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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2017

Queda en libertad el independentista puertorriqueo Oscar Lpez Rivera
Oscar llega repartiendo abrazos

Manuel de J. Gonzlez
Claridad (Puerto Rico)

Como una vez cont sus aos un exprisionero de las crceles franquistas, el poeta Marcos Ana, Oscar tiene 74 aos de edad, pero tan slo 39 de vida. Estuvo 35 aos preso.



Tal vez por eso ahora, porque tiene tantos abrazos acumulados a lo largo de ms de tres dcadas de privacin, los reparte con prodigalidad. Y no te abraza alguien que, cargando 74 aos de edad combinados con 35 de prisin, debiera tener sus carnes flcidas y la barriga fofa. El que tiende sus brazos fuertes es el pequeo cuerpo de un atleta, slido y fibroso. Abraza con energa, como queriendo trasmitir en unos segundos el cario pacientemente guardado por tantos aos.

Barack Obama dej para el final de su mandato la orden que le conmut la sentencia al hroe boricua. Muchos ya habamos perdido la esperanza al ver que se acercaba el 20 de enero de 2017 sin que llegara la alegra. Oscar, sin embargo, esperaba tranquilo, siguiendo su rutina en prisin con la misma paciencia que antes haban desplegado otros grandes.

Por qu te excarcelaron?, le pregunt el sbado en la tarde cuando ya respiraba el aire de Santurce y con la pasmosa tranquilidad de siempre esperaba la llegada del 17 de mayo, da de su excarcelacin definitiva. Porque Puerto Rico nunca olvida a sus presos, dijo como si decretara una sentencia.

Relat entonces la lucha que se dio en la Isla y entre los boricuas de Estados Unidos que condujo en 1979 a la excarcelacin de los patriotas nacionalistas Andrs Figueroa Cordero, Lolita Lebrn, Rafael Cancel Miranda, Oscar Collazo e Irving Flores. Aquella presin, en la que desde Chicago particip activamente el propio Oscar, atrajo la solidaridad mundial que finalmente condujo a la orden de excarcelacin suscrita por el presidente James Carter.

Pocos aos despus, sigue relatando Oscar, comenz la lucha por la liberacin de los patriotas vinculados a las Fuerzas Armadas de Liberacin Nacional (FALN) entre los que estaba l. La presin desde Puerto Rico y desde los barrios nuestros en Estados Unidos fue otra vez grande, tambin con impacto internacional, hasta que el presidente Bill Clinton firm la excarcelacin en 1999.

La lucha sigui por los que quedaban en prisin con el desenlace que ya conocemos. Oscar conoce y aprecia el esfuerzo que en su caso se hizo desde distintas partes del mundo; desde la siempre solidaria Cuba, desde Venezuela y tantos otros lugares, as como la participacin importante de figuras religiosas como Desmond Tutu y el Papa Francisco. Pero centraliza el esfuerzo en el pueblo puertorriqueo porque es consciente que si aqu no se hubiese desarrollado la lucha que envolvi a prcticamente toda la sociedad, difcilmente los del exterior se hubiesen movilizados.

Puerto Rico no olvida a sus presos, repite y compara su situacin con la de los luchadores afro estadounidenses que, a pesar de la fuerza poltica que sin duda tiene esa comunidad y de la ubicacin estratgica en el gobierno y en la economa de muchas de sus figuras, no ha logrado excarcelar a un grupo grande de prisioneros que ahora mismo extinguen condenas superiores a la que l extingui. Como los tiene presente en sus pensamientos, uno por uno fue nombrando a los dirigentes del Black Panther Party que permanecen en prisin, algunos desde hace ms de 45 aos, sin perspectiva de que puedan dejar los barrotes atrs como fue su caso. Lo clave para que finalmente se lograra su liberacin y para que Barack Obama la firmara estando ya de salida, fue que nuestro pueblo nunca lo olvid. De ah su agradecimiento.

De sus tiempos en prisin Oscar recuerda con cario los aos que comparti con Fernando Gonzlez Llort, uno de los Cinco hroes cubanos que cumplieron largas condenas en Estados Unidos, acusados de espionaje por luchar en la Florida contra grupos terroristas que conspiraban contra Cuba. Fernando y Oscar compartieron la misma celda durante cuatro aos, de 2008 a 2011. Fueron mis mejores aos en la crcel, dice. Por primera vez gastaba sus horas en buena conversacin con otro antillano que, como l, llegaba a la prisin por ser fiel a sus ideas revolucionarias.

Nos cuenta que con ayuda de Fernando pudo elaborar un aparato de radio, rudimentario pero efectivo, que les permita captar las ondas que llegaban desde el entraable Caribe de donde ambos provenan. Era un aparato construido a partir de uno convencional que, eficientemente alterado y auxiliado por un cable colocado en la reja carcelaria, permita que voces puertorriqueas y cubanas llegaran hasta aquella fra prisin del medio oeste estadounidense. Aquel junte antillano termin abruptamente en 2012 cuando el revolucionario cubano fue trasladado a una prisin ubicada en Arizona. Pero Oscar se qued con la radio con la que sigui escuchando voces entraables que llegaban desde Puerto Rico.

Desde el pasado 9 de febrero Oscar ha estado fuera de la celda. Hasta el pasado 17 de mayo estuvo en virtual arresto domiciliario, aunque en la mejor de todas las prisiones posibles, el apartamento santurcino de su querida Clarisa. Lleg all con un grillete electrnico que vigilaba sus movimientos, pero que no le impidi volver a escuchar otra vez el sonar de un coqu y correr al balcn del apartamento en la primera madrugada para ver las estrellas. Ahora que finalmente termin su condena carcelaria aclara que no sale a la libertad sino que solamente ha sido excarcelado. Nadie viviendo en una colonia puede ser libre y l aclara que no lo es ni lo ser hasta que la condena de su patria termine.

Como una vez cont sus aos un exprisionero de las crceles franquistas, el poeta Marcos Ana, Oscar tiene 74 aos de edad, pero tan slo 39 de vida. Los otros 35 no los vivi plenamente y, como el poeta espaol, no puede considerarlos como vividos. Pero sale de prisin con la moral intacta y lo suficientemente saludable para seguir luchando. Preguntado cmo se visualiza aclara que slo quiere dar un mensaje de amor y un aviso de que se puede. Desea que en el futuro los puertorriqueos pudiramos luchar juntos en un mismo movimiento o frente que nos permita avanzar hacia la terminacin del coloniaje. Durante los aos que le quedan, que a juzgar por su cuerpo fibroso sern muchos, estar en la lucha dicindonos con su ejemplo que s se puede.

Fuente: http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=BB4A7FC2E14453C93B872FBB19DD4659



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