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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2017

Jordi Pujol, con su familia, ha condenado el procs cataln

Jess M Montero Barrado
Rebelin


Que la familia Pujol Ferrusola ha actuado como un clan corrupto, no cabe duda. Que su vinculacin con el poder lo ha favorecido, dado el papel ms que relevante jugado por el patriarca, Jordi Pujol i Soley, tampoco cabe duda. Que lo que nos cont el patriarca acerca de la herencia recibida de su propio padre suena a cuento infantil y resulta ms que plausible. Es ms, la figura del padre del padre, esto es, el abuelo Florenci, nos lleva a unas prcticas econmicas que son propias de buena parte de quienes empiezan en el mundo de los negocios, lo que corrobora que nos encontramos ante una herencia, no slo econmica, sino de forma de entender la vida.

Jordi Pujol i Soley ha personificado para mucha gente durante mucho tiempo a Catalunya. Algo que, en realidad, no es cierto, porque slo ha personificado a una parte de Catalunya: la burguesa y, en sentido amplio, la pequeo-burguesa. Ha aunado, as, dos tradiciones, que hasta 1936 se expresaron polticamente de forma diferenciada. La propiamente burguesa, de larga trayectoria desde el siglo XIX y ya en el XX con la Lliga Regionalista de Catalunya, tuvo siempre un componente pragmtico, consciente que el bolsillo y el corazn no deban distanciarse en demasa, lo que la llev al pactismo permanente con el estado. Derrotada polticamente al comienzo de la II Repblica, despus de su apoyo inicial al golpe de Primo de Rivera en 1923, acab sucumbiendo al franquismo, al que se abraz porque le pudo ms el bolsillo que el corazn.

La Catalunya pequeo-burguesa tuvo la hegemona poltica durante la II Repblica a travs de Esquerra Republicana de Catalunya, pero acab siendo doblemente derrotada: durante la guerra y en lo que vino despus. En la primera, aun con Lluis Companys como presidente de la Generalitat, no pudo ante el empuje popular en unas circunstancias excepcionales. Y frente a lo que vino despus, poco o nada pudo hacer.

Y es aqu donde entra en juego el abuelo Florenci, que haba sido militante de ERC. Derrotado polticamente, se centr en la prosperidad econmica personal para sobrevivir material y anmicamente. Una forma de sublimar las aspiraciones de clase, haciendo del bolsillo la expresin del corazn o, si se prefiere, lo econmico como expresin de lo poltico.

Y en esto su hijo Jordi Pujol i Soley acabara siendo el culmen. Mdico de formacin, acab subsumido en lo poltico. Demasiado estrecho lo primero, se centr en lo segundo, que le permita abrir horizontes ms amplios. Para ello nunca le falt el apoyo de su padre, con Banca Catalana como su pilar material. Una entidad que pretendi ser el germen de algo ms, pero que acab presa de la lucha feroz existente entre quienes manejan las finanzas bancarias.

Jordi Pujol i Soley, empero, consigui siendo la personificacin de Catalunya. Bueno, de una parte, pero creyndose l que lo era todo. Ganador sorpresa en las primeras elecciones autonmicas de 1980, se le permiti gobernar en minora. Con su marca CiU, las clebres siglas que agrupaban los partidos que representaban los dos sectores sociales que representaban: Convergencia Democrtica de Catalunya, ms ligada a la pequea burguesa y las clases medias de las provincias, y Uni Democrtica de Catalunya, ms entroncada con la burguesa catalana.

En ese momento, en 1980, ni el PSC ni ERC se opusieron al gobierno en minora de CiU, evitando as un pacto de izquierdas con el PSUC. Desde entonces Pujol i Soley y CiU fueron ganando sucesivamente todas las elecciones autonmicas hasta 2003 (en 1999, slo en escaos). Y paralelamente, pese a no ser en su territorio el partido ms votado en las elecciones generales, fueron sosteniendo a todos los gobiernos centrales que lo necesitaron: el de UCD de 1979, el del PSOE de 1993 y el del PP de 1996. Eso fue lo que, entre otras cosas, permiti que Jordi Pujol i Soley saliera indemne en los aos ochenta del escndalo de la Banca Catalana.

Todo un xito poltico completo: el pactismo, propio de la burguesa catalana desde el siglo XIX y expresado polticamente hasta 1923 por la Lliga, estaba instalado en el poder con eficacia; y el nacionalismo, herencia de la radicalidad expresada en otro tiempo por ERC, se manifestaba a travs de lo que nuestro protagonista ha denominado tantas veces como "hacer pas". Y todo un xito personal, con el propio Jordi Pujol i Soley convertido en Honorable. Atrs dejaba el ttulo ms entraable de l'avi que se le haba dado a Francesc Maci o el recuerdo como mrtir de Lluis Companys.

Pero la derrota electoral de 2003 tuvo consecuencias. Primero alej a Jordi Pujol i Soley de la primera fila de la poltica, dejando como fiel escudero a Artur Mas. Pero, sobre todo, abri la primera fisura en lo que se haba montado. Cuando Pasqual Maragall pronunci en 2005 aquello del 3%, abri la caja de los truenos. Es cierto que de inmediato el PP se encarg de romper la caja del todo, dando lugar a lo que estamos viendo desde hace unos aos. Pero desde entonces todo se ha ido precipitando.

Ya nada es como era. Ni en la familia Pujol Ferrusola. Todo lo que vamos conociendo, pone al descubierto que en su seno se ha seguido la tradicin inaugurada con el abuelo Florenci. Que su hijo Jordi nunca se separ de ella, aun cuando la poltica le obligara a descuidarla. Fueron sus hijos, los Pujol Ferrusola, quienes la recuperaron. Y de qu forma! A lo mejor, tambin, con la ayuda de la madre, que segn algunas fuentes la denominan como la "madre superiora".

Lo que s parece seguro es que Jordi Pujol i Soley ha arruinado todo su capital poltico. El suyo y el de su partido, Convergencia Democrtica de Catalunya. Y me atrevo a decir que algo ms importante: el de quienes aspiraban a hacer de Catalunya un estado independiente. En aumento durante el primer gobierno de Mariano Rajoy, el procs se ha estancado. Porque uno de sus componentes, lo que ahora llaman Partit Democrtico de Catalunya, con Mas al frente, no deja de ser la herencia del pujolismo. Es decir, expresin de la corrupcin habida en ese territorio. La misma que ha roto una de las patas de la legitimidad en que se sustentaba el procs.

Jordi Pujol i Soley, el Honorable, ha dejado de serlo y con ello ha condenado las aspiraciones que tena buena parte de la sociedad catalana: la burguesa, no tanto; la pequeo-burguesa, en mucha mayor medida; y la popular, en diversos sectores y estratos, aunque minoritarios. Es cierto que ERC se est convirtiendo en la fuerza hegemnica del nacionalismo, pero la losa de la corrupcin de quien no deja de ser su aliado en el gobierno est pesando demasiado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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