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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2017

poca de fascismo intelectual en Egipto

Amr Khalifa
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



 

En Egipto, las paredes han tenido odos a menudo, pero no es al Gran Hermano al que tememos desde 2011. Millones de Pequeos Hermanos han surgido de entre nosotros para vigilar cuanto decimos y pensamos.

Quienes tratan de deconstruir Egipto se fijan particular y frecuentemente en cuestiones clave como la economa, la poltica o la educacin.

Pero en vez de enumerar las maneras con las que grupos como el Estado Islmico (EI) van avanzando por el Delta del Nilo, o cmo la inflacin se ha disparado al 31% bajo el supuesto liderazgo de Fatah al-Sisi, nos dedicamos a profundizar en cuestiones que pueden parecer esotricas. Necesitamos analizar un nuevo fenmeno: el estado mental que invade el pas.

En Egipto tenemos una forma de terrorismo intelectual. Del pueblo contra el pueblo. No se trata nicamente del dominio del Gran Hermano, una nueva forma de 1984 de George Orwell devorando el alma de Egipto. El dao lo causan millones de Pequeos Hermanos que van extendindose como un cncer a travs del cuerpo poltico egipcio, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

El ejrcito no necesita entrar en las casas porque ya ha invadido las mentes del pueblo.

Imaginen este escenario

Cojan a un grupo cualquiera de egipcios que se renan en el trabajo para un proyecto. Podra tratarse de una seccin representativa de la mano de obra egipcia: hombres y mujeres, musulmanes y cristianos, jvenes y viejos, casados y solteros, politizados y apticos

Empiezan las conversaciones, algunas casuales y otras no tanto. Y varias de estas conversaciones abordan temas sensibles como la poltica y la economa.

Sin saberlo el grupo, alguien de entre ellos supera lo que el rgimen y sus agencias de seguridad mejor saben hacer: informar a la polica y convertir una diferencia poltica en un acto de traicin. Pero en este caso, esta persona no est informando a la polica, lo que trata de hacer es distorsionar o ms bien envenenar- el discurso.

En el Egipto moderno, las paredes tuvieron a menudo odos, pero en los das posteriores a la revolucin de 2011, en las paredes y entre nosotros- han aparecido millones de odos. Los experimentos pueden fracasar o triunfar y las seales de fracaso abundan dentro de esta microsociedad y de Egipto.

Al haber elegido en un determinado momento de su vida convertirse en informante sin necesidad para conseguir algn beneficio personal o por un sentido equivocado del deber nacional, el antihroe de ese grupo imaginario ha optado por no divorciarse de la mentalidad de Estado policial de Egipto. El rgimen dice a mi manera o de ninguna manera y lo mismo sucede tambin con ese hombre o mujer.

Hombre o mujer, musulmn o cristiano, joven o viejo, cualquiera que critique al rgimen es definido por esta mentalidad informante con decidida certeza- como Hermano Musulmn o traidor. Para esas mentes, lo mismo da lo uno que lo otro.

Lo que nunca se le pasa por cabeza es la posibilidad de que haya otros grupos o subgrupos en la sociedad fuera del campo islamista que puedan ser incluso ms crticos con el presidente egipcio; o con los mltiples grupos que por diversas razones le apoyan.

No menos peligrosa que esa lgica binaria reductora de o ests con nosotros o contra nosotros, est la necesidad instintiva de destruir o daar al otro. Aunque el informante no pueda encarcelarle o daarle fsicamente, su propsito es perjudicar la reputacin social del elegido como objetivo, desacreditarlo y aislarlo dentro de esa microsociedad.

El objetivo es el silencio, la herramienta es el miedo y el resultado el terrorismo intelectual, un estado en el que la gente se lo piensa dos veces antes de discrepar de la mayora.

Aqu, el pequeo hermano es tan grande como una roca encima de un par de pulmones, lista para aplastar todo el aire existente. En Egipto, y fuera de Egipto, el miedo al pequeo hermano est bien vivo porque el ejrcito y las instituciones de seguridad han hecho de su regreso una misin inquebrantable.

Haciendo callar al otro

Este fenmeno, parte esencial de la dinmica fascista ms amplia que ha barrido Egipto y en grados diversos numerosos Estados, no se limita a los lugares de trabajo u hogares egipcios, sino que tambin se identifica como egipcio en el ciberespacio.

Abunda en Facebook y Twitter. Ms que la violencia fsica, la brutalidad verbal se utiliza en todos los campos sociopolticos para silenciar las voces alternativas.

Y no se limita nicamente al campo progubernamental. Revolucionarios, izquierdistas, islamistas, salafistas y laicos son igualmente culpables del complejo crimen de la otredad; injurias a aquellos con los que discrepas, insultndoles y atacndoles agresivamente en vez de debatir.

Aunque est presente en determinados crculos y en algunas formas, el discurso se ha convertido trgicamente en la excepcin y no en la norma. Si los escritores que escriben sobre Egipto estn en la oposicin o han optado por la independencia, esperan encontrarse vitriolo en la seccin de comentarios de cada artculo que escriben. A m me pasa.

Cuando el nivel de crtica se convierte intencionada y sistemticamente en txica es decir, si el insulto y la amenaza se elevan al nivel de terrorismo intelectual-, no debe aceptarse en manera alguna.

Si escribes un comentario duro sobre el hombre fuerte de Egipto Abdel Fatah al-Sisi del estilo que atrae la atencin, espera, observa y en cuestin de minutos una combinacin de patriotas y ejrcitos electrnicos de Sisi te ofrecern el tipo de saludos maaneros que censuraras si tus nios estuvieran presentes.

Verdades incmodas

Durante la pasada semana, por ejemplo, se supo que al expresidente Mohamed Morsi se le haban negado las visitas desde el momento en que fue arrestado, en duro contraste con Hosni Mubarak, quien ha recibido un trato de realeza en una suite de hospital estilo hotel de cinco estrellas, donde ha disfrutado de incontables visitas. El discurso sobre todo esto era, naturalmente, acusatorio.


El depuesto president Mohamd Morsi en la jaula de acusados durante su juicio en mayo de 2014 (AFP)

Que Mona Seif, una de las principales defensoras de los derechos humanos en Egipto y miembro de una de las familias ms revolucionarias del pas, defienda derechos humanos para todos, con independencia de su filiacin poltica, no debera sorprender a nadie y s agradar a todos.

Pero como lo que prevalece es la barbarie poltica, se lanzan insultos contra Seif al tiempo que se defienden violaciones vergonzosas de los derechos humanos, diciendo que ese debera ser el modus operandi con los terroristas.

Una cosa es tener diferencias de opinin y otra muy diferente cometer libelo y denominarlo libertad de expresin para deshumanizar al otro porque sostiene verdades que nos resultan incmodas.

La forma en que los egipcios conversan hoy es reflejo de la violencia que decenas de miles padecen en las prisiones, que cientos de miles experimentan a diario en el Sina, y que millones han sufrido, de una forma u otra, bajo el gobierno militar, especialmente desde que golpe influy en todos y cada uno de los aspectos de la vida egipcia.

Una nacin con muchos aspectos en los que de forma respetuosa y civil no se est de acuerdo podra denominarse democracia. Pero una sociedad que limita y ataca la libertad de expresin dentro de ella misma equivale nada menos que a una sociedad que se inyecta voluntariamente herona en las venas.

Cuando tu objetivo es la construccin de un claustro fascista que mantenga un poder absoluto ahogando cada respiracin y cada opinin, cualquier conversacin sobre las elecciones presidenciales de 2018 se convierte en una farsa. Si los egipcios no pueden mantener un punto de vista contrario sin temer niveles mltiples de represin, cmo van a considerar incluso la nocin inherentemente democrtica de las elecciones?

Rescatndonos a nosotros mismos

As pues, por qu hablar de libertad de opinin y de ataques sistemticos contra ellas ahora? Se trata de publicar lo que se desea en las redes sociales? La respuesta debera ser tan obvia como el sol en agosto aunque tan serpenteante como la ruta de la seda.

Uno no puede confiar en salvar una nacin del precipicio sin volver a la seguridad por el puente de la libertad de expresin. Egipto es una nacin con problemas en mltiples frentes, opinin compartida incluso por su comandante en jefe, y sin un dilogo nacional trasparente entre sus ciudadanos, prensa, ONG, parlamento y gobierno, la esperanza en un cambio real seguir siendo un espejismo, eso en el mejor de los casos.


Polica antidisturbios egipcio durante una protesta de periodistas pidiendo el despido del ministro del interior en mayo pasado tras un ataque policial contra dos periodistas (AFP)

A qu se arriesgan los egipcios? Un rgimen que no tiene reparos en silenciar a la prensa y a los ciudadanos no va a detenerse ah.

Continuar por el camino actual en el que se castigan los puntos de vista de la oposicin supone socavar lo que muchos creen que es un sistema judicial que, como poco, se ha visto comprometido por sentencias politizadas tanto contra los revolucionarios como contra los Hermanos Musulmanes. Podemos mantener que Sisi est actualmente castigando al Consejo de Estado, la autoridad legal suprema de Egipto, por su papel al declarar que las islas de Tirn y Sanafir son egipcias.

Los jueces estn ahora amenazados con un proyecto de ley que dara al presidente autoridad discrecional para hacer algunos nombramientos judiciales clave, escribi este mes Nathan Brown, profesor de ciencias polticas y asuntos internacionales en la Universidad George Washington.

El rgimen tiene en estos momentos bajo un telescopio amenazador al poder judicial. Si socavas al poder judicial, ests entonces atacando el ltimo bastin que acta en nombre de los ciudadanos, al menos en teora.

En las ltimas dos semanas, Egipto dio un paso de gigante para convertirse en la Corea del Norte de Oriente Medio, con 60 miembros del parlamento aprobando que se discuta un proyecto de ley que va a exigir que los egipcios se registren con el gobierno para utilizar las redes sociales. Si no fuera algo trgico, resultara cmico.

Con cada da que pasa, el ejercicio continuado de terrorismo intelectual tanto por parte del gobierno como de la ciudadana empuja a Egipto un paso ms hacia la oscura cueva del autoritarismo.

Las dos sombras que ven sobre la mesa en Egipto son las sonrisas y muecas peligrosas de los que niegan al otro. Qu podemos hacer? Escucharnos unos a otros con la mente abierta. Cualquier otra cosa que no sea esta meta va a costarnos a los egipcios mucho ms de lo que ya hemos perdido.


Amr Khalifa es un periodista y analista freelance que suele publicar en Ahram Online, Mada Masr, The New Arab, Muftah y Daily News Egypt. Twitter: @cairo67unedited .

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/egypt-s-age-intellectual-terrorism-940558559

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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