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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2017

Venezuela en la hora de los hornos

Atilio A. Boron
Rebelin


La dialctica de la revolucin y el enfrentamiento de clases que la impulsa aproxima la crisis venezolana a su inexorable desenlace. Las alternativas son dos y slo dos: consolidacin y avance de la revolucin o derrota de la revolucin. La brutal ofensiva de la oposicin -criminal por sus mtodos y sus propsitos antidemocrticos- encuentra en los gobiernos conservadores de la regin y en desprestigiados ex gobernantes figurones que inflan su pecho en defensa de la oposicin democrtica en Venezuela y exigen al gobierno de Maduro la inmediata liberacin de los presos polticos. La canalla meditica y "la embajada" hacen lo suyo y multiplican por mil estas mentiras. Los criminales que incendian un hospital de nios forman parte de esa supuesta legin de demcratas que luchan para deponer la tirana de Maduro. Tambin lo son los terroristas -se los puede llamar de otro modo?- que incendian, destruyen, saquean, agreden y matan con total impunidad (protegidos por las policas de las 19 alcaldas opositoras, de las 335 que hay en el pas). Si la polica bolivariana -que no lleva armas de fuego desde los tiempos de Chvez- los captura se produce una pasmosa mutacin: la derecha y sus medios convierten a esos delincuentes comunes en presos polticos y combatientes por la libertad, como los que en El Salvador asesinaron a Monseor Oscar Arnulfo Romero y a los jesuitas de la UCA; o como los contras que asolaron la Nicaragua sandinista financiados por la operacin Irn-Contras planeada y ejecutada desde la Casa Blanca.

Resumiendo: lo que est sucediendo hoy en Venezuela es que la contrarrevolucin trata de tomar las calles y lo ha logrado en varios puntos del pas- y producir, junto con el desabastecimiento programado y la guerra econmica el caos social que remate en una coyuntura de disolucin nacional y desencadene el desplome de la revolucin bolivariana. Reflexionando sobre el curso de la revolucin de 1848 en Francia Marx escribi unas lneas que, con ciertos recaudos, bien podran aplicarse a la Venezuela actual. En su clebre El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, describa la situacin en Pars diciendo que en medio de esta confusin indecible y estrepitosa de fusin, revisin, prrroga de poderes, Constitucin, conspiracin, coalicin, emigracin, usurpacin y revolucin. el burgus, jadeante, gritase como loco a su repblica parlamentaria: Antes un final terrible que un terror sin fin! Sera imprudente no tomar estas palabras muy seriamente, porque eso es precisamente lo que el imperio y sus secuaces tratan de hacer en Venezuela: lograr la aceptacin popular de un final terrible que ponga trmino a un terror sin fin. A tal efecto Washington aplica la misma receta administrada en tantos pases: organizar la oposicin y convertirla en la semilla de la contrarrevolucin, ofrecerle financiamiento, cobertura meditica y diplomtica, armas; inventar sus lderes, fijar la agenda y reclutar a mercenarios y malvivientes de la peor calaa que hagan la tarea sucia de "calentar la calle" matando, destruyendo, incendiando, saqueando, mientras sus principales dirigentes se fotografan con presidentes, ministros, el Secretario General de la OEA y dems agentes del imperio. Esto mismo hicieron hace unos aos con gran xito en Libia, en donde Washington y sus compinches inventaron los combatientes por la libertad en Benghasi. La prensa hegemnica difundi esa falsa noticia a los cuatro vientos y la OTAN hizo lo que haca falta. El resultado final: destruccin de Libia bombardeada a mansalva durante meses, cada y linchamiento de Gadafi, entre las risotadas de una hiena llamada Hillary Clinton. En Venezuela estn aplicando el mismo plan, con bandas armadas que destruyen y matan lo que sea ante una polica poco menos que indefensa.

Por comparacin, la ofensiva imperial lanzada contra Salvador Allende en los aos setentas fue un juego de nios al lado de la inaudita ferocidad del ataque sobre Venezuela. No hubo en Chile una oposicin que contratara bandas criminales para ir por los barrios populares disparando a mansalva para aterrorizar a la poblacin; tampoco un gobierno de un pas vecino que apaara el contrabando y el paramilitarismo, y una prensa tan canalla y efectiva como la actual, que hizo de la mentira su religin. Das pasados publicaron la foto de un joven vestido con uniforme de combate y arrojando una bomba molotov sobre un carro de polica y en el epgrafe se habla de la "represin" de las fuerzas de seguridad chavistas cuando eran stas las que eran reprimidas por los revoltosos! Esa prensa proclama indignada que la represin cobr la vida de ms de treinta personas pero oculta aviesamente que la mayora de los muertos son chavistas y que por lo menos cinco de ellos policas bolivarianos ultimados por los "combatientes por la libertad." Los incendios, saqueos y asesinatos, la incitacin y la comisin de actos sediciosos son publicitados como la comprensible exaltacin de un pueblo sometido a una monstruosa dictadura que, curiosamente, deja que sus opositores entren y salgan del pas a voluntad, visiten a gobiernos amigos o a instituciones putrefactas como la OEA para requerir que su pas sea invadido por tropas enemigas, hagan peridicas declaraciones a la prensa, convaliden la violencia desatada, se renan en una farsa de Asamblea Nacional, dispongan de un fenomenal aparato meditico que miente como jams antes, vayan a terceros pases a apoyar a candidatos de extrema derecha en elecciones presidenciales sin que ninguno sea molestado por las autoridades. Curiosa dictadura la de Maduro! Todas estas protestas y sus instigadores estn encaminadas a un solo fin: garantizar el triunfo de la contrarrevolucin y restaurar el viejo orden pre-chavista mediante un caos cientficamente programado por gentes como Gene Sharp y otros consultores de la CIA que han escrito varios manuales de instruccin sobre como desestabilizar gobiernos. [1]

El modelo de transicin que anhela la contrarrevolucin venezolana no es el "Pacto de la Moncloa" ni ningn pacfico arreglo institucional sino la aplicacin a rajatabla del modelo libio. Y, por supuesto, no tienen la menor intencin de dialogar, por ms concesiones que se les haga. Pidieron una Constituyente y cuando se la otorgan acusan a Maduro de fraguar un autogolpe de Estado. Violan la legalidad institucional y la prensa del imperio los exalta como si fueran la quintaesencia de la democracia. No parece que la rehabilitacin de Henrique Capriles o inclusive la liberacin de Leopoldo Lpez podran hacer que un sector de la oposicin admitiera sentarse en una mesa de dilogo poltico para salir de la crisis por una va pacfica porque la voz de mando la tiene el sector insurreccional. La derecha y el imperio huelen sangre y van por ms, y medidas apaciguadoras como esas los envalentonara an ms aunque admito que mi anlisis podra estar equivocado. Desde afuera, gentuzas como Luis Almagro que emergen cubiertos de estircol desde las cloacas del imperio orquestan una campaa internacional contra el gobierno bolivariano. Y pases que jams tuvieron una constitucin democrtica y surgida de una consulta popular en toda su historia, como Chile, tienen la osada de pretender dar lecciones de democracia a Venezuela, que tiene una de las mejores constituciones del mundo y, adems, aprobadas por un referendo popular.

Maduro ofreci nada menos que convocar a una Constituyente para evitar una guerra civil y la desintegracin nacional. Si la oposicin confirmara en los prximos das su rechazo a ese gesto patritico y democrtico el nico camino que le quedar abierto al gobierno ser dejar de lado la excesiva e imprudente tolerancia con los agentes de la contrarrevolucin y descargar sobre ellos todo el rigor de la ley, sin concesin alguna. La oposicin no violenta ser respetada en tanto y en cuanto opere dentro de las reglas del juego democrtico y los marcos establecidos por la Constitucin; la otra, el ala insurreccional de la oposicin, deber ser reprimida sin demora y sin clemencia. El gobierno bolivariano tuvo una paciencia infinita ante los sediciosos, que en Estados Unidos estaran presos desde el 2014 y algunos, Leopoldo Lpez, por ejemplo, condenado a cadena perpetua o a la pena capital. Su mayor pecado fue haber sido demasiado tolerante y generoso con quienes slo quieren la victoria de la contrarrevolucin a cualquier precio. Pero ese tiempo ya se acab. La inexorable dialctica de la revolucin establece, con la lgica implacable de la ley de la gravedad, que ahora el gobierno debe reaccionar con toda la fuerza del Estado para impedir a tiempo la disolucin del orden social, la cada en el abismo de una cruenta guerra civil y la derrota de la revolucin. Impedir ese final terrible del que hablaba Marx antes del terror sin fin.

Si el gobierno bolivariano adopta este curso de accin podr salvar la continuidad del proceso iniciado por Chvez en 1999, sin preocuparse por la ensordecedora gritera de la derecha y sus lenguaraces mediticos que de todos modos ya hace tiempo vienen aullando, mintiendo e insultando a la revolucin y sus protagonistas. Si, en cambio, titubeara y cayera en la imperdonable ilusin de que a los violentos se los puede apaciguar con gestos patriticos o rezando siete Ave Maras, su futuro tiene el rostro de la derrota, con dos variantes. Uno, un poco menos traumtico, terminar como el Sandinismo, derrotado constitucionalmente en las urnas en 1989. Slo que Venezuela est asentada sobre un inmenso mar de petrleo y Nicaragua no, y por eso hay que desterrar el espejismo de que si los sandinistas volvieron al gobierno los chavistas podran hacer lo propio, diez o quince aos despus de una eventual derrota. No! El triunfo de la contrarrevolucin convertira de hecho a Venezuela en el estado nmero 51 de la Unin Americana, y si Washington durante ms de un siglo ha demostrado no estar dispuesto a abandonar a Puerto Rico ni en mil aos se ira de Venezuela una vez que sus peones derroten al chavismo y se apoderen de este pas y su inmensa reserva petrolera.

La revolucin bolivariana es social y poltica y, a no olvidarlo, una lucha de liberacin nacional. La derrota de la revolucin se traducira en la anexin informal de Venezuela a Estados Unidos. La segunda variante de una posible derrota configurara el peor escenario. Incapaz de contener a los violentos y de restablecer el orden y una cierta normalidad econmica una insurreccin violenta aplicara el modelo libio para acabar con la revolucin bolivariana. No olvidar que ahora la nmero dos del Comando Sur es nada menos que un personaje tan siniestro e inescrupuloso como Liliana Ayalde, quien fuera embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil y que en ambos pases fue la artfice fundamental de sendos golpes de estado. Una mujer de armas tomar a quien no le temblara la mano a la hora de lanzar las fuerzas del Comando Sur contra Venezuela, derribar su gobierno y, como en Libia, hacer que una turbamulta organizada por la CIA termine con el linchamiento de Maduro como sucediera con Gadafi, y el exterminio fsico de la plana mayor de la revolucin. La dirigencia bolivariana, la obra de Chvez y la causa de la emancipacin latinoamericana no merecen ninguno de estos dos desenlaces, ninguno de los cuales es inevitable si se relanza la revolucin y se aplasta sin miramientos a las fuerzas de la contrarrevolucin.

Nota:

[1]
El ms completo de esos infames manuales escrito por Gene Sharp es De la Dictadura a la Democracia publicado en Boston por la Albert Einstein Institution, una ONG pantalla de la CIA. Sharp se considera el creador de la teora de la no violencia estratgica. Para comprender lo que significa esto, y para comprender tambin lo que est ocurriendo hoy en Venezuela, aconsejo fervientemente leer ese libro y sobre todo el Apndice, en donde su autor enumera 197 mtodos de accin no violentas, entre los que se incluyen forzar bloqueos econmicos, falsificar dinero y documentos, ocupaciones e invasiones, etctera. Todas acciones no violentas, como puede verse.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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