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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2017

Inversiones PS S.A.

Manuel Acua A.
Rebelin


El da mircoles 10 del presente, la Unidad de Investigacin del Canal Mega que, valindose de las disposiciones contenidas en la Ley de Transparencia, tuvo acceso a informaciones contables que sindicaban al partido Socialista como receptor de parte del Estado de una compensacin econmica de 7.200.000.000 pesos por bienes expropiados a esa colectividad durante la dictadura emiti un programa especial en el informativo de ese canal televisivo Ahora Noticias, denominado Los millonarios negocios del PS. Segn lo expresado en ese especial del canal, desde 2003 en adelante, una Comisin Patrimonial del PS inici una serie de inversiones en acciones de la Bolsa de valores y empresas como SQM, Pampa Calichera, y otras, logrando que, a 2013, los dineros acumulados que haba recibido se elevasen por sobre los 13 mil millones de pesos.

La revelacin ha resultado ser demoledora. Desde todos los rincones de la escena poltica nacional han surgido voces preguntndose no solamente el por qu esa conducta, sino por qu esa misma circunstancia provoca tal revuelo, qu es lo ms grave o censurable de los hechos denunciados. O por qu una accin de esa naturaleza produce semejante conmocin.

Y es que los partidos polticos no son diferentes a las personas naturales que deben luchar por subsistir dentro del sistema y, por lo mismo, actuar dentro de las reglas que ste ha impuesto. En ese sentido, es obvio que los partidos no slo pueden sino deben adquirir bienes fsicos, hacer inversiones y protegerse, como todos lo hacemos, ante las eventualidades. Por mucho que estn dispuestos a cambiar el sistema en donde se desenvuelven.

La cuestin es que no siempre todo puede hacerse. La poltica tiene ciertos lmites imposibles de trasgredir o sobrepasar. Tales lmites no estn determinados solamente por la capacidad econmica del sujeto o su posicin de poder dentro de la sociedad , sino por reglas consuetudinarias que han permitido al mismo elevarse por encima de los dems hasta colocarlo en una posicin de privilegio. Se trata de principios que arrancan, a veces, de su propuesta programtica (principios polticos) u, otras veces, de principios que impone la tica vigente en esa sociedad (principios morales). Cuando dichos principios se atropellan, el juicio social es lapidario y el trasgresor debe enfrentar a la comunidad.

Es lo que ha sucedido con el partido Socialista de Chile o, como tambin se autoproclama, el partido de Allende.

 

CONSIDERACIONES

No estimamos nosotros los hechos como algo intrascendente o que puedan pasar inadvertidos; por el contrario, nos parecen del ms alto inters. Y es que existen conducen a formular consideraciones imposibles de soslayar.

1. La primera de esas consideraciones reviste un carcter exclusivamente terico. Se refiere a la hegemona que ejerce determinada fraccin de la clase de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo al interior del Bloque en el Poder.

Como lo hemos indicado en otros de nuestros trabajos, al interior del Bloque en el Poder que existe en Chile, se encuentra la fraccin bancaria, aliada a la comercial, dirigiendo dicha estructura en su conjunto. El hecho que sea la banca quien hegemonice aquel Bloque no es superfluo. La fraccin bancaria nos ensea que es posible vivir sin necesidad de producir plusvalor sino, simplemente, transfirindolo de una fraccin a otra y multiplicando sus efectos a travs de la creacin indiscriminada de ttulos mobiliarios, ttulos que se generan sobre otros ttulos, es decir, especulando, acrecentando cifras que se elevan y elevan no representando relacin alguna con la produccin. Como lo hace George Soros, como lo hacen los dems especuladores de la Bolsa, es decir, viviendo de la multiplicacin de los valores, como si eso representara, verdaderamente, un modo de vida racional. Invertir en valores que representan valores, representativos, a su vez, de otros valores que se multiplican al entrar en contacto con nuevos valores, no implica ms que estar de acuerdo con un modo de vida no slo por entero irracional sino al que, precisamente, se quiere poner fin por ser causante de las injusticias ejercidas sobre quienes venden diariamente su fuerza de trabajo como son los trabajadores. En ese caso, la organizacin poltica que realiza tales prcticas no necesita comprometerse con el oprimido o el explotado, ni decir que lucha por terminar con las desigualdades porque, en realidad, no est sino reafirmando la vigencia del sistema con sus propias acciones. Si se trata de un partido socialista no podr ver diferencia alguna entre su actuar y el que realiza lo que l mismo denomina derecha: ambos estn hermanados en la defensa del sistema pasando a formar parte de una moneda que tiene la misma efigie en su anverso y reverso. En primer lugar.

2. Una segunda crtica que puede hacerse a semejante comportamiento es que las inversiones realizadas por el PS se hicieron precisamente en las empresas que se encuentran hoy investigadas por lo que ha dado en denominarse financiamiento irregular de la poltica, eufemismo con el que se pretende obviar la verdadera denominacin de ese hecho que es el soborno o la coima; en suma, la corrupcin.

Porque, dejmonos de delicadezas, lo que existe detrs del financiamiento irregular de la poltica es la compra de parlamentarios y personas pblicas por parte del empresariado chileno. Los casos del ex senador Jaime Orpis y de la ex diputada Marta Isasi no son los nicos sino los ms conocidos; porque tampoco lo es el de Ivn Fuentes, sobornado por las pesqueras merced a la gestin del diputado Patricio Walker. Fulvio Rossi, Ivn Moreira y Felipe de Mussy son personajes sobornados. Aunque lo nieguen una y mil veces e, incluso, las sentencias que los deberan condenarlos los absuelvan, han sido comprados por los empresarios. Constituyen la muestra manifiesta de lo que sucede con gran parte de los personajes pblicos. Por lo mismo, invertir en empresas que se dedican a comprar parlamentarios y personajes concidos no slo constituye una aberracin sino pasa a ser la forma de perpetuar esa manera de hacer poltica que no enaltece en modo alguno la existencia de un partido que se dice heredero de Allende.

3. Una tercera crtica que se puede hacer a la prctica en que incurri el PS con esas inversiones es que stas no se hicieron en cualquier parte sino, principalmente, en negocios con el ex yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou, personaje que no aparece inculpado en querella o denuncia alguna, personaje invisible protegido por el staff poltico de la llamada Concertacin.

Grave asunto ste pues no slo implica la connivencia de la vctima con el verdugo sino su sostenimiento y perpetuacin, situacin que nos conduce a intentar explicarnos el por qu de esta anmala conducta, que se presenta tan similar al sndrome de Estocolmo. Esta situacin no es nueva en la poltica chilena; no es distinta a la vinculacin de fraternidad econmica que establecieron algunos personajes pblicos cuyos progenitores fueron asesinados por la dictadura con los herederos polticos (y carnales) de sta, por interpsita persona: nos referimos a Marco Enrquez Ominami, a Carolina Toh y a Michelle Bachelet que actuaron para conseguir el apoyo econmico para las campaas electorales, polticamente, a travs del militante de la Izquierda Cristiana (hoy Izquierda Ciudadana) Giorgio Martelli y, empresarialmente, Patricio Contesse (gerente de SQM).

4. Una cuarta crtica que se puede hacer a la perversa prctica de la Comisin Patrimonial del PS dice relacin con la violacin a un principio poltico que siempre ha estado en la estela programtica de esa organizacin poltica: el trmino de la privatizacin del agua.

Chile es, si no el nico pas del mundo en donde el agua se encuentra privatizada, al menos uno de los escasos donde ello sucede. La revelacin del Canal Mega indica que el PS hizo, tambin inversiones en la empresa espaola Aguas Andinas, privatizada por el socialista Ricardo Lagos. Seala, al respecto, un comentarista:

 

Lo interesante es que en cada una de las inversiones hay un modo de pensar e interpretar el mundo: especular en Aguas Andinas es, por ejemplo, comprometerse con la privatizacin del agua. El PS, como cualquier otro partido poltico, es una entidad que interpreta el mundo y, por tanto, explica la realidad desde un determinado ngulo. La poltica es eso: una lucha por explicar la realidad. Ah est el tema poltico de fondo [1] .

 

En efecto, inversiones pueden hacerse en muchas partes; pero es necesario respetar las fronteras de la moral y de las convicciones polticas.

5. Hay una quinta razn para repudiar lo hecho por el partido de Salvador Allende: invertir en las empresas investigadas por corrupcin, hacerlo en las empresas que se dedican al agiotismo, no es simplemente reafirmar la vigencia del modelo que se pretende cambiar.

Implica, a la vez, propiciar la propia autoinmolacin porque muchos de aquellos militantes que un da decidieron solidarizar con lo que haba sido su partido y concurrieron a entregar su firma para ayudarlo en el difcil trance de superar el refichaje, han manifestado a travs de las redes sociales su indignacin ante tamao dislate, del todo inexplicable para ellos, y se arrepienten de lo hecho. El partido Socialista, por la accin de esa Comisin Patrimonial, puede ver reducida su cantidad de militantes pues es difcil suponer que la base de esa organizacin poltica quiera hacerse cmplice de tales aberraciones.

6. Una sexta razn que hace del todo repudiable la accin de la Comisin Patrimonial del PS es que confirma una sospecha que, desde los inicios de la democracia post dictatorial, se vena generando: la conviccin que gran parte de la direccin de ese movimiento era partidaria del modelo pinochetista de desarrollo.

Desde hace un tiempo considerable, gran parte de la ciudadana la misma que un da crey verdadero el slogan de la alegra que viene tiene el convencimiento de haberse entregado, atada de pies y manos, a quienes ya comenzaban a ser conocidos como socialistas de mercado. Porque el socialismo de mercado estuvo presente desde los primeros aos de instauracin de la democracia post dictatorial, en la Alianza Democrtica, en la Convergencia Socialista, en el Frente Socialista, en las exculpaciones de todos aquellos que, olvidando su calidad de vctimas de la dictadura, hacan recaer sobre la UP toda la responsabilidad de lo sucedido. No olvidemos las palabras de Eugenio Tironi acusando a Allende de haberlo inducido a incorporarse a la UP, de Gonzalo Martner en Estocolmo sealando lo mismo, de Luis Guastavino celebrando la cada de las catedrales, en fin.

7. Una sptima razn es la espantosa falta de respeto a la memoria de quienes ya no estn con nosotros, la falta de respeto por esos militantes que creyeron en una nueva sociedad y estuvieron dispuesto a dejarlo todo por la esperanza de ver un da aquella que no lleg de la mano de la Concertacin y que hoy, luego de estos 27 aos, se ve cada vez ms distante. Esos militantes no estn con nosotros.

El PS gusta de denominarse partido de Allende. Como si a la dirigencia que cometi esos actos reidos con la tica y la poltica le bastase asimilar su labor a la obra del extinto presidente. Como si asociando el nombre suyo le bastase para justificar sus acciones.

Permtasenos recordar a la militancia del PS que entreg su vida por construir una sociedad mejor. Permtasenos recordar a Augusto Olivares, el perro, muerto en La Moneda; a Arsenio Poupin, capturado en La Moneda y muerto en el Regimiento Tacna; Jos Toh, ultimado en la sala de un hospital; a Arnoldo Cam, capturado y muerto en un operativo en el centro de la capital; a Ricardo Garca Posadas, muerto en una dependencia militar en Atacama; a Eduardo Charme, ultimado en Avenida Per, cuyo cadver guardaba en uno de los bolsillos del pantaln un papel que contena aquella emotiva frase de Stefan Zweig:

 

"Me despido de todos mis amigos, que aun les sea dado ver la aurora despus de la larga noche. Yo, demasiado impaciente, les tomo la delantera".

 

Tengo la certeza que ninguno de ellos hubiere actuado como los amados secuaces de Camilo Escalona que conformaron la Comisin Patrimonial del PS.

No deja de conmoverme el relato que hace mi buen amigo scar Ortz recordando aquel fin del ao 1974, ms exactamente el mes de diciembre, cuando, a la vuelta de su viaje a Per, fue invitado a participar en una sugerente reunin de bienvenida en el restaurante Django, de Alonso Ovalle:

 

En el segundo piso en un rincn de ese recinto, situado en calles Alonso Ovalle con Londres nos esperaban como siempre Exequiel Ponce y sus colaboradores socialistas. Desde haca meses concurramos all, con el fin de divertirnos un poco. Muchas veces rematbamos cantando rancheras que graciosamente entonaba Ernesto Miranda, subido a una silla. Algunas veces, el dueo que era cliente de Eduardo Long nos peda que no insistiramos en tararear canciones de la Revolucin Mexicana, pues podamos tener graves problemas con la ronda policial, que de vez en cuando visitaba el local. Usualmente, quienes pagaban las tres o cuatro corridas de empanadas o jarras de alcohol eran Eduardo Long y, preferentemente, Santiago Pereira, a quienes definamos como los palogruesos [2] .

 

Exequiel Ponce, a la fecha se desempeaba como el mximo dirigente del PS en la clandestinidad y participaba, aunque no regularmente, en esa estructura tan sui generis creada por Clotario Blest denominada Codes, intentando unir lo que no era posible unir: al movimiento sindical. Los demcratacristianos no queran el retorno de una Central nica sino dirigir a todo el movimiento sindical. Porque tras el golpe, crean tener todo el mando del pas en sus manos. Cuenta Ortiz que

 

[] en aquella oportunidad, un dejo de tristeza y preocupacin rodeaba a Exequiel Ponce, secretario general en ejercicio del Partido Socialista en la clandestinidad. A pesar de nuestras humoradas dirigidas a l para que rompiera su inusual seriedad, mantena un extrao mutismo. Se notaba que fsicamente estaba cerca de la embriaguez. Sbitamente con voz enredada y tartamuda interrumpi nuestras risas. Mirando fijamente el rostro de un pascuero que acompaado de una rama de pino y de una inscripcin Felz Ao 1975, que se encontraba en la pared cercana a la escalera, nos confes:

Creo, queridos compaeros, que esta ser mi ltima navidad. Tengo el presentimiento que mi muerte se encuentra decretada. Espero no sufrir gran dolor porque!

No pudo continuar, pues el llanto ahog sus palabras [3] .

 

Exequiel Ponce Vicencio, obrero portuario, casado, ex dirigente de la Central nica de Trabajadores de Chile CUTCH, fue capturado seis meses despus de ese encuentro en el Django y hasta el da de hoy se encuentra desaparecido. Dej una hija, y tena solamente 39 aos al momento de su detencin; los agentes de la DINA, educados en la ideologa del sistema capitalista que declara viejos a quienes considera incapaces de vender la fuerza de trabajo que exige el mercado, le apodaban el Viejo en su prisin. Junto a l desapareci gran parte de la estructura partidaria del PS a la que pertenecan, entre otros, Carlos Gmez, Carlos Lorca Tobar, Modesta Carolina Wiff, Michelle Pea, Mireya Rodrguez, Rosa Sols Poveda, Sara Donoso Palacios, Ricardo Ernesto Lagos Salinas.

Por ello, permtasenos, finalmente, hacer aqu un recuerdo de lo que dijo, una vez, Erich Fromm:

 

La muerte no es jams dulce an cuando se la enfrente en nombre del ms alto de los ideales. Es atrozmente amarga y, sin embargo, puede constituir la afirmacin extrema de nuestra individualidad [4]

 

La muerte es cruel y tremendamente amarga. Porque, en el caso de los perseguidos, duele desde el momento en que se presiente; y es que existe la certeza que, de advenir, marcar irremediablemente la separacin definitiva e irrevocable de nosotros con los que amamos y estimamos.

La muerte est siempre presente en nuestras vidas. Con mayor razn en la vida tanto de la militancia como de la dirigencia de las organizaciones populares. Es un acontecimiento que pende sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles. Est all expectante, vigilante, presta a aparecer desde el can de un arma de fuego o de un pual, o de la accin silenciosa y traicionera de los Servicios Policiales o de Seguridad de una dictadura. Es amarga porque pone fin a la ilusin de vivir. Destroza porque nos separa del amor. Porque representa una partida sin retorno. Un ir para no volver. Y porque no podemos dejar testimonio de ella ni de nuestra despedida. Porque puede ser espantosamente brbara. Porque pone fin a todo nexo y altera la reproduccin del individuo. Porque representa la espantosa autenticidad de ese Nunca ms. Por eso es tremendamente dolorosa. Por eso arranca lgrimas, por eso produce una congoja infinita.

No puede decirse de todo el PS lo que han hecho unos pocos; tampoco puede acusarse de ello a la nueva directiva. Pero no est ms recordar que los mrtires del PS murieron ellos en la esperanza que sus vidas se ofrendaban en aras de un mundo mejor, la sociedad que todos anhelbamos y que gran parte de la base socialista quisiera instaurar, sin pedir dinero a sus verdugos, sin hacer inversiones en sus empresas, sin practicar el agiotismo para consolidar la economa social de mercado.

 

 



[1] Torres Baeza, Aldo: PS: capitalistas progres?, El Mostrador, 12 de mayo de 2017.

[2] Ortiz, scar: El primer lustro en que vivimos en peligro, borrador de sus memorias inditas.

[3] Ortiz, scar: Id. (2).

[4] Fromm, Erich: El miedo a la libertad, Editorial Paids, Buenos Aires, 1982, pg.256.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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