Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2017

Entrevista a Claudio Katz
La aplicacin de Gramsci a Venezuela implicara hoy asumir decisiones revolucionarias

Rebelin


En el marco de las Jornadas Gramsci y Amrica Latina, organizadas en Buenos Aires a fines de abril por el Instituto de Estudios de Amrica Latina y el Caribe, entrevistamos a Claudio Katz, uno de los conferencistas del encuentro.

Cul es el significado de estas jornadas en la actual coyuntura latinoamericana?

Nos permite evaluar la situacin de la regin a la luz de algunos conceptos de Gramsci. No cabe duda que el principal dato del momento es la restauracin conservadora que presenta tres modalidades. Primero los gobiernos derechistas continuados, que en pases como Mxico, Per o Colombia llevan muchos aos aplicando polticas neoliberales de expansin del desempleo, la precarizacin y la desigualdad.

Segundo los nuevos mandatarios derechistas que lograron cortar el ciclo progresista con sus victorias electorales. Es el caso de Macri que implementa un proyecto reaccionario sin las mediaciones tradicionales. Encabeza la gestin estatal de una Ceocracia embarcada en la demolicin de conquistas populares.

Finalmente, en otros pases la derecha accedi al gobierno por medio de golpes institucionales. Una banda mixta de parlamentarios corruptos, jueces y dueos de de los medios de comunicacin consumaron en Brasil, la misma asonada que en pasado perpetraban los militares. A toda velocidad recortan planes sociales, flexibilizan el empleo y desfinancian las jubilaciones.

Esta modalidad golpista se inici en Honduras en el 2009 y continu en Paraguay en el 2014. Sigue un modelo de imponer el cambio por la fuerza para convalidarlo luego en los comicios. Introduce adems todas las manipulaciones imperantes desde hace dcadas, en el sistema poltico mexicano.

Pero qu implicancias tiene ese proceso desde una mirada gramsciana?

Supone un mayor peso de las formas coercitivas de dominacin, en comparacin a las modalidades persuasivas de hegemona que utiliza la clase dominante.

En algunos regmenes derechistas simplemente persiste el autoritarismo y el terror. Ms de un centenar de luchadores ambientalistas han sido ultimados junto a Berta en Honduras. Tambin supera el centenar el nmero reciente de militantes sociales asesinados en Colombia y en nueve aos se contabilizan 253 muertos en Per por represin a las protestas.

En Mxico persiste la impunidad. En lugar de esclarecer los crmenes de Ayotzinapa, el gobierno respondi con ocho nuevos muertos a las manifestaciones de los docentes. Con estos modelos en mente Macri tantea acciones represivas apaleando maestros, desalojando piqueteros y adiestrando gendarmes para actuar en las calles. Temer trabaja en la misma direccin.

Es factible ese curso represivo en un contexto econmico tan adverso?

Lo intentan. La prosperidad de la dcada pasada qued atrs y desde el 2012 impera un ciclo recesivo. Brasil padeci en los ltimos dos aos el peor retroceso econmico desde la crisis del 30. Los precios de las materias primas oscilan entre nuevas cadas y leves recuperaciones, sin recuperar el elevado promedio de la dcada anterior. Las remesas y la inversin externa retroceden y el previsible repunte de la tasa de inters estadounidense disuade la llegada de capitales.

Adems, al cabo de un intenso proceso de expansin del agro-negocio retrocede la industria local y crece el desempleo. Como los gobiernos derechistas retoman la ortodoxia neoliberal se agrava la pobreza, la desigualdad y la precarizacin. Ahora buscan acuerdos de libre-comercio con la Unin Europea y aceptan la agenda china de invasin importadora y saqueo de los recursos naturales. Tambin reactivan las privatizaciones inconclusas o fracasadas de los aos 90 e implementan un brutal recorte de los derechos populares, con mayor flexibilizacin laboral y contra-reformas en el sistema de jubilaciones.

Esa ciruga agrava el escenario social y ahonda la divisin por arriba. En la nueva reorganizacin neoliberal se afianza el capital financiero, despuntan problemas en las actividades primarias y la industria se desmorona.

En trminos de Gramsci se podra afirmar que la reestructuracin por arriba potencia las divisiones en las elites y obstruye la conformacin de un bloque estabilizado de las clases dominantes.

Por eso pierden legitimidad los gobiernos derechistas?

 Es otro rasgo compartido por regmenes signados por un alto grado de corrupcin. En la repblica de delincuentes que impera en Brasil se acrecienta el nmero de ministros y congresistas involucrados en malversaciones de fondos. Macri es un presidente off shore, al frente de una cleptocracia de millonarios que se enriquece endeudando al estado. El sistema de coimas organizadas que destap el caso de Odebrecht ensucia a varios presidentes y ministros de Per, Colombia y Panam.

Como la restauracin conservadora combina fragilidad econmica con ilegitimidad poltica se afianza un escenario de gran turbulencia. Pero si recordamos las distinciones que estableca Gramsci entre distintos tipos de crisis (corto y largo plazo, dominacin, direccin), convendra precisar que el contexto actual es de enorme inestabilidad pero no de crisis orgnicas. No se observa an el tipo de colapso que conocimos a principio del milenio en Argentina, Bolivia o Ecuador.

Me parece que el dato de la ilegitimidad es clave. Ya no rige el marco de los aos 80, cuando Gramsci era ledo para explicar la novedad de los sistemas constitucionales pos-dictatoriales. Las discusiones sobre esa forma de dominacin de la burguesa han quedado atrs. Las elecciones son habituales y las expectativas en los polticos, el parlamento o las instituciones han decado al mismo nivel que el resto del mundo.

Sin embargo mencionaste en el seminario que la movilizacin callejera de la derecha es un nuevo y preocupante dato

Si efectivamente las derechas han comenzado a reinventarse en las calles, con el padrinazgo de los medios de comunicacin y un sofisticado manejo de las redes sociales. Construyen su propio imaginario poltico combinando ideas liberales y antiliberales. Por un lado enaltecen el individualismo y la consiguiente fantasa de actuar por decisin propia sin ningn condicionante. Por otra parte retoman el discurso de hostilidad a la poltica por la impotencia de esa actividad para resolver el flagelo de la inseguridad o la corrupcin.

Los vimos en la marcha del 1 de abril en Argentina. Ponderan la plaza republicana y desprecian la plaza populista. Despliegan un gran revanchismo y un desenfrenado odio de clase. En un clima de 1955 retoman los mitos del gorilismo tradicional, descalificando a los morochos arreados a las marchas por un simple choripn.

Pero a diferencia de los cacerolazos de los ltimos aos, los derechistas ya no gritan slo contra Venezuela y Cuba. Ahora insultan a los docentes y exigen represin de los piquetes o prohibicin de las huelgas. Repiten un libreto acorde al giro conservador de los intelectuales mediticos decepcionados con el progresismo que han copado la pantalla.

Un proceso semejante se observ en Brasil en los manifestantes que el ao pasado determinaron la cada de Dilma. Ese beligerante grupo social despleg la bandera de la anti-poltica y opera como sostn de la ciruga conservadora que motoriza el Juez Moro.

El mismo sentido reaccionario tiene el movimiento de Uribe, que logr el triunfo del No en el plebiscito de Colombia o las fuerzas callejeras, que desde el 2015 gestaron la candidatura de Lasso en Ecuador. La diabolizacin del chavismo es el guin comn de esas campaas reaccionarias.

La presencia callejera de la derecha recin despunta y afronta muchas limitaciones. Se sostiene exclusivamente en las clases medias y altas. En pocos casos logran superar en nmero a las marchas rivales de la izquierda o el progresismo. Pero configura el dato ms peligroso del momento. Si se afianza podra aportar un sostn ms consistente a la restauracin conservadora.

Como el fascismo en la poca de Gramsci?

Slo en cierta medida y primero tienen que ganar. Pero tu analoga nos advierte sobre los casos ms extremos. Por ejemplo en Venezuela, el sanguinario elemento pinochetista est muy presente en todo el conglomerado antichavista.

En cualquier caso me parece que las teoras del revolucionario italiano nos permiten entender el enorme peso de la ideologa conservadora, en la irrupcin callejera de la derecha. Esas creencias reaccionarias retoman el modelo de temor al comunismo que se forj durante la guerra fra, pero con una indita incidencia de los medios de comunicacin.

Cuando en los 80 las teoras de Gramsci recobraron influencia se debata intensamente cul era el canal de transmisin predominante de la ideologa burguesa: las ilusiones en el sistema constitucional, la mercantilizacin de la sociedad o la radio y la televisin. Una respuesta actual sin duda enfatizara la primaca de los medios.

En tu exposicin tambin subrayaste la centralidad de la resistencia popular. Cul es la gravitacin de esa lucha?

Enorme y decisiva. Hay una batalla social en curso en toda la regin con movilizaciones gigantescas en Argentina. En marzo pasado hubo un milln de personas en las manifestaciones de los sindicatos y el paro general tuvo un nivel de efectividad que corrobor la gran capacidad de accin de la clase trabadora.

Lo mismo comienza a observarse en Brasil. Este ao no slo los movimientos sociales sustituyeron a la derecha en la ocupacin de las calles. Se realiz la primera huelga general en dcadas con un gran acatamiento. En Mxico el gasolinazo marc un punto de giro, luego de las intensas luchas de los maestros y las vctimas de Ayotzinapa. En Chile la batalla contra los Fondos de Pensin congrega multitudes y en Colombia se acrecientan las protestas de los movimientos sociales.

Es necesario subrayar la gravitacin de estas acciones por abajo, si queremos retomar el nfasis asignado por Gramsci a la voluntad y a la subjetividad en la transformacin de la sociedad. Ese es el sentido de su filosofa de la praxis, en contraposicin al fatalismo o la resignacin.

Y tambin un aliento a la militancia

Por supuesto. Hay nueva generacin luchadores que resiste la restauracin conservadora. Participaron activamente en la experiencia poltica de la dcada pasada, sin padecer las frustraciones y derrotas que afectaron a sus antecesores de los aos 70.

Actan en un marco tambin distinto al escenario de entre-guerra que vivi Gramsci. Pero hay ciertas batallas polticas en el contexto latinoamericano que actualizan los planteos del revolucionario italiano. Gramsci trabaj para unir el campo popular en un bloque histrico, forjando alianzas de la clase obrera con los campesinos. Esa misma poltica supone en la actualidad hermanar a los asalariados con los informales y la clase media.

La derecha slo puede prevalecer imponiendo una desgarradora guerra de pobres contra pobres. Por eso alienta la hostilidad contra las huelgas. Coloca en toda la regin muchas fichas, en la erosin de la solidaridad con los combativos movimientos de la docencia. Frente a situaciones de ese tipo Gramsci sugerira actuar con radicalidad y audacia.

Pero en el plano poltico situaste el eje de la resistencia en la batalla de Venezuela. Por qu razn?

Porque ah se define el resultado de toda la etapa latinoamericana. No cabe la menor duda que hay un golpe reaccionario en marcha, que combina el sabotaje de la economa con la violencia callejera y las provocaciones diplomticas. En un plazo ms prolongado es lo mismo ocurri con Salvador Allende.

El trasfondo obvio de esa agresin es el petrleo. Venezuela es la principal reserva continental de crudo y provee el 12% del combustible importado por Estados Unidos. Para confiscarlo el Departamento de Estado promueve una situacin de caos, tendiente a repetir lo operativos de Irak, Libia o Panam. Saben que  una vez derrocado el gobierno ya nadie se acordara dnde queda Venezuela.

En ese operativo la hipocresa de los medios no tiene lmite. Transmiten en cadena escenarios terminales con denuncias macabras del pas, luego de silenciar el golpe de Brasil, Paraguay u Honduras. No le asignan ni cinco minutos a los crmenes en Colombia y Mxico o al fraude electoral de Hait. Legitiman a los golpistas, ocultando que Leopoldo Lpez estara condenado a perpetua en Estados Unidos por su responsabilidad en las muertes de las guarimbas. Acusan al gobierno de cualquier tropela, omitiendo que el grueso de los asesinatos afecta a militantes del chavismo.

La derecha ha provocado el desastre actual intentando tumbar una y otra vez al gobierno desde la Asamblea. Cuenta con la descarada complicidad de las clases dominantes de la regin. Esos gobiernos se amoldan a Trump conspirando desde la OEA contra Venezuela.

En trminos de Gramsci esta batalla presenta un doble significado. En el plano moral definir un resultado de confianza o resignacin en el movimiento popular. Si gana la derecha se crear un escenario de derrota y una sensacin de impotencia frente al imperio.

En otro terreno Venezuela sintetiza una lucha antiimperialista, directamente conectada a los anhelos nacionales que subrayaba Gramsci. Es controvertible su interpretacin de esa dimensin pero no la centralidad que le asignaba. Hoy Venezuela es la principal trinchera contra Trump. Su programa de avasallar la regin empezando por el muro en Mxico, transita por la confiscacin del petrleo venezolano.

Igualmente sealarse crticas al gobierno bolivariano

Ciertamente y en varios planos, aunque en el marco de la gran decisin de Maduro de resistir. A diferencia de Dilma o Lugo no se entrega. Esa firmeza explica el odio de los poderosos de la regin.

Pero hasta ahora el gobierno ha priorizado el enfrentamiento con la derecha en trminos burocrticos de un poder del estado contra otro. El Ejecutivo o Judicial versus el Legislativo. Reacciona por arriba y responde a un golpe de la Asamblea con una accin del Tribunal de Justicia. Apuntala ms el sostn del ejrcito que el respaldo por abajo. Por eso en la dursima confrontacin del ltimo ao no apel al poder comunal y en ausencia de ese basamento el pueblo tomar distancia.

Lo ms grave es la tolerancia de la corrupcin y sobre todo de la fuga de capitales. No expropian a los empresarios que provocan el colapso de la economa con manipulaciones de las divisas y los bienes importados.

Pero estamos en medio de la batalla y no est escrito el resultado final. Hubo una interesante reactivacin de los mecanismos para paliar el desabastecimiento y se adopt la excelente iniciativa de retirar al pas de la OEA. La nica forma de vencer a la derecha es transformar en hechos el discurso socialista. En las situaciones lmites y frente al abismo el proyecto bolivariano puede renacer con un perfil ms radical.

La aplicacin de Gramsci a Venezuela implicara hoy asumir decisiones revolucionarias. El lder comunista convocaba a adoptar esas decisiones sin ninguna vacilacin. Por eso ponder la accin de los bolcheviques como una revolucin contra El Capital, en el sentido de procesos que vulneran todas las prescripciones previas. Subray la inexistencia de un curso predeterminado de la historia. Aplastar el sabotaje de los capitalistas con el poder comunal sera el equivalente a la accin de los soviets que reivindicaba Gramsci.

Hay otro tema que discutiste en las jornadas, al conectar el legado del pensador italiano con los debates sobre el ciclo progresista

Si efectivamente es un problema clave. Yo creo que el ciclo progresista en Sudamrica fue un resultado de rebeliones populares que tumbaron gobiernos neoliberales, modificaron las relaciones de fuerza, evitaron los brutales ajustes aplicados en otras regiones y permitieron mejoras sociales o conquistas democrticas.

Pero no fue un periodo pos-liberal. Las transformaciones no tuvieron la solidez requerida para dejar atrs el neoliberalismo. No se alter la estructura primarizada de las economas y se mantuvieron los privilegios de los grupos dominantes. La restauracin conservadora determina el declive de ese perodo, aunque la derrota de la derecha en Ecuador indica una indefinicin. La disputa final se define en Venezuela.

Cualquiera sea el diagnstico es indiscutible el retroceso del ciclo progresista. Especialmente en Brasil y Argentina ese declive obedece a las inconsistencias econmicas de un modelo neo-desarrollista, que renunci a implementar las transformaciones bsicas para superar la dependencia de las exportaciones primarias. En el terreno poltico mantuvieron el viejo sistema de alianzas y corrupcin de los grupos dominantes y cuando aparecieron las protestas sociales se asustaron y facilitaron la demagogia de la derecha. Sufrieron el desgaste que sobreviene a la ausencia de radicalizacin.

En tu presentacin contrapusiste este balance con el expuesto por los tericos del progresismo.

Si. Es un debate importante porque muchos de ellos se auto-definen como marxistas y gramscianos. Pero exponen un balance idlico de Kirchner o Lula, estimando que fueron gobiernos exitosos. A lo sumo destacan la existencia de errores en la connivencia con los bancos, las disputas con los medios de comunicacin o la batalla cultural para aproximar a una clase media atada al consumismo.

Yo creo que esa lectura es superficial y elude reconocer que los gobiernos progresistas declinaron por su adaptacin a la agenda de las clases dominantes. Esa mirada repite los mismos desaciertos que cometieron los gramscianos socialdemcratas de los 80, cuando presentaban al constitucionalismo burgus como un nuevo camino hacia la emancipacin.

Al igual que en ese momento el gramscismo liberal considera indispensable acotar cualquier cambio a lo marcos del capitalismo. Se guan por el principio de impedir el desborde de ese sistema y olvidan que una poltica antiliberal consecuente exige transitar por senderos anticapitalistas. Ese estrecho vnculo entre Gramsci y Lenin es desconocido por los socialdemcratas. 

La consecuencia poltica de esta postura es la promocin de una estrategia exclusivamente centrada en el retorno electoral a la presidencia en el 2018 y 2019. Ese objetivo tiene total prioridad frente a la resistencia social. Dan por seguro el fracaso de la derecha y suponen que todo puede recomenzar como si nada hubiera ocurrido. Recrean a futuro la misma fantasa de un capitalismo humanitario y redistributivo que propagaron en la ltima dcada.

Pero ese no es el nico balance del ciclo progresista.

Ciertamente. Hay una interpretacin opuesta que niega la existencia de ese proceso o supone que concluy hace mucho tiempo. Considera que los gobiernos centroizquierdistas o radicales coincidieron con sus pares derechistas en la primarizacin extractivista y estima que finalmente adoptaron un perfil autoritario y populista.

Esta mirada considera que Lasso y Moreno expresaron en Ecuador dos vertientes complementarias del neoliberalismo y que en Venezuela la burguesa derechista confronta con sus pares chavistas.

Es una errnea simplificacin de la realidad latinoamericana. La continuada dependencia de las exportaciones agro-mineras no equipara a gobiernos tan contrapuestos. La centralidad del petrleo, el gas o el litio no asemeja a Maduro, Evo Morales o Ral Castro con Lula o Correa y menos an con Pea Nieto o Macri. Es equivocado, adems, impugnar a los gobiernos progresistas con los mismos razonamientos de vago republicanismo que utilizan los liberales.

Pero no sera acertado observar esos procesos con la ptica de la revolucin pasiva que estudio Gramsci?

Es una idea interesante pero de dudosa aplicacin a lo ocurrido en la ltima dcada. El contraste entre jacobinismo y bismarkismo no tiene correspondencia con lo sucedido en Sudamrica y es muy discutible la propia concrecin de una modernizacin conservadora. Esta nocin choca con la primaca del agro-negocio y la ausencia de transformaciones econmicas significativas. El perodo estuvo signado adems por importantes conquistas populares. Igualmente es un tema abierto y todo depende de la interpretacin asignada a la nocin de revolucin pasiva.

Pero el mayor problema no radica en la aplicacin de ese concepto gramsciano, sino en la mirada general de los tericos autonomistas. Renuevan la estrategia de soslayar la batalla por el manejo del estado. Retoman la idealizacin de los movimientos sociales y la fascinacin con el mbito defensivo de la territorialidad.

Me parece que la promocin de metas anticapitalistas debe ser complementada con la definicin de polticas socialistas para alcanzarlas. Gramsci postulaba esa conexin y por eso comparta la prioridad asignada por Lenin a la transformacin de la sociedad mediante la conquista del poder. 

Pero la lectura de Gramsci ha servido para subrayar la complejidad de ese camino que es ignorada por muchas corrientes

Sin duda. Esa omisin salta a la vista entre quines simplemente proclaman que todos los gobiernos de Amrica Latina son indistintamente burgueses. Las consecuencias extremas de esta ceguera se han observado recientemente en Ecuador, entre las vertientes de izquierda que llamaron a votar a Lasso con argumentos inslitos.

Afirmaron que el banquero facilitara un mayor respeto de la democracia o que sera ms fcil desenvolver la lucha por mejoras populares. Hay que remontarse varias dcadas para encontrar algn precedente de semejante miopa.

Yo creo que el mayor peligro actual de las posturas sectarias se verifica en Venezuela. Algunos hacen causa comn con la derecha en la crtica a Maduro. Repiten las mismas acusaciones de los medios de comunicacin hegemnicos o recurren a despistadas comparaciones con Gadafi y Hussein. No exponen sus cuestionamientos desde un terreno de lucha comn contra el golpe.

Aqu conviene recordar el rechazo total de Gramsci a teora del social-fascismo, que en su poca equiparaba a Hitler y Mussolini con los adversarios socialdemcratas. Al igual que Trotsky promova estrategias de frente nico contra la derecha, que son vitales en el contexto actual de Venezuela.

A escala regional es el momento de la solidaridad. Tal como ocurri con Cuba durante el periodo especial hay que poner el hombro en las circunstancias ms difciles de acoso, demostrando que la izquierda se ubica en el campo opuesto de la reaccin.

El trasfondo de los problemas que sealas no es la atadura al modelo revolucionario de 1917 que Gramsci comenz a renovar?

Puede ser. Pero yo evitara cualquier sugerencia de contraposicin entre Lenin y Gramsci. Me parece que existe una complementariedad, derivada de la incorporacin de temporalidades ms largas a la vertiginosa experiencia sovitica de doble poder. Hay complementariedad y no antagonismo entre la "guerra de posicin" y la "guerra de maniobra". Son momentos sucesivos de una misma estrategia

Los procesos de China, Vietnam o Cuba ya demostraron en condiciones blicas la preeminencia de perodos revolucionarios prolongados. Tambin los escenarios institucionales vigentes en las ltimas dcadas obligar a reconsiderar las temporalidades. Exigen replantear la tradicin que concibe al gobierno de los trabajadores, la captura del estado y la transformacin de la sociedad como procesos simultneos. Actualmente son vlidas las hiptesis de gobiernos populares, estados en disputa y grandes fracturas en la sociedad a lo largo un periodo significativo.

Cul sera entonces el principal legado de Gramsci para la coyuntura latinoamericana actual?

No hay una sola faceta, pero quizs conviene resaltar lo ms obvio: la necesidad de forjar identidades polticas propias de la izquierda, con ntidos perfiles anticapitalistas. Como ese cimiento supone la reivindicacin abierta de nuestras tradiciones socialistas, antiimperialistas y revolucionarias, una actitud gramsciana actual se contrapone con la fascinacin que despierta el Papa Francisco.

Resalto este dato porque Bergoglio fue elogiado primero como eventual sustituto de Chvez y ahora como una alternativa mundial progresista a Trump. Es asombrosa la falta de realismo de esta actitud, que confunde necesidades de supervivencia de los procesos radicales con expectativas favorables hacia la institucin ms reaccionaria del planeta.

Pero cul es la conexin con Gramsci?

Su crtica frontal al Vaticano. Gramsci fue un militante comunista empeado en revolucionar la conciencia de los oprimidos para que actuaran al servicio de sus propios intereses. En cambio la Iglesia recluta fieles y no quiere protagonistas. Rechaza a los militantes y disuade la lucha. Busca apaciguar o disciplinar a los rebeldes. Con ese propsito elabor una doctrina social contra el ideal comunista.

La filosofa de la praxis apunta hacia la direccin opuesta de expandir la conciencia socialista. Actualmente ya no interesa tanto el mbito elegido por los intelectuales orgnicos para enlazar la teora con la prctica. Retomar a Gamsci implica priorizar la vigencia y primaca del proyecto socialista.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter