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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2017

Decadencia final de la Democracia Cristiana?

Felipe Portales
El Mostrador


El abandono del PDC de uno de sus ms destacados dirigentes histricos como Ricardo Hormazbal y, ms an, que este evento no haya generado ninguna reaccin pblica del partido ni de sus dirigentes!, nos revela el extremo deterioro poltico y tico al que ha llegado esta organizacin poltica. Es cierto que ya desde hace muchos aos el PDC no es ni la sombra de lo que fue. La vocacin por la justicia social, la mstica y la tica de su antecesora, la Falange Nacional; la tremenda obra del gobierno de su mximo lder histrico Eduardo Frei- de terminar con el secular sistema semifeudal de la hacienda y de comenzar el proceso de nacionalizacin del cobre; la notable lucha que desarroll contra la dictadura; y la propuesta que hizo durante los 80 de terminar con las modernizaciones neoliberales impuestas por aquella; configuran un tremendo contraste con la renuncia a sus postulados de justicia social y con el acomodo al modelo econmico-social impuesto por la dictadura desarrollados por su liderazgo desde fines de los 80.

En efecto, como lo reconoci el mximo arquitecto de la transicin, Edgardo Boeninger, el liderazgo del PDC y del conjunto de la Concertacin- lleg a fines de esa dcada a un proceso de convergencia con el pensamiento econmico de la derecha, convergencia que polticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer. Y que la incorporacin de concepciones econmicas ms liberales a las propuestas de la Concertacin se vio facilitada por la naturaleza del proceso poltico de dicho perodo, de carcter notoriamente cupular; limitado a ncleos pequeos de dirigentes que actuaban con considerable libertad en un entorno de fuerte respaldo de adherentes y simpatizantes (Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad; Edit. Andrs Bello, 1997; pp. 369-70).

Y que para que dicha convergencia no fuese reconocida, el liderazgo del PDC y de la Concertacin regal la inminente mayora parlamentaria que habra acompaado a Aylwin en su seguro gobierno, acordando con Pinochet las reformas constitucionales de 1989 que solapadamente hicieron eso imposible. Con ello pudo aducir plausiblemente que no haca ninguna reforma fundamental porque no dispona de mayora parlamentaria

Adems, procedi a promover a travs de diversas polticas -como el bloqueo de fondos holandeses y la discriminacin del avisaje estatal- la destruccin del conjunto de los medios escritos concertacionistas (Apsi, Anlisis, Hoy, La Epoca, Fortn Mapocho) que no compartan la convergencia con la derecha y que por tanto se habran convertido, a la larga, en verdaderos opositores de sus polticas neoliberales. Destruccin que logr plenamente durante la dcada del 90.

La solapada conversin derechista del PDC (y del conjunto de la Concertacin) ha ido quedando cada vez ms clara para la sociedad chilena. No solo por la va del reconocimiento fctico de dcadas de conservadurismo estructural (manteniendo las AFP, las Isapre, el Plan Laboral, las universidades con fines de lucro, el sistema tributario, etc.; habiendo tenido Lagos y Bachelet los qurums requeridos para transformarlos en el Congreso!); sino tambin por desfachatados reconocimientos que de tanto en tanto deslizan algunos dirigentes partidarios.

Por cierto el ms destacado fue el efectuado por Alejandro Foxley, al defender a Pinochet una vez detenido en Londres. De este modo expres que Pinochet realiz una transformacin, sobre todo en la economa chilena, la ms importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mrito de anticiparse al proceso de globalizacin que ocurri una dcada despus, al cual estn tratando de encaramarse todos los pases del mundo. Hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entr a ese gobierno el ao 73, con Sergio de Castro a la cabeza, en forma modesta y en cargos secundarios, pero que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar que crea en la planificacin, en el control estatal y en la verticalidad de las decisiones- de que haba que abrir la economa al mundo, descentralizar, desregular, etctera. Esa es una contribucin histrica que va perdurar por muchas dcadas en Chile, que ha terminado siendo aceptado prcticamente por todos los sectores. Adems, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues termin cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo y eso sita a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal (sic) es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese perodo, esa contribucin a la historia ha estado permanentemente ensombrecida (Cosas; 5-5-2000).

Precisamente, en el especial mbito tico de los derechos humanos, se llev a cabo durante los gobiernos conducidos por el PDC una virtual bsqueda de la impunidad en la medida de lo posible. Primero, la propia denominacin de la Comisin Rettig como de Verdad y Reconciliacin denot con claridad que se vea que la justicia no era un prerrequisito de la reconciliacin. Luego, antes que dicha comisin finalizara su labor!, el presidente del Senado, Gabriel Valds, llam a contentarse con ni siquiera encontrar la verdad, al afirmar en agosto de 1990 que pondra un plazo mximo de dos meses para encontrar el paradero de las personas detenidas-desaparecidas: No podemos seguir indefinidamente en la bsqueda de muertos (Paula; agosto de 1990); concepto que repetira el entonces presidente del PDC, Alejandro Foxley, en 1995 al decir que no sacamos nada con estar contando muertos indefinidamente (Las Ultimas Noticias; 3-11-1995). A su vez, en diciembre de 1991, el mismo Valds plante que la transicin es un problema poltico y va a terminar el da que tengamos una situacin que permita dictar una ley de amnista general como se ha hecho en otros pases, pero dejando al margen algunos casos que no fueron incluidos en la amnista anterior y estn en poder de la justicia, como el caso Letelier (El Mercurio; 15-12 1991). Hasta la propia derecha se manifest en contra de una nueva ley de amnista, en las palabras del presidente de RN, Andrs Allamand y del diputado de la UDI, Andrs Chadwick

Posteriormente, los propios gobiernos de Aylwin y Frei Ruiz-Tagle enviaron en 1993 y 1995 proyectos de leyes destinados, en definitiva, a avalar el decreto-ley de autoamnista de 1978. Afortunadamente, en ambas ocasiones la oposicin de las agrupaciones de familiares de las vctimas (en 1993 la AFDD tuvo que efectuar incluso una huelga de hambre en su contra, igual que en la dictadura!), de diversas organizaciones nacionales e internacionales de DD. HH., y de algunos parlamentarios del PS, lograron frenar la aprobacin de dichos proyectos.

Pero sin duda que la culminacin de esta bsqueda de impunidad se dio en relacin con el mismo Pinochet. As, el gobierno de Frei Ruiz-Tagle logr con el apoyo de varios diputados democratacristianos- derrotar en 1998 una acusacin constitucional en contra de Pinochet. Y despus intercedi internacionalmente para evitar un juicio a Pinochet en Espaa, luego de haber sido detenido en Londres. Posteriormente el gobierno de Lagos se encargara de presionar pblica y privadamente a los tribunales chilenos para evitar una condena a Pinochet por sus crmenes.

Por otro lado, el derechismo del liderazgo del PDC ha ido quedando abrumadoramente claro con las decenas de sus dirigentes muchos de ellos ex ministros y subsecretarios- que han pasado a ser directores o altos ejecutivos de AFP, Isapres, empresas o fundaciones de grandes grupos econmicos, asociaciones gremiales de grandes empresarios, universidades privadas con fines de lucro, etc. Y ltimamente con la plyade de altos dirigentes partidarios que han obtenido apoyos financieros solapados e ilegales aportados por grandes grupos econmicos, sin generar ningn escndalo dentro del Partido.

Todo esto ha repercutido en la gigantesca prdida de adhesin experimentada por el PDC en la sociedad chilena. De partida, hace muchos aos que virtualmente se extingui la Democracia Cristiana en las universidades del pas, lo que asegura su paulatino final histrico. Y ya en las elecciones nacionales el PDC ha pasado a tener un respaldo mnimo. De este modo, su progresivo deterioro electoral que viene desde los 90 lo ha llevado en las ltimas elecciones municipales del ao pasado a obtener un 5% de respaldo! respecto del padrn total de ciudadanos con derecho a voto.

Por ello no puede sorprender mucho que el abandono del Partido de un lder tan caracterstico de lo que fue histricamente la Falange y el PDC chileno (particularmente en trminos de mstica y honestidad) como Ricardo Hormazbal, sea tan indiferente para los lderes y la organizacin actual; y pase desapercibido para el conjunto de la sociedad chilena.

http://www.elmostrador.cl/



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