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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2017

Las flores del mal

Ren Fidel Gonzlez Garca
Sin Permiso


Por qu le temen al Derecho? Por qu le temen a la ciudadana y a sus ejercicios? A qu se debe esa visin bipolar, esquizoide, que descubre enemigos en cada idea y propuesta, que intenta construir un pensamiento dicotmico como eje del entendimiento de la nocin de repblica y del socialismo en Cuba?

En mi compresin la Revolucin es tambin un resultado del ejercicio popular de la crtica de la sociedad y el Estado existente, y que para seguir siendo tal no puede detenerse y dejar de ser ni popular ni crtica, ni siquiera ante su propia creacin estatal y la sociedad surgida de sus mismas transformaciones. Como no es obra de iluminados, ni nadie tiene ni tendr nunca en ella creble y perdurablemente el monopolio de las ideas sino la oportunidad de ser til a todos, por eso tiene que convocar y juntar, concertar y allanar voluntades y diferencias, sueos y esfuerzos, porque a la Revolucin, a su realizacin y a su sobrevida, concierne la unidad que logre.

Qu asusta a otros de llamar la atencin sobre el proceso de reforma de la Constitucin? qu les inquieta de convocar al imperio de la ley y propugnar y proponer armonizar, sistematizar e institucionalizar y volver cultura poltica los derechos, las libertades y la conducta de civismo y decencia que tan importante ha sido y es a la Revolucin en Cuba?

Algunos llevan meses ya agitando al viento el monigote tan escalofriante como real de la subversin del Estado y la sociedad cubana que ha sido el proyecto de nuestros adversarios durante dcadas, como si intentaran sobre todo abrir una senda de desconfianza, sectarismo y extremismo de la que se creen ellos mismo a salvo en su pedantera, y que parece hecha ms para ser recorrida por revolucionarios y personas honestas y sin dobleces, y para promover la misma obsecuencia, el oportunismo y la desidia que nos puede corroer finalmente como proyecto poltico.

Basta ya de etiquetas, descalificaciones y tergiversaciones, de juntar maderos que acaso slo servirn para quemar revolucionarios que disienten y critican, que proponen y se comprometen abiertamente precisamente por serlos; de cortocircuitar y oscurecer la participacin y la opinin franca con el sndrome de sospecha que apenas disimula la haraganera o la incapacidad para hacer la poltica ms all del catecismo de consignas mal digeridas y peor entendidas del pensamiento profundo y lcido, emancipador y solidario que ha sostenido a la Revolucin como opcin de las mayoras; basta ya de hacer de las circunstancias y de la agresividad y los trabajos del enemigo un patbulo para los principios, la legalidad, el decoro y la razn; de solicitar e intentar exmenes de limpieza de sangre ideolgica que slo sirven para impostar abrumadoramente la autntica militancia revolucionaria, el talento, la capacidad y la vocacin para servir y la confianza. Llegar el da en que nuestros adversarios les premien por la estela de confusin, divisin, aridez, banalidad y absurdo que dejan a su paso en defensa de la Revolucin, o desaparecern ajenos de su culpabilidad inmensa?

Para entender esto ltimo quizs bastara con ver en das pasados a la contrarrevolucin defender en su propio beneficio, por primera vez en su historia, la primaca de la misma Constitucin que pretenden derribar y a revolucionarios justificando la necesidad de conculcar derechos constitucionales reconocidos y garantizados por ella en nombre de la defensa de la Revolucin. Faltando apenas unos meses para la reforma de la carta magna cubana, muchos de los argumentos dados para respaldar decisiones tomadas por algunos funcionarios pblicos han sido elaborados desde una bochornosa ausencia de cultura jurdica, del desconocimiento de los valores superiores de la Constitucin y de su papel como contenedor de los derechos y garantas que le son reconocidos a todos los ciudadanos.

Se puede tener la razn y dejar de ser la mayora, se puede ser derrotado y seguir teniendo la razn, lo que no se puede concebir que ocurra es que teniendo la razn y siendo an la mayora se actu como si se estuviera derrotado. Hacer tal, conduce irremediablemente a la derrota. En poltica, y ah est la responsabilidad que compartimos todos, el dogmatismo, la intolerancia, la inmovilidad y la inerte autocomplacencia con el ejercicio poder o de las facultades que fascina a algunos, por ms tonificante que resulte ser, es tan slo un sntoma de incapacidad para liderar, convencer, o aglutinar y siempre una seal de debilidad que no dudarn en aprovechar los adversarios.

Tengo una comprensin muy clara de que muchos de los procesos de cambio poltico son resultados de largos y casi imperceptibles cursos de acumulacin social y cultural, y que no pocas veces, son catalizados y se expanden hasta alcanzar sus verdaderas dimensiones por eventos que, en principio, parecen ser simples incidentes. Tambin, como nos ensearon los revolucionarios en Cuba, que la poltica no es nunca un acto rampante de poder, sino, por lo menos en una Revolucin, una angustiosa y demandante forma y posibilidad tica de conseguirlo, manejarlo, hacerlo til y ponerlo al servicio de todos.

Como sociedad y proyecto poltico que ha pretendido ser alternativo al capitalismo habr que reflexionar mucho sobre el significado de ese dimensionamiento tico de la poltica. La apelacin a la responsabilidad poltica no puede ser un entendida como un atajo de lo til contra la honesto, o como justificacin para confundir lo conveniente con lo que es posible. Es verdad que todo lo que hacemos regresa siempre a nosotros de formas inimaginables, pero no hay que olvidar que lo nico peor a una sociedad en que las mayoras olvidan el papel de la poltica y las dejan en manos de minoras que le representan, es aquella en que esas minoras tambin olvidan cmo hacerla.

Acaso esa reflexin tenga que arrancar de interpretar que cuando no se identifica y trata a los dems como iguales, se acaba siempre por hacer prevalecer la fuerza y la arbitrariedad en la relacin con el otro; tambin de la necesidad y conveniencia de un ejercicio elemental de empata y tica que nos impida perder, incluso a pesar de las circunstancias, el respeto por la dignidad ajena sobre la que descansa la nocin de justicia. Hacer tal cosa, no es de cobardes, ni de pusilnimes, mucho menos de traidores, es sobre todo un acto de realismo poltico, pero bastara con que fuere nacido de la decencia.

Habr que seguir serenamente la marcha, ms all del pattico costo que nos pueda ser impuesto, sabiendo que el miedo al Derecho es el espejo del miedo al ejercicio de los derechos, que el miedo a la Constitucin, a sus valores y poderosa capacidad de inspirar la audacia, la tica y el respeto al otro del que nace el respeto por uno mismo, es el espejo del miedo a la ciudadana plena, la democracia y la justicia reivindicada entre nosotros por el socialismo y la forma de gobierno republicana.

El miedo nace de la ignorancia, pero el miedo siempre conduce al odio.

Ren Fidel Gonzlez Garca Doctor en Ciencias Jurdicas, hasta su despido por motivos polticos fue profesor titular de Historia del Derecho en la Universidad de Oriente, Cuba.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/cuba-las-flores-del-mal


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