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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2017

Filipinas, frontera de las guerras en el pacfico

Ricardo Orozco
Rebelin


En Octubre de 2016, apenas unos meses despus de iniciar el nuevo gobierno nacional, el presidente filipino Rodrigo Duterte anunci, en el Foro Econmico de Pekn, que se separaba de su alianza con Estados Unidos, tanto en el plano militar como en el terreno econmico, para depender de la influencia regional china para siempre. La noticia, por supuesto, alert a las autoridades estadounidenses por las implicaciones geopolticas del viraje: su papel como zona de contencin geogrfica tanto como poltica al expansionismo chino en el sudeste del pacfico asitico es clave para mantener la supremaca militar en la zona. Despus de todo, a Filipinas y Estados Unidos los une la historia de la colonizacin del primero por el segundo, hasta 1944; y luego de ello, los Acuerdos Militares de 1947; los Acuerdos de Defensa Mutua, de 1951; y las mltiples adendas de mejoramiento que siguieron a estos.

Pensar en un distanciamiento entre ambos Estados, por consecuencia, se antojaba, si bien no imposible, por lo menos lo suficientemente problemtico como para que el golpe de timn filipino no supusiera una tersa transicin entre esferas de influencia. Y es que si bien ya en las dos ltimas dcadas del siglo XX un fuerte sentimiento antiestadounidense irrumpi con profusin en el imaginario colectivo nacional filipino, ni en aquel momento el riesgo de perder el punto de contencin geopoltica que ofrece Filipinas a Occidente se present con tanta claridad y en un momento en el que la hegemona estadounidense se ve profundamente cuestionada en una mayor cantidad de zonas alrededor del planeta.

Ahora bien, en rigor, todo cuanto es susceptible de ser calificado como bilateral o recproco en la relacin que mantienen Estados Unidos y Filipinas no es realmente mutuo. Ya sea que se trate de intercambios comerciales o con mayor importancia an de transferencias en materia militar y de defensa, esa doble va adquiere el carcter de unilateralidad: con Estados Unidos avasallando a Filipinas tanto en cuanta como en cualidad. Y es que, por un lado, el inters primario de Estados Unidos en Filipinas es el de mantener abierta la ruta comercial que cruza por el Mar del Sur de China, toda vez que por sus aguas se transportan cerca de cinco mil millones de dlares en mercancas. Y por el otro, con la alianza sino-rusa sustituyendo a la Unin Sovitica en el siglo XXI, tener la capacidad de cerrar el flujo de hidrocarburos que alimentan a la industria china, y de contener a ambas marinas mar adentro, resulta vital en cualquier escenario de guerra Oriente/Occidente.

Por lo anterior, observadores endgenos y ajenos a la organizacin y control de la poltica exterior de Filipinas tienden a coincidir en la idea de que cualquier alejamiento de Estados Unidos, con su posterior aproximacin a China, es sinnimo de suicidio, pues las autoridades chinas ya no veran ningn elemento disuasorio para devorar las disputas territoriales que mantiene con aquel. La cuestin es, no obstante, que las observaciones de este tipo no ponen en el centro del anlisis que, sin importar la esfera de influencia sobre la cual se decante,Filipinas, en tanto frontera comn del expansionismo occidental y oriental en el Sudeste asitico, siempre se encuentra en el borde de ser consumido por la relacin de fuerzas externas que se disputan el control de su territorio.

De ah que, contrario a la visin general que circula por los medios occidentales, la agresividad de Duterte hacia Estados Unidos no sea, como punto originario, el de algn tipo depopulismo entendiendo a ste como lo hace Occidente. Y es que reducir el posicionamiento del gobierno filipino a una frmula del tipo que afirma que su asimilacin a los valores occidentales es representativo de la interiorizacin de stos, mientras que su asimilacin a Oriente es sinnimo de populismo, autoritarismo, comunismo o similares y derivados; es equivalente a menospreciar los intereses nacionales que se juegan a ambos lados del pacfico.

Duterte, es cierto, es partidario de un rgimen de exterminio al interior de su pas. La guerra en contra del narcotrfico que desenvuelve desde su investidura presidencial es de una profusin de violencia como pocas se han observado alrededor del mundo. No obstante, no es en su presunta tirana ni en los reclamos estadounidenses en defensa de los Derechos Humanos en donde se encuentra el empuje que llev a Filipinas de un aliado a otro. Por lo contrario, el viraje de Duterte es consecuencia lgica de lo profundo que el aparato de inteligencia estadounidense se sumergi en la estructura gubernamental del pas.

Barack Obama, en este sentido, concret una serie de acuerdos, en 2014, con su par, Beningno Aquino III, que aseguraba a Estados Unidos un mayor control del aparato militar filipino por un plazo inicial de diez aos, colocando a ste pas como uno de los principales centros asiticos de transferencias militares. Esto, con una China decidida a incrementar su potencial blico en el prximo cuarto de siglo y una Rusia implementando la primera fase de una renovada expansin militar, coloca a Filipinas como uno de los tantos territorios que, por su posicin geogrfica, quedan atrapados en el medio de ambas potencias. Decidir su permanente adhesin a Estados Unidos o aliarse con China fue una cuestin de pura estrategia, de sobrevivencia nacional, ms que reflejo de la mentalidad populista de su actual mandatario.

La medida de Obama no fue aislada, se compagina con una serie ms amplia que incluye acuerdos de profundizacin en materia de seguridad con Japn y Singapur, Estados con los cuales Filipinas mantiene su primera y cuarta relacin comercial. Sin embargo, ni de Japn ni de Singapur depende que China sea capaz de controlar la primera cadena de islas en el Pacfico occidental. Esa posibilidad slo gravita en torno de quien controle el territorio filipino. Y es que, Estados Unidos, perdiendo su influencia en el archipilago, pierde, tambin, una ventaja estratgica: Japn y Corea del Sur pueden constreir los movimientos chinos a travs de los estrechos Coreanos; Japn, con su despliegue de infraestructura antimisiles instalado en las islas Kyushu, Okinawa y Ryukyu, detendra cualquier agresin en el Mar del Este de China; Indonesia, hacer lo propio en lo relativo a los estrechos de Lombok, Sunda y Malaca; y Filipinas, junto con Taiwan, cerrar el paso del estrecho de Luzon; y con Indonesia, los de los mares de Sulu y Celebes.

Se entiende, pues, que la menor de las preocupaciones para Filipinas sea su poltica interna cuando dos potencias militares ven al conjunto de islas que conforman al pas como su principal escenario de confrontacin en la zona. Por eso, asimismo, es muy poco probable que el viraje ideolgico declarado por Duterte en Pekn sea realmente ideolgico, y tenga que ver ms con un movimiento pragmtico en un momento en el que la Presidencia de Obama se acercaba a su final profundamente cuestionada por la diplomacia China.

Por lo pronto, a mediados de abril, Duterte rectific su postura y se lanz de nuevo a su tradicional alineamiento con Estados Unidos; y ya pronto, en Mayo, se abri la opcin de que el presidente Donald Trump reciba a Duterte en Washington; suponiendo la posibilidad de llegar a un acuerdo lo suficientemente slido como para inclinar an ms la postura filipina hacia Occidente. Y la cuestin es que esta ltima posibilidad no se observa distante, toda vez que la nueva administracin estadounidense ha demostrado estar dispuesta a ser an ms agresiva y recurrir con mayor frecuencia al empleo de medios blicos para responder a las amenazas a su seguridad.

Duterte, en su desplazamiento de regreso hacia la esfera de influencia estadounidense,quiz se est observando en Siria, pas que comparte la particularidad geopoltica de Filipinas, como frontera imperial, pero en Oriente Medio. Despus de todo, Trump, actuando de manera muy similar a como lo hizo Obama en sus dos mandatos, ya dej ver al Sudeste asitico, con pretexto de hacer frente a Corea del Norte, que el despliegue de dispositivos antibalsticos de gran escala y la intensificacin de ejercicios militares, marcados por un incremento sustancial en el nmero de tropas permanentes; es tan slo una primera llama de advertencia ante cualquier signo de oposicin en la regin.

​Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/05/filipinas-frontera-de-las-guerras-del.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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