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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2017

Liberales: Defienden el mercado, pero no la libertad

Juan Torres Lpez
Ganas de escribir


La ltima salida de la poltica de Esperanza Aguirre permite reflexionar tambin sobre el sentido y el significado real que tiene el liberalismo econmico contemporneo, y no slo en nuestro pas.

Esperanza Aguirre, y quienes la han rodeado, se presentaba a s misma como la expresin de la poltica liberal ms autntica, como una Thatcher espaola capaz de darle la vuelta a la sociedad y a la ideologa dominantes. Y a su alrededor se han cobijado en los aos en que ha estado en el poder los liberales ms preclaros de la vida social espaola, intelectuales, catedrticos, inversores, grandes empresarios y jvenes delfines, todos ellos predicadores de la libertad de mercado y enemigos acrrimos de todo tipo de intervencionismo pblico y estatal (del cual, por cierto, obtienen buenas rentas la inmensa mayora de ellos).

Los seguidores de Esperanza Aguirre y ella misma han sido los ms vibrantes defensores del mercado como mecanismo supremo de solucin de todos los problemas econmicos. Y lo curioso es que esa defensa exacerbada del mercado se ha conseguido equiparar (es verdad que no slo en Espaa y en el entorno de Esperanza Aguirre) con la defensa de lo eficiente, de la mxima competencia y, lo que todava resulta ms increble, de la libertad. En contra de esa retrica liberal que entroniza al mercado, lo que el gobierno de una liberal como Esperanza Aguirre ha supuesto en la prctica est bien claro: una conspiracin constante para disponer del poder pblico suficiente que permita acumular la mayor cantidad posible de riqueza pblica en manos privadas. Una conspiracin a veces tan enfermiza y acentuada que ha terminado convirtindose, segn se va descubriendo, en el origen de una autntica organizacin criminal dirigida a vaciar a manos llenas las arcas del Estado.

La eficiencia de las polticas liberales que ha llevado a cabo Esperanza Aguirre est igualmente clara cuando se comprueba que las privatizaciones efectuadas slo han servido para poner recursos hasta entonces pblicos en manos privadas, pero no para generar menores costes o ms eficiencia. La privatizacin de amplios sectores de la sanidad o la educacin no ha creado servicios mejores, ms eficientes, ms transparentes o ms baratos, sino que, por el contrario, ha generado mayor gasto, aunque, eso s, ahora destinado a colmar los bolsillos privados. Y es normal que eso haya sido lo que ha ocurrido porque la identificacin automtica entre mercado y competencia, eficiencia o libertad no es sino un gran mito sin ningn fundamento objetivo o cientfico.

Defender el mercado sin ningn otro matiz, como suelen hacer los liberales, es una simpleza porque en realidad no existe el mercado. Mercados hay muchos, con naturaleza y efectos muy variados, y para que se pueda decir que un mercado es plenamente eficiente o mejor que una buena decisin pblica, a la hora de asignar recursos, deben darse una serie de condiciones y requisitos muy estrictos (por ejemplo, informacin perfecta y gratuita a disposicin de todos los sujetos, plena homogeneidad de los productos y ausencia total de barreras de entrada a los mercados) que es casi, por no decir que totalmente, imposible que se den en la realidad.

La competencia, lejos de ser una condicin innata o consustancial a los mercados, es desgraciadamente lo primero que se quiebra cuando los mercados se pone a funcionar si stos no estn convenientemente regulados, es decir, si no hay un buen anillo de derechos de propiedad que proteja a los mercados de s mismos, de las fuerzas auto destructoras que genera el afn de lucro desmedido, la concentracin de la riqueza y la va libre para los ms poderosos, condiciones que son las que suelen predominar en los mercados contemporneos. No hay forma posible de hacer que los mercados se acerquen al ideal de la eficiencia y la competencia que no sea la de una buena regulacin, el establecimiento de un adecuado sistema de normas. Y eso slo puede garantizarse justamente cuando hay un Estado que funciona correctamente y, sobre todo, no sometido a los dictados del propio poder de mercado del que disponen quienes tienen privilegios en su seno. Acaso privatizar para destinar ms recursos, ms servicios o ms obras, ms negocio, a los grandes promotores y constructores que dominan en condiciones de oligopolio el mercado tiene algo que ver con la competencia perfecta y con la mayor eficiencia? Debilitar al Estado, como hacen los liberales cuando gobiernan, es lo contrario de lo que se precisa para fortalecer la competencia y la eficiencia, y justo lo que desean quienes ya tienen gran poder de mercado para aumentarlo.

Los mercados de hoy da, los que han contribuido a disear y a proteger las polticas liberales de nuestro tiempo, son mucho ms imperfectos que nunca y, por tanto, ms ineficientes. Es una quimera, por no decir que un miserable engao, decir que en ellos predominan la competencia o que slo all es donde la eficiencia va a alcanzar su mxima expresin. Ocurre todo lo contrario: lo que han conseguido las polticas liberales como las que han puesto en marcha los gobiernos de la liberal Esperanza Aguirre ha sido erradicar todava ms la competencia, oligopolizar los mercados y hacerlos, en consecuencia, mucho ms ineficientes, y mucho ms onerosos para la inmensa mayora la poblacin.

Pero si hay un mito singularmente exagerado en relacin con el liberalismo es el que hace creer que al defender los mercados se defiende la libertad en su sentido prstino, en su ms autntica expresin. Es un mito porque lo que hacen las polticas liberales con el pretexto de dar libertad a los mercados es simplemente aumentar la de quienes los dominan en su exclusivo beneficio. La libertad en el mercado es una autntica quimera cuando los derechos, o quiz mejor dicho los poderes de apropiacin estn definidos de una manera tan desigual y asimtrica como hoy da lo estn. En las condiciones de funcionamiento de los mercados que imponen las polticas liberales, que en Espaa no son otras que las que benefician a las ms grandes empresas, la libertad que puede alcanzarse solo es la misma que Anatole France deca irnicamente que proporcionaba el derecho en nuestras sociedades: La Ley -deca-, en su magnfica ecuanimidad, prohbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan.

De hecho, la paradoja ms grande que tienen los mercados es que, incluso si se dieran las condiciones que les permitieran ser completamente eficientes con carcter general, es decir, en todos los mbitos de la economa, se necesitara una autoridad central, o hablando en plata un dictador, que distribuyera satisfactoriamente la renta.

La razn es sencilla y la explico con ms detalle en mi libro Economa para no dejarse engaar por los economistas (Ediciones Deusto): de ser eficientes (lo que ya de por s es dudoso), los mercados solo lo seran logrando que los sujetos econmicos adquieran los bienes y servicios en su uso ms valioso o ms barato. Pero es evidente que para que los sujetos puedan adquirir (eficientemente) esos bienes y servicios deben de haber dispuesto ya de ingresos. Y tambin lo es que, una vez adquiridos los bienes, la distribucin de esos ingresos ya es diferente a como lo era antes del intercambio realizado. Por tanto, para que se pueda decir que los intercambios llevados a cabo en los mercados proporcionan a todos los sujetos (a la sociedad en general) la mxima satisfaccin o bienestar, es imprescindible que todos los sujetos estn satisfechos con la distribucin de la riqueza inicial y con la resultante. Y como esa satisfaccin no la puede dar por definicin el mercado ha de darla una autoridad central, el dictador. Un significativo detalle que se le olvida mencionar a los liberales cuando nos quieren hacer creer que al defender el mercado defienden la libertad.

Mercado y libertad son dos conceptos que, en realidad, no tienen por qu coincidir y que, en las condiciones de mercados imperfectos que crean las polticas liberales, es cuando menos coinciden. Los liberales defienden el mercado que les conviene a los grandes oligopolios pero de esa forma no defienden ni la competencia, ni la eficiencia ni, por supuesto, la libertad.

Fuente: http://www.juantorreslopez.com/liberales-defienden-el-mercado-pero-no-la-libertad/#more-7858



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