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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2017

Eso en que hemos convertido las relaciones y la naturaleza, habla por s solo
Violencia, marca de identidad

Carolina Vsquez Araya
Rebelin

La indiferencia ante el sufrimiento ajeno parece ser la marca de identidad de nuestra especie


No es necesario escarbar demasiado para ver las manifestaciones de esa fascinante estructura de instintos e impulsos, deseos y rechazos propios de nuestra naturaleza imperfecta. Estamos constituidos de odios y amores, dependencias y apetitos, girando en torno a un egosmo difcilmente controlable. Qu nos impide actuar como seres primitivos, sino el miedo a las consecuencias? El amplio panorama de la historia pasada y presente es un gran tratado sobre la violencia y el ansia de poder, pero especialmente sobre los mecanismos de represin -ms o menos efectivos- sobre una Humanidad abandonada a sus deseos.

Las religiones han cumplido su papel: el miedo al castigo y a la perdicin del alma ha actuado como un disuasivo poderoso sobre grandes masas, pero el mensaje de amor nunca ha sido suficientemente efectivo como para modificar el impulso atvico de destruir a quienes piensen o acten diferente, porque esa defeccin representa una amenaza para la hegemona de un grupo social sobre otro. De ah las guerras santas con su orga de sangre y su mensaje de odio. Es entonces cuando surge la duda de si el primer acto humano est condicionado por ese terrible sentimiento.

En qu momento de la historia se produjo la marginacin de la mujer resulta difcil de determinar, en parte porque el relato del pasado est ya teido con una visin patriarcal. Pero el hecho es que esa marginacin se fue perpetuando y fortaleciendo al punto de convertirse en un valor social indiscutible, incluso, para la poblacin vctima de tales prcticas. Contra la mujer resulta fcil ejercer violencia. Es fsicamente ms dbil y psicolgicamente ya viene programada desde la niez para someterse a la voluntad masculina. Los impulsos de liberacin son ridiculizados por la colectividad con el propsito de detener ese afn independentista, lo cual impacta profundamente en la psiquis y en la autoestima de ese importante segmento de la poblacin.

nicamente por eso y por esa inclinacin natural a destruir al otro que en apariencia caracteriza a nuestra especie, es posible entender la pasividad ciudadana ante el asesinato de nias y mujeres, las violaciones sexuales, la prctica hogarea del incesto, la falta de atencin a sus necesidades bsicas de proteccin, educacin y salud. All es en donde mejor se identifica el odio ancestral que plasma su impronta en nuestros actos cotidianos. En ese desprecio por la vida misma es en donde podemos vernos en un espejo de alta definicin, sometidos a la fuerza de prejuicios y atavismos heredados.

Cuando miramos alrededor y vemos tanta destruccin y tanto silencio de los justos, se agolpan las preguntas sobre cundo se produjo la prdida de los principios y valores de la sociedad, pero tambin si esos principios alguna vez existieron o simplemente no haba desafos que pusieran ese hecho en evidencia. Hoy, entre tanta agresividad, crimen impune e indiferencia, es imperativo retomar el tema y cuestionarse con seriedad y compromiso cul es el papel de la comunidad en este escenario de dolor y muerte. Estamos rodeados de maldad y hemos sido incapaces de reaccionar para detenerla. Si la comunidad es tan devota y amante de la paz como aparenta en las redes sociales y en sus crculos personales cmo es posible permanecer impvida ante el horror que la rodea? O es que su discurso de amor al prjimo solo funciona como un maquillaje para disimular su insensibilidad y falta de empata? Solo por medio de un despertar de la conciencia ser posible revertir esa tendencia autodestructiva y reparar profundas carencias.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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