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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2017

La sonrisa de Maquiavelo: el jaque de la DC frente a la Nueva Mayora

Cristin Fuentes Pardo
Instituto de Estudios Crticos


El mito y la vileza

Desde nuestro punto de vista, resulta completamente falsa la idea de que la Concertacin hubiese sido el resultado de una sana y amorosa convergencia poltica democrtico/programtica entre el Partido Socialista (PS) y la DC, algo as como una suerte de encuentro romntico entre lo mejor y ms granado de la socialdemocracia europea y el amplio mundo socialcristiano. Muy contrariamente a ese extendido lugar comn, resulta en verdad que la DC, desde fines de los aos 80s, logr acercar (subsumir groseramente) al PS a su programa y estrategia de gobierno, basada en la continuidad del modelo econmico y poltico, la impunidad de los altos mandos del ejrcito y la represin o marginacin poltica sistemtica de los grupos que no aceptaron el pacto de transicin y silencio. Entendamos que jams hubo en Chile una coalicin poltica que en su seno reuniera ideas programticas socialdemcratas y socialcristianas de manera armoniosa y progresista. Al contrario, los programas que orientaron la totalidad de la transicin, hasta al menos el primer gobierno de Bachelet, fueron todos diseados desde la intelligentsia demcrata-cristiana y aceptados, a rajatabla, por el resto de los partidos de la coalicin en el poder, quienes rpidamente se acomodaban a la poltica de los consensos y caan tentados en los suculentos beneficios econmicos de las buenas relaciones con los grandes holdings, otrora enemigos de la democracia y la justicia social.

No fue sino hasta el cercano ao 2011, bajo el gobierno de Piera, en medio de las revueltas y movilizaciones sociales que sacudan al pas entero, que los mellados partidos socialdemcratas de la coalicin de centro, se atrevieron a cuestionar (relativamente) el contenido ideolgico (demcrata-cristiano) de su propio pacto, intentando retomar o reformular (calculadamente) algunas de las empolvadas ideas de justicia social que enarbolaron dcadas antes.

El desbordante impulso de las demandas sociales, violentamente eyectadas por la sociedad civil entera, afect y alter (de manera definitiva, a nuestros parecer) los contenidos polticos esenciales de la vieja Concertacin, esto pues el sentido comn de nuestra sociedad habra cambiado -en ese preciso instante- de manera profunda y radical. Desde aquel punto exacto de inflexin histrica en adelante, para gobernar no solo bastara haber sido la alternativa democrtica (en clave liberal) a la dictadura pinochetista, para mantenerse en el poder sana y establemente (hegemnicamente).

El sector progresista de la Concertacin, afiliado al liderazgo de Bachelet, en este contexto intuy -con certeza matemtica- que era indispensable asumir una pequea parte de las demandas en boca de los movilizados. De ese modo el PS y sus aliados (bajo la mirada desconfiada de la DC, pero sin mayores alternativas) dise una estrategia sustancialmente diferente a la demcrata-cristiana, con el objetivo de recoger el descontento social en la (ilusa) perspectiva del fortalecimiento de sus partidos y coalicin, los cuales ya se vean profundamente afectados por la falta de legitimidad y apoyo ciudadano. La estrategia de los progresistas de la Concertacin fue simple, rstica y mecnica, y se bas en tres simples ejes:

  1. Construir un programa social y ciudadano el que, por supuesto, deba recoger las demandas de la calle, institucionalizando el conflicto social (para luego capitalizar electoralmente dicha maniobra).
  2. Sobre la base del anterior programa, reorganizar la Concertacin, ampliando su eje de crecimiento hacia el Partido Comunista (PC) y fuerzas menores, desplazando -de paso- su gravitacin algunos milmetros hacia la izquierda. La tarea particular de estos partidos adems (sobre todo del PC) era ayudar a entender (y contener) de mejor manera la dinmica de la protesta social y, al mismo tiempo, coadyuvar a canalizar esa energa hacia la institucionalidad democrtica.
  3. Llevar adelante un recambio generacional (los G90), dejando abajo del nuevo equipo ejecutivo a los ya desgastados rostros que haban sido protagonistas de la transicin, pues sus liderazgos inermes eran contraproducentes en el nuevo contexto de reorganizacin.

La DC, por supuesto, observ con desconfianza la maniobra del sector progre de la Concertacin, no obstante, acept la nueva estrategia trazada por este sector; no proponiendo tampoco una salida alternativa y limitndose nicamente e negociar algunos contenidos del programa bacheletista, pero resguardando sus contundentes recursos blicos para el futuro debate parlamentario: primero ganamos a toda costa luego vemos, fue el pragmtico axioma que rein en el fro corazn demcrata-cristiano. Tampoco haban muchas opciones, pues era claro que si la Concertacin prenda gobernar -hegemona mediante- deba cambiar los viejos y desgastados ropajes por una nueva vestidura ms amplia, democrtica, ciudadana, social y juvenil.

La infamia y la furia

Poco y nada dur el G90 (echados al vuelo cayeron estrepitosos al ro los pobres polluelos), menos an la voluntad -moderadamente- reformista de la ampliada Concertacin. Por supuesto que, ni el programa de Bachelet result ser tan progre, ni la subordinacin relativa (al programa y coalicin) de la DC result ser franca o real. La lealtad de los partidos de la Concertacin -en la Nueva Mayora- hacia los grandes grupos econmicos fue ms fuerte, slida y duradera que la lealtad del bacheletismo juvenil y militante hacia las demandas sociales; adems el PC no constituy un autntico agente de control y redireccionamiento institucionalizante de la movilizacin social como se pretendi en algn momento, y la incursin tcnico-poltica de Revolucin Democrtica fue incluso ms pragmtica que las propias maniobras de la DC; volvindose contra la propia Nueva Mayora en un ejercicio brillante de oportunismo poltico.

El programa de gobierno que prometa pasar la retroexcavadora result ser poco ms que un conjunto de ajustes polticos menores al viejo modelo econmico, poltico y social de la transicin. Las reformas no salieron en el sentido original (orgisticamente agitado en plena campaa presidencial) o, peor an, simplemente ni siquiera se produjeron; ni hablar del delirante y pattico proceso constituyente, un bluff de poca monta que parece nadie quiere recordar.

Las tensiones producidas por la incapacidad prctica de satisfacer las expectativas y ansias sociales que la Nueva Mayora haba producido, sumado a los nuevos escndalos relacionados con la corrupcin que atravesaron a la propia presidenta y su entorno, adems de los nuevos ciclos de movilizaciones que ubicaron complejos temas sobre la mesa (Movimiento contra las AFP), se fueron conjugando con la crisis general de representacin, legitimidad y participacin electoral, al punto -incluso- de convertirse en una verdadera crisis de direccin poltica, de inimaginable alcance y profundidad. En pocas palabras: todo lo malo, en vez de solucionarse o contenerse durante el gobierno de Bachelet, alcanz una nueva escala y dimensin sociopoltica, cual novela kafkiana todo se pudri a un grado insospechado.

La reaccin de la DC era ms que esperable. La responsabilidad central, desde su punto de vista, estaba claramente ubicada en los (irresponsables) contenidos polticos del programa de la Nueva Mayora y en la poltica de alianzas (presencia del PC) que desequilibr el viejo y probado ethos tcnico-poltico concertacionista. Cuestin que evidentemente afectaba no tan solo la credibilidad de la coalicin y su capacidad efectiva de gobernabilidad, sino que adems -en la otra vereda- tambin golpeaba al crecimiento macroeconmico. O sea, en palabras an ms sencillas: haba fracasado la totalidad de la estrategia poltica del sector progresista de la Nueva Mayora (ni siquiera el glorioso G90 dio resultado alguno).

Qu hacer frente a este escenario?, pues golpear la mesa y reordenar el naipe poltico, incluso la configuracin total del centro (DC) y la izquierda moderada (resto de la Nueva Mayora). El iluso, irresponsable e infame progresismo -en el razonamiento DC- necesariamente debiera acabarse, dando paso a la seriedad noventera bajo una aylwineana y maligna frmula: progresismo con progreso en la medida de lo posible.

La maniobra y la tctica

Para la DC el escenario global es crtico y catastrfico (dantesco!). A tal punto que pareciera no valer siquiera la pena gobernar nuevamente bajo un marco programtico como el del bacheletismo (hoy representado en la candidatura de Guillier). Para los demcrata-cristianos o se gobierna bajo sus parmetros o simplemente no se gobierna. Goic, estilizado invento del aparato de marketing de la intelligentsia demcrata-cristiana, es la viva representacin de una poltica que se juega con todo la recuperacin de su papel hegemnico dentro del infausto bloque.

La maquiavlica maniobra se perfila con nitidez; la DC apuesta, por medio de la candidatura de Goic, por el re-posicionamiento de sus ideas programticas en competencia y contraposicin del resto de la Nueva Mayora. El objetivo es fortalecer su posicin poltica e ideas frente -principalmente- a su electorado histrico, hoy en plena fuga hacia la derecha. Como la candidatura de Guillier tiene un doble debilitamiento (Goic y Frente Amplio), las posibilidades propias -ante el desgarramiento electoral a dos bandas- se amplifica sin mucho esfuerzo. La fragmentacin del voto, principalmente desde la izquierda del sistema electoral (izquierda de la DC) favorece ampliamente a la candidatura demcrata-cristiana, quienes apuestan a recoger electorado desde la base del propio Piera, al mismo tiempo que recuperan el voto disconforme de la vieja Concertacin.

Evidentemente es poco probable que Goic derrote a Guillier. No obstante, el avasallamiento no ser tan humillante (recordemos al infeliz Orrego) ante el fortalecimiento de la alternativa del Frente Amplio que semana a semana crece principalmente a costa de la malograda izquierda de la Nueva Mayora. En ese escenario (triunfo poco holgado de Guillier, seguramente por bajo del 25%, frente a un Piera cercano al 40%) la negociacin programtica ser mucho ms favorable para la DC en vista de que el Frente Amplio se comprometi a no apoyar en segunda vuelta ninguna candidatura que no fuera la propia.

De ese modo la DC negociar desde fuera de la Concertacin la moderacin del programa de gobierno de la Nueva Mayora, como una fuerza ms, sin la obligacin de subodinadarse disciplinadamente a la candidatura de Guillier. Del mismo se ver en la necesidad de entregar concesiones a un DC arrogantemente alzada. Negociacin que, evidentemente incluye el aseguramiento de ministerios claves para un futuro gobierno. De aquel modo el problema programtico quedara relativamente subsanado, o al menos mejor diseado que el contraproducente programa de Bachelet.

Pero qu ocurre si es Piera el ganador de la segunda vuelta?, cuestin altamente probable en condiciones de un debilitamiento sistemtico (a la vista y paciencia de la base electoral concertacionista) de la actual coalicin de gobierno, combinado con la irrupcin de un Frente Amplio armado de un discurso poltico diseado especialmente para disputar la base electoral descontenta de la Nueva Mayora. Pues, en aquel caso, en la lgica de la DC, la culpa poltica ha de ser aquellos mismos irresponsables que no supieron articular un programa moderado, racional y responsable para con el Chile del maana, aquellos mismos que pretendieron subvertir la infalible voz de los think thank y la tecnopol.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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