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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2017

Una mocin de sentido comn

Carlos Fernndez Liria
Cuarto Poder


Tena toda la razn, sin duda, Antn Losada, cuando nos deca que la mejor garanta de que Podemos da en el clavo con su mocin de censura es la lluvia de crticas que ha provocado. Y tambin, desde luego, la calidad de las mismas. De nuevo, otra vez, todos parecen haberse puesto de acuerdo entre las filas del bipartidismo y de esos medios de comunicacin que hasta hace poco ejercan en este pas un poder tan absoluto. Es imposible mejorar la imagen propuesta por Antn Losada: una respuesta sobreactuada de primadonnas ofendidas. La iniciativa de la mocin de censura es -dicen con sorna- un numerito, una charlotada, un circo, puro narcisismo para llamar la atencin Y lo dicen esos seores, con esa cara, con esos aires, con esa corbata, todos esos presuntos probables mafiosos que hasta hoy se sentan invulnerables en su dictadura meditica, judicial y parlamentaria. Esos ademanes sarcsticos desde las alturas funcionaban en otros tiempos, cuando el grupo PRISA privatizaba las tres cuartas partes del lecho trascendental del espacio pblico (es decir, de la libertad de expresin) y Pedro J. Ramrez la otra cuarta parte. Entonces, marcaban los lmites del sentido comn y, como leones que sealan su territorio con orina, decidan sobre lo tolerable y lo intolerable, lo risible y lo grotesco, desde unas tribunas a las que nadie poda responder, mientras los ciudadanos tenamos que mordernos la lengua impotentes, ahogados en nuestra rabia y nuestra indignacin, al tiempo que el espectro poltico se agotaba sin remedio en un bipartidismo sin fisuras.

Pero esos tiempos se han acabado. No del todo, desde luego, pero s sensiblemente. Han ocurrido algunas cosas: en primer lugar, la revolucin del poder meditico que trajeron las redes sociales en internet, y, despus, la aparicin de Podemos, como un agente no invitado, absolutamente inesperado, en el espacio poltico. Y se han puesto como hienas, a morder al aire como perros rabiosos. Hay ocho millones de votos representados en el Parlamento por el PP. Pero hay cinco millones de votos representados por Podemos y van a tener que aguantarlos. Una mocin de censura es algo muy bien amparado en nuestro orden constitucional, no es una performance hippie en un semforo. As estn las cosas, se siente: hace muy poco tiempo an, la trama meditica, poltica y econmica tena todas las instituciones en sus manos; y nosotros tenamos la calle, es decir, al parecer, bien poca cosa. Porque la calle no tena altavoces, no tena peridicos, no tena instituciones, no era nada: slo gente que gritaba de vez en cuando en manifestaciones numricamente equiparables -como dijo una vez Esperanza Aguirre a los hinchas que llenan la Castellana despus de una victoria del Real Madrid.

Pues bien, ocurre que ahora s tenemos una buena porcin de instituciones. Tenemos, por ejemplo, los ayuntamientos ms importantes del pas (y no lo estamos haciendo nada mal). Y mira por dnde, tenemos el poder institucional para plantear una mocin de censura. Y, por supuesto, no lo vamos a desaprovechar. No es un numerito de circo. Es nuestro derecho y nuestra esperanza: lograr que caiga una censura ciudadana sobre un partido, el Partido Popular, que, en nuestra opinin (al menos en la ma) debera ser ilegalizado (cosa que, desde luego, slo compete al poder judicial decidir). Un partido, que, en realidad, hace ya una dcada que se integr en la banda armada de las Azores, declarando la guerra a Iraq y colaborando en provocar una tragedia humana que bien pronto caus al menos un milln de muertos y que contribuy, despus, a convertir este mundo en una tragedia espeluznante en la que los muertos siguen amontonndose de decenas en decenas de millares. En ese momento mismo, el PP debera haber sido juzgado por terrorismo internacional a gran escala. Ahora, quizs un poco como le pas a Al Capone, tendr que ser censurado por un delito menor: haber corrompido o, como dijo Pablo Iglesias en la Sexta, haber parasitado y secuestrado todas las instituciones pblicas, robando dinero pblico, extorsionando fiscales, corrompiendo funcionarios, pisoteando, en suma, todas las articulaciones del estado de derecho. Tranquilos, en Podemos no pretendemos an ilegalizar al Partido Popular y encarcelar a sus cmplices por colaboracin con banda armada y complicidad en crmenes contra la Humanidad. Por ahora se trata, tan slo, de una modesta mocin de censura. Con setenta diputados, no nos podemos permitir ms. Seguramente pasar como otras veces, y tendremos que esperar todava un poco a que alguna nueva Hannah Arendt nos obligue a reflexionar pblicamente sobre la banalidad del mal y el colapso moral y poltico de una poblacin que sabe pero no quiere saber que sabe que vive en un Auschwitz invertido, en el que nos hemos encerrado en un campo de concentracin de lujo rodeado de alambradas y cuchillas, dejando al sistema econmico neoliberal la tarea del exterminio masivo de la poblacin sobrante del planeta.

A la espera de replantear la responsabilidad penal de nuestros Eichmann (Aznar y Bush siguen por ah diciendo que el mundo ha mejorado mucho gracias a la invasin de Iraq), nuestras lumbreras intelectuales continan dndole vueltas a la complicidad de la poblacin alemana con el holocausto en aquellos aos de la Segunda Guerra Mundial y se rasgan las vestiduras porque en Podemos planteamos una modesta mocin de censura en el Parlamento para intentar que se vaya Rajoy y que deje de gobernarnos un partido que ha sido imputado como una organizacin criminal, que se ha financiado ilegalmente (incluso, al parecer, con dinero venezolano) y que tiene a la mayor parte de sus altos cargos polticos imputados, un partido que, adems, ha intentado secuestrar los poderes del Estado para salir del paso en este mal trago judicial. Y se dice que esto es un numerito de circo y una extravagancia. Sin embargo, con la mocin de censura pretendemos objetivos polticamente acordes con una total normalidad democrtica: igual que a los delincuentes se les encarcela, a las mafias no se las deja gobernar. Es puro sentido comn. Para los que se escandalizan chillando que no es el momento oportuno, hay que decir que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para recuperar el sentido comn. Se comprende que cuesta un poco, porque no en vano cargamos a nuestras espaldas con varias dcadas de dictadura meditica, en la que se ha llamado libertad de expresin al poder omnmodo de dos o tres oligopolios mediticos para delimitar -segn la expresin del filsofo Gnther Anders los lmites de nuestra conciencia. Esto es difcil de contrarrestar, pero no es imposible.

Pensemos en el caso del propio Gnther Anders que, al fin y al cabo, fue (aparte de, curiosamente, uno de los maridos de Hannah Arendt) una de las voces ms destacadas del pacifismo alemn, un seor que ahora tambin est de moda estudiar. El caso es que Anders se enfrent en su momento a una situacin en la que, segn su propio diagnstico, lo delirante se haba convertido en normal y lo normal se consideraba extravagante. Dedic muchos esfuerzos a intentar convencer al piloto que arroj la bomba sobre Hiroshima -que enloquecido por los remordimientos haba acabado en un psiquitrico-, que no era l quien estaba enfermo, sino la sociedad que aceptaba esa normalidad aberrante en la que se poda convivir sin despeinarse con el genocidio. En los ltimos aos de su vida, desesper en su tarea de hacer recobrar el sentido comn y empez a decir cosas raras; abandon el credo pacifista, explicando, en resumen, algo as como esto: me he dado cuenta de que el pacifismo no es eficaz. Llevamos dcadas clamando en el desierto para nada. La humanidad est amenazada por individuos de chaqueta y corbata que parecen inofensivos hombres de negocios o ingenuos polticos parlamentarios, pero que han convertido este mundo en una matanza cotidiana. No hay ms remedio que asustarles, que obligarles nosotros tambin a que se sientan a su vez amenazados. En la citada entrevista, Anders propona matar de vez en cuando a alguno de ellos, aleatoriamente, de modo que no pudieran saber quien sera el siguiente en morir. No parece, verdad?, que haya que seguir el consejo del gran filsofo del pacifismo alemn. Una mocin de censura es, sin duda, una medida ms moderada y civilizada. Es el camino que hemos elegido, convocando tambin a una marcha el da 20 de mayo que sirva para que todos empecemos a recuperar, poco a poco y con paciencia y buena fe, el sentido comn.

Carlos Fernndez Liria. Profesor de Filosofa de la UCM. Su ltima obra publicada es Escuela o Barbarie. Entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda (Akal, 2017).

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2017/05/11/una-mocion-de-sentido-comun/10178/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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