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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2017

Entrevista a Jorge Moruno, socilogo y autor de La fbrica del emprendedor
La crisis de rgimen es la crisis de la sociedad del empleo

Andrs Carretero
CTXT


Jorge Moruno (Madrid, 1982) se autodefine habitualmente en funcin de su formacin y praxis como socilogo y escritor, delimitando as una identidad para enumerar despus una serie de trabajos encadenados, sealando incluso la condicin temporal de parado, lo que constituye una primera declaracin de intenciones de quien ha sido, hasta hace poco, responsable del rea de Discurso en Podemos. En esta ocasin vamos a dejar al margen las vicisitudes cotidianas de la poltica para preguntarle por las complejas implicaciones entre el mundo del trabajo y lo poltico, a raz de la reciente presentacin en la librera-caf La Otra (Valladolid) de su libro La fbrica del emprendedor. Trabajo y poltica en la empresa-mundo (Akal, 2015). La ideologa del trabajo y sus dinmicas culturales nos afectan a todos diariamente condicionando nuestra existencia, pero pocas veces son repensadas y subvertidas tal y como este libro propone, situando la lucha por el tiempo en un primer plano.

Se refiere a la figura del emprendedor neoliberal como heredera del viejo hroe modernista quien, habiendo traspasado el umbral de la posmodernidad, proyecta ahora su positivismo ilimitado no ya hacia la transformacin del entorno, sino en la construccin de s mismo, autoexplotndose en el proceso.

Creo que la figura socializada del emprendedor no explica nada, ms bien necesita ser explicada. Hay que entenderla no por su significado intrnseco, sino por el que adquiere dentro de un conjunto de relaciones sociales y transformacin de la propia naturaleza del trabajo. Ante el derrumbe de las certidumbres forjadas en torno a la identidad laboral del empleo se desplaza el riesgo y la responsabilidad a cada individuo, que debe hacer de su capacidad de empleabilidad una premisa frente a un mercado de trabajo competitivo. Se eliminan el contexto y las posibilidades que tiene una sociedad para modificarlo, asumiendo entonces que cada uno de nosotros nos convertimos en accionistas de nuestra propia fuerza de trabajo y como tal debemos comportarnos. Es el ser humano universalmente disponible a las necesidades motivadas por la rentabilidad econmica, esto es, un tiempo orgnico, humano, obligado a funcionar al ritmo que exige el tiempo financiero haciendo de nuestras vidas un proceso de reconversin industrial continuo.

Ahora bien, muchos de los elementos y cualidades que utiliza la pica empresarial son adaptaciones de reivindicaciones y formas de vida que por s mismas no describen la racionalidad neoliberal. La idea de autonoma, o de tener iniciativa, de voluntad por cambiar, por emanciparse, no son en s mismas desechables, lo es el modo de relaciones sociales de produccin y dominacin en el que estn insertos. Lenin defina el capitalismo como el aplastamiento inauditamente feroz del espritu emprendedor, de la energa, de la iniciativa audaz de la masa de la poblacin, de su inmensa mayora, del 99 por 100 de los trabajadores.

Cabe oponer a estas cooptaciones reaccionarias de la modernidad otras opuestas, como la condicin de clase o su proyeccin utpica?

Frente a esta ofensiva que sustituye los derechos colectivos por servicios privados y concibe los derechos laborales como un tope, se vislumbran otras posibilidades. Es necesario repensar el trabajo ms all del empleo desde otra racionalidad, una que contemple la utilidad de otro modo ms all de la utilidad como beneficio econmico, que entienda que la nocin de actividad no siempre es sinnimo de trabajo remunerado, que conciba la existencia de otra forma de riqueza no basada en el gasto de tiempo humano: el paso del derecho al trabajo al derecho al bienestar. Otra racionalidad drena y cambia la vida cotidiana cuando la sociedad se mueve en defensa de su propio derecho problematizando la realidad; transformndola. Est tensin genera nuevas prcticas, nuevas formas de relacionarse y producir, nuevos modos de vida psquicos que permiten otra convivencia basada en un reparto ms democrtico del tiempo.

Un proyecto democrtico se disea desde una lgica que incluya el trabajo remunerado pero lo exceda como forma de acceso a los medios de vida. La dignidad que suele asociarse al trabajo es el reconocimiento social por la actividad y la sensacin de ser tiles, no-parados. Lo que debemos salvaguardar es la necesidad de reconocimiento y de sentirse til junto con la necesidad de obtener un ingreso estable y suficiente. Insistir en que el trabajo remunerado es la nica forma de concebir la actividad, de mediar en la sociedad y el nico modo de obtener reconocimiento, es insistir en el mismo esquema del pleno empleo. La crisis de rgimen es la crisis de la sociedad del empleo; la batalla poltica de nuestra poca pasa por definir la forma, el sentido, la escala y las prioridades de un nuevo concepto de ciudadana y de identidad, toda vez que la identidad forjada en el centro de trabajo est en retroceso.

Establece una transicin en la subjetividad del proletario al propietario a lo largo del siglo XX. "No queremos una Espaa de proletarios sino de propietarios, dijo Jos Luis Arrese, ministro de Vivienda e idelogo franquista, en el homenaje que le rindieron los agentes de la propiedad inmobiliaria en 1959, momento fundacional de la economa de la deuda en nuestro pas. Sorprende la naturalidad con la que el imaginario colectivo ha aceptado el intercambio mercantil con un bien bsico como la vivienda.

En un reciente texto publicado en CTXT, su autor, Isidro Lpez, traza rigurosamente la genealoga del modelo del ladrillo espaol insertado en la UE, basado en hacer de Espaa un sumidero especulativo centrado en la vivienda y ligado al turismo de masas y las consecuentes inversiones en infraestructuras. Esta versin espaola del capitalismo popular abanderado por Thatcher tiene su correlato cultural, y es ah donde tambin debemos buscar los efectos ideolgicos que hacen desaparecer el cuestionamiento sobre algo tan obvio: cmo es posible que el acceso a dormir bajo un techo est determinado por una relacin mercantil? Levantar todo este complejo inmobiliario y turstico fue el papel asignado a Espaa en Europa, para que hiciera de cuenco donde volcar el supervit comercial de los pases del norte. La idea de la clase media se ha sostenido sobre el acceso a la propiedad como principal ascensor de movilidad social; ha sido el imaginario del propietario lo que ha articulado las aspiraciones no neoliberales, en clave neoliberal. Haramos muy mal si la crtica fuera una crtica, a mi juicio aristocrtica, pendiente de regaar y recordar al resto lo alienado que est, en lugar de tratar de entender cmo se ha hecho de un bien bsico, como es la vivienda, el motor de dinamizacin econmica e ideolgica.

Desde una perspectiva transformadora la finalidad no es perpetuarse y mucho menos realizarse como proletariado, al contrario, es autoabolirse; sin proletariado no hay capitalismo. Un proyecto emancipador para dejar de ser aquello que tienen que ser: obreros. El neoliberalismo articul ese deseo por ser otra cosa desde el imaginario del propietario, otorgando en apariencia-- respuestas y certidumbres, perspectivas y percepcin de ascenso social. El horizonte de la sociedad de las clases medias parece haberse cerrado, en su descomposicin est lo que Andr Gorz entenda como las miserias del presente y la riqueza de lo posible.

En paralelo al uso de la violencia, relata la aplicacin histrica de la pedagoga para explicar el xito de las migraciones masivas desde el campo a la ciudad en los inicios de la industrializacin. Tcnicas biopolticas que han ido evolucionando hasta llegar al coaching contemporneo para la automotivacin y el control emocional.

La industria de la motivacin se expande extendiendo el mantra de la autosuperacin y el desarrollo personal, e invade casi todas las facetas de nuestra vida; no se reduce a sesiones personalizadas, ms bien funciona como una pauta cultural que hace las veces de dominio poltico sobre la fuerza de trabajo. Lo vemos en las pelculas, lo vemos en los reality shows tipo El jefe infiltrado o Pesadilla en la cocina, lo vemos en las tcnicas de gestin de recursos humanos, o en los spots publicitarios. Aparece en lo ms imperceptible; por ejemplo, con la idea de gente txica que se usa tan comnmente para catalogar a un tipo de persona. Se evalan y catalogan las relaciones con otras personas dependiendo de si son sanas o txicas, desde una perspectiva concreta, la misma que se deshaca de los activos txicos financieros en 2008; antes de la crisis la palabra txico no estaba tan extendida en la sociedad.

Txico no es simplemente una persona inaguantable, abarca todo modo de comportamiento que ponga en duda el modo en que funcionan las cosas. La misin de tu vida es tener xito; nada puede impedir conseguir tus sueos; ni mala noticias ni gente que pone excusas. Cada da es el ltimo y debes lucharlo como si no hubiera maana, deshazte de todo lo que te estorba, suelta lastre. En un panorama laboral disperso, fragmentado e intermitente, sometido a una intensidad relacional y comunicativa asfixiante, siempre al borde del precipicio, la ideologa de la motivacin, junto con el consumo de psicofrmacos, hace hoy la funcin de lo que ayer era el capataz que vigilaba el movimiento de trabajo en la fbrica. Hoy ya no es un latigazo de un negrero, tampoco la libreta del capataz, hoy es tu propio deseo acoplado al deseo del capital, que, junto con el miedo y la deuda-- a quedarse atrs y solo, coloniza 24/7 a la mente colectiva.

La flecha del tiempo que ofreca al trabajador forjar un carcter y planear sus metas de vida a medio y largo plazo se ha quebrado. Este punto de no retorno sealado por Sennett, junto al alto porcentaje de jvenes sobrecualificados que ven cmo sus condiciones de vida se proletarizan progresivamente, deviene un nuevo sujeto revolucionario?

Creo que es un error pensar en una especie de traduccin mecnica entre el lugar que se ocupa en las relaciones de produccin y la condicin revolucionaria, pues la clase se forma, no se engendra, y no es una cosa, sino una red de relaciones sociales complejas, y algunas de ellas tienen que ver con aspectos poco identificados con lo que suele pensarse propio de la clase. En cualquier caso, esa situacin de flecha quebrada, de incapacidad de prever acciones a futuro y verse obligado a vivir en un presente continuo, es una condicin a organizar, no para volver al pasado sino para abordar las nuevas composiciones de deseos de liberacin en ausencia de recetas o manuales.

La rotura generacional gana visibilidad da a da. En Estudios del malestar, Jos Luis Pardo ironiza sobre una generacin -la nuestra- que, ante la falta de empleo, busca forjar su identidad dedicndose a la transformacin activa del mundo. Pardo reflexiona sobre una foto fija de la democracia liberal, sostenida en un Estado de bienestar que en el sur de Europa ha derivado en una ficcin colectiva apoyada en la deuda No hay alternativa?

Creo que la situacin que vivimos es parecida a la que interpreta Althusser en Maquiavelo, cuando el prncipe debe lanzarse a una aventura para fundar el nuevo principado; la obligacin de afrontar una realidad sin las herramientas para hacerlo. Ante la glorificacin de un cosmopolitismo obnubilado por la mundializacin de la economa y el repliegue que mistifica el papel histrico del Estado-nacin, qu opciones quedan? Cmo afrontar la dimensin europea cuando la UE se ha pensado para evitar el control democrtico? Cambiar Espaa pasa por cambiar Europa y para eso, tambin es fundamental forzar un rediseo integral de Europa impulsado desde una alianza de pases. Ahora bien, esto precisa de procesos de movilizacin ideolgica y de subjetivacin colectiva a todas las escalas y en distintas latitudes. Hasta dnde podemos pensar la alternativa? La necesaria introduccin transversal de los lmites medioambientales y energticos, entre muchas otras cosas, obliga no solo a frenar a las fuerzas reaccionarias que surgen en Europa, sino, sobre todo, a las razones y racionalidad polticas y econmicas que los cultivan.

Dos tendencias histricas pujan por dominar el tiempo: renta bsica o empleabilidad. Una vez ms, democracia o barbarie. Una de las voluntades del libro es repensar la praxis del bienestar en el siglo XXI, y para ello propone como herramienta fundamental la renta bsica (RB).

Entiendo la renta bsica no como una poltica fetiche, sino ms bien como la columna vertebral de un nuevo ncleo econmico de la hegemona democrtica. Lo que est en discusin es el modo en el que se distribuye, se vive y el sentido y uso que adopta el tiempo; o cmo un tiempo humano eternamente disponible a las exigencias del tiempo empresarial, un tiempo precario totalmente subordinado a un ingreso cada vez ms bajo y una seguridad menor, es decir, un tiempo sometido al deseo de otro, o por el contrario, una temporalidad autnoma, social y colectiva, donde la vida ocupa la centralidad que rige los tiempos en lugar de su total dependencia respecto del beneficio econmico. A partir de este elemento que ana poltica y economa, como es el tiempo, adquiere sentido la renta bsica como mecanismo que permite ampliar la autonoma social.

Cmo evitar un desarrollo reaccionario de la RB como el que ha planeado sobre el ltimo Foro de Davos?

Algunas crticas liberales a la renta bsica y algunas crticas de la izquierda tradicional comparten su reticencia a la emancipacin de la clase sobre el trabajo. Los primeros porque se rompe la cooperacin de mercado, dado que la actividad queda menos sujeta a los baremos de la utilidad entendida como beneficio econmico de un tercero, y los segundos porque acaban haciendo del objeto de la crtica de Marx, el trabajo en el capitalismo, su principal defensa. Ahora bien, ciertamente asusta la vertiente anarcocapitalista de la renta bsica basada en una especie de utopa de regulacin algortmica tipo Black Mirror, donde nos evaluamos a travs de nuestra capacidad empresarial de vendernos. Esa confianza ciega en la tecnologa, Silicon Valley la presenta como ordenador natural de la convivencia, como un desarrollo neutro y determinista.

Vista as, la renta bsica se adapta a una mediacin social donde el trabajo-mercanca en su forma celularizada y atomizada, se mueve tratando de capturar con xito la informacin del mercado. El trabajador se convierte as en su propio medio; son los juegos del hambre revestidos de eslganes similares a los de Mayo del 68' aderezados con lenguaje de coaching. La batalla de la renta bsica es, como siempre, una batalla por el dominio y el sentido del tiempo. Frente a esta posible deriva ultraliberal que sustituye derechos por un cheque, no debe rechazarse la apuesta por la renta bsica, sino redoblar esfuerzos. El gran escollo a sortear no es tanto de cuentas como cultural. Qu es la ideologa? Vivir de las rentas por alquilar pisos es considerado fruto del esfuerzo, un xito, pero la renta bsica promueve la vagancia, es inmoral. Las ltimas dcadas la sociedad ha funcionado alrededor de una premisa profundamente ideolgica: poner todas las facilidades y medios para incentivar los beneficios empresariales (y financieros) y confiar en que la inversin privada acabe drenando a la sociedad en forma de empleo. Ahora debemos invertir el proceso: la inteligencia es una potencia social y se desarrolla cooperando y con tiempo.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170503/Politica/12528/Moruno-empleo-renta-basica-la-fabrica-del-empendedor.htm




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