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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2017

Buceando en las profundidades de Parar en seco, el ltimo libro del escritor colombiano William Ospina

Felipe Pineda Ruiz
Rebelin


Hace algunos meses, el maestro William Ospina tuvo la gentileza de interrumpir su vertiginoso itinerario y aceptar la invitacin, que desde Somos Ciudadanos [1] le extendimos, para realizar un viaje intempestivo al departamento de Boyac. El motivo, participar en la audiencia ambiental, realizada en el municipio de Pesca por el Colectivo de la Proteccin de la Provincia de Sugamuxi. El objetivo principal, salvar el Lago de Tota de la insaciable intencin de la petrolera francesa Maurel & Prom de hacer exploracin y explotacin petrolera en inmediaciones de su generoso caudal.

All, cerca de 2000 asistentes tuvieron la fortuna de escuchar un texto preparado para la ocasin por el autor tolimense, la oracin por el Lago de Tota [2]. Uno de sus fragmentos se convertira en el preludio de lo que Ospina haba venido construyendo en sus cuarteles de invierno: toda la ciencia de hoy sabe que el petrleo no es el futuro, toda la ciencia de hoy sabe que el petrleo es el pasado.

La obra, que al poco tiempo saldra al mercado, titulada Parar en seco condensa todas las inquietudes ambientales, filosficas y ecolgicas, que durante dcadas acumul uno de los escritores ms prolficos y connotados del pas.

En Parar en seco una tesis principal se convierte en el ecuador de la obra: en el momento en que el hombre sucumbi ante la tentacin de la depredacin y el utilitarismo, y a los designios de los gerentes de lo til por dominar la naturaleza, sta misma se encarg de poner tan vanidosa tentativa en su lugar en forma de tsunamis, cataclismos, terremotos, desbordamientos de ros y tornados.

Las coordenadas bibliogrficas iniciales utilizadas por Ospina para explicar el por qu llegamos a este punto? son las conferencias de Aldous Huxley (la Situacin Humana, 1959) y las advertencias de Nietzche y Humboldt, o de Asimov y Pohl, condensadas en La Ira de la Tierra (1991).

El diagnstico preliminar del escritor al respecto se clarifica cuando advierte "fue la obtencin de poderosas fuerzas nuevas debidas a los combustibles fsiles, a la electricidad y al diseo de mquinas lo que dispar de repente nuestro poder de transformar el universo natural hasta hacerlo casi irreconocible (p.24). La solucin que Ospina plantea para hacerle frente a la crisis ambiental-ecolgica es una sola: una agenda global de sustitucin de las energas fsiles, no renovables por una de energas limpias y renovables. En pocas palabras, acabar con la dependencia de los combustibles.

En el plano religioso, la ruptura de Occidente con la espiritualidad, y con el conocimiento del corazn o cargiognosis que el mismo Cristo ejemplific, es otra de las explicaciones ontolgicas que el autor de el pas de la canela pone de relieve en su texto para entender la crisis de nuestra poca.

Ospina hace hincapi en el proceso que el cristianismo decidi seguir para adoptar y adaptar la lgica formal de Platn, e integrarla al concepto de "progreso", trmino que justifica el aprovechamiento utilitarista e irracional de la naturaleza.

El descubrimiento de las virtudes, que la filosofa revela paradjicamente, en lugar de conducir a las sociedades a una evolucin espiritual, puso a la razn en funcin de la voracidad por producir y consumir. El ascetismo de Buda en la India y Digenes en Grecia, sucumbi, en suma, ante la tergiversacin del pensamiento platnico.

La desacralizacin de Cristo, y de la naturaleza misma, tergivers la esencia de la convivencia armnica hombre- naturaleza ante la obsesin del hombre occidental por el progreso, cuyo punto de quiebre transversal ocurre en la revolucin industrial. Para ello el cristianismo tuvo que construir el mito del dios castigador, en funcin de la guerra, el saqueo y la obsesin por la victoria, la opulencia y la venganza.

Y es precisamente en torno a la razn, la esttica y la naturaleza, donde el autor recupera el pulso filosfico de principios del siglo XIX entre los alumnos, y amigos, de la Universidad de Tubinga, Hegel y Hlderlin.

Ambos mantienen, en aras de la unificacin entre sujeto y objeto, entre la esttica versus la razn, entre el yo y el nosotros, una tensin alucinante que marcara mucho ms a un Hegel reacio a desprenderse de su visin kantiana del mundo. (p.55).

Ante la idea obsesiva de la transformacin del Estado, enunciada por la obra de Hegel, y la ceguera de la primaca del ser humano sobre otras especies, Ospina vuelve a reivindicar a Hlderlin, quien sabiamente prendera las alarmas de tan caprichoso error "siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, ha construido su infierno" (Hiperin)

Dicha disputa la gana Hegel y su determinismo materialista durante los dos siglos siguientes. Sin embargo, las catstrofes ambientales, el extractivismo, y la revancha de la naturaleza contra la explotacin humana, como bien lo desentraa el escritor tolimense, terminaron por otorgarle una victoria filosfica colmada de principios al poeta menospreciado por la utilitarista historia: el vilipendiado Hlderlin.

Ulterior a la era industrial, el autor hace un recorrido por la primera y la segunda guerras mundiales para concluir que la guerra acab con todo resquicio de fe, y el nihilismo y el existencialismo hicieron lo restante: destruir la esperanza de las dos generaciones venideras.

Luego su narracin fecunda se centra en dos corrientes que tenuemente intentaron traer un poco de esperanza planetaria durante la segunda mitad del siglo XX: el hippismo como oasis reconciliador del hombre con la naturaleza, y el ecologismo como oleada disipadora del antagonismo entre hiper-industrializacin y preservacin ambiental (desarrollo sostenible).

Es necesario mencionar el fracaso de ambas, en especial la segunda, por frenar el proyecto industrial y consumista que los suprapoderes tenan en mente para el futuro global.

De ah en adelante el texto advierte sobre el cataclismo de nuestra civilizacin actual: el consumo como religin; la globalizacin y la sociedad digital; y la destruccin de los Estados-Nacin a manos de las grandes corporaciones y el lobby de las finanzas, los dos brazos del poder planetario.

Esa concentracin del poder, enfatiza acertadamente Ospina, termin por acaparar los bienes comunes de la humanidad (aire, agua, suelo y vegetacin) para ponerlos en manos de usurpadores todo poderosos y llevarnos a este punto de mercantilizacin sin retorno.

La bibliografa ambiental, dotada de tecnicismo y frases encriptadas, que solo sacian los egos de un puado de especialistas, necesitaba realmente una obra como Parar en seco para respirar, para hablar de energas fsiles de la forma ms vital posible y reconciliar, por pocas horas, a la literatura con la historia.

La tensin entre racionalidad y esttica, encarnada en la dualidad filosfica latente entre Hlderlin y Hegel, hace un par de siglos, intenta responder a la pregunta principal que plantea el libro de Ospina por qu el hombre se obsesion en querer a toda costa dominar a la naturaleza?. La siguiente frase del escritor nacional, extrada de esta maravillosa obra, aporta una nueva pista para realmente parar en seco y construir mitos que no repugnen a la razn, e ideas razonables que no se rian con el sentido esttico de la realidad.

 


Notas

[1] Somos Ciudadanos, laboratorio de iniciativas sociales y ciudadanas creado a principios de 2015, a raz de la conmemoracin de los 80 aos del natalicio y los 25 del fallecimiento del pensador Estanislao Zuleta.

[2] Texto ledo por William Ospina en la Audiencia Ambiental, convocada por la Agencia Nacional de Licencias Ambientales de Colombia (ANLA), realizada en el municipio de Pesca (Boyac) el pasado 6 de noviembre de 2016.


Felipe Pineda Ruiz, publicista, investigador, director del laboratorio de iniciativas sociales Somos Ciudadanos (www.redsomosciudadanos.com).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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