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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2017

Qu viva el teatro!

Esther Surez Durn
Rebelin


El escenario del suceso no est demarcado por la existencia de las murallas que una vez nombraron las dos grandes zonas de la ciudad, ni es esta la poca de carruajes y volantas, ni afuera estn apostados hombres con armas dispuestos a cargar contra los asistentes al teatro circular de madera. Esta vez se trata de una de las representaciones fijadas para una breve temporada, en el Centro Cultural Brecht, en El Vedado, de la versin que ha hecho Espacio Teatral Aldaba, liderado por Irene Borges, de El ltimo fuego, obra de la dramaturga alemana Lea Loher, de quien la escena cubana ha presentado ya varios ttulos; sin embargo, viernes en la noche la sala teatral est repleta. Cuando la funcin culmina, el equipo de Aldaba recibe una ovacin cerrada y gritos de Bravo! Como es costumbre, Amada Morado, la actriz y codirectora, junto a Irene, de esta puesta, expresa al pblico, en nombre de todos, su gratitud por haberles acompaado. De inmediato, una espectadora responde, emocionada: Gracias a ustedes por el buen teatro cubano. Amada, conmovida, da un viva al teatro y, ahora, el pblico se une en un gran coro y replica, con voz firme y potente: Viva el teatro!

La historia me la hace la colega Irene Borges, quien con su gracia y sensibilidad peculiar me confiesa su emocin de esta noche y cunto record, de pronto, los sucesos del Villanueva, acaecidos el 22 de enero de 1869 en el teatro de tal nombre, en los momentos finales de la funcin de Perro huevero aunque le quemen el hocico por una compaa bufa en medio del clima de insurgencia que tambin reinaba en la capital de la Isla, cuando el pblico dio vivas a la tierra que produce la caa, como reza en uno de los parlamentos de la pieza, y hay quienes afirman que tambin a Cspedes y a Cuba Libre, lo que dio el pie a la tropa de los llamados Voluntarios, apostados alrededor del teatro, para disparar contra l, irrumpir en su interior y tirar a quemarropa sobre los all congregados, sumando tal hecho a la lista de tropelas y crmenes cometidos por dicho cuerpo durante su triste existencia. Cuentan los historiadores que por tres das las tropas soberbias asolaron la capital, atrevindose a entrar, incluso, en el palacete del poderoso hacendado Miguel Aldama, sede actual del Instituto de Historia. En recuerdo y homenaje, desde los aos ochenta celebramos nosotros, los de hoy, el 22 de enero como el Da del Teatro Cubano.

Lo interesante es que, por estos das, otras salas se muestran igualmente llenas de pblico, un pblico entusiasta que da fe de un inters por el teatro, en tanto el teatro vive una de sus ms difciles etapas.

Desde el punto de vista material, en lo tocante a los aspectos objetivos que sustentan la actividad teatral, en la capital contamos con muchas ms agrupaciones productoras que instalaciones que permitan el desarrollo de sus procesos de preparacin y ensayos, la conservacin de su patrimonio material (vestuarios, escenografas, elementos de atrezo), as como la presentacin al pblico de sus resultados, razn de ser de la propia existencia de dichas agrupaciones como del aparato administrativo que las acompaa.

Las condiciones de trabajo de las agrupaciones y de los actores, directores y el resto de las especialidades y oficios que se relacionan con el trabajo de creacin de los espectculos dejan que desear; por descontado que los actores, sin importar la distancia que medie entre su lugar de residencia y su espacio de trabajo, a diferencia de la industria del audiovisual, nunca han contado con ningn paliativo que atempere las siempre difciles circunstancias del transporte pblico; tampoco disponen de merienda o almuerzo, tampoco de gimnasios, saunas ni salones de masaje. Pero, esta situacin les ha acompaado por muchas dcadas hasta volverse algo natural; lo indito hoy por hoy se encuentra en el apartado de organizacin y economa de los recursos humanos y tiene que ver con los bajos salarios que ganan quienes sostienen buena parte de la produccin que el pblico puede ver en escena.

Doscientos veinticinco pesos es lo que devenga mensualmente un actor que an no se ha evaluado y no proviene de escuelas de arte, doscientos cincuenta gana el recin egresado del nivel medio y doscientos setenta y cinco el actor egresado del nivel superior. Cualquiera de estos actores an no evaluados, en virtud de las necesidades de la compaa que integra y de su talento y habilidades tcnicas puede estar desempeando papeles de primer orden en una o en varias obras a la vez y puede ser alguien de extraordinario valor para su compaa, pero los procesos de evaluacin estn detenidos desde el 2014 y, en general, todo el sistema organizativo salarial se halla en suspenso, en espera de una modificacin trascendente, una nueva propuesta que desde hace varios aos est en estudio.

Entre tanto las compaas y, en especial, sus directores se hallan en vilo. Quienes se gradan en el sistema de la enseanza artstica por artes escnicas tienen sus metas fijadas en las industrias audiovisuales, desean hacer televisin o cine, donde, adems de tener mejores condiciones objetivas de trabajo, ganan mucho ms y cuentan con el aadido de poder convertirse en un rostro conocido y disponer de ese estatus otro que brinda a nivel social el mero hecho de ser captado por una lente. Las escuelas parten del teatro en sus planes de estudio mientras seguimos diciendo, y no sin razn, que la matriz para la formacin del intrprete escnico se halla en el arte teatral, pero al parecer varias cosas fallan en el proceso de preparacin que transcurre hasta el definitivo egreso.

Con quin trabaja, entonces, hoy el teatro? A quin le encarga sus personajes? Una zona significativa de sus actores no procede exactamente del sistema de enseanza especializada; quienes pueblan este decisivo segmento han adquirido los conocimientos que tengan y desarrollado las capacidades que muestren mediante vas alternativas, bien se trate de talleres en los propios grupos o en otras instituciones, autodidactismo, etc. Pero, precisamente a estos las directivas al uso en el plano del empleo de los recursos humanos (tipos de plazas a ocupar y posibilidades de las mismas) as como de la poltica salarial les han hecho las vidas particularmente difciles.

Como resultado, la emigracin del sector es alarmante, solo que por sostenida ya no es noticia. Ninguna agrupacin se salva de esta situacin, aunque la peor parte la llevan las agrupaciones de provincia y aquellas que trabajan en los municipios que, aunque superpoblados, como Diez de Octubre, no se hallan en el centro del mapa de la oferta artstica de la capital. El problema ms serio lo enfrentan, por supuesto, las compaas que pretenden salvar y mantener su repertorio (hacia las cuales nunca hemos tenido una poltica de premios, como correspondera) junto a aquellas que pretenden y, a pesar de todos los obstculos lo consiguenmantenerse activas, trabajando, durante once meses al ao (disponen de un mes de vacaciones).

Desde 1959, cuando los trabajadores del teatro en Cuba contaron con sus primeros salarios fijos y las instituciones estatales comenzaron a correr con los gastos de la produccin teatral as como de las instalaciones teatrales, hasta la fecha el sector teatral se ha precarizado. Como ya he referido en artculos anteriores, a partir de 1990 los propios artistas, con sus magros recursos, comenzaron a intervenir en el financiamiento de las producciones en proporciones que exceden la participacin estatal y, en ocasiones, algunos grupos han gestionado hbilmente los recursos de dicha produccin mediante el apoyo de embajadas e instituciones extranjeras o internacionales, de colegas y amigos residentes en el exterior, de las giras al exterior (que son la excepcin y no la norma).

No se trata de que el arte teatral resulte caro o de que pueda realizarse bajo determinadas modalidades de produccin, circulacin y consumo cuyos costos puedan regularse hacia la baja, sino de que toda produccin espiritual est vinculada con su preciso contexto histrico, esttico, econmico y tecnolgico.

El axioma de que el teatro ha de responder a su tiempo no solo vale para el plano ideolgico, sino tambin para el resto de los planos entre los que figura el tecnolgico y el esttico. Las caractersticas de la economa cubana gravitan tambin sobre la produccin de las artes; la escasa presencia de la industria, la obsolescencia tecnolgica son realidades actuantes. Sin embargo, sin que sea posible hablar de una real poltica de programacin (contra tal se levantan muchos obstculos) ni de una promocin como propone y requiere el mundo del espectculo, al cual tambin pertenece el teatro, el pblico responde ante el llamado de los artistas y nuestras instalaciones teatrales as lo demuestran por estos das.

Pero, no hay que llamarse a engao ni pensar en polticas privadas, la nacin que desee disponer de un teatro entre sus artes nacionales necesitar protegerlo. En realidad, la nuestra dispone de muchos recursos para ello, es solo asunto de cultura y de poltica. Nada ms y, a la vez, nada menos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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