundo lugar, Generazione Famiglia, que por su parte combina la lucha por la libertad de expresin con la famosa cruzada contra la ideologa de gnero, el matrimonio entre personas del mismo sexo y, as en general, los peligrosos avances del lobby LGTB.

Faltaran tan slo por mencionar a Make Mothers Matter, dedicadas a polticas de desarrollo dirigidas especficamente a madres; La Lune, grupo de lesbianas de Estrasburgo cuya pgina web parece estar fuera de servicio; y EMMA, una revista feminista alemana.

Resulta inevitable preguntarse, desde una perspectiva feminista, por el significado de que la lucha contra la subrogada logre conciliar movimientos reaccionarios tan diversos, y qu relaciones se pueden establecer entre la prohibicin de la gestacin subrogada y temticas como la censura de la pornografa o la homotransfobia ms galopantes. No menos acuciante, vista la campaa en referencia a la cual se construye la nacional, es la pregunta por cmo llegan tan variados colectivos feministas, adems de alguno LGTB, a prestarse a servir como correa de transmisin en nuestro pas de tan estimulante coalicin.

Posibles respuestas aparte, cabe decir que la continuidad central entre los abolicionismos de la prostitucin y de la gestacin subrogada se mantiene como hilo conductor de la red incluso aunque obviramos ambos manifiestos. El breve texto de la convocatoria a la manifestacin incluye no una, sino hasta dos comparaciones con la prostitucin. No parece, por tanto, demasiado arriesgado afirmar que la lucha contra la subrogada es ya el nuevo paraguas bajo el que se rene el feminismo abolicionista en nuestro pas. Cuestin que no tendra tanta importancia si no fuera porque el abolicionismo constituye ya, paradjicamente, uno de los principales motores de las violencias que pretende, supuestamente, erradicar.

As, en el terreno del trabajo sexual, es justamente el abolicionismo quien condena a las trabajadoras y trabajadores a la total falta de derechos y a la desproteccin jurdica frente a la explotacin, quien fomenta el incremento de riesgos y del estigma que la clandestinidad conlleva, quien dificulta la lucha contra la trata al confundirla con el trabajo sexual voluntario y quien ignora, en fin, sistemticamente sus demandas. Por no hablar de cmo esa confusin se ha convertido en un arma brutal de las polticas anti-inmigracin, como hace aos que vienen denunciando los colectivos de trabajadoras del sexo en nuestro pas.

De modo similar, el abolicionismo de la gestacin subrogada se ha convertido en el principal garante de los beneficios de la industria transnacional contra la que se manifiesta, propicia que se subrogue en mayores condiciones de desigualdad econmica en diferentes partes del mundo, estigmatiza a las mujeres gestantes al representarlas como madres que abandonan o venden a sus hijos, contribuye a la elitizacin econmica del acceso a los derechos reproductivos a la par que, por ltimo, celebra violencias administrativas como la figura del beb sin papeles de la gestacin subrogada o la criminalizacin de quienes osan subrogar sin pasar por el exilio reproductivo.

Porque, efectivamente, nuestra ley sobre tcnicas de reproduccin humana asistida, de 2006, declara nulos los contratos de subrogacin celebrados en nuestro pas. Con independencia de que estos sean altruistas, como los que s permiten las legislaciones de Inglaterra, Irlanda, Grecia, Hungra o la recientemente aprobada por la coalicin de izquierdas en Portugal; o comerciales, como los que son comunes en Rusia, Ucrania y algunos estados de los Estados Unidos, como Chicago o California. Con su prohibicin total, Espaa se alinea con Italia, Malta, Francia y Alemania. Es esta diversidad legislativa, y no las ferias de gestacin subrogada, quien genera exilios reproductivos muy similares a los de quienes cruzaban hace no tanto tiempo los Pirineos para abortar en Francia; o al que precisan an hoy, con el consiguiente esfuerzo econmico, emocional y administrativo, las mujeres solteras y lesbianas que llegan a Espaa desde esa mayora de pases europeos en que se les niega el acceso a las tcnicas de reproduccin mdicamente asistida.

A la postre, la primera vctima del abolicionismo es la diversidad de los debates en el mbito del activismo y de la crtica feministas. Solo as se explica que tantos colectivos se renan en una red construida en tan gratas compaas y cuyo acto de presentacin pasa por reunirse para acusar, entre otros, a otras mujeres (la subrogacin sin madres representa apenas un veinte por ciento del total) de participar nada menos que en el trfico de nios. Todo ello mientras, con un paternalismo impropio de cualquier feminismo, niegan la autonoma corporal a colectivos enteros de mujeres, como las trabajadoras del sexo o quienes deciden gestar para terceras personas.

As las cosas, solo resta confiar en que las sucesivas mutaciones del abolicionismo sirvan como revulsivo para generar alianzas frente a quienes sostienen, justifican, producen o, en el mejor de los casos, ignoran, la violencia estatal dedicada a domesticar los cuerpos ajenos.

Pablo Prez Navarro. Investigador del proyecto INTIMATE en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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