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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2017

El insoportable hedor del machismo cotidiano

Armando B. Gins
Rebelin


El machismo zafio instalado en el xito de Risto Mejide y Pablo Motos, las dos perlas recientes de la hombra renovada en Espaa, solo es la punta del iceberg de una cultura bien asentada en el inconsciente colectivo, extremadamente difcil de erradicar de cuajo porque hunde sus races en una conducta atvica y tradicional que viene de muy lejos, formando un tejido subliminal en la inmensa mayora: es la normalidad frente a la excepcin de la igualdad y el respeto mutuo de gnero.

Mejide y Motos conectan con ese humus rampln de excitacin machista a flor de piel de modo inmediato. Las defensas de la mujer vejada en directo, inmersa en un ambiente televisivo distendido y superficial, estn disminuidas psicolgicamente: el contexto trivial no permite rebelda crtica ante una aficin dispuesta a la chanza y el escarnio de la vctima por parte de la estrella impoluta y divina del presentador de turno que solo busca avivar lo espectacular con el fin de conseguir ms audiencia a costa de lo que sea, si es una mujer o un transexual o un travesti o una persona ignorante o un friki, mejor an. La diferencia tratada a la ligera como mera mercanca de usar y tirar.

No hay ms que ver la publicidad para darse cuenta con fidelidad que la mujer sigue siendo un objeto de consumo, un seuelo simblico de sustitucin onrica para vender cualquier producto, a veces mediante historias blandas presuntamente correctas y otras a lo bruto, mostrando su cuerpo como nico argumento de su ser.

Mucho ha avanzado el feminismo, sin embargo desterrar las ideas ms retrogradas en la convivencia pblica y privada diaria resulta un empeo de titanes. A pesar de los mensajes por la igualdad, el sistema contina propagando una imagen de la mujer sujeta a estereotipos: esa fmina con aditamentos posmodernos bien diseados crea un estilo de hombre cazador, nuevo en su apariencia, de lneas ms sutiles y difusas, pero en definitiva lo que se prima es un binomio guapa mas inteligente-viril pero emptico anclado en perspectivas y sustancia clsicas.

La hipersexualizacin de los mbitos ms recnditos de la vida cotidiana es una jaula donde los ingredientes de siempre exacerban las sublimaciones dictadas por lo polticamente asumible. Jugamos en la piel de lo correcto, dejando dentro el tarro de las esencias reprimidas por la conveniencia y el oportunismo social.

Ni el machismo ni la violencia de gnero ni la desigualdad desaparecern as de repente. Estn inscritos en nuestros genes culturales a niveles muy profundos de la conciencia colectiva. Los protagonistas e iconos de la vida pblica siguen siendo hombres por una abrumadora mayora: polticos, deportistas, periodistas, economistas, juristas, actores, cientficos, cantantes, presentadores de televisin, policas Si miran la pantalla meditica con atencin, el rol de la mujer es secundario: acompaante, antagonista, portavoz, viceloquesea, madre-profesional, la guinda bella de cualquier fiesta o pastel.

Por mucho que se diga, el tacn y la corbata son signos de gneros histricos no intercambiables. En esas rugosidades simblicas de la mente no se admiten trminos medios ni mezclas heterogneas. Mujer con tacn es correcto; hombre subido a los tacones, maricn. Mujer que se atreve con una corbata: lesbianismo sin ms, sospecha esttica u osada artstica; hombre con corbata: el poder de lo que de debe ser.

Todas las referidas son imgenes automticas que, en ocasiones, atizadas por contextos e impulsos emocionales dan paso a actitudes machistas espontneas o, en la peor de las situaciones, a asesinatos machistas sin vuelta atrs. Y una cosa puede llevar a la otra. Un chiste machista puede ser la antesala de violencias mayores.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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