Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2017

Pensamiento Crtico en la transicin socialista

Frank Josu Solar Cabrales
La Tizza

Ponencia presentada en el Coloquio a propsito de los 50 aos de PC


[Esta ponencia forma parte de las presentadas en la Mesa 3 del Coloquio a propsito del 50 aniversario de la revista Pensamiento Crtico. Los trabajos irn apareciendo paulatinamente en el dossier que hemos dedicado al evento].

La distancia que nos separa hoy de la salida del primer nmero de Pensamiento Crtico es exactamente la misma que mediaba entre esa aventura intelectual y revolucionaria y la Revolucin de Octubre: medio siglo. La coincidencia en este caso no se limita solo al azar temporal.

La Revolucin Rusa y la Cubana desataron la energa creadora de las masas, que por primera vez se sintieron dueas de todo y se apropiaron de todo; propiciaron un ambiente de debate libre y abierto entre revolucionarios, impulsaron una ola de luchas revolucionarias en todo el mundo, que apoyaron con todas sus fuerzas, y ambas confiaron su destino al xito de esas contiendas. De igual modo el resultado desfavorable de la lucha de clases a nivel internacional produjo, aunque con diferencias enormes de grado y calidad en cada caso, retrocesos y recortes en sus proyectos revolucionarios.

En los aos finales de la URSS las corrientes revolucionarias que pretendan la defensa y profundizacin del socialismo reclamaban una vuelta a Lenin y los bolcheviques para encontrar all sustento a sus posiciones. Nosotros hoy, ante el descalabro del modelo burocrtico de socialismo que se ensay en la Unin Sovitica y la Europa del Este, y ante los peligros reales de restauracin capitalista que nos amenazan, podemos encontrar la alternativa en nuestra propia historia, en los aportes originales de nuestra suerte de bolchevismo cubano de la primera dcada de poder revolucionario, del cual form parte, por derecho propio, Pensamiento Crtico, y del cual fueron principales exponentes el Che y Fidel. A esa fuente original acudi Fidel en otra coyuntura vital para la Revolucin Cubana, cuando en los aos 80 se inici el proceso de rectificacin de errores y tendencias negativas.

Pensamiento Crtico fue una hija intelectual de su tiempo y de la Revolucin, nacida de la necesidad de formacin terica que era sentida entonces como una urgencia. En contraste con el empobrecimiento del pensamiento social que vino despus, la revista exhiba una amplia diversidad y pluralidad en la publicacin del pensamiento de izquierda mundial. Su nico criterio de seleccin era la calidad y el rigor intelectual. En sus pginas encontraron espacio los principales exponentes del pensamiento revolucionario universal, incluso escuelas, tesis y teoras opuestas a las posiciones que mantena el equipo de redaccin de la revista. Era parte de la libertad de pensar que la Revolucin inauguraba, de ese lee y no cree expresado como principio, de esa democratizacin del conocimiento y del acceso a la cultura que inaugur la Revolucin Cubana. Ella reflej los grandes temas que eran ejes transversales a todas las investigaciones sociales de la poca: la Revolucin, las luchas de liberacin nacional y las resistencias populares, las estructuras econmicas y de dominacin, la teora del socialismo.

Como se cerr en 1971, Pensamiento Crtico solo puede estar relacionada con lo ms creativo y liberador de la Revolucin Cubana, y no con los errores y grisuras que vinieron despus, es decir, con la parte de la Revolucin que no es la Revolucin. Hoy, a cinco dcadas, Pensamiento Crtico no se cansa de servir, y sus escasos e intensos cinco aos de existencia siguen siendo una herramienta til para el avance de las liberaciones y el socialismo en Cuba. Claro, para que su recuperacin nos sea verdaderamente valiosa, deber ser creadora, no una copia mecnica.

Hoy casi nadie habla de la transicin socialista, a algunos le parece un concepto viejo y anticuado, pero es indispensable para nuestro proyecto que se rescate del olvido y sean retomados los debates sobre ella. Urge recuperarlo por su utilidad poltica, terica y metodolgica. El establecimiento del comunismo como principal meta a alcanzar no tiene solo la funcin del horizonte utpico que sirve para avanzar, sino que provee el referente ideal con el cual contrastar nuestras prcticas y realidades cotidianas durante la transicin.

El socialismo, ms que un estado, un modelo o un momento determinado, un modo de produccin especfico, es un perodo de transicin, un movimiento, un proceso. Ms que un lugar de llegada es un camino. Visto de esta manera, que es la de los clsicos, el socialismo es el perodo de construccin del comunismo, y su objetivo fundamental sera hacer avanzar el modo de vida comunista sobre el capitalista. Esa era la concepcin que sustentaba la posicin radical de los revolucionarios cubanos en los 60 cuando hablaban de la construccin paralela del socialismo y el comunismo.

Con los criterios de sostenibilidad de tecncratas y capitalistas no hubiera sido posible la Revolucin y sus conquistas. Para una estrecha visin economicista no ser nunca sostenible la conquista de toda la justicia, la garanta de una vida digna para todas las personas. Eso ser solo sueo de locos o fanticos. El desarrollo social alcanzado por los cubanos en tantos rdenes de la vida en estos casi 60 aos est al nivel del mundo capitalista desarrollado, muy por encima de sus condiciones materiales de reproduccin. l hubiera estado fuera de lo posible, de lo sostenible, de lo que poda ser alcanzado por esta pequea islita sin en ella no se hubiera producido una Revolucin Socialista que derribara todos los lmites de posibilidad y racionalidad que la realidad pareca imponerle.

El mercado y las categoras econmicas del capitalismo no sirven para construir el socialismo. Deben entenderse como un mal necesario que deber tolerarse por un perodo transicional, pero precisamente uno de los datos del avance del socialismo en la transicin socialista es su paulatina reduccin. Si existe la imperiosa necesidad de generalizarlos y extenderlos, obligados por circunstancias adversas, debemos entenderlo y explicarlo como un retroceso, como lo hizo Lenin cuando aplic la Nueva Poltica Econmica (NEP), y nunca, en ningn sentido, como un paso de avance en direccin al comunismo. Es decir, el mercado y los mecanismos capitalistas de produccin pueden ser utilizados coyunturalmente, para sobrevivir y recuperarnos, pero no para generar la riqueza y la base material indispensables al socialismo, porque ellos solo pueden conducir al capitalismo.

Todo esto parte de un equvoco bastante extendido, que se ve constantemente reforzado desde el sentido comn: el socialismo es muy justo, una maravilla en cuanto a la garanta de derechos sociales y culturales, pero un desastre econmico, es ineficiente y no crea riqueza, no incentiva la produccin ni el desarrollo. Por tanto, la solucin parece bastante clara: combinemos lo mejor de ambos sistemas, utilicemos los mecanismos y categoras del capitalismo, ya probados en su eficiencia, para producir la riqueza, y el modelo poltico y social del socialismo para distribuirla de la manera ms justa posible, sobre todo para asistir a los ms desamparados. El viejo sueo, siempre incumplido por su absoluta desconexin de la realidad, del reformismo socialdemcrata. El pragmatismo chino lo sintetizaba ejemplarmente en una frase: No importa el color del gato, lo importante es que cace ratones.

Lo de menos es el color del gato. Por supuesto que al socialismo le interesa que el gato cace ratones, mientras ms mejor, pero tanto como eso tambin le importa cmo los caza. O sea, si entendemos que el socialismo no puede ser un mero sistema de distribucin, ms o menos justa, de la riqueza, sino la creacin de una nueva cultura, de nuevas relaciones sociales, de seres humanos nuevos, junto con la creacin de una base material indispensable para la satisfaccin de las necesidades de las personas, entonces no nos sirve cualquier tipo de desarrollo econmico, sobre todo si es uno basado en la explotacin del trabajo ajeno, en la potenciacin del egosmo, de la desigualdad, de la pobreza. No se pueden naturalizar la miseria y las inequidades.

El crecimiento econmico necesario al socialismo debe lograrse por medios socialistas, no con las herramientas melladas del capitalismo. Ni siquiera se trata de que la creacin de la llamada base material del socialismo y la creacin del hombre nuevo sean dos procesos paralelos, que deben darse al unsono, o sea, por un lado socialismo econmico y por el otro moral comunista. Porque, como ha dicho el Che, en realidad son un mismo proceso.

Imposibilitados de usar los viejos ltigos del capitalismo si de verdad queremos alcanzar objetivos trascendentes de emancipacin, el nico modo que tenemos de aumentar la productividad y la eficiencia, de generar crecimiento econmico por medios socialistas, es a travs de la conciencia, de la educacin, de la formacin de nuevos hombres y mujeres, y de nuevas relaciones sociales de produccin entre ellos. En este sentido, el control real de los trabajadores sobre la poltica y la economa, no es un adorno o un lujo, sino una necesidad vital de la transicin, su modo de existencia, y la principal forma que tiene para desarrollar las fuerzas productivas en un sentido socialista.

Comprender el perodo de transicin como un proceso de tensin entre lo viejo que se niega a desaparecer y lo nuevo que no termina de nacer no significa que debemos aceptar esas contradicciones como normales y tolerables. Debemos identificarlas y conocerlas bien pero para resolverlas en un modo favorable al socialismo. Es decir, nuestra funcin no puede ser la de velar por la buena salud del viejo orden capitalista, sino la de ser parteros, y trabajar con todas nuestras fuerzas para ayudar a la Era en el doloroso parto del corazn de un nuevo mundo de justicia.

El marxismo revolucionario, adems de gua para la accin y la transformacin de la sociedad, no puede ser solo una herramienta de anlisis para comprender el funcionamiento del capitalismo, tiene que servir tambin para la diseccin rigurosa y honesta de la sociedad de transicin socialista, dar cuenta de sus tendencias y contradicciones, evaluar sus avances y retrocesos, prefigurar su desarrollo. En caso contrario dejara de ser un instrumento para la liberacin y se convertira nicamente en una teora justificativa y legitimadora del poder de grupos.

La crtica de izquierda, al menos una digna de tal nombre, no es peligrosa para la Revolucin, sino para la burocracia. Crtica de izquierda fue la que hizo el Che cuando advirti sobre los peligros que se cernan sobre la construccin socialista y sobre las posibilidades de regreso al capitalismo en la URSS, la que hizo Fidel de forma constante a lo largo de toda la revolucin, como cuando el 17 de noviembre de 2005 arremeti contra los corruptos y los nuevos ricos, la que sigue haciendo Ral cuando alerta de la necesidad de una ideologa anticapitalista y antimperialista, de no perder la sensibilidad ante los problemas que afectan al pueblo, y a las presentes y futuras generaciones de dirigentes de mantener siempre la perspectiva de que esta es una Revolucin de los humildes, por los humildes y para los humildes.

Hoy esa crtica de izquierda es ms necesaria que nunca, para evitar una restauracin capitalista en Cuba. La unidad de los revolucionarios es condicin sine qua non para defender la Revolucin de los ataques imperialistas y de la derecha, y profundizarla, pero su uso por parte de la burocracia pudiera servir para defender intereses espurios y grupales, que en ltima instancia pondran en peligro la Revolucin, y prepararan su derrota y entrega, sin la posibilidad de un rechazo fuerte. No se pueden olvidar las lecciones de la Historia.

La acusacin de una burocracia corrupta, usurpadora del poder, a revolucionarios de izquierda, de atentar contra la unidad, y por tal razn, de hacerle el juego al enemigo y perseguir sus mismos objetivos llev al asesinato y al destierro a miles de comunistas en la antigua Unin Sovitica, consum la contrarrevolucin burocrtica que extermin la generacin de bolcheviques que hizo la revolucin junto con Lenin y desemboc a la larga en la restauracin capitalista. La misma burocracia que acus a los revolucionarios de socavar la unidad del pueblo se reconvirti en una nueva clase capitalista, sin que una numerosa militancia comunista, acostumbrada a obedecer sin crtica las orientaciones superiores para no afectar la unidad, pudiera hacer nada por impedirlo.

Como demuestran las experiencias socialistas del siglo XX, la unidad es imprescindible para defender la Revolucin, pero por s sola ser insuficiente para profundizarla, que es el nico modo de evitar su derrota. Ella deber ir acompaada de un control popular sobre la burocracia, es decir, de un efectivo ejercicio de poder popular, y de un activo, propositivo y comprometido pensamiento crtico de izquierda.

Qu tipo de socialismo? Al decir de Francois Houtart, ni el que da risa, el socialdemcrata, ni el que da miedo, el estalinista. Por supuesto que buena parte de los regmenes que ocuparon el nombre del socialismo en el siglo XX no tenan nada que ver en realidad con l. Confundir el modelo estalinista, que con diferencias de grados y matices se extendi a otras latitudes, con el socialismo, es como confundir a la Inquisicin con el cristianismo primitivo, revolucionario, colectivista y ligado a las entraas populares. El socialismo al que aspiramos, aqu y en todo el mundo, es uno de libertad, igualdad y desarrollo pleno, que apunte a una sociedad de trabajadores libres asociados, donde el libre desenvolvimiento de cada uno sea la condicin para el libre desenvolvimiento de todos, donde el poder y la propiedad pertenezcan a todos. Un mundo nuevo, sin Csar ni burgus. Un revolucionario no puede conformarse con menos.

Fuente: http://medium.com/la-tiza/pensamiento-cr%C3%ADtico-en-la-transici%C3%B3n-socialista-2e39bf724365 


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter