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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2017

Rehabilitar desde abajo

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Existen pocas dudas en lo referente a que quien en definitiva gobierna el mundo es el capitalismo. Todo se mueve en torno a las reglas marcadas por el sistema capitalista, que aunque manipuladas para que no haya resquicios para la contestacin, siempre cabe inventarlos para aliviar la carga de la monotona que se impone, dejando un resquicio para la esperanza de que las cosas cambien.

La cuestin es que, pese a estar abierta la posibilidad de opciones, estas se reducen a un modelo nico, que ha venido acreditando su viabilidad. No es posible la ilustracin generalizada porque el fondo no se permite ver con claridad, ya que impera un ambiente de apariencia, productor de una especie de neblina que limita la visin desde las distancias cortas e impide ver lo que se encuentra un poco ms all. De esta manera los individuos se mueven en un reducido espacio del que es difcil salir, aunque exista libertad de movimientos, porque la dificultad para ver ms all del entorno les sigue a todas partes. Confiados en ese mundo limitado de visin, atentos a satisfacer las necesidades inmediatas, reales o creadas, hasta ahora slo queda la opcin de imaginar el otro lado desde la creencia. Pese a la situacin, no se genera alarma inmediata entre ellos, porque el consumo atiende adecuadamente esas necesidades del da a da, lo que confiere sensacin de sosiego vital, mientras que los guardianes del orden, es decir sus gobernantes, velen por su seguridad desde el instrumental de que se han dotado los Estados.

A pesar de las limitaciones expuestas, el capitalismo se percibe como realidad visible a travs del entramado empresarial dedicado a suministrar cuanto demandan los consumidores, con el propsito de construir una vida mejor para todos y prioritariamente para sus directivos. El problema es que en el eje del asunto est en el dinero. Si se consume con la finalidad de alcanzar un nivel de bienestar, generalmente material, el capitalismo impone como norma que se consiga desde la posesin del dinero, en caso contrario viene la frustracin. Para aliviar frustraciones los gobernantes ofrecen desde hace algn tiempo bienestar vital gratuito para muchos a cambio de votos, adecundose con ello al sistema poltico de la democracia representativa. Con lo que de una u otra manera se va sobreviviendo con cierta dignidad, dejando aparcadas otras consideraciones como la legitimidad del modelo, las desigualdades que genera y los abusos que impone.

Esta realidad inmediata que se suministra al individuo por el capitalismo, se gua por una ideologa que fija las directrices de actuacin en el marco del sistema que no se aparta ni un pice del proyecto del capital, estableciendo que cualquier procedimiento resulta vlido si cumple con la finalidad de invertir capital para generar ms capital. Si a los capitalistas, a veces llamados empresarios, les impone como prioritaria esa regla de oro del capital, a los fieles consumidores, o sea a todos los ciudadanos del mundo -con alguna que otra excepcin testimonial-, les exige cumplir con la obligacin de consumir para alcanzar los goces implcitos en el bienestar material.

Guardin de la ideologa es la elite del poder, un cerebro oculto a las miradas indiscretas, que fija las directrices de su funcionamiento en un panorama que se ha venido a llamar globalidad. Su funcin es gobernar a las masas en los trminos establecidos por las ideas del capitalismo, de manera que cuanto queda fuera de su espacio de dominacin sea considerado inexistente.

Ante este panorama, sucintamente esbozado, hay voces que claman contra el sistema porque lo consideran injusto. En gran medida esa injusticia viene socialmente reflejada en la sensacin de desigualdad que genera entre el colectivo de personas el control del dinero y el bienestar ejercido por las elites, que llega a su punto culminante al establecer privilegios en favor de unos pocos. El abuso de esa posicin econmica privilegiada se convierte en dominante, generando con ello resentimientos sociales. Si esas minoras dominantes, surgidas de la desigualdad derivada de la acumulacin de lo que se ve como riqueza por las masas -que en realidad no es riqueza sino algo ms enrgico en su condicin de instrumento de dominacin, como es el capital-, no corrigen el rumbo, pese a la neblina que asla a las individualidades, los individuos acabarn por encontrar la forma de llegar a ver al otro lado. Pero el asunto adquiere mayores notas de gravedad cuando de ello se desprende que se estn desvirtuando los principios que en sus orgenes burgueses el capitalismo sirvi como gancho a las masas en forma de derechos y libertades.

Parece inevitable la reaccin. A medida que crecen las desigualdades en un sistema que se mueve sin control efectivo por parte de la sociedad general y no ofrece nada nuevo, se plantea la necesidad de cambiarlo. El problema a resolver en este punto es la va a seguir. Declararse anticapitalista sin ms no lleva a ninguna parte. Tal vez sea la vuelta a las utopas, refugio de las izquierdas. No es posible salir del modelo del bienestar creado por el capitalismo, pero s rehabilitarlo desde el lado de las masas. Indudablemente en este punto la cuestin no puede resolverse sustituyendo unas elites por otras -capitalistas por anticapitalistas-, dejando intacto el fondo poltico y econmico de la problemtica. El cambio real slo es efectivo desde abajo, nunca desde las elites, sean del signo que sean. De ah la necesidad de crear el ambiente propicio para que las masas se animen a tomar la iniciativa, como nica opcin viable para realizar el cambio.

anmalosi @hotmail.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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