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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2017

La polarizacin y la cuestin caribe

Reinaldo Iturriza Lpez
Rebelin


El texto que publico a continuacin es el que abre la primera parte del libro El chavismo salvaje, intitulado Qu es la polarizacin?. He considerado necesario agregarle una breve introduccin, en la que hago un ejercicio muy conciso de actualizacin. Las circunstancias lo exigen.

Puesto que las de hoy son circunstancias muy similares a las de 2002, ao del golpe de Estado contra Hugo Chvez. El mismo odio, el mismo miedo, el mismo espritu de venganza. Los mismos crmenes atribuidos automticamente al chavismo, no importando si luego las investigaciones arrojan conclusiones que lo desmienten. Las mismas brutales golpizas a personas por el simple hecho de parecer chavistas. El mismo furor antipoltico, el mismo envilecimiento de una minora muy violenta, rechazada por la mayora de la poblacin venezolana, incluyendo la mayor parte de la base social del antichavismo.

La misma impostura sobre la polarizacin entendida como enfrentamiento irracional de dos fuerzas equivalentes, con la salvedad de que ya no se tratara exactamente de dos fuerzas: del lado del chavismo apenas persistira un Gobierno muy dbil que ha traicionado el legado de Chvez, razn por la cual, de acuerdo a lo que plantean los anlisis ms condescendientes, solo faltara resolver el misterio de cmo es que todava una pequea parte del pueblo y, ms curioso, del movimiento popular, le sigue apoyando.

Los ejemplos sobran, pero con fines estrictamente ilustrativos podran citarse tres de ellos: Eleonora Crquer Pedrn se refiere al gobierno catico y delincuencial de Maduro (1), y describe as la situacin poltica en Venezuela: por un lado, los excesos de un gobierno espectral, mercenario y totalitario; y, por el otro, los despropsitos e inconsistencias de una oposicin negadora y debilitada por el logos nostlgico y profundamente autoritario que la rige (2). Es tambin el caso de Emiliano Tern Montavani, para quien el horizonte compartido de los dos bloques partidarios de poder es neoliberal (3) o el caso de Keymer vila, quien, a propsito de la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente hecha por el presidente Maduro, ha escrito: Si este proceso lo ganan (sic) cualquiera de los dos polos aparentemente antagnicos perderemos todos, la Constitucin hay que protegerla de ambos bandos (4).

Con sus honrosas excepciones, y con notables desniveles en cuanto a rigurosidad analtica, quienes reproducen las diversas variantes de este discurso de la polarizacin incurren en los mismos errores o despropsitos de hace quince aos: en su afn por marcar distancia del conflicto poltico, terminan suscribiendo las posiciones del antichavismo, incluso del ms antidemocrtico, o asumiendo posturas que le son completamente funcionales.

Se ha dicho demasiadas veces que hay hechos histricos trgicos que se repiten como farsa. En el caso del manido discurso de la polarizacin, habra que decir que hay errores que son an ms trgicos cuando se repiten.

Es el tipo de error que se comete, por ejemplo, cuando no se distingue entre la poltica boba, que enfrenta a las lneas de fuerza ms conservadoras y autoritarias del chavismo con lo ms ruin del antichavismo (5), y el conflicto histrico en desarrollo actualmente en la sociedad venezolana, que enfrenta dos proyectos polticos antagnicos.

Incluso a quienes hemos combatido desde siempre a los policas del pensamiento y la poltica entendida como ejercicio paranoico, nos resulta sospechosa la total ligereza con la que son tratados asuntos tan decisivos como la guerra econmica contra la poblacin venezolana y su relacin directa con los esfuerzos imperiales por retomar el control total de nuestros recursos (en este punto, Tern Mantovani es una excepcin). No vale excusarse, a estas alturas, en las deficiencias de la vocera oficial y su propensin a reducir la interpretacin de la realidad a mera propaganda. Cuestinese la propaganda, pero no se incurra en el mismo error de anular la realidad.

Algo muy similar cabe decir a propsito de quienes, como nos corresponde a todos y todas, repudian las violaciones de derechos humanos, algunas de ellas graves, que se producen cuando el Gobierno nacional acta para mantener, controlar o restablecer el orden pblico, pero guardan un silencio casi sepulcral frente al ataque sistemtico de centros de salud pblicos, unidades educativas pblicas, unidades e instalaciones de transporte pblicos, centros de distribucin de alimentos pblicos, sedes u oficinas de instituciones pblicas, actos de sabotaje del servicio elctrico y, lo peor, el asesinato de personas que no estaban manifestando en contra del Gobierno nacional; actos criminales que, dicho sea de paso, son perpetrados muchas veces con la complicidad de autoridades regionales o locales opositoras al Gobierno nacional, incluyendo los cuerpos policiales bajo su responsabilidad. O es que, cuando de derechos se trata, unos son ms humanos que otros?

La indignacin selectiva, esa que nos hace lamentar la muerte de unos seres humanos e ignorar la de otros, es una expresin clara y terrible de los niveles de degradacin que puede alcanzar el conflicto poltico, que es lo que ocurre inevitablemente, por cierto, cuando el conflicto no se dirime democrticamente. Pero peor an es pretender que, en nombre del rechazo a la indignacin selectiva, se puede silenciar el hecho de que durante las mal llamadas guarimbas de febrero a junio de 2014, treinta y seis personas murieron como consecuencia de acciones de los guarimberos y siete a manos de efectivos policiales o efectivos militares (6). Cmo guardar silencio frente al hecho de que este patrn se est repitiendo en 2017, con el agravante de que, en tan solo un mes, la cantidad de vctimas mortales casi alcanza a la de 2014? (7). Es cierto: las vctimas mortales caen de lado y lado. Pero hay que tener muy poco coraje para no reconocer que esto ni siquiera est cerca de ocurrir proporcionalmente.

Tratar tan ligeramente asuntos tan decisivos o permanecer callados frente a hechos tan graves solo puede ser funcional a las fuerzas polticas ms retrgradas: esas que celebran por adelantado la supuesta inminente restauracin de la democracia, cuando lo que estn es cerca de aniquilarla; las mismas que intentan crear un clima de crispacin tal, que resulte absolutamente natural hablar de matar chavistas como si de matar moscas se tratara; las mismas que estn haciendo todo lo posible porque haya un bao de sangre en Venezuela; las mismas que, sin vergenza alguna, hacen bandera poltica de personas presuntamente asesinadas por partidarios del antichavismo (8).

Porque una cosa es la obligacin que tiene el chavismo de asumir la responsabilidad que le corresponde y otra muy distinta es acusarle de ser el culpable de cuanto ocurre en Venezuela. En 2002, cuando al menos resultaba novedosa, esta postura era ya sencillamente inaceptable: era la sociedad civil atribulada por la tragedia que significaba la presencia intolerable de la barbarie chavista. En 2017 la tragedia es de mayores proporciones: es todo el pueblo levantado contra la dictadura, un Gobierno que desconoce la voluntad popular, neoliberal, totalitario, criminal, etc. De aquel fuego revolucionario, de aquel pueblo politizado, solo quedaran las cenizas, y un pas en ruinas.

Antes de terminar con esta introduccin, quisiera traer a colacin una entrevista a William Ospina publicada en El Espectador el 12 de enero de 2013 (9), en la que el escritor era interpelado en trminos ms bien severos por el contenido de un artculo de su autora, publicado exactamente una semana antes en el mismo peridico, e intitulado A las puertas de la mitologa (10).

El artculo en cuestin, en el que Ospina realizaba una elocuente defensa de Hugo Chvez (Yo creo que ha sido un gran hombre, que ha amado a su pueblo, y que ha intentado abrir camino a un poco de justicia en un continente escandalosamente injusto), iniciaba con la siguiente ancdota: Alguna vez le pregunt a Garca Mrquez si no haba sido muy difcil ese momento en que buena parte de la intelectualidad latinoamericana rompi con la Revolucin cubana, y slo l y unos pocos siguieron siendo sus amigos. Gabo no respondi con una teora sino con algo ms visceral: Para m, dijo, lo de Cuba fue siempre una cuestin caribe. A mi parecer, ello quera decir que no se trataba de marxismo o teoras revolucionarias sino de la lucha de un pueblo por su soberana y su cultura frente al asedio de unos poderes invasores (11).

Volviendo a la entrevista, en algn punto del careo con la periodista, Ospina dej colar la siguiente frase: Venezuela es el nico pas de Amrica Latina en donde los pobres estn contentos y los ricos estn molestos. Eso debera significar algo (12).

Poco ms de cuatro aos despus, muchos pobres estn molestos y muchos ricos estn contentos. Eso debera significar algo.

Pero adems, para entender lo que acontece a Venezuela hay que preguntarse: quines desean la guerra y los sepulcros, y quines la paz y la justicia?

Lo de Venezuela fue con Hugo Chvez y sigue siendo con Nicols Maduro una cuestin caribe. No importa cuntos rompan con nosotros, y si nos quedamos con pocos amigos.

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Qu es la polarizacin? (13)

Recuerdo ese balcn en Sabana Grande, casi sobre la Casanova, la noche del viernes 6 de diciembre de 2002. Los alaridos de horror, la sorpresa, el estupor: todo poda percibirse con una nitidez paralizante. Al cabo de pocos segundos, la explosin de clera, bramidos aislados e imprecaciones que fueron convirtindose en un coro que peda venganza. Un desquiciado acababa de abrir fuego contra el antichavismo congregado en la Plaza Francia. La noche apenas comenzaba.

Me toc lanzarme a la calle, rumbo a Plaza Venezuela, donde agarrara el autobs hacia San Antonio de Los Altos. Tal vez fueron los minutos ms largos de mi vida. Lo que s es seguro es que nunca como entonces alcanc a sentir algo parecido a aquel odio que circulaba a corrientazos, como latigazos en la nuca, como el mar embravecido golpeando con todas sus fuerzas las paredes de un malecn. El aire pesado, a punto de desplomarse y aplastarnos a todos, era sostenido a duras penas por el chillido de algn carro, el taconeo nervioso, el rumor colectivo. Odio, mucho odio. Y miedo. En las inmediaciones de la Plaza Francia, un buhonero con apariencia de chavista haba sido golpeado salvajemente. El recorrido a casa, que en condiciones ideales puede completarse en menos de treinta minutos, me tom cuatro o cinco horas interminables. Barricadas en la Panamericana, alimentadas por rboles que eran talados con motosierras por tipos musculosos que vestan a la ltima moda. Puetazos y patadas contra los carros de quienes se atrevan a reclamar, por ms tmidamente que fuera, contra aquellos mtodos de protesta. Gente en las calles, desaforada. Escaramuzas. Noticias de intentos de agresin fsica contra personas de pblica filiacin chavista. San Antonio es como una gran urbanizacin del este de Caracas: furibunda y militante. Aquel da, una parte de la sociedad venezolana, minoritaria pero muy beligerante, acus automticamente a su contraparte poltica de ser la responsable de un abominable crimen en el que, sin embargo, no tuvo participacin alguna. Sin pruebas, por supuesto. Sin enmienda posterior. Lo hizo antes y lo continu haciendo despus. Esta falta, ms bien este exceso, el conjunto de circunstancias que eximan al antichavismo de reconocer la dignidad e incluso la humanidad de su oponente, era consecuencia de la polarizacin.

Pero la polarizacin es una aagaza. El vocablo suele remitir a crispacin, predominio de las emociones sobre la razn, intolerancia, invasin de la poltica en todas las esferas de la vida, etc. Aagazas todas. Trampas de la retrica para cazar incautos o desprevenidos, incluso para movilizar voluntades. Un engao. En la Venezuela en tiempos de chavismo, el uso del trmino tiene su origen en una enorme impostura. A grandes rasgos, sta consiste en aparentar distancia frente al conflicto poltico, en ubicarse ms all de las dos grandes lneas de fuerzas enfrentadas, para tomar partido por una de ellas, de manera subrepticia.

No en balde, el discurso de la polarizacin cobr mayor auge justo a partir de 2002, cuando el Gobierno de Chvez estuvo ms asediado, y cuando el chavismo fue ms vilipendiado, estigmatizado, criminalizado, demonizado. En tal contexto, la nocin de polarizacin traduca el enfrentamiento irracional, fuera de todo cause democrtico, lejos de todo respeto por las formas civilizadas de la poltica, entre dos fuerzas equivalentes, en cuanto a mtodos y propsitos: la aniquilacin del adversario mediante el insulto, la provocacin o la descalificacin, primero, y luego mediante la violencia fratricida. En otras palabras, se trata de un discurso que, pretendindose como el nico autorizado para dibujar un mapa realmente fiel de la conflictividad poltica, haca exactamente lo contrario: borronearlo, salvando la responsabilidad histrica de una minora dispuesta literalmente a todo con tal de desconocer la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano, y caricaturizando grotescamente al chavismo, en lugar de hacer un mnimo esfuerzo por retratarlo con justicia.

Adems de tamaa impostura, ms bien predominante en predios acadmicos, todava preocupados por aparentar objetividad, tal discurso encierra una gran paradoja, sobre todo cuando se despliega a travs de un periodismo que demasiado pronto se liber de ataduras ticas: la figura de Chvez es a la vez demonizada y endiosada. Chvez sera responsable, antes que cualquier otra cosa, de estimular el odio social, dividiendo al pas en ricos y pobres, oligarcas y bolivarianos (de all provendra, fundamentalmente, su capital poltico). Luego, sera el lder mesinico, vista su extraordinaria habilidad para la manipulacin de las masas resentidas y postergadas. Sin embargo, puesto todo el empeo en facilitar el avance de la cruzada moral que l mismo anuncia, concentrado en la distribucin de culpas, este discurso supone lo que hay que explicar: cmo se constituye el sujeto chavista. Esta polarizacin que atizara Chvez con su lenguaje violento slo es posible haciendo desaparecer al chavismo, es decir, reducindolo a una masa manipulable, maleable, pasiva, rabiosa, irracional, que poco o nada juega en esta historia. As, Chvez es convertido por sus ms acrrimos enemigos en un demiurgo que vendra a ordenar lo informe (las masas) para volver a promover el caos. En otras palabras, y para colmo de ironas, en nombre de la polarizacin, el antichavismo hace aquello de lo que acusa a Chvez: le niega al chavismo su condicin de sujeto poltico, porque de alguna forma hay que explicar el origen de esa fuerza sobrenatural (lase apoyo popular), que exhibe la deidad maligna.

Al menos en su versin ms difundida, el discurso de la polarizacin es hagiografa pura y dura. Pero en este caso, no para justificar a los monarcas, como dira Wallerstein, o como una prctica estimulada por las lites que controlan a su antojo las estructuras de poder, sino para suscitar al sujeto encargado de superar la situacin de polarizacin y poner las cosas en su sitio: la sociedad civil. Una suerte de hagiografa a la inversa que legitima la lucha contra el absolutismo de Chvez. La sociedad civil no slo es anverso, en tanto que encarna los intereses de las lites que comienzan a ser desplazadas, sino tambin el reverso del sujeto pueblo chavista que, no obstante, permanece invisibilizado, reducido, oculto. Incapacitado, o ms bien indispuesto para reconocer lo que pudiera haber de singularidad en el chavismo, concluye invariablemente que Chvez es una reedicin del pasado secular, ms de lo mismo, el caudillo que siempre vuelve (junto a su montonera) para recordarnos cunto de barbarie sigue habiendo entre nosotros.

Si Gramsci hablaba de pesimismo de la inteligencia, nuestros hagigrafos personifican la inteligencia desencantada: la realidad nunca est a la altura de sus expectativas. Actan como los historicistas que retrataba Benjamin, que andan en el pasado como en un desvn de trastos, hurgando entre ejemplos y analogas. Chvez es inscrito en la regularidad de los caudillos que van y vienen, mientras la decepcin crece, porque el presente es siempre una promesa incumplida. Pero si este discurso se conforma con una imagen eterna del pasado, para seguir con Benjamin, nos corresponde levantar una experiencia nica del mismo, que se mantiene en su singularidad. Mientras dejamos que los otros se agoten con la puta del hubo una vez, en el burdel del historicismo, nosotros permanecemos dueos de nuestras fuerzas: lo suficientemente hombres como para hacer saltar el continuum de la historia.

Corregir la falta de carcter que supone este discurso de la polarizacin como hagiografa, que atenaza y deshumaniza la figura de Chvez (endiosndolo y demonizndolo al mismo tiempo) y relega al chavismo al ostracismo, expulsndolo del paraso terrenal de la poltica, implica de hecho desacralizar la poltica venezolana: la manera como se cuenta su historia, la forma como es concebida y practicada. Desacralizar significa aqu reconocer el conflicto como fundamento de la poltica y no marcar distancia frente a l en razn de una pretendida superioridad moral ni borronearlo en nombre de la objetividad cientfica o periodstica. Justamente porque ambas imposturas se fundan en una condena moral del conflicto (empata con el vencedor, lo llamaba Benjamin), el sujeto de la lucha desaparece de la escena, o solo aparece como mueco de ventrlocuo. Esto es lo que significa el chavismo: es el sujeto de la lucha. Desacralizar significa por tanto hacer visible a este sujeto, rescatarlo de la oscuridad, lo que por cierto no equivale a retratarlo como el ngel que ha venido a redimirnos o como el profeta en la cruz dispuesto a expiar nuestros pecados. Al contrario, quiere decir retratar al chavismo en toda su profanidad, con sus grandezas y sus miserias. Desacralizar significa tambin humanizar la figura de Chvez, lo que implica, al menos para el campo popular y revolucionario, aproximarse sin complejos al esquivo asunto del liderazgo.

Se dice, por ejemplo, que el gran problema del chavismo, su principal debilidad, la causa de su fracaso inevitable, es que est aprisionado en la figura de Chvez, que es incapaz de superar ese lmite. Una posicin tal presupone, obviamente, que el chavismo slo puede relacionarse con su lder desde una posicin subordinada, expresada en el apoyo ciego y la incondicionalidad. Prcticamente no existe diferencia entre esta posicin y la asumida desde el comienzo por el antichavismo ms rancio. De hecho, puede decirse que no es ms que su variante progre. Una vez ms, lo que permanece oculto es el chavismo como sujeto de la lucha, el hecho de que su propia constitucin como sujeto poltico no hubiera sido posible sin beligerancia, sin conflicto, sin interpelacin. Chvez ha prestado su apellido y su liderazgo, pero su liderazgo no es nada sin el chavismo. Son dos procesos simultneos y dependientes uno del otro: subjetivacin poltica del chavismo e irrupcin del Chvez lder.

Una vez desacralizada, podemos hablar de la polarizacin como el resultado de una interpelacin mutua y permanente entre Chvez y el pueblo chavista. La consecuencia es un nuevo universo poltico: durante largo tiempo reducido a la nada, invisibilizado, silenciado, marginado, el pueblo irrumpe en la escena poltica para trastocarlo todo. El chavismo encandila: con l se hacen escandalosamente visibles las contradicciones de clase y casta, las injusticias de todo tipo. Una poltica aletargada y estancada se ve arrollada por un sujeto que agita y se moviliza, demanda y antagoniza. En abierta oposicin a la razn desencantada de nuestros hagigrafos, el chavismo encarna la razn estratgica, como la concebira Daniel Bensad. Con el chavismo, la sociedad venezolana se repolitiza, se reconoce en la actualidad del conflicto, dejando atrs la mojigatera de las formas civilizadas de la poltica, que relegaban al pueblo, en el mejor de los casos, al pattico papel de actor de reparto.

Con el chavismo cambi la historia de la poltica. Por eso, en previsin de las falsificaciones al uso, vale todo el esfuerzo que se haga para contar, tantas veces como sea posible, la historia de cmo es que cuando decidimos luchar, ya nunca ms fuimos los mismos. Fuimos mejores. Lo que seguimos siendo, pese a todo.


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(1) Eleonora Crquer Pedrn. Violencia y espectacularizacin: del impase de la poltica a la poltica del impase en la Venezuela contempornea. Frontal 27. 22 de abril de 2017.

http://frontal27.com/violencia-y-espectacularizacion-del-impase-de-la-politica-a-la-politica-del-impase-en-la-venezuela-contemporanea/

(2) Eleonora Crquer Pedrn. Violencia y espectacularizacin: del impase de la poltica a la poltica del impase en la Venezuela contempornea. Frontal 27. 22 de abril de 2017.

http://frontal27.com/violencia-y-espectacularizacion-del-impase-de-la-politica-a-la-politica-del-impase-en-la-venezuela-contemporanea/

(3) Emiliano Tern Mantovani. Venezuela desde adentro: siete claves para entender la crisis actual. Amrica Latina en Movimiento. 20 de abril de 2017.

http://www.alainet.org/es/articulo/184922

(4) Keymer vila. La Constitucin como pharmakos. Contrapunto. 3 de mayo de 2017.

http://contrapunto.com/noticia/la-constitucion-como-pharmakos-134110/

(5) Reinaldo Iturriza Lpez. El chavismo salvaje. Editorial Trinchera. 2017. Pgs. 104-106, 160-161.

(6) AVN. Defensor del Pueblo: Fascismo fue causa principal de las 43 vctimas de la guarimba. 18 de enero de 2016.

http://m.avn.info.ve/contenido/defensor-del-pueblo-fascismo-fue-causa-principal-43-v%C3%ADctimas-guarimba

(7) Luigino Bracci Roa. Lista de fallecidos por las protestas violentas de la oposicin venezolana, abril y mayo de 2017 (Actualizado). Alba Ciudad. 4 de mayo de 2017.

http://albaciudad.org/2017/05/lista-fallecidos-protestas-venezuela-abril-2017/

(8) El 6 de mayo de 2017, el partido opositor Voluntad Popular, a travs de su cuenta oficial en Twitter, exiga justicia para Carlos Eduardo, Paola, Kenyer, Almelina y Miguel, y acusaba al presidente Nicols Maduro de asesino. Los presuntos asesinos de Paola Ramrez Gmez y Almelina Carrillo son partidarios del antichavismo.

https://twitter.com/VoluntadPopular/status/860801195383934976

(9) Cecilia Orozco Tascn. Chvez entrar a la mitologa de los altares callejeros. El Espectador. 12 de enero de 2013.

http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/chavez-entrara-mitologia-de-los-altares-callejeros-articulo-396288

(10) William Ospina. A las puertas de la mitologa. El Espectador. 5 de enero de 2013.

http://www.elespectador.com/opinion/las-puertas-de-la-mitologia-columna-395237

(11) William Ospina. A las puertas de la mitologa. El Espectador. 5 de enero de 2013.

http://www.elespectador.com/opinion/las-puertas-de-la-mitologia-columna-395237

(12) Cecilia Orozco Tascn. Chvez entrar a la mitologa de los altares callejeros. El Espectador. 12 de enero de 2013.

http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/chavez-entrara-mitologia-de-los-altares-callejeros-articulo-396288

(13) Reinaldo Iturriza Lpez. El chavismo salvaje. Editorial Trinchera. 2017. Pgs. 23-28.

* Reinaldo Iturriza Lpez fue Ministro del Poder Popular para la Cultura y Ministro del Poder Popular para las Comunas y Proteccin Social de la Repblica Bolivariana de Venezuela

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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