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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2017

El ocio olvidado en el negocio precario de la crisis

Mayt Guzmn Mariscal
Rebelin


En el intento de ser optimistas, a dnde miramos? Tener o no tener trabajo, he ah un dilema casi shakespierano. Hoy precisamente mi compaero de piso me comentaba que un colega le pregunt cuntos de los que estn a tu alrededor tiene trabajo. Yo no supe que contestar, me dijo, porque si lo pienso, qu se considera un trabajo en estos tiempos. Todos esos quehaceres puntuales, inestables y penosos, a cambio de una paga miserable?, eso se puede considerar un trabajo?, concluy a modo de reclamo.

Luego leo en el diario los testimonios de algunas mujeres a quienes es imposible aplaudir el irrisorio aumento del salario mnimo interprofesional que coloca la paga mensual en poco ms de setecientos euros al mes, pues an as resulta insuficiente para mantener a sus familias (monomarentales en muchos casos) y adems pagar por la salud, la educacin y la vivienda de los suyos.

Valdra la pena empezar haciendo una distincin entre las acepciones que se barajan cuando alguien habla de trabajo, como son oficio, profesin, ocupacin o empleo.

Las revoluciones industrial y digital han ido desplazando el carcter de los oficios, donde se transmita un conocimiento generalmente de caracter emprico y que dominaba el maestro, quien a su vez instrua a uno o varios discpulos no necesariamente de su descendencia, aunque casi siempre de una generacin subsiguiente. Ejemplos de oficios son la agricultura, la carpintera, la herrera, los textiles, la peletera, la albailera, la cestera, la panadera, la jardinera.

Cuando alguien preguntaba a otra persona sobre su profesin, se entenda que la misma cuestin llevaba implcita otra referente a la ocupacin, ya que la respuesta sola resolver ambas inquietudes. Se habla de profesin, especficamente cuando media una formacin reglada de un conocimiento sistematizado que faculta a alguien para realizar alguna actividad dentro del mercado laboral. Ahora se habla de profesionalizarlo todo, como si eso fuera la frmula para resolver la desigual distribucin de la riqueza y/o el trabajo productivo, la falta de oportunidades o las ya generalizadas condiciones de explotacin en el medio laboral. La realidad, como sabemos, es otra muy distinta.

En cuanto al empleo, ste existe como un medio de sustento mediante el ejercicio de cualquier actividad productiva ms o menos cualificada (que no necesariamente tiene caracter de profesional), donde media un contrato y que normalmente redita ingresos escasos, denominados salario.

Finalmente, el trabajo se asocia a una categora econmica donde una persona vende su fuerza o capacidad de producir a otra persona que posee los medios de produccin.

Cuando entre tantas desinformaciones los medios de comunicacin hablan del incremento de la cifra de desocupados no puedo ms que rer. Todas las personas tienen, tenemos diversas ocupaciones, incluso, las actividades creativas y recreativas tambin lo son, aunque haya quien siga pensando que estas ltimas son privativas de un ncleo selecto de personas, que no pertenecen a la clase trabajadora precisamente. Es decir, que a estas alturas an existe gente que opina que los pobres no sabran qu hacer si la jornada laboral fuera de cuatro horas diarias (por ejemplo), suficientes para producir lo que necesita, y el resto fuera tiempo dedicado al ocio. O lo que es lo mismo, que los trabajadores no sabran que hacer con su tiempo libre, habida cuenta que podran dedicarse, entre muchas otras cosas, a realizar aquellas labores de cuidados que tienen rostro femenino, pues es a ellas a quien se ha asignado por antonomasia el desempeo de estas tareas que son el sostn de la vida, pese a que nos corresponde a todos realizarlas.

En este sentido se ha reforzado la idea perversa de tener 'contentos' a los pobres reivindicando la dignidad del trabajo, como si el tiempo de ocio fuera una especie de vicio que se deba evitar. No slo hay que trabajar, sino hay que trabajar siempre, es una lgica que poco o nada tiene que ver con la justicia econmica, como tampoco lo es consumir ms de lo que cada quien produce, como lo han hecho histricamente la aristocracia o la burguesa que se sostienen a costa de lo que producen los trabajadores, adems de ser quienes se han apropiado de los medios de produccin.

Con todo ello, la crisis econmica ha acentuado notables diferencias en este discurso de manera que la poblacin asume que cualquier trabajo, en las condiciones que sean, es digno, por el simple hecho de ser trabajo. Todo indica que los mtodos de produccin modernos y la estructura del mercado laboral actual han aniquilado la capacidad de ocio de las personas, por lo que la necesidad de disfrute y esparcimiento se va desplazando a lo largo de la vida por estrs, cansancio y decepcin.

De la misma manera se percibe que el exceso de personas en situacin de desempleo y por tanto, con una disponibilidad mayor de tiempo libre, tampoco se ha traducido en mejoras en la calidad de vida. Actualmente, la lucha por la reivindicacin del tiempo libre representa la imposibilidad de administrar un exceso de tiempo aparentemente vaco de deseos, proyectos y reconocimiento social.

Sin embargo, ante situaciones como las ya descritas, resulta cada vez ms difcil detectar, comprender o asimilar distintas contradicciones sistemticas y sintomticas, como la asuncin, en trminos polticos, de una militancia de izquierda que podra categorizarse dentro de la clase media-alta, con dos trabajos o una plaza como funcionarios, en el comn denominador, lo cual les permite un ingreso equiparable a tres veces ms que el de una mayora de pluriempleados en trabajos precarios que les ocupa ms de ocho horas diarias, y quienes evidentemente, no tienen tiempo, ni ganas para dedicarse a las reivindicaciones polticas o de ndole social. As las cosas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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