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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2017

Javier Valdez, contar la vida en medio de la muerte

Luis Hernndez Navarro
La Jornada


Para Javier Valdez Crdenas   contar el mundo del narcotrfico, esa sucursal del infierno en la tierra, era como ser un nuevo Ppila cargando una enorme losa sobre las espaldas. Era su tarea como periodista. Para l, era eso o hacerse tonto. No quiero que me digan me explic una maana de octubre del ao pasado en Ciudad de Mxico qu estabas haciendo t ante tanta muerte? No quiero que me recriminen: si eras periodista, por qu no contaste lo que estaba pasando?

Para llevar esa pesada carga a cuestas, recurra al divn del sicoanalista que le ayudaba a administrar el dolor y la tristeza, al cobijo familiar, a los cuates entraables, a la amistad y calidez de sus colegas, a bailar solo y a los whiskies sin agua mineral ni hielo. Y, cuando el insomnio devoraba sus sueos, echaba mano de algn antidepresivo.

Como le sucede a todos los periodistas que narran el mundo del narco desde sus entraas, Javier viva siempre en riesgo, y cuando senta que el peligro que lo acechaba era demasiado grande, cambiaba sus rutinas, se resguardaba, cuidaba los lugares adonde iba y deca que se dedicaba a chambas diferentes a la de ser reportero o escritor. Igual saba que, hiciera lo que hiciera, si queran hacerle dao, nada lo iba a salvar.

Personaje que pareca nacido de una novela de Charles Bukowski, autor al que admiraba junto a Rubem Fonseca, Csar Vallejo y Pablo Neruda, Javier hizo del periodismo y la escritura su vida. No le import que fuera a ratos una faena desconsoladora y pesarosa. Tambin era su desahogo.

Desde pequeo, la violencia fue para Javier Valdez, como para muchos otros vecinos suyos, parte de su cotidianidad. Creci en medio de ella. Sinaloa, su estado natal, ha vivido casi 100 aos alrededor de la droga. El narco se impuso all como una forma de vida que atraviesa la economa, la poltica, la justicia, la sociedad y la cultura. Y en los aos recientes creci tanto que se meti a todos lados. No es slo un asunto de los gomeros de la sierra. Viven de l parientes, amigos, padres de los compaeros de los hijos en la escuela, empresarios o la duea del estanquillo de la esquina en la ciudad.

A los 20 aos, en Culiacn, tuvo su primera experiencia amarga con los malosos. Era muy morro y trabajaba en una marisquera le cont a Blanche Petrich. Uno de esos cabrones, un bato de sombrero, botas, cinturn piteado, quera que le citara con engaos a una jovencita porque le gustaba. Me amenaz con que si no lo haca me iba a matar. Yo le platiqu a los dueos. Me dijeron que no me preocupara, que no iba a pasar nada. Y no pas. Pero ah conoc el abuso, no slo contra m, sino contra la muchacha esa. Y me percat que yo, frente a una situacin de abuso, brinco, me encabrono, me dan ganas de correr y contrselo a alguien. Pero tambin me di cuenta que no todos reaccionan as, a muchos les vale.

En ese ambiente, Javier se dedic al periodismo. Y all sigui brincando y encabronndose. Durante ms de 18 aos fue corresponsal de La Jornada y cofundador, hace 14 aos, del semanario estatal Rodoce. Fue, tambin, a costa de sus fines de semana y das de descanso, un prolfico autor de libros en los que se mezclan su trabajo de reportero con su vocacin literaria (escritos, para esquivar las balas, con las herramientas de la ficcin), en los que relat historias de vida en medio de la muerte del narcotrfico. Miss narco, Los morros del narco, Con una granada en la boca, Malayerba, Historias reales de desaparecidos y vctimas del narco, De azoteas y olvidos y Narcoperiodismo (su obra pstuma) son algunos de ellos.

Javier vio en sus escritos una misin. La gente me explic est harta de leer el nmero de muertos de la semana. Est hasta la madre del tratamiento epidrmico, frvolo e irresponsable de la informacin. Yo creo que si t pones en el centro la historia de las personas, volvemos a humanizar, recuperamos la dignidad y la gente puede volver a gritar, a inconformarse, a protestar por esto que est pasando. Es una forma de que, en lugar de rendirse ante la muerte, asuma un papel ms consciente, ms digno.

Durante varios lustros, Javier Valdez hizo periodismo en un estado dominado por un solo crtel, el de Sinaloa. El Mayo Zambada tena el control de las operaciones y el monopolio en el ejercicio de la violencia, y evitaba chocar con el Ejrcito. Sin embargo, desde hace ms de un ao segn el corresponsal de La Jornada comenz a ganar influencia un grupo de clulas ligadas a Joaqun Guzmn, muy beligerante, imprudente y frontal, que probablemente se imponga y abra una nueva etapa de ms sangre y fuego. La extradicin de El Chapo y las disputas con Dmaso Lpez profundizaron esta tendencia.

Nuestra clase poltica alertaba el autor de Malayerba es hija del narcotrfico, intolerante, peligrosa, poderosa; est coludida con la delincuencia organizada, con criminales de toda ndole. La principal amenaza para el periodismo mexicano no es el narcotrfico, sino la clase poltica. Le temo ms al gobierno que al narco.

Cuando su colega Miroslava Breach fue asesinada, Javier Valdez escribi: A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. Ayer al medioda, en Culiacn, Javier fue interceptado por sujetos armados que le dispararon 12 tiros con dos armas distintas y lo despojaron de su camioneta por atreverse a contar la vida en medio de la muerte.

Twitter: @lhan55

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/05/16/opinion/008a1pol



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