Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2017

La verdad est en otra parte

Ernesto Prez Castillo
La Jiribilla


Para empezar por el principio, habra que establecer primero que el hecho de que la Venezuela Bolivariana sea noticia, no es noticia. No debera serlo. Cuando tantos medios de prensa lase: agencias de desinformacin nos machacan minuto a minuto con las marchas y las contramarchas, las protestas y la represin, al menos tendra que aceptarse, es evidente, que hay un inters muy marcado, de gente muy poderosa, en que veamos eso, creamos en eso y aceptemos eso.

Es sabido que esos medios noticiosos no se mueven de gratis ni mucho menos por amor a la verdad. Son los mismos que reportaron hasta el cansancio la existencia de un arsenal qumico en las manos de Saddam Hussein, la excusa para tontos que desat la invasin a Iraq, que result devastado a puras bombas aunque despus nadie encontr nada de aquello ni se volvi a hablar del asunto.

Pero ms de cerca, son los mismos medios que miran a otra parte cuando se reprime con furia a los estudiantes chilenos que exigen mejoras en el sistema educativo, o cuando con saa se castiga en Mxico a los padres de los 43 de Ayotzinapa, que solo quieren saber dnde estn sus hijos desaparecidos; o antes guardaron el ms obediente, cmplice y culpable de los silencios ante Stroessner, Somoza o Pinochet.

Cuando se ha vivido por ms de 40 aos en esta Isla, siempre asediada, oh casualidad!, por esos mismos medios y por orden del mismo amo, tiende uno por naturaleza a desconfiar, a sospechar, a intuir que lo que se publica hoy sobre Venezuela como lo que se ha escrito desde siempre sobre Cuba, casi nunca es la verdad, y que la verdad de lo que all ocurre no es lo que aparece en el blanco y negro perfecto de los titulares que llegan a todas partes.

Ya en el muy lejano 1898, y tras la explosin nunca bien aclarada del acorazado Maine en La Habana, William Randolph Hearst (magnate de la prensa norteamericana que controlaba los diarios Examiner y Morning Journal) envi a Cuba a su dibujante Frederick Remington para que reportara la debacle, pero este solo consigui informar: Todo est en calma. No habr guerra. Quiero volver. O sea, en la Isla no pasaba nada. Entonces Randolph Hearst, en un rapto de inspiracin divina, le contest con un telegrama que sent las bases de cmo se hace el periodismo, ese periodismo, hasta el sol de hoy: Mande usted las imgenes, que yo pondr la guerra.

As las cosas, todava a estas alturas del juego, cuando en La Habana la oposicin realiza alguna de sus caminatas dominicales por la Quinta Avenida del muy tranquilo barrio de Miramar, si usted se acerca, ver all ms periodistas extranjeros escoltndoles y tomndoles fotos que opositores manifestndose.

Algo como eso, detalles ms, detalles menos, sucede en Venezuela. Mucho cuesta aceptar que tanto cctel molotov y tanto bravucn encapuchado sean reportados como manifestantes pacficos. Ellos son apenas los actores bajo cuerda del pobre melodrama que se dicta y se exige, desde el norte, para que la prensa, esa prensa, pueda hacer su trabajo.

Lo dems, ya se sabe: los buenos son los que ganan a la larga, si tienen la paciencia, la calma, la claridad, la integridad y la inteligencia para hacer paso a paso lo debido, con justicia y con firmeza.


Fuente original: http://lajiribilla.cu/articulo/la-verdad-esta-en-otra-parte



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