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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2017

Alrededor de las borrascas y los fogones

Armando B. Gins
Rebelin


Diferentes estudios ponen de manifiesto que el consumo medio de televisin en Espaa est situado en cuatro horas al da. Los jvenes comprendidos entre 16 y 24 aos de edad pasan casi cinco horas entre la pantalla del televisor y su telfono mvil a partes iguales.

Sigamos con otras estadsticas significativas. El 35 por ciento de los espaoles no lee nunca o casi nunca un libro frente al 30 por ciento que coge un libro todos o casi todos los das, que junto al 35 por ciento que toma alguna vez un libro al trimestre arrojan una media de aproximadamente 9 libros ledos al ao. En Finlandia, las encuestas indican que la media de libros ledos anualmente por cada habitante se eleva a cerca de 50 ttulos.

Otro dato importante referido a Espaa es que solo una de cada tres personas se informa a travs de la prensa escrita o digital, siendo el peridico ms consultado el diario deportivo Marca, del que es fan ilustre Mariano Rajoy.

La panormica descrita a grandes trazos traslada la idea de que la televisin es un hecho cultural de primera magnitud, tanto como nica va de informacin como alternativa de ocio y entretenimiento preferente para amplias capas de la poblacin espaola. Lo que vemos por televisin tiene una enorme capacidad para ahormar conciencias de modo ideolgico y para crear consensos polticos favorables a las tesis del orden establecido.

A la bsqueda de formatos espectaculares de xito masivo, las cadenas de televisin ensayan frmulas novedosas que van de la barbaridad a la desmesura. Todo cabe para abrir de par en par los ojos del telespectador aburrido y cansado de las rutinas cotidianas: ridiculizar a los concursantes o someterlos a pruebas aberrantes. No hay barreras ticas ni mesura razonable si el resultado es un ndice de audiencia in crescendo.

El tiempo

A tenor de lo dicho, la informacin meteorolgica no cabra en esta descripcin sumaria de los hechos relatados. Sin embargo, el inocuo espacio del tiempo se ha ido desgajando de los telediarios para hallar un rincn propio estelar a la cola de las noticias diarias. Estamos ante una excepcin rara de las parrillas televisivas pero de gran impacto en la audiencia, demostrado por las inserciones en publicidad de las principales firmas del sector de la energa y otras de consumo general.

Mucha gente, de hecho, prescinde de las malas o complejas noticias informativas para sentarse con fidelidad ante el programa especfico del tiempo actual y las previsiones a corto plazo. Algunos presentadores, incluso, se han convertido en pequeas estrellas de la constelacin de la fama televisiva.

Una sucinta y equilibrada informacin de la meteorologa diaria no llevara ms de cinco minutos, probablemente menos, no obstante ahora entre los espacios matutinos, vespertinos y nocturnos el consumo ofrecido real supera los 60 minutos, una franja que rinde pinges beneficios a los accionistas de las cadenas y mantiene en un crculo vicioso de debilidad mental al telespectador asiduo que recibe como noticias lo obvio: que en invierno nieva, en primavera llueve, en verano hace calor y en otoo se caen las hojas de los rboles.

La parafernalia que se utiliza es psicodlica: mucho color, muchos movimientos en apariencia cientficos, mucha verborrea entre coloquial y levemente tcnica e imgenes impactantes de algn fenmeno atmosfrico fuera de lo comn en cualquier confin del mundo, regado por refranes tradicionales y algn comentario, reportaje o entrevista de aires buclicos o rurales.

Esta maravilla del tiempo cautiva a una gran audiencia. Lo realmente relevante en trminos polticos y sociales queda eclipsado por las noticias recurrentes y ampulosas del tiempo de hoy mismo, algo que estamos sintiendo en primera persona desde que hemos puesto pie en tierra por la maana. La televisin nos da la oportunidad de compartir una emocin secundaria compartida con una inmensa mayora. Adems, algunos telespectadores participativos retratan su entorno, amaneceres, bellos paisajes con niebla, ros que se desbordan, anocheceres de luna llena, como annimos artistas de lo evidente.

Anclados al tiempo y sus versiones archiconocidas, amplificadas por la imagen retrica de la pantalla del televisor, olvidamos de repente la cruda lucha de cada jornada y los acontecimientos principales del pueblo, la ciudad, el pas y el mundo. Las noticias empaquetadas del tiempo son el refugio perfecto y no ideolgico en el que guarecernos de las inclemencias de la vida cotidiana.

Tras enterarnos en primicia domstica que maana entrar una borrasca por donde siempre, tenemos la sensacin dulce de que todo est en su sitio. La normalidad de lo obvio y evidente es una medicina formidable para calmar nuestras propias ansiedades. El efecto secundario estriba en que desconectamos de la realidad que nos acucia. De ah, al margen del rendimiento publicitario, que el tiempo sea un recurso ideolgico extraordinario para mantener el statu quo social y poltico dentro de unos parmetros aceptables para las elites y la sociedad neoliberal.

Su contribucin es casi invisible. Quin puede pensar que el inofensivo tiempo meteorolgico tambin cumple un cometido ideolgico de desvo de la realidad y de edulcorante de mentes acosadas por la precariedad vital del neoliberalismo? Nadie o casi nadie; esa es la inquietante verdad que debemos asumir como propia.

La cocina

Otra cosa en las antpodas del tiempo es la proliferacin de programas relacionados con la gastronoma. Primero fueron los espacios dedicados a la ama de casa como una ayuda gratis e inestimable para ensearles trucos de cocina y nuevos mens para ensanchar su sabidura culinaria.

El ltimo hito son los concursos de aspirantes a cocineros profesionales. Pura competicin capitalista en su esencia bajo un formato que reproduce casi todos los elementos intrnsecos a una relacin laboral en el mundo real. Tambin destila todos los ingredientes del orden social en vigor, entre otros, el xito y la fama a toda costa caiga quien caiga en mi empeo particular y egosta de conquistar la cima o el estatus ambicionados y la idolatra esclava a unos personajes ilustres convertidos en dolos icnicos a emular, los eglatras chefs sobrevalorados por los medios de comunicacin.

De una nimiedad existencial, todos debemos alimentarnos, se hace un castillo de naipes excelso y presuntamente exquisito: todos podemos alcanzar la vitola de artista de los fogones. El asunto es popular, inserto en las tradiciones de cualquier sociedad. Los tpicos al uso se transforman en televisin en costumbres de una inmensa riqueza creativa y chabacana.

Sin embargo, los ms importantes ingredientes no residen en las recetas sino en el envoltorio del programa, que pasan casi desapercibidos dentro del espectculo total de la escaleta de cada captulo.

Los concursos gastronmicos actuales reproducen los esquemas de la sociedad a la que van dirigidos. Unos atesoran el saber, los jueces del evento, y otros, los animosos concursantes, se entregan a su aficin ntima desde la ignorancia o el error. Como en el mundo laboral de empresarios y asalariados.

Se escenifica en todo momento una relacin o binomio del que jams se puede salir o mantener una actitud crtica. Desde un parenalismo zafio, los chefs emiten juicios severos sobre el trabajo de los aspirantes sin posibilidad de crtica o enmienda, mientras que a los concursantes les est asignada por guin una actitud servil de alumno permanente. La aceptacin del orden jerrquico resulta incuestionable como en el sistema educativo oficial, una escuela en el fondo de sumisin calculada al orden normalizado.

A ojo y en cuestin de segundos el veredicto de los jueces marca una frontera infranqueable, a un lado los ganadores o aptos, al otro los derrotados o intiles que se quedan a medio camino de sus sueos o delirios de grandeza.

Y en esa competicin, el camino est plagado de obstculos y de pruebas en que todos compiten contra todos: vale tambin poner zancadillas sutiles al contrincante para sacar ventaja en el juego, prefigurando una moral capitalista del llegar a ser individualista frente al esfuerzo mancomunado de varias mentes y manos por llevar a cabo un mismo proyecto colectivo.

El espritu de sacrificio del concursante no ha de tener lmites. Debe prosternarse antes los consejos y sentencias inapelables del chef convertido en un juez supremo sin asomo de rebelda razonada. Igual actitud hay que mantener en la sociedad capitalista. En la cspide solo hay lugar a los ms aptos y los ms aptos son los ms sumisos y los que mejor interiorizan el orden estratificado por ttulos, certificados y parabienes otorgados por los que ostentan el saber hacer oficial.

Despus de ver un programa-concurso de gastronoma desde el cmodo sof del saln, nos enteramos que todo es negocio: los becarios de las grandes chefs no cobran ni un duro por su trabajo esclavo de los restaurantes de mayor postn, aquellos donde suele cobrase por cubierto hasta 300 euros o ms. Eso s, los chefs de lujo saben tanto que da gloria escuchar sus excelsas palabras como orculos de la verdad absoluta.

Ya hay autnticos forofos ultras de las borrascas y los fogones. Alrededor de ambos fenmenos televisivos se cuecen factores psicolgicos, sociolgicos, culturales e ideolgicos de enorme profundidad que mereceran un anlisis o estudio ms detallado.

Alguien podra aducir que tanto el tiempo como las cocinas son temas inocuos, limpios y transparentes de escasa o nula incidencia poltica. Correr 22 jugadores tras una pelota para intentar marcar un gol tambin parece un hecho banal o intrascendente. Y ya nadie duda que el ftbol es un gigantesco evacuatorio de la problemtica social y poltica a escala internacional.

El neoliberalismo transita por nuestras arterias y venas como un fenmeno casi natural. Aceptamos elefante como animal de compaa sin inmutarnos. Las convenciones son as, de textura superficial inocua y trivial, pero forman el tejido social que determina nuestra existencia.

De las mayoras silenciosas que no leen nunca o casi nunca y son hooligans de la televisin sacan millones de votos las opciones polticas de la derecha y sus conmilitones en las sociedades neoliberales del consumo y el espectculo abierto 24 horas. Y t lo sabes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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