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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2017

Despus de Mosul
La quiebra de Iraq y el fin de Oriente Prximo

Nafeez Ahmed
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Loles Olivn y Sinfo Fernndez.


La batalla contra Daesh es una guerra que nadie ganar. He aqu la verdadera batalla que nos debe preocupar y que debemos combatir. Todas las miradas estn puestas en la batalla por Mosul. Derrotar la coalicin al Estado Islmico o no? Al final, dar igual. Si algo hemos aprendido en los ltimos 14 aos de guerra contra el terrorismo en Iraq es que las victorias duramente ganadas de hoy pueden transformarse rpidamente en los picos desastres de maana.

Estemos a favor o en contra de la guerra, los hechos hablan por s solos: el derrocamiento de Sadam Husein cre un vaco cubierto por extremistas de al Qaeda que previamente no tenan presencia en Iraq y que rpidamente se transformaron y se expandieron en la fuerza apocalptica conocida como Daesh. Pero la naturaleza misma de la batalla de Mosul es una de las muchas seales que revelan que Oriente Prximo tal y como lo conocimos ya no existe y nunca volver. La regin est profundamente sumida en la agona de una transicin geopoltica irreversible a un nuevo desorden de inestabilidad.

Antes del 11-S varios estrategas neoconservadores consideraban que su papel consista en ordenar el poder imperial de Estados Unidos para acelerar la desintegracin de Oriente Prximo. En realidad, el Oriente Prximo que conocamos se est desintegrando por la presin de procesos biofsicos ms profundos y lentos: ambientales, enrgicos, econmicos. Estos procesos estn socavando el poder de los Estados regionales silenciosamente.

A medida que los Estados se vuelven ms dbiles e incapaces de hacer frente a los retos medioambientales, energticos y econmicos esenciales, el vaco lo van cubriendo extremistas. Pero intensificar la lucha contra los extremistas no significa que se est haciendo frente a esas cuestiones ms profundas. Al contrario, est produciendo ms extremistas. La guerra en Mosul no ser una excepcin.

De Faluya a Mosul

Es Faluya en una escala mayor, deca Ross Caputi, ex marine estadounidense que particip en el segundo cerco a Faluya en noviembre de 2004. He escuchado historias terribles sobre las vctimas civiles que salen de Mosul; una amiga que trabajaba en asistencia humanitaria intentaba reclutar mdicos voluntarios para trabajar en una unidad quirrgica en Erbil, a donde se redirigan buena parte de los casos ms graves. Fue ella la que me dijo que la situacin es peor de lo que se cuenta en los medios.

Las preocupaciones de Caputi se corroboran por los hallazgos de AirWars, cuyo informe de vctimas de febrero documenta que la coalicin encabezada por Estados Unidos est matando con ataques areos a ms civiles an que Rusia. En la primera semana de marzo, el grupo hall que entre 250 y 370 civiles fueron asesinados por las fuerzas de la coalicin encabezadas por Estados Unidos que asaltaron el oeste de Mosul, cifra exponencialmente ms elevada que el nmero de muertos civiles por bombardeos desde noviembre de 2016.

A pesar de que los rusos han causado ms vctimas mortales, Airwars seala que las operaciones del gobierno iraqu para recuperar el este de Mosul del control de Daesh supusieron un elevado coste para los no combatientes atrapados en la ciudad.

La guerra en Mosul es la culminacin de una guerra sectaria ms larga que precede a la aparicin de Daesh. El gobierno iraqu respaldado por Estados Unidos margin desde el inicio [de la ocupacin] a la minora sun. A medida que la insurgencia sun contra la ocupacin se intensific, las autoridades estadounidenses e iraques lo pintaron como algo ms que un levantamiento de fanticos extremistas. En realidad, fue la ocupacin misma la que radicaliz la insurgencia y coloc a al Qaeda en su vrtice.

Caputi fue testigo, cuando era soldado en Faluya en 2004, de que la insurgencia no estaba dominada por al Qaeda. En cambio, segn l, bajo el pretexto de atacar a insurgentes de al Qaeda, el ejrcito estadounidense atacaba y mataba mayoritariamente a civiles iraques. Describe un ejemplo asombroso: cuando los mdicos del principal hospital de la ciudad anunciaron que los bombardeos estadounidenses haban causado un importante nmero de vctimas civiles, el ejrcito estadounidense los consider oficialmente como personal de apoyo terrorista y al propio hospital como poco ms que un nido de propagandistas insurgentes porque haban utilizado su infraestructura para emitir reclamaciones de vctimas civiles inexistentes.

Al final, las tropas estadounidenses tomaron el control del hospital en vsperas del principal ataque estadounidense contra Faluya. Esto, recuerda Caputi, fue considerado un xito de las operaciones de informacin estadounidenses. A la destruccin de Faluya por parte del ejrcito estadounidense se sum el papel del gobierno central iraqu, sectario y chi, que describi la ciudad predominantemente sun como un foco de extremistas.

La guerra en Faluya nunca concluy. Armadas por Estados Unidos, las fuerzas iraques atacaron y bombardearon la ciudad de manera intermitente casi a diario desde 2012. Estas operaciones se intensificaron despus de que la ciudad fuera capturada por Daesh en enero de 2014. En este perodo, Bashar al Asad de Siria permiti que combatientes de al Qaeda se trasladaran libremente a travs de la frontera para incrementar la insurgencia iraqu contra las fuerzas estadounidenses. Esta poltica, que continu hasta 2012, contribuy a la desestabilizacin de Iraq. Pero al Qaeda no habra podido afianzar este punto de apoyo en el pas si no hubiera sido por la violencia profundamente sectaria practicada por el ejrcito estadounidense y por el gobierno iraqu contra la minora sun, como se ejemplific en Faluya, lo que llev a algunos a aceptar a Daesh como mal menor y a otros a radicalizarse lo suficiente como para unirse al movimiento.

La advertencia

Los funcionarios estadounidenses fueron advertidos de este resultado desde el inicio de la ocupacin. Sin embargo, ellos y sus homlogos iraques han aprendido poco de la historia reciente. Segn Anne Speckhard, directora del Centro Internacional para el Estudio del Extremismo Violento y consultora del Pentgono que dise las secciones psicolgicas y religiosas del programa de rehabilitacin de los detenidos en Iraq, los terroristas reclutaban y entrenaban a prisioneros dentro del campamento Bucca.

Estados Unidos comenz a intervenir pero el programa de rehabilitacin que se dise para des-radicalizar nunca se aplic realmente. Entre los prisioneros estaba el fundador y dirigente de Daesh, Abu Bakr al Bagdadi. Otros altos comandantes de Daesh tambin fueron encarcelados en la prisin: Abu Ayman al Iraqi, Abu Abdulrahman al Bilawi, Abu Muslim al Jarasani, Fadel al Hayali, Mohamad al Iraqi, Mohamad Abd al Aziz al Shammari y Jalid al Samarrai.

Sin embargo, los golpes militares que haban llevado a al Bagdadi y a otros al campo de detencin de Bucca fueron indiscriminados, formaban parte de una invasin y ocupacin que atacaba civiles iraques al por mayor y que iban dirigidos desproporcionadamente contra sunes. Segn Speckhard, las estimaciones internas de las autoridades estadounidenses a finales de 2006 confirmaron que slo el 15% de los detenidos en Camp Bucca eran verdaderos extremistas adheridos a la ideologa de al Qaeda.

Cuando Speckhard entrevist a exprisioneros de Camp Bucca en Jordania en 2008, descubri que los funcionarios estadounidenses nunca haban aplicado de manera fehaciente el programa de rehabilitacin de detenidos. Los exprisioneros le informaron de que los imames, seleccionados cuidadosamente por las autoridades, permanecan fuera de la valla de la prisin, leyendo versos islmicos mientras los detenidos se rean y les escupan. Esto no era lo que yo propuse, dijo.

Speckhard seal que no se inform de muchos de los abusos cometidos en Camp Bucca. Los prisioneros me dijeron que fueron torturados por los iraques y que estaban contentos de haber cado en nuestras manos en su lugar. Pero otros incluyendo ex soldados y prisioneros refieren como testigos los abusos cometidos en la prisin. Pruebas anecdticas como las suyas sugieren que Camp Bucca tena bajo la tutela de Estados Unidos a 24.000 prisioneros en su mayora sunes y que fue all donde el abuso sistemtico y la tortura brutal causaron muertes.

Un informe clasificado del Ejrcito de Estados Unidos de 2004 y publicado por la Unin Americana de Libertades Civiles (ACLU) en 2006, document la existencia de 62 investigaciones separadas sobre acusaciones de abuso de prisioneros en centros de detencin estadounidenses en todo Iraq, Camp Bucca incluido. Cuesta leer la lista de abusos que habra hecho que Sadam estuviera orgulloso: agresiones fsicas y sexuales, simulacros de ejecuciones, amenazas de muerte a un nio iraqu para enviar un mensaje a otros iraques, desnudar a los detenidos, lanzar piedras contra nios iraques esposados, ahogar a los detenidos con los nudos de sus bufandas e interrogarlos a punta de pistola.

Pero haba asuntos ms profundos en juego. El General de Divisin Douglas Stone, entonces comandante general de la Fuerza de Tareas de Detenidos, comenz a autorizar liberaciones rpidas de detenidos a travs de un programa de cuatro das que bsicamente verificaba muchas casillas y slo les implicaba superficialmente, si es que lo haca. Puede que ese programa estuviera bien para el 85% que no simpatizaba con la ideologa del yihadismo militante. Pero no caus efecto alguno en donde interesaba.

MEE contact con el General Stone para pedirle una valoracin pero no haba recibido respuesta en el momento de publicar estas lneas.

En ese momento, recuerda Speckhard, advirti al General Stone que la rehabilitacin slo funcionar si los polticos de Iraq la apoyan. Un hombre que se ha unido al yihadismo militante porque matamos a su hermana puede que acepte renunciar a la violencia, pero si despus matamos a su hermano ir otra vez de cabeza a ella.

Divide y vencers

Las liberaciones masivas se llevaron a cabo para contentar a las tribus sunes, declara. Liberbamos a los detenidos para que apoyaran [la iniciativa de las milicias] Despertar, destinada a organizar la insurgencia sun contra al Qaeda. Pero el ejrcito estadounidense no decidi liberar masivamente a estos prisioneros por amabilidad. Haba un contexto estratgico dudoso y peligroso:

[Las milicias] Despertar fueron una iniciativa liderada por Estados Unidos para movilizar a dirigentes tribales sunes contra al Qaeda en Iraq. Se crea que la liberacin generalizada de detenidos iraques ayudara a generar confianza entre las tribus sunes sobre las intenciones estadounidenses, y que aportaran combatientes. Pero las agencias de inteligencia estadounidenses tambin saban que muchos de los que iban a luchar contra al Qaeda en Iraq en el marco de la iniciativa Despertar eran en muchos casos simpatizantes de al Qaeda.

Se practic la estrategia clsica de la contrainsurgencia: intentar romper la resistencia volviendo a sectores de ella contra s misma. Como ya inform anteriormente en MEE, los elementos de la estrategia estn descritos con bastante franqueza en un informe perspicaz de la RAND Corporation encargado por el Centro de Integracin de Capacidades de Entrenamiento y Adoctrinamiento del Ejrcito de EEUU, publicado en 2008.

Lo que no enfatic en esa informacin es que el informe de la RAND reconoca explcitamente que su propuesta estratgica de dividir y gobernar para explotar la tensin sectaria sun-chi en toda la regin la aplicaron despus en Iraq las fuerzas estadounidenses. As, el informe seala que las fuerzas estadounidenses deben usar estrategias encubiertas para sembrar divisiones en el campo yihadista. En la actualidad, esa estrategia se est utilizando en Iraq a nivel tctico.

El informe explicaba qu significaba exactamente eso en Iraq: Estados Unidos estaba formando alianzas temporales con grupos insurgentes nacionalistas sunes afiliados a al Qaeda que haban luchado contra Estados Unidos durante cuatro aos proporcionndoles armas y dinero en efectivo. Aunque estos nacionalistas han cooperado con al-Qaeda contra las fuerzas estadounidenses en el pasado ahora estaban siendo apoyados para explotar la amenaza comn que al Qaeda plantea a ambas partes.

La idea era fraccionar la insurgencia desde dentro mediante la cooptacin de su base de apoyo ms amplia entre la poblacin sun. Suena inteligente en teora, pero en la prctica ahora sabemos que la estrategia sembr las semillas del nacimiento de Daesh.

Pero los estadounidenses se metieron en ese jardn ellos solitos. Al tiempo que canalizaban su apoyo a todo un espectro de yihadistas sunes descontentos con varias afiliaciones pasadas a al-Qaeda, Estados Unidos apoyaba al mismo tiempo al gobierno central chi de Iraq. Ambas partes recibieron apoyo de Estados Unidos y aumentaron las tensiones sectarias. Y el gobierno iraqu, en particular, mostr progresivamente un brutal desprecio hacia la minora sun. En este contexto, la estrategia estadounidense estaba condenada desde el principio.

Desde que se retir de Iraq, se exacerb el sesgo sectario antisun del gobierno iraqu bajo el entonces primer ministro Nuri al Maliki, y las fuerzas de seguridad chies se envalentonaron, seala Speckard.

Bajo al Maliki, las autoridades iraques incluso perfilaron y detuvieron a los principales polticos sunes, lo que reforz los prejuicios dentro de las tribus sunes y aument el tipo de resentimiento sectario que llev a una minora de sunes a apoyar a Daesh. Por supuesto, la violencia sectaria del difunto Abu Musab al-Zarqawi, ex lder de al Qaeda en Iraq, agrav este problema.

La siguiente insurgencia

Mientras que las atrocidades de Daesh en Faluya, Mosul y ms all, han socavado su traccin entre sunes locales, las atrocidades de la coalicin anti-Daesh respaldada por Estados Unidos estn alienando a la poblacin a largo plazo.

En general, no creo que la gente en Mosul vea a la coalicin anti-Daesh como sus heroicos salvadores, aunque creo que han cambiado su evaluacin de que Daesh sea el mal menor, dijo Ross Caputi. El ao pasado, tanto en Faluya como en Mosul, las fuerzas anti-Daesh mantenan estas ciudades bajo asedio, mientras que Daesh impeda escapar a la gente y atrapaba a todo el mundo como escudos humanos. En consecuencia el precio de los alimentos se dispar y la gente empez a pasar hambre. La ONG para la que trabajaba pudo introducir algo de alimentos en Mosul, y no vimos ningn sentimiento de apoyo a Daesh.

A principios de 2014, sectores minoritarios toleraban a Daesh como parte marginal de un levantamiento diverso contra el gobierno central respaldado por Estados Unidos. Los crmenes de Daesh cambiaron esa percepcin. As que la coalicin podra tener xito y acabar con la cadena de mando restante del grupo terrorista en Iraq. Pero significar el fin de la guerra?

Un alto funcionario de inteligencia kurdo duda de ello. Lahur Talabany, un alto funcionario contraterrorista del Gobierno Regional Kurdo (GRK), cree que aunque Daesh sea derrotado en Mosul, el grupo continuar y escalar su insurgencia por montaas y desiertos. Mosul se recuperar... Creo que lo que nos tiene que preocupar es la guerra asimtrica, seala.

Aunque Daesh pueda disolverse, otro grupo ms extremista emerger probablemente en su lugar si no se hace nada para resolver las profundas tensiones sectarias de Iraq. Tal vez no sea Daesh, pero otro grupo surgir bajo un nombre diferente, a una escala diferente, tenemos que ser muy cuidadosos, alertaba Talabany a Reuters. Estos prximos aos sern muy difciles para nosotros, polticamente... Sabemos que algunos de estos tipos han huido. Estn mandando a la gente a la siguiente fase post-Mosul, a clulas escondidas y durmientes. Tenemos que intentar encontrarlos cuando se pasan a la clandestinidad, hay que intentar eliminar esas clulas durmientes, sin duda habr disturbios en esta regin durante los prximos aos.

Caputi est de acuerdo en que una victoria en Mosul podra ser el comienzo de un conflicto prolongado, pero es escptico en relacin a las clulas durmientes. Si la estrategia es matar a cada uno de los ltimos miembros de Daesh, fallar, advierte. Y es por eso que la operacin actual no va a poner fin a la guerra porque ya no se trata de las condiciones creadas inicialmente por Daesh.

Estas operaciones estn creando el contexto para una insurgencia a largo plazo contra el gobierno iraqu y contra la influencia iran en toda la regin, me dijo Caputi. El fenmeno de Daesh es ms el producto de varias condiciones histricas, sociales y polticas a cuya transformacin esta guerra no ha contribuido en absoluto, puesto que esas condiciones siguen ah: la injusticia, la pobreza, la represin poltica. Avanzo que veremos la continuacin de la insurgencia... los iraques sunes seguirn siendo ciudadanos de segunda clase bajo este gobierno y no lo tolerarn.

Fallo de sistema

Mientras tanto, las condiciones que sentaron las bases para el surgimiento de Daesh estn empeorando. Me refiero a las condiciones geopolticas superficiales: la destruccin de la sociedad iraqu durante dcadas de guerra y ocupacin; el colapso de Siria en la guerra intestina debido a la destruccin total de la infraestructura civil por parte del presidente sirio Bashar al Asad y las atrocidades de extremistas que progresivamente se han ido haciendo con el movimiento rebelde con el apoyo de los Estados del Golfo y de Turqua.

Pero existen procesos biofsicos fundamentales desarrollndose en toda la regin que estn acelerando el conflicto en profundidad.

He estudiado estos procesos y publicado mis conclusiones sobre ellos en una nueva monografa cientfica: Failing States: Colapsing Systems: BioPhysical Triggers of Political Violence, publicado por SpringerBriefs in Energy.

Una de mis conclusiones es que Daesh naci en el crisol de un prolongado proceso de crisis ecolgica. Iraq y Siria estn experimentando cada vez ms escasez de agua. Una serie de estudios cientficos han demostrado que un ciclo de sequa de una dcada en Siria, dramticamente intensificado por el cambio climtico, provoc que miles de agricultores sunes del sur perdieran sus medios de vida a medida que se malograban los cultivos. Se trasladaron a las ciudades costeras y a la capital dominada por el clan alau de los Asad.

Paralelamente, los ingresos estatales sirios estaban en declive terminal debido a que la produccin de petrleo convencional del pas alcanz su punto mximo en 1996. Las exportaciones netas de petrleo disminuyeron gradualmente, y con ellas tambin disminuy la capacidad financiara siria. En los aos previos al levantamiento de 2011, Asad redujo los subsidios domsticos de alimentos y combustible.

Si bien la produccin de petrleo iraqu tiene mejores perspectivas, desde 2001 los niveles de produccin han permanecido muy por debajo de las proyecciones de menor rango de la industria, sobre todo debido a complicaciones geopolticas y econmicas. Esto ha debilitado su crecimiento econmico y, en consecuencia, la capacidad del Estado para satisfacer las necesidades de los iraques de a pie.

Las condiciones de sequa en Iraq y Siria se han intensificado exacerbando los fracasos agrcolas y erosionando el nivel de vida de los agricultores. Las tensiones sectarias se han exacerbado. A escala internacional, una serie de desastres climticos en las principales regiones productoras de alimentos ha impulsado el aumento de los precios mundiales. La combinacin ha convertido la vida econmicamente intolerable para grandes grupos de poblacin iraqu y siria.

Fuentes externas Estados Unidos, Rusia, los pases del Golfo, Turqua e Irn vieron la escalada de la crisis siria como una oportunidad potencial para s mismos. La injerencia de estas potencias ha radicalizado el conflicto, ha secuestrado a los grupos sunes y chies sobre el terreno y ha acelerado el colapso de facto de la Siria que conocamos.

A partir de este torbellino, a medida que miles de millones de dlares de financiacin llegaban desde los Estados del Golfo y Turqua para financiar a los rebeldes armados la mayora de los cuales acabaron otorgando poder a las facciones ms extremistas surgi la monstruosidad conocida como Daesh.

Al mismo tiempo, las condiciones de sequa tambin han ido empeorando a travs de la porosa frontera iraqu. Como escribo en Failing States, Collapsing Systems, se ha producido una correlacin sorprendente entre la rpida expansin territorial de Daesh y el empeoramiento de las condiciones locales como consecuencia de la sequa. Esas condiciones ya extremas de escasez de agua se intensificarn en los prximos aos.

El patrn discernible aqu es la base de mi modelo: los procesos biofsicos generan crisis ambientales, energticas, econmicas y alimentarias interconectadas, lo que yo denomino interrupcin del sistema de la tierra (ESD, por sus siglas en ingls). La ESD, a su vez, socava la capacidad de Estados regionales como Iraq y Siria de procurar bienes y servicios bsicos a sus poblaciones. Denomino este proceso desestabilizacin del sistema humano (HSD, en ingls).

Mientras que Estados como Iraq y Siria comienzan a fallar a medida que la desestabilizacin del sistema humano se acelera, quienes actan ya sean los gobiernos iraqu y sirio, las potencias exteriores, los grupos militantes o los actores de la sociedad civil no acaban de comprender que las quiebras a escala estatal y de las infraestructuras las impulsan procesos sistmicos ms profundos de ESD.

Se pone el foco siempre en el sntoma y es por eso que la reaccin casi siempre falla por completo incluso ya en el punto de partida para abordar las crisis. As, Asad, en lugar de reconocer el levantamiento contra su rgimen como significante de un cambio sistmico ms profundo sintomtico de un punto de no retorno impulsado por crisis ambientales y energticas ms profundas ha optado por acabar con lo que su estrecha concepcin considera como el problema: el pueblo indignado.

Igualmente, la resistencia siria circunscribe el problema al carcter nefasto, corrupto y extractivo del opresivo rgimen de Asad, obviando que ste vena desmoronndose ya previamente por procesos biofsicos ms profundos que seguirn desarrollndose cuando haya desaparecido.

Y, en consecuencia, mientras Siria se ha convertido en un Estado fallido, nadie est abordando el mismo proceso creciente que est alterando el sistema terrestre que est provocando la desestabilizacin del sistema humano por toda la regin. Esto no resulta sorprendente. Si hay algo que acta impidiendo abordar las causas, reconstruir una resiliencia medioambiental, nuevos sistemas energticos y fortalecer el empoderamiento poltico y social, ese algo es la guerra.

La lenta defuncin del viejo orden basado en el petrleo

Esta miopa an afecta a los crculos oficiales en Iraq, lo que no est muy lejos del fracaso estatal sistmico de Siria. Las autoridades estadounidenses e iraques estn depositando sus esperanzas en el efmero sueo de convertir el pas en un floreciente productor de petrleo, capaz de bombear petrleo a un ritmo que rivalice con su vecina, Arabia Saud.

Lo cual es, literalmente, una quimera.

En mi nuevo estudio, cito datos slidos que muestran que la produccin convencional de petrleo de Iraq alcanzar su pico dentro de una dcada, alrededor de 2025, para despus declinar. Esto significa que despus de 2025, la principal fuente de los ingresos del gobierno central empezar a disminuir a la par.

En tal contexto, ser slo cuestin de tiempo antes de que el Estado sin haber identificado una nueva fuente de ingresos sostenible- se vea obligado a retractarse. En este escenario, podemos ver cmo el gobierno central ser cada vez menos capaz de atender los gastos sociales bsicos, extremadamente tensados ya. En una trayectoria normal, el Iraq que conocemos se encamina hacia un fracaso estatal sistmico total hacia aproximadamente 2040.

Este es un pronstico conservador que, en mi opinin, es probable que se acelere debido a la retroalimentacin amplificado existente entre los procesos subyacentes ESD de agotamiento del petrleo convencional, cambio climtico, escasez de agua y crisis agrcola; y los procesos HSD de la represin sectaria estatal apoyada por EEUU, la intensificada competicin geopoltica y la insurgencia sectaria a largo plazo del Estado Islmico, al Qaida y otros actores.

En resumen, mientras que la perturbacin del sistema terrestre va lenta y silenciosamente desentraando el poder estatal, las respuestas miopes estn provocando la desestabilizacin del sistema humano, dejando un vaco que cada vez llenarn ms quienes buscan la autonoma del gobierno central y los extremistas que estn en guerra abierta con l.

No es slo Iraq y Siria quienes se hallan en la senda del fracaso estatal sistmico. Otros pases de la regin exhiben dinmicas similares.

Yemen

En Yemen, por ejemplo, la produccin convencional de petrleo alcanz su pico en 2001 y ahora est prcticamente colapsada, segn datos recientes. En agosto de 2016, las exportaciones netas de petrleo se haban reducido a un goteo y as siguen hasta este momento.

El Yemen de despus de ese pico del petrleo, al igual que Siria e Iraq, exhibe rasgos de creciente escasez de agua y alimento. La produccin elctrica es intermitente y la escasez de combustible por toda la nacin es un problema omnipresente que ha obligado a cerrar las fbricas y a que las compaas extranjeras y organizaciones internacionales suspendan operaciones y retiren capitales y personal.

A medida que se destruyen los medios de subsistencia, la geopoltica del conflicto en marcha, que implica el apoyo de EEUU y Reino Unido a la campaa de bombardeos de Arabia Saud, ms la persistente rebelin de los hutes, est sirviendo para arrasar lo que quedaba de sociedad civil. Ahora hay doce millones de yemenes en riesgo de hambruna, y 7,3 millones que ignoran de dnde va a salir su prxima comida.

Esto significa no slo que la principal fuente de ingresos del Estado est prcticamente agotada, sino que su capacidad para responder a la crisis de un modo que no sea simplemente reactivo a los sntomas ha quedado fatalmente inhibida.

Los Estados del Golfo no estn muy lejos de lo expuesto arriba. A nivel colectivo, los principales productores de petrleo podran tener mucho menos petrleo de lo que afirman en sus libros. Los analistas de Lux Research estiman que las reservas de petrleo de la OPEC pueden haber sido exageradas hasta en un 70%. La consecuencia es que los productores importantes, como Arabia Saud, podran tener que enfrentarse a serios retos para mantener los altos niveles de produccin a que estn acostumbrados en la prxima dcada.

Un nuevo estudio del Dr. Steven Griffiths, vicepresidente de investigacin en el Instituto Masdar para la Ciencia y Tecnologa en Abu Dhabi, revisado por sus colegas y publicado en la revista Energy Policy, corrobora estas preocupaciones. El Dr. Griffiths seala que los pases de la OPEC en Oriente Medio y el Norte de frica en particular pueden haber exagerado la amplitud de sus reservas. Indica la prueba de que las reservas probadas de Kuwait pueden estar ms cerca de los 24.000 millones de barriles [que los 101.000 millones de barriles citados por la OPEC], y que las reservas de Arabia Saud pueden haberse sobreestimado hasta en un 40%.

Otro claro ejemplo de exageracin se aprecia en las reservas de gas natural. Griffiths sostiene que la abundancia de recursos no es equivalente a la abundancia de energa explotable.

Si bien la regin tiene cantidades sustanciales de gas natural, las subinversiones debido a los subsidios, los trminos de inversin poco atractivos y el reto de las condiciones de extraccin implica que los productores de Oriente Medio no slo son incapaces de monetizar sus reservas para la exportacin sino que, adems, son fundamentalmente incapaces de utilizar sus reservas para satisfacer las demandas internas de energa.

Esto es particularmente importante en los Estados del Golfo: Los pases del CCG [Consejo de Cooperacin del Golfo], por ejemplo, tienen sustanciales reservas de gas natural asociadas y no asociadas, pero todos los pases del CCG, con excepcin de Qatar, estn enfrentndose en estos momentos a una escasez de suministro de gas natural domstico.

Griffiths concluye por tanto que las reservas probadas de hidrocarburos en la regin MENA [siglas en ingls de Oriente Medio y Norte de frica] pueden ser engaosas respecto a las perspectivas de autosuficiencia energtica regional.

Amenaza alimentaria

Aunque esto no implica necesariamente una escasez inminente de petrleo, plantea dudas respecto al pico convencional del petrleo. Sigue adelante sealando implicaciones potencialmente desestabilizadoras: Los pases MENA que han dependido histricamente de las rentas de sus recursos para apoyar agendas econmicas, polticas y sociales, se enfrentan a una serie de riesgos respecto a sus cronogramas reales para poner en marcha las reformas necesarias para unas economas pospetrleo.

El agotamiento del petrleo es slo una dimensin de los procesos ESD en juego. La otra son las consecuencias medioambientales de la explotacin del petrleo.

En las tres prximas dcadas, incluso si el cambio climtico se llega a estabilizar en un aumento medio de 2 Celsius, el Instituto Max Planck prev que Oriente Medio y el Norte de frica tendrn que enfrentar oleadas de calor y tormentas de polvo prolongadas que podran convertir gran parte de la regin en inhabitable. Esos procesos podran destruir gran parte del potencial agrcola de la regin.

La Organizacin rabe para el Desarrollo Agrcola (AOAD) informa que Oriente Medio est experimentando ya una persistente escasez de productos agrcolas, una brecha que se ha ampliado rpidamente durante las ltimas dos dcadas. En toda la regin, las importaciones de alimentos estn ahora por encima de los 25.000 millones de dlares anuales.

Si no se hace nada para abordar estos retos, el perodo de 2020 a 2030 ser testigo de cmo los exportadores de petrleo de Oriente Medio sufren una convergencia sistmica de crisis climtica, energtica y alimentaria. Estas crisis debilitarn sus capacidades para entregar bienes y servicios a sus poblaciones. Y el proceso de fracaso estatal sistmico que estamos viendo ya en Iraq, Siria y Yemen, se extender por toda la regin.

Modelos rotos

Aunque algunos de estos procesos climticos estn bloqueados, no ocurre as con su impacto en los sistemas humanos. El viejo orden en Oriente Medio est inequvocamente colapsado. No podr recuperarse nunca.

Pero no es todava- demasiado tarde para que Oriente y Occidente vean qu est realmente sucediendo y acten de inmediato para poner en marcha la transicin hacia el inevitable futuro posterior a los combustibles fsiles.

La batalla por Mosul no puede derrotar a la insurgencia, porque es parte de un proceso de desestabilizacin del sistema humano. Ese proceso no ofrece una va fundamental que haga frente a los procesos de alteracin del sistema terrestre que socavan la tierra bajo nuestros pies.

La nica va significativa de respuesta es empezar a ver la crisis como lo que es, mirar ms all de la dinmica de los sntomas de la misma el sectarismo, la insurgencia, los combates- y abordar las cuestiones ms profundas. Eso requiere pensar el mundo de forma diferente, reorientar nuestros modelos mentales de seguridad y prosperidad de una manera que capte bien la forma en que las sociedades humanas forman parte de los sistemas medioambientales para responder en consecuencia.

Quiz en ese momento podamos entender que estamos combatiendo una guerra equivocada y que el resultado es que nadie va a poder ganarla.

A medida que el viejo orden del petrleo en el Oriente Medio se derrumbe en los prximos aos y dcadas, los gobiernos, la sociedad civil, las empresas y los inversores tienen una oportunidad de construir estructuras fundamentales de combustibles posfsiles que puedan allanar el camino para nuevas formas de resiliencia ecolgica y prosperidad econmica.


Nafeez Ahmed es un periodista de investigacin, experto en cuestiones de seguridad internacional, que trata de rastrear y profundizar en lo que denomina crisis de la civilizacin. Ha ganado el premio Project Censored Award for Outstanding Investigative Journalism por su informe en The Guardian sobre la interseccin de la crisis global ecolgica, energtica y econmica con la geopoltica regional y los conflictos. Ha escrito tambin para The Independent, Sydney Morning Herald, The Age, The Scotsman, Foreign Policy, The Atlantic, Quartz, Prospect, New Statesman, le Monde Diplomatique, New Internacionalist, etc. Sus trabajos sobre las causas fundamentales y las operaciones encubiertas vinculadas con el terrorismo internacional se tuvieron en cuenta en la Comisin del 11-S y en la Investigacin Forense del 7 de julio [atentados de Londres].

Fuente: http://www.middleeasteye.net/essays/after-mosul-coming-break-iraq-and-end-middle-east-1887306183

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a las traductoras y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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