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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2017

El ltimo habitante

Miguel Casado
El Norte de Castilla


Quiz no importa mucho el argumento cuando una novela nos impresiona; se borra pronto el tejido de las peripecias, el enredo de las relaciones, y queda un tono, una atmsfera, pesando en la cabeza del lector, ms cuanto ms irrespirable es. Era aquello que deca Kafka, con su inconfundible desnudez: para qu leer un libro que no hiere, que no remueve algo en el fondo de quien lee. El caracterstico modo de narrar de Elena Santiago, al margen de toda cronologa, como un espesarse de la vida que no se mide en cantidades, coincide con esta conviccin. Cuando he vuelto a cidos das, a Amor quieto, he encontrado a unos personajes cuya historia no recordaba, pero senta su densidad y su ansia como si lo hubiera ledo solo un momento antes.

cidos das empieza con una muerte y un nacimiento: la muerte del padre y el difcil parto del hermano de Nino, el protagonista. Como diciendo que ah, en los lmites de la vida, est dado todo; quiz por eso, en Amor quieto novela que, en muchos sentidos, parecera volver a hacer las cuentas de cidos das, casi veinte aos despus, los personajes experimentan tratando de apropiarse del morir y del nacer: la nia que se tira al ro de modo similar al que produjo la muerte de su hermana, el nio que se sumerge a oscuras en la baera como metfora de un nacer por fin sentido como sujeto, el personaje llamado Expiro sirve de consejero a sus convecinos por haber estado virtualmente muerto. No hay otros acontecimientos: es un tiempo apelmazado, no sucesivo, en que lo poco que apenas ocurre se siente como simultneo, sin etapas, los recuerdos de infancia son las emociones ms vivas de ahora mismo. La casa familiar va quedando desierta y el ltimo habitante se ahoga en un silencio poblado, retumbante de ecos, donde nada le pertenece a l solo salvo la soledad.

En el lugar de Nino, ser-ah es tan difcil desde el principio que toma la forma de un no poder ser; la densidad opaca de la vida muestra que, en torno, otros saben ser, pero en su caso no se llega a adquirir esa como sabidura o habilidad, obturado todo por un veto previo. Pocas veces acta con evidencia tan devastadora como en cidos das la imposibilidad de ser. Creo que es esta intensidad opresiva, material en los rasgos de la escritura de Elena Santiago sus elusiones y reiteraciones, su ritmo y sus saltos, el relieve mnimo y doloroso de los detalles, la que hace de sus novelas una expresin singular de lo potico. As lo quera Poe, cuando cifraba toda posible belleza en la tristeza que se asoma a los ojos al borde del llanto.

Quiz no importa el argumento, digo, cuando una novela nos impresiona. As, en Un dique contra el Pacfico, la primera que public Marguerite Duras, los grandes hechos (la miseria de una viuda y sus dos hijos, en unos terrenos salinos que el mar cada ao inunda e impide cultivar; la corrupcin de la colonia en el sureste asitico, la cruda explotacin, junto a los nativos, de los propios colonos franceses no admitidos en el juego) y los pequeos hechos (el caballo que se niega a comer y muere, el pescado extrado cada tarde del lodo como nico alimento) van pasando como algo que condiciona la vida, pero no la define. Solo la constituye la unidad frrea del tro familiar la madre, el hijo, la hija, unidad visceral, brutal a veces, ms animal que las de los animales. La locura en que la madre se ha ido sumiendo a lo largo de sus fracasos y humillaciones, la frialdad de los tres al evaluar la utilidad mercantil del matrimonio de la muchacha como va de salvacin, la profunda violencia que los satura y de la que es vehculo activo el joven, son formas de un magma no individualizado en que la vida resulta tan intensa como exterior. No como en el caso de Nino "yo vea que la vida era de ellos y me la dejaban mirar", sino con un riesgo y una pasin que ocupan los cuerpos de los personajes para ejercerse, sin antes haberlo decidido por s mismos. Y sin que ningn hecho se pueda aislar, deslindar de tan extraa, paradjica viscosidad fluyente: "todas sus derrotas se mantenan en una red inextricable y dependan tan estrechamente de las otras que no se poda tocar una sola de ellas sin arrastrar a las dems".

En esta vida de un modo u otro ajena, la reflexin de Elena Santiago se dirige sobre todo a las formas de la conciencia, y de su insistir surge un tipo de luz imprevisible, que alumbra como lo haca el brillo negro de los sueos de Baudelaire. Nino tiene un profundo conocimiento de s mismo, construido con los posos del silencio; pero ese conocimiento est como suspendido en el umbral de la conciencia, sin llegar a franquearlo del todo ni a ser nombrado; es un interior de capas adheridas entre s que nunca se terminan de distinguir ni de separar. La prctica social en ese pueblo castellano o leons se trama sobre la negacin del nombre, sobre la afanosa composicin de las apariencias, y solo desde fuera es posible apreciar sus operaciones, detenerlas para singularizarse; es un propsito siempre diferido, utpico casi, al borde del vrtigo, pues se alza sobre un vaco, como el nio que se ve movido, sin saber por qu, a dar vueltas, cada vez ms rpido, a un sumidero donde parpadea el agua oscura.

Tanto los colonos del arrozal como los moradores de la casa desierta toman la decisin de irse. La muerte de la madre centrifuga a sus hijos lejos de los derrumbados diques; pero nada parece poder cambiar, ni en el impulso bruto de Joseph ni en la nihilista asuncin que Suzanne hace de sus circunstancias. En las dos novelas de Elena Santiago que cito, se repite la escena: el ltimo habitante de la casa compra un billete de tren, se marcha por fin del pueblo, hacia la libertad y el amor, hacia su posibilidad al menos, una posibilidad de ser. Pero las escenas no son idnticas: la de cidos das queda abierta, a cargo del lector, opaca an, no se sabe si Nino partir solo; Amor quieto se acoge a una huida compartida, ella tambin va a subir al tren me atrevera a decir que el doloroso y lentsimo acceso de Nino a la conciencia encuentra compensacin tantos aos despus en el otro personaje.

Lecturas

- Elena Santiago, cidos das. Len, Diario de Len, 2007 (1 edicin, 1979).

- Amor quieto. Barcelona, Lumen, 1997.

- Marguerite Duras, Un dique contra el Pacfico. Traduccin de scar Collazos. Barcelona, Versal, 1985.

(Este texto ha sido publicado en "La sombra del ciprs", suplemento del diario El Norte de Castilla)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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