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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2017

Lenguaje & Feminismo
Sexismo en el lenguaje: apuntes bsicos

Teresa Meana Surez

No son necesarias las @ para incluir a las mujeres. Hay soluciones ms creativas para transformar la lengua. Y cuando transformemos el lenguaje transformaremos la realidad.


Parece que fue ayer por lo claro que lo recuerdo pero hace casi treinta aos. Sera aproximadamente 1973 y estbamos en una asamblea en la Facultad de Filosofa, en Oviedo. Haba mucha gente y mucho alboroto y alguien -un hombre, claro- grit: Esto es una asamblea o qu cojones es? Otro -un fascista, claro- advirti: Cuidado con las palabras, que hay seoritas presentes! Fue exactamente as y, por supuesto, la advertencia del fascista se acogi con un cierto regocijo general. Como en aquellos tiempos de fuerte lucha contra la dictadura de Franco las asambleas tenan turnos de palabras interminables, pas un largo rato de intervenciones diversas.

Al fin, se levant Begoa -una amiga feminista- y habl: Yo slo quiero decir una cosa: Cojones! A m, feminista desde que puedo recordar, aquello me encant. Sent que Begoa acababa de devolvernos a todas la voz, la existencia. ramos de nuevo personas -como ellos- y no seoritas y tenamos derecho a la palabra. A todas las palabras. En la lucha por existir, si queramos ser reconocidas y nombradas en su mundo, tenamos que usar su lenguaje. Begoa lo acababa de afirmar en voz alta: la lengua tambin era nuestra.

Cuento esta ancdota para intentar explicar el apasionante proceso, el camino recorrido en estos ms de veinticinco aos de actuacin del movimiento feminista en el tema del sexismo en el lenguaje. Un trayecto en el que supimos que tomar slo la parte de la lengua que se nos adjudicaba equivala a aceptar el silencio. En el que tambin aprendimos, como seala Christiane Olivier, que si utilizamos el lenguaje considerado universal, que es el masculino, hablamos contra nosotras mismas.

SILENCIADAS, DESPRECIADAS

En la lucha por esa lengua que nos representara a las mujeres y que enfrentara el sexismo lingstico, hemos pasado por diferentes etapas. Al principio tratamos tan slo de detectar el sexismo. Nunca antes lo habamos notado y en absoluto ramos conscientes de cmo la lengua nos discriminaba. Empezaron a surgir los estudios y los trabajos sobre el tema. Concretamos el sexismo en dos efectos fundamentales: el silencio y el desprecio. Por un lado, el ocultamiento de las mujeres, nuestro silencio, nuestra no existencia. Estbamos escondidas tras los falsos genricos: ese masculino que, habamos aprendido en la escuela, abarca los dos gneros. Y tambin estbamos ocultas tras el salto semntico.

Debemos a lvaro Garca Meseguer la definicin de ese error lingstico debido al sexismo: se expresado en aquello de todo el pueblo baj hacia el ro a recibirlos, quedndose en la aldea slo las mujeres y los nios. As pues, quin baj, slo los varones? Por otro lado estaba el desprecio, el odio hacia las mujeres. Se manifestaba en los duales aparentes (zorro/zorra, gobernante/gobernanta, verdulero/verdulera, fro/fra, etc.), en los vacos lxicos (vbora, arpa, etc. O caballerosidad, mujeriego, etc.), en los adjetivos, los adverbios, los refranes y frases hechas, etctera., etc., etc.

SURGEN MIL Y UNA SOLUCIONES

Despus de detectar el sexismo en el lenguaje, empezaron a aparecer diferentes recomendaciones para un uso no sexista de la lengua. Desde mediados de los 80 el feminismo avanza en estrategias para combatir tanto el silenciamiento como el desprecio, y se van perfeccionando las soluciones y redactando instrucciones nuevas. Hacia 1994 aparece en Espaa el libro Nombra, elaborado por la Comisin Asesora sobre el Lenguaje del Instituto de la Mujer, verdaderamente clarificador y til. Las posibilidades que nos plantea son realmente variadas, creativas y diversas.

Frente a los difciles y continuos dobletes (con o/a, o (a), o-a) nos ofrecen: la utilizacin de genricos reales (vctimas, personas, gente, vecindario y no vecinos, pueblo valenciano y no valencianos. Tambin, el recurso a los abstractos (la redaccin y no los redactores, la legislacin y no los legisladores). Tambin cambios en las formas personales de los verbos o los pronombres (en lugar de En la Prehistoria el hombre viva... podemos decir los seres humanos, las personas, la gente, las mujeres y los hombres y tambin En la Prehistoria se viva... o En la Prehistoria vivamos...).

Otras veces podemos sustituir el supuesto genrico hombre u hombres por los pronombres nos, nuestro, nuestra, nuestros o nuestras (Es bueno para el bienestar del hombre... sustituido por Es bueno para nuestro bienestar...) Otras veces podemos cambiar el verbo de la tercera a la segunda persona del singular o a la primera del plural sin mencionar el sujeto, o poner el verbo en tercera persona singular precedida por el pronombre se (Se recomienda a los usuarios que utilicen correctamente la tarjeta... sustituido por Recomendamos que utilice su tarjeta correctamente... o Se recomienda un uso correcto de la tarjeta). Estn tambin los cambios del pronombre impersonal (Cuando uno se levanta quedara Cuando alguien se levanta o Al levantarnos y tambin cambiaramos El que tenga pasaporte o Aquellos que quieran... por Quien tenga pasaporte... o Quienes quieran...).

Tambin tenemos recomendaciones para corregir el uso androcntrico del lenguaje y evitar que se nos nombre a las mujeres como dependientes, complementos, subalternas o propiedades de los hombres (Los nmadas se trasladaban con sus enseres, ganado y mujeres, Se organizaban actividades culturales para las esposas de los congresistas. A las mujeres les concedieron el voto despus de la Primera Guerra Mundial), ofrecindonos mltiples y variadas soluciones. Y as ms, mucho ms.

LA LENGUA NO ES NEUTRAL

Entretanto, ya existan dos posturas distintas en el movimiento feminista en torno a estas cuestiones. El planteamiento de quienes opinan que las mujeres debemos apropiarnos del genrico y hacerles a los varones un especfico. Por ejemplo: en un centro de enseanza seramos -mujeres y hombres- profesores, y si nos referimos a Juan, diramos profesor varn y de Ana podramos decir ella es el mejor profesor del instituto. El otro planteamiento es el de las que pensamos que el genrico no es universal. Siguiendo con el ejemplo anterior: ellos y nosotras seramos el profesorado o las profesoras y profesores. La primera postura se expresa as: Lo genrico, lo neutro, lo universal es patrimonio de todos. Se debe denunciar la falsa universalidad, pero tambin se ha de reivindicar la participacin de las mujeres en lo universal. Nosotras pensamos que no es cierto que lo genrico sea patrimonio comn. Los vocablos en masculino no son universales por englobar a las mujeres. Es un hecho que nos excluyen. Se dice que son universales porque lo masculino se ha erigido a lo largo de la historia en la medida de lo humano. As se confunden los genricos con los masculinos. Como dice Fanny Rubio: La lengua ser neutra pero no es neutral.

QUEREMOS NOMBRAR LA DIFERENCIA

Adems, pensamos as porque queremos nombrar el femenino, nombrar la diferencia. Decir nios y nias o madres y padres no es una repeticin, no es duplicar el lenguaje. Duplicar es hacer una copia igual a otra y ste no es el caso. La diferencia sexual est ya dada, no es la lengua quien la crea. Lo que debe hacer el lenguaje es nombrarla, simplemente nombrarla puesto que existe. No nombrar esta diferencia es no respetar el derecho a la existencia y a la representacin de esa existencia en el lenguaje. Garca Meseguer dice que de una manera simplista las dos posturas se podran resumir en torno a las recomendaciones de Nombra y a los inconvenientes que trae el seguirlas. A una corriente -en ella me incluyo- nos importaran ms las mujeres que el lenguaje, y a la otra corriente le importara ms el lenguaje que las mujeres. Sin embargo, a todos los esfuerzos debemos increbles avances.

Les debemos las coincidencias y acuerdos en torno a la deteccin del sexismo y al lugar de las mujeres en el lenguaje, nuestra invisibilidad en los genricos, la denuncia a los varones acaparando los conceptos de humanidad y de universalidad, la crtica a la invasin del pensamiento androcntrico y de la cultura patriarcal como referentes y tantos descubrimientos ms. Y a todos los esfuerzos debemos extensos anlisis de diccionarios, medios de comunicacin, textos literarios, lenguaje coloquial y tesis, tesinas, artculos, libros, conferencias, mesas redondas, apasionantes y apasionadas charlas sobre este problema, tanto en la lengua castellana como en otras lenguas.

MUJERES ESCRITORAS: HERONAS MEMORABLES Y OCULTADAS

Ms sancionando que el hablar, el escribir para las mujeres ha sido visto como la usurpacin de un derecho que no les pertenece y adems como una prctica intil, como lo que no les corresponde. Dice Virginia Woolf: Creo que pasar an mucho tiempo antes de que una mujer pueda sentarse a escribir un libro sin que surja un fantasma que debe ser asesinado, sin que aparezca la pea contra la que estrellarse. Del libro de Yadira Calvo A la mujer por la palabra, me permito entresacar algunas historias. La de Fanny Burney quemando todos sus originales y ponindose a hacer labor de punto como penitencia por escribir.

La de Charlotte Brnte poniendo a un lado el manuscrito de Jane Eyre para pelar papas. La de Jane Austen escondiendo los papeles cada vez que entraba alguien por la vergenza de que la vieran escribir. La de Katherine Anne Porter declarando haber tardado veinte aos en escribir una novela. Fui interrumpida por cualquiera que en un momento dado apareci en mi camino. Porter calculaba que slo haba podido emplear un diez por ciento de sus energas en escribir. El otro noventa por ciento lo he usado para poder mantener mi cabeza fuera del agua, deca. Recuerdo esa foto de Mara Moliner remendando calcetines con un huevo de madera, mientras sa su ingente obra, Diccionario del uso del castellano iba naciendo entre ollas y coladas.

Leo las quejas de una Katherine Mansfield reprochndole a su marido: Estoy escribiendo pero t gritas: Son las cinco, dnde est mi t? O el dulce lamento de una cubana del siglo pasado que no firm sus obras: Cuntas veces lentamente/ con plcida inspiracin/ form una octava en mi mente/ y mi aguja inteligente/remendaba un pantaln! Por eso dijo Virginia Woolf a propsito de la duquesa de Newcastle: Saba escribir en su juventud. Pero sus hadas, caso de que sobrevivieran, se transformaron en hipoptamos. Otro hecho gravsimo: la atribucin de las obras de las mujeres a otros, y en especial a sus maridos. Debe haber sido un fenmeno muy frecuente pues tenemos bastantes referencias.

Desde el artculo publicado en 1866 por Rosala de Castro Las literatas: carta a Eduarda, en el que la autora advierte de ello, hasta estas palabras de Adela Zamudio, escritora boliviana del siglo XX: Si alguno versos escribe /de alguno esos versos son,/ que ella slo los suscribe./ (Permitidme que me asombre.)/ Si es alguno no es poeta,/ Por qu tal suposicin?/ Porque es hombre! Estn tambin los hechos histricamente comprobados: el clebre caso de Mara Lejarraga, autora de las obras firmadas por su marido Gregorio Martnez Sierra. Y el hecho de que a Zelda Fitzgerald tambin fue su marido quien le prohibi publicar su Diario porqu l lo necesitaba para su propio trabajo.

Y el que las primeras obras de Colette aparecieran firmadas con el nombre de su marido, quien incluso cobr el dinero de su venta. Alguien me dir que voy muy atrs y que la humanidad ha cambiado en los ltimos veinte siglos. Pues bien, en el ao 2000 y en Espaa slo un diez por ciento de los libros publicados estn escritos por mujeres.

CAMBIAR LA LENGUA CAMBIAR LA REALIDAD

No obstante, hay algunas capaces de trepar la cuesta de lo prohibido, de robarle a la vida ese diez por ciento de energa necesario para mantener la cabeza fuera del agua. Y la mantienen. Y escriben. Y se lo editan. Y aqu seguimos todas las dems. Luchando y celebrando los nuevos xitos, Extendiendo la red para que todas las mujeres de la tierra tengan derecho a la voz, a la palabra. Sabiendo que vemos el mundo a travs del caamazo formado por la lengua y motivadas por la certeza de que el lenguaje sexista, el que hemos aprendido, contribuye a la perpetuacin del patriarcado.

Sabiendo tambin que cuando tengamos una lengua que nos represente cambiar la realidad. Por eso seguimos adelante. Y no dormimos ms a las nias con cuentos de hadas. Les decimos que las nias buenas van al cielo y las malas van a todas partes. Y que colorn colorado, esta historia no ha acabado.

Fuente: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article832


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